Noé emprendió la construcción del arca, y cada vez que pasaban los cabecillas de la incredulidad cerca de él, se burlaban porque ignoraban el propósito de su empresa. Noé les dijo: «Si os burláis de nosotros por ignorar la veracidad de la promesa de Dios, nosotros también nos burlaremos de vosotros como lo estáis haciendo ahora. Pronto sabréis a quién de nosotros o de vosotros le azotará el castigo humillante en esta vida y el severo y eterno castigo en la Otra». (11:38-9) Y dirán: «Â¡Señor nuestro! ¡Sácanos del fuego; devuélvenos a la vida y si reincidimos en la incredulidad y la desobediencia, entonces nos condenaremos!» Humillándolos, Dios les dirá: «Â¡Callaos, despreciables indignos! ¡No me habléis! No os castigo injustamente, mas fuisteis injustos con vosotros mismos. Porque cuando los creyentes piadosos de mis siervos decÃan, durante su vida: “¡Señor nuestro! Creemos, perdónanos nuestros pecados y apiádate de nosotros acordándonos Tu misericordia, pues eres la Suma Misericordia”, vosotros os burlabais de ellos siempre, y vuestra continua burla os hizo olvidar invocarme y adorarme. No creÃsteis ni obedecisteis y os reÃsteis de los creyentes. Por cierto que hoy los recompenso con el triunfo, porque perseveraron en su fe a pesar de vuestra burla y vuestros prejuicios». (23:107-11) Ciertamente que los pecadores, los transgresores de la religión, se reÃan de los creyentes en la vida mundanal. Y cuando se cruzaban con ellos en el camino se guiñaban mutuamente el ojo burlándose de ellos; cuando los perversos volvÃan a sus familias, retornaban regocijados de denigrar a los creyentes. (83:29-31) Se puede comprobar claramente en los versÃculos mencionados que el Corán considera el hecho de que los incrédulos se burlen de los creyentes como una costumbre o cierta caracterÃstica de estos últimos. En cambio, los musulmanes no pueden convertir la creencia de ninguna persona en el hazmerreÃr de nadie: esto es una orden explÃcita del Corán, y el motivo que se ofrece es que un buen musulmán no debe provocar a los incrédulos a que cometan uno de los mayores pecados, la blasfemia, incluso si los no creyentes no la reconocen como tal. Aquellos que se burlan de los creyentes verán claramente lo que hicieron; tendrán una clara respuesta por ello en el Más Allá, se maldecirán y se denunciarán a sà mismos allÃ. En esta corta vida mundana, intentar hacer el daño a los demás en venganza no tiene ningún sentido. Como creyentes, no se nos permite responder en estas situaciones, y estamos agradecidos con dicha prescripción a la restricción. Creer en Dios y expresárselo con sumisión y servidumbre es la gloria y el honor más sublimes para nosotros, tanto en este mundo como en el siguiente. Si estuviera permitido, estarÃamos orgullosos de ello y nos jactarÃamos. Los mofadores licenciosos e impertinentes se burlan de nuestra oración, la cual es nuestro medio de ascensión, que nos permite estar más cerca de nuestro Creador. Se burlan de nuestro wudu (ablución), que nos hará ser conocidos por parte del Profeta al lado del estanque del kawsar (RÃo celestial) a través de la luz que resplandecerá en nuestro rostro. Ellos se burlan de nuestro modo de vestir; el Profeta recomendó seguir dichas recomendaciones diciendo que era el camino para aumentar las recompensas que recibiremos en el Más Allá y llegar a la elevada categorÃa en dignidad. Ninguno de éstos es digno de escarnio; sino que son caminos que serán ensalzados y apreciados por su supremo valor espiritual y recompensa en el Más Allá. Lo que merecerÃa una crÃtica es el carácter de la persona que desprecia al Creador, posicionándose en un lugar peor que el de un animal ignorante. Igualmente, aquellos dignos de ser criticados son los alcohólicos o dipsómanos que se avergüenzan y deshonran tanto a sà mismos como a su sociedad; los usureros, estraperlistas, monopolistas y especuladores, que defraudan y deshonran la vida comercial de la sociedad; aquellos que obtienen ganancias de la debilidad de los demás a través de un proceso sistemático de animar y exagerar aquellas debilidades, como los traficantes de drogas, vendedores de pornografÃa y la asà llamada «industria» sexual. Aquellos que apoyan las vergonzosas prácticas aspiran a extenderlos, y ofenden a los que quieren mantenerse lejos de todos los perjuicios de su veneno. Y su escarnio sobre todo está dirigido a los jóvenes. A los jóvenes musulmanes que están en su punto de mira les decimos: sed fuertes y consolaros con la siguiente descripción de su carácter: Los que no le prestan atención a la mentira y cuando pasan junto a la frivolidad lo hacen con nobleza (25:72) Asà que cuando los jóvenes musulmanes practicantes, que son honrados por el Corán, se encuentran en tal situación, deben retirarse de dichos detrimentos de un modo honorable y solemne. Si cruzan a través de los mismos, mostrándoles actitudes impertinentes y dudosas, dejadlos pasar de noble corazón, amablemente y con una sonrisa, y asà demostrar la fuerza y la alegrÃa, el sensato juicio y el alivio de ser musulmán. Aquellos que se burlan demuestran su propia pequeñez de espÃritu. Y los jóvenes musulmanes deben contestar a dicha pequeñez con la generosidad: comportándose hacia ellos con solemne seriedad, manteniendo su cortesÃa natural tanto en las actitudes como en discursos y presentando la fuerza del Islam con toda su gracia y dulzura. De hecho, es deseable desear de corazón que hasta aquellos que se burlan puedan encontrar el camino correcto. Ya que esto es propio de un musulmán, y será una prueba para los que siguen el camino de Muhammad. Cada uno de nosotros será resucitado junto con lo que hicimos. Aquellos que se rÃen de los musulmanes hoy serán expuestos a las risas y escarnios; aquellos que son ridiculizados hoy serán honrados y glorificados con la bondad y el favor de Dios mañana, y pasarán sobre el puente de Sirat (el estrecho puente que conduce al Cielo) como si de un relámpago se tratara, y alcanzarán el JardÃn de ParaÃso. ¡Que Dios haga firmes los pasos de aquellos jóvenes musulmanes que son objetivo de ataques llenos de burla y desprecios en el camino del Islam; que nunca tiemblen, ni tengan miedo, ni retrocedan en aquel camino! ¡Que Dios les conceda fuerza y gracia de ver el gran viaje a su final! Amen. |