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Educar con el ejemplo

Escrito por Fethullah Gülen on . Publicado en El profeta Muhammad como Educador

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El Mensajero representó y expresó lo que quería enseñar a través de sus actos y después sus acciones se tradujeron en palabras. Cosas tales como temer a Dios, ser humilde, postrarse con sentimientos profundos, inclinarse, rezar y suplicar a Dios en mitad de la noche, todo lo realizó primero él mismo y después se lo enseñó a los demás. Por consiguiente, todo lo que él predicaba fue aceptado inmediatamente en su casa y por sus seguidores porque las palabras pronunciadas por él penetraban en los corazones de los creyentes. Después de él, la humanidad vio su estandarte, llevado a todas partes por multitudes elevadas sobre las alas de la santidad, la purificación y la devoción a Dios y el deseo de estar cerca de Él. Dondequiera que fueran, seguían las huellas del profeta Muhammad como otros harán en el futuro.

En la casa del Mensajero había una permanente sensación de reverencia. Los que alcanzaron a vislumbrarlo podían sentir la atracción del Cielo y el temor del Infierno. Él se movía de un lado a otro durante el rezo temblando por el miedo al Infierno y volando impulsado por las alas del anhelo de alcanzar el Cielo. Todos los que lo veían se acordaban de Dios. Imam al-Nasai relata: «Mientras el Mensajero rezaba, se oía un sonido, como una cazuela hirviendo».[273] Siempre rezaba con un corazón ardiente y desconsolado. ‘Aisha lo encontraba a menudo en presencia de su Señor postrado y temblando.[274]

Su comportamiento inspiró y benefició a todas las personas de su entorno. Los hijos y las esposas de cada Mensajero tenían el mismo temor y miedo, y lo que ellos practicaban y experimentaban no era nada más que lo que los Mensajeros predicaban y ordenaban dando ejemplo con sus acciones. Podemos valorar el carácter de una persona por su comportamiento en casa. Si todos los pedagogos se reunieran y pusieran en común su conocimiento adquirido sobre la educación, no podrían ser tan eficaces como un Profeta.

Muchos de sus descendientes han brillado entre sus generaciones respectivas como un Sol, una Luna o una estrella. Él educó a sus Compañeros de manera tan perfecta que casi ninguno de ellos resultó hereje.[275] Nadie de su descendencia se hizo nunca apóstata, lo que le diferencia de los demás. Los herejes y apostatas han aparecido entre los descendientes de muchas personas santas, pero ninguno entre los de Muhammad traicionó las raíces de su familia. Si hubiera excepciones desconocidas por nosotros y por la historia, tampoco podrían negar la regla.[276]

[273] Nasai, «Sahw», 18.
[274] Ibíd., «Ishrat al-Nisa», 4.
[275] Aquellos que se hicieron apostatas después de la muerte del Profeta no eran Compañeros.
[276] Hay una regla en la lógica. Las excepciones no invalidan la regla. No sabemos de ningún hereje entre sus descendientes. Pero esto no significa que no lo habrá, ya que es posible. Considerando esta posibilidad, hablamos por tanto con precaución.

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