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Un período sagrado del tiempo: Los tres meses benditos

Escrito por Fethullah Gülen on . Publicado en Artículos Recientes

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Los tres meses sagrados son Rajab, Sha'ban, y Ramadan, respectivamente el octavo, séptimo y noveno mes del calendario islámico hijri[1]; estos meses se diferencian de los del resto del año gracias a su atributos peculiares y a la atmósfera especial que cada uno de ellos posee. Cada mes viene acompañado  de una belleza y una súplica hacia los sentidos externos que es peculiar a sí mismo, mientras que los tres meses benditos son experimentados con los nobles sentimientos que emanan desde lo más profundo de nuestro interior.

Durante este período, aquellos que exploran sus dimensiones internas en lo más recóndito de sus corazones son satisfechos con el conocimiento de los eternos jardines celestiales y se sienten como si les hubieran dado la bienvenida a ellos, observando que la realidad oculta ha sido revelada por la más brillante luz que surge y emana hacia fuera desde su creencia y su discernimiento. Todos y cada uno de los días, cada noche, cada hora se sucede imbuido en un insólito hechizo, con bendiciones susurrantes a cada uno de nosotros, a todos nosotros de acuerdo a nuestro rango espiritual.

El tiempo se adorna con los colores de la divinidad... la gente llega a ser más sociable, como si fueran los pacíficos residentes del mundo que está por venir, y pueden lograr una conciencia profunda. Cada uno escucha un poema del otro mundo, que surgen bien de su interior o bien de los corazones de toda la existencia, y viajan en el amanecer y el crepúsculo de muchas fantasías y memorias, de expectativas y sueños. Con remembranzas que son a veces tristes y en ocasiones alegres, los tres meses benditos nos recuerdan el vehemente deseo de un paraíso perdido y nos envuelven con la esperanza apasionante  de que podremos encontrar dicho paraíso de nuevo. Las memorias y las evocaciones en estos días, cada minuto de las cuales se llena de dicha, de felicidad, de motivación, y de acción, transforman nuestros sentimientos en un poema silencioso y nuestras vidas en una exquisita experiencia mística.

Esta resplandeciente época del año presenta varios deleites y placeres espirituales a aquellos que pueda apreciar su dignidad y valor, y restaura épocas divinas mientras que los corazones son alumbrados con espiritualidad, a la vez que las calles y los minaretes se adornan con la más brillante de las lámparas, con el más resplandeciente de los candiles, y las caras brillan intensamente con encanto y elegancia. Las luces coloridas de esta época brillan en distintas longitudes de onda, en la atmósfera confortante de su brisa delicada resuenan manifestaciones del momento actual y todo lo embarga con magníficos perfumes en su camino, impregnando a aquellos de nosotros que han alcanzado el entendimiento en la creencia, en el Islam, en la mezquita, y el rezo, preparándonos para el conocimiento y el amor de Dios, así como los placeres espirituales.

Mientras que vivimos este período dorado del tiempo cada año, nos sentimos como si estuviésemos experimentando de nuevo esos días divinos agradables y alegres, que son la verdadera vida en sí misma. De nuevo, la primavera  impregna la visión de nuestros corazones... la vida brota hacia fuera desde todas partes... el campo prospera, verdeante y alegre con una multiplicidad de distintos colores... las flores bailan y los ruiseñores cantan... y nuestras emociones arden enardecidas por las rosas y los tulipanes. Este ambiente que prevalece nos inspira una promesa de felicidad y nos susurra acerca de estas emociones únicas y exclusivas. Incluso aquellos individuos desventurados cuyas vidas se traban debido al cinismo y el abatimiento se benefician de esta celebración divina. Los días tañen esas horas del rezo como una púa en las cuerdas de los corazones, interpretando el verdadero significado de la vida. Un poema comienza en cuanto la llamada al rezo es escuchada, con tanta pureza como el cantar de los pájaros y  la alegría de niños... un poema de plegarias tan impresionante como la belleza del cielo y  tan completo y maduro como un corazón que este enamorado de esa belleza... un poema de sensaciones que desborda nuestro pecho con alabanzas y reflexiones en un modo tal en el cual somos a la vez un beneficiado y aquel que socorre para con Dios en armonía. Y es entonces cuando los velos del rostro de la existencia son retirados... somos ensalzados con especiales momentos de paz por la satisfacción de encontrarnos cerca de Dios. Cinco veces al día viajamos alrededor de un espiral de luz, atravesando periodos de ascensión divina, y soñamos con llegar a convertirnos en un ser humano perfecto.

Las Cuatro Noches Sagradas: Raghaib, Mi`raj, Bara'a, Qadr

El calendario puede indicar en un día distinto cada año el principio de Rajab, pero los tres meses benditos realmente dan comienzo en la primera tarde del jueves de Rajab, con una más que bienvenida gracia divina. Raghaib, el Más Deseado, es la primera noche que estimula nuestras sensaciones, preparándolos para días más santos por llegar.[2]

Casi tres semanas más tarde, Mi`raj, la Noche de la Ascensión, viene precedida por el dulce chirrido procedente de las puertas divinas que se abren de par en par y brisas divinas para esas almas resueltas pueden sentirse. Bara'a, la Noche de la Salvación (o del Registro), llama a aquellos que son más atentos y entusiastas, prodigándoles con buenas nuevas de la salvación. Y finalmente el Qadr, la Noche del Poder, nos abraza con perdón, misericordia, y una prosperidad dichosa que esta más allá de nuestra imaginación y que se pueda obtener tan sólo después de un esfuerzo de mil meses.

Los días y las noches continúan uno tras otro, diseminando hacia fuera una dulce y atractiva ternura para los corazones creyentes.

Cada día llega junto con un resplandor, una luminosidad y un dinamismo tales que, vertiéndose sobre nosotros bendiciones en abundancia, nos inunda en creencia. Después de que el Sol fije el final del día, una mañana fantástica le sigue... una nueva, tranquila mañana con todo tipo de bellezas, una mañana que teje adornos originales en los corazones del sabio.

RAJAB

Aquellos de nosotros que nos preparamos, que estamos en total atención hacia los rezos, suplicas, y glorificaciones dentro del mes de Rajab, logran un placer puro, dentro del marco de un espectáculo maravilloso. Cada uno habla de una manera y en un estilo noble; una mirada majestuosa, el sobrecogimiento hacia lo Divino, y la alegría de la esperanza se refleja en nuestros rostros. La comunicación entre todos y cada uno de los individuos se establece por medio del corazón... el comportamiento incorrecto se reduce... y la gente se libera de todas sus cargas mundanas y se alza hacia la alegría espiritual como si de la Ascensión se tratase. El esplendor que desbordan sus almas y el refinamiento colorido en sus caras alcanzan tales niveles elevados que pueden ablandar incluso al más endurecido de los corazones y extraer elegancia de ellos.

Las noches se envuelven de una aureola mística e inspiran pensamientos brillantes mientras que el Rajab comienza. Cada momento se convierte en una entrada a lo divino y nos infunde con el anhelo y las esperanzas divinas, apelando a nuestro deseo en pos de lo infinito. Se despiertan nuestras sensaciones silenciosas y los más notables pensamientos de felicidad toman voz en una expresión extraordinaria.

SHA'BAN

Sha'ban, o el « Shahrullah al-Muazzam » (El Gran Mes), como es llamado frecuentemente, se siente con un placer que invade la existencia entera y nuestro fuero interno. Nuestros corazones se inclinan hacia una esperanza, una expectativa, y una belleza alegre. Sha'ban es como una consonancia mágica que cautiva a los que buscan refugio por medio de los horizontes de la misericordia, como una madre que abraza a su niño de la manera más compasiva. Durante este mes es como si el tiempo se hubiese quebrado y nuestros sentimientos hubiesen dado la bienvenida a bendiciones procedentes de mundos inalcanzados por el tiempo. En el curso de los momentos resplandecientes y de la profunda percepción de Rajab, avanzamos con una realidad; es como si al dar un paso adelante fuéramos elevados hasta el Cielo en una escalera mágica. Y estos momentos nos muestran la exposición de nuestros deseos ocultos que pertenecen a la existencia infinita.

RAMADAN

El Ramadan aparece en el horizonte con su calidez y encanto únicos; nuestra conciencia llega a ser vigilante y despierta. Las muchedumbres divergen hacia las mezquitas y de ahí en adelante caminan hacia nuestro Señor. El Ramadan consolida las conexiones espirituales y los deseos del otro mundo. Los corazones creyentes adquieren mayor entusiasmo con un amor y un deseo vivísimos. El mes de Ramadan es la más brillante, intensa, eficaz, y agradable de las épocas del año; es el dinamismo más significativo de nuestra vida religiosa. La ciudad entera se convierte en una residencia del otro mundo... el hálito de los minaretes hace eco en los corazones con un lamentos coránicos. Las mezquitas brillan intensamente con la luz y resuenan con los rezos de los devotos. La alegría y el gozo del regreso hacia Dios se sienten por todas partes. Los corazones devotos se alzan, compartiendo con muchos otros toda su hermosura, y declaran su amor en suma intimidad. Consideran cada noche un shab-i arus[3] (La noche de la Boda), como si hubiese sido ordenado « ¡Preparaos para la unión!»

Cada sonido durante el Ramadan resuena con la promesa de un nuevo comienzo, de la misma manera que cada aliento nos proporciona un vistazo de la esperanza de salvación. Las cenas de Iftar —la cena que rompe el ayuno durante el Ramadan— aparecen en nuestro horizonte con insinuaciones para la «reunión grandiosa», mientras que susurran algunos secretos en nuestra alma. Los rezos de Tarawih (un rezo supererogatorio peculiar en Ramadan, observado durante la noche) son cada uno un compromiso para nuestro «Reino de la Esperanza». Las noches abren sus puertas como si de una novia tímida que sonríe se tratase y vierten sobre nuestras almas bendiciones que brillan intensamente con luces de distintas tonalidades. Los amaneceres se repiten sin cesar, haciéndose eco de los altos tonos de la sirena del transbordador, o del vuelo rasante de un avión a reacción, o del misil que impacta, y un buen día traen las buenas nuevas de un viaje nocturno camino de una reunión con el Amigo. Y finalmente, un largo día nos abraza en primeras horas de este encuentro más dulce, con entusiasmo, pero a la vez con cautela; llenos de júbilo, a la vez que llenos de esperanza.

La vida es tan profunda y significativa durante el Ramadan que cada palabra pronunciada y cada sonido oído es como una composición musical que brota desde lo más profundo de nuestro ser; expuestos a las armonías más fantásticas nuestras sentimientos perciben el refinamiento. El alma florece en Ramadan, y las sensaciones inactivas profundamente incrustadas y arraigadas despiertan como si estuviésemos dando un paseo alrededor de los sueños más encantadores y maravillosos, llenos hasta la medula de los huesos de un celo y de un deseo vivo en pos del éxtasis, colmados de una necesidad de reunirnos, y de infundirnos la alegría de la vida verdadera.

Alcanzando el logro de las disposiciones del Ramadan al completo, cada uno de nosotros logra un nivel de entendimiento donde puede atisbar que el final de este camino iluminado, pero levemente velado, por el cual estamos viajando se abre en una serenidad eterna que siempre ha sido anhelada... aquí aguarda mucho más allá de lo que se nos ha sido concedido. Nos dirigimos hacia Él con todo nuestro ser. En cada amanecer y en cada atardecer descubrimos el crujido de una nueva puerta que da paso a una reunión, así como la necesidad y la esperanza de una reunión más elevada y cautivadora, con simplemente dar dos pasos a continuación. Nos llenamos una mano de nostalgia y de soledad,  y de expectativas y de sueños la otra; nos envuelve un enorme encantamiento, trazándose dentro de la profundidad del amor verdadero. Nos embriagamos mientras comenzamos a sentir el amor... el amor alrededor del cual cada fenómeno en el espacio infinito acontece, como así lo hace en el infinito de sus corazones. El hombre y la mujer, el viejo y el joven, el rico y el pobre, cada individuo experimenta un momento importante de la preparación en el Ramadan; cada uno de acuerdo con su nivel de percepción, y de ahí en adelante como si estuviesen caminando hacia Dios en un camino sin fin.

[1] El calendario lunar empleado por los musulmanes. La emigración del profeta Muhammad de La Meca a Medina en el año 622 d.C. marca el comienzo de este calendario
[2] Raghaib se celebra en la noche que precede al primer viernes de Rajab
[3] Una metáfora del erudito sufí Rumi, describiendo la muerte como la unión con Dios, el Más Amado.
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