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Relatando las Tradiciones

Escrito por Fethullah Gülen on . Publicado en Estableciendo la Sunna

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Los Compañeros y las generaciones que les sucedieron eran muy meticulosos con la narración y la transmisión de dichas Tradiciones.[550] Se esforzaron en separar dichas Tradiciones de las que habían sido inventadas (para satisfacer necesidades personales o sectarias). Tras memorizarlas palabra por palabra, transmitieron las verdaderas a las siguientes generaciones.

La advertencia del Mensajero y el autocontrol de los Compañeros

El Islam se distingue de la incredulidad por su firme arraigo en la veracidad. Los verdaderos musulmanes no mienten. Los Compañeros y sus sucesores probaron su apego al Islam por medio de su sacrificio personal. Temían a Dios, vivían austeramente y evitaban las comodidades mundanas. Grandes eruditos y santos surgieron de entre ellos y sus ejemplos aún son seguidos.

El Mensajero advirtió a la gente que no mintiese sobre él: «Los que mientan sobre mí que preparen sus moradas en el Fuego».[551] «Quien transmita algo falso de mí es un mentiroso».[552] Ante dichas advertencias, los Compañeros, los cuales se habían sacrificado por la causa del Islam durante toda su vida, ¿se les ocurriría siquiera pensar en mentir sobre el Mensajero?

En base a estas consideraciones, los Compañeros se tomaban con gran esmero la narración de las Tradiciones para que no ocurriese error ni malentendido alguno. Por ejemplo, ‘Ali, el primo del Profeta y el cuarto califa tras él, solía decir: «Temo tanto narrar Tradiciones del Mensajero que prefiero caerme desde el cielo a decir una mentira sobre él».[553]

Abdullah ibn al-Masud, una de las primeras cuatro o cinco personas en aceptar el Islam así como uno de los Compañeros más cultos y cercanos al Profeta era igual de cuidadoso. Cuando se le pedía que contase algo sobre el Mensajero, empezaba diciendo: «El Mensajero de Dios dijo», se paraba e inclinaba la cabeza, respiraba profundamente y se desabrochaba el cuello a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas. Tras la narración, añadía: «El Mensajero de Dios dijo eso, o algo similar a eso, o algo más o menos como eso».[554]

Zubayr ibn ‘Awwam, uno de los diez Compañeros a los que se le aseguró el Paraíso, sólo narró unas pocas Tradiciones del Mensajero por miedo a cometer un error. Cuando su hijo le preguntó por qué, respondió: «Me da mucho miedo decir algo diferente a lo que el Mensajero realmente dijo. Ya que él dijo: “Los que mientan sobre mí intencionadamente que preparen sus moradas en el Fuego”».[555] Anas ibn Malik, que sirvió al Profeta durante diez años, dijo: «Si no me diese tanto miedo cometer errores, relataría muchas más narraciones sobre el Mensajero».[556]

Abd al-Rahman ibn Abi Layla llegó a conocer a quinientos Compañeros. Cuando visitaba un lugar, la gente decía: «El hombre que conoció a quinientos Compañeros ha venido a nuestra ciudad». Tenía una gran influencia sobre Abu Hanifa e Imam Abu Yusuf. Nos informó de lo siguiente: «Estaba personalmente familiarizado con ciento veinte Compañeros. A veces todos estaban en la misma mezquita. Cuando se les preguntaba algo, cada uno esperaba que el otro respondiese. Si se les pedía que narrasen una tradición, ninguno se atrevía a hacerlo. Finalmente, uno se encomendaba a Dios y empezaba a narrar. Y siempre añadía: “El Mensajero dijo eso, o algo similar a eso, o algo más o menos como eso”».[557]

Zayd ibn Arqam fue una de las primeras personas en abrazar el Islam. En los primeros tiempos del Islam, el Mensajero se reunía con los musulmanes en secreto en su casa. Zayd fue nombrado superintendente del tesoro público durante los califatos de ‘Umar y ‘Uzman. Cuando vio a ‘Uzman dar objetos del tesoro a sus familiares, le dijo: «Oh comandante de los Creyentes. La gente va a sospechar de mí y no va a confiar más en mí. Permíteme que dimita». Cuando Abd al-Rahman ibn Abi Layla le pidió que narrase una tradición, Zayd respondió: «Hijo mío, me he hecho viejo y olvidadizo. Narrar algo del Mensajero no es nada fácil».[558]

Narración literal

A pesar de que la narración literal es mejor y siempre preferible, se permite la narración del significado si el narrador tiene gran dominio del árabe, si la palabra usada es apropiada en el contexto en cuestión y si el original ha sido olvidado. Sin embargo, los Compañeros siempre narraban las Tradiciones literalmente a pesar de esta licencia. Por ejemplo, un día ‘Ubayd ibn ‘Umayr narró lo siguiente: «El hipócrita es como la oveja abandonada entre rabidayn (dos rebaños)». Abdullah ibn ‘Umar objetó diciendo: «No ha dicho eso. Yo escuché al Mensajero decir: “El hipócrita es como la oveja abandonada entre ghanamayn (dos rebaños)”».[559] El significado es el mismo; la diferencia sólo radica entre las palabras rabidayn y ghanamayn.

Este mismo esmero fue adoptado por los estudiosos o narradores de la generación siguiente a la de los Compañeros: los Tabi’un (los que siguen a los Compañeros). Por ejemplo, alguien narró en presencia de Sufyan ibn ‘Uyayna: «El Mensajero prohibió dejar que el jugo (de uvas, dátiles y similares) fermente (an yuntabaza) en cuencos hechos de calabaza forrados de brea». Sufran objetó diciendo: «Escuché a Zuhri narrar lo siguiente: “El Mensajero prohibió dejar que el jugo (de uvas, dátiles y similares) fermente (an yunbaza) en cuencos hechos de calabaza forrados de brea”».[560] No hay diferencia en el significado, sino tan sólo en la conjugación del verbo.

Bara ibn Azib relató lo siguiente:

El Mensajero me aconsejó lo siguiente: Haz wudu antes de irte a la cama. Luego, échate sobre tu costado derecho y di lo siguiente: «Oh Dios, me someto a Ti y Te confío mi asunto. Me refugio en Ti, en temor de Ti y en pos de Ti. No hay refugio de Ti sino en Ti. Creo en Tu Libro que has hecho descender y en Tu Profeta que has enviado». Para memorizarlo inmediatamente, se lo repetí al Mensajero y dije al final: «Tu Mensajero que has enviado». Él me corrigió la frase final diciendo: «Tu Profeta que has enviado».[561]

La gente sueña cuando duerme. Los sueños verídicos constituyen la cuadragésima sexta parte de la Misión Profética, ya que el Mensajero tuvo sueños verídicos durante los seis primeros meses de sus veintitrés años de la Misión Profética. Es por el hecho de estar vinculados a la cualidad de Profeta, y no de Mensajero,[562] por lo que el Mensajero corrigió a Bara. Esta diligencia fue expresada por todos los Compañeros, los cuales estudiaron las Tradiciones que escucharon del Mensajero y las analizaron. El Mensajero les dijo: «Memorizad y estudiad las Tradiciones, ya que están relacionadas entre ellas. Por lo tanto, reuniros y analizadlas».[563]

Verificación

Los Compañeros se esforzaron en verificar el significado de cada Tradición. Ninguno de ellos mentía, ya que su temor del castigo Divino era enorme. Sin embargo, los transmisores pudieron haber malentendido alguna Tradición, no captar algún punto importante de la misma al recibirla del Mensajero o malinterpretarla. Sin intención alguna de oponerse al Mensajero, se esforzaron en entender su verdadero propósito y analizaron lo que recibieron de él.

Una mujer le preguntó al califa Abu Bakr si podía heredar de sus nietos. El respondió: «No he visto nada en el Corán que lo permita, ni recuerdo al Mensajero decir algo al respecto». Mughira ibn Shuba se puso de pie y dijo: «El Mensajero permitió a la abuela que heredase una sexta parte (del patrimonio)». Abu Bakr le preguntó a Mughira si podía aportar un testigo que diese fe de ello. Cuando Muhammad ibn Maslama dio fe de ello, Abu Bakr dio a la mujer una sexta parte del patrimonio de su nieto.[564]

Cuando el Mensajero declaró: «Los que sean llamados por Dios a rendir cuentas por sus acciones el Día del Juicio Final estarán arruinados», ‘Aisha preguntó: «¿Qué pasa con la declaración Divina que consta en el Corán que dice así: Indudablemente se le ajustará cuentas de manera fácil (84:8)?». El Mensajero respondió: «Se refiere a la presentación. Todos rendirán cuentas de sus actos ante Dios. Si los que obraron mal niegan sus malas acciones, entonces Dios les informará sobre sus obras. Esos son los que estarán arruinados».[565]

Según consta en Sahih de Bujari, ‘Umar narró lo siguiente:

Escuché a Hisham ibn Hakim pronunciar algunas palabras de la Sura al-Furqan de modo algo diferente a cómo el Mensajero me había enseñado. Esperé pacientemente hasta que aquél hubo acabado de rezar, y le pregunté: «¿Quién te ha enseñado dicha recitación?». Cuando me dijo que la había aprendido del Mensajero, le llevé ante el Mensajero y le expliqué la situación. El Mensajero le pidió a Hisham que recitase la Sura, lo cual hizo. Entonces, el Mensajero asintió con la cabeza y dijo: «Así me fue revelada». Luego, me pidió que recitase yo, lo cual hice. Asimismo, asintió con la cabeza y dijo: «Así me fue revelada». Y añadió: «El Corán fue revelado de siete maneras diferentes. Recitadla de la manera que os sea más fácil».[566]

Los Compañeros se dedicaron tanto a la Sunna que viajaban largas distancias tan sólo para aprender un único hadiz. Por ejemplo, Abu Ayyub al-Ansari viajó de Medina a Egipto para comprobar la formulación exacta de un hadiz. De entre aquellos que lo habían escuchado del Mensajero, sólo Uqba ibn Amir estaba aún vivo y residía en Egipto. Abu Ayyub llegó a la capital y apelando a su gobernador, Maslama ibn Mujallad, obtuvo un guía que le llevó hasta Uqba. Cuando se encontró con dicho Compañero en una calle, le preguntó sobre: «Quien encubra el defecto de un creyente en esta vida, Dios encubrirá sus defectos en la próxima»[567]. Y al decirle Uqba que su memoria era correcta, Abu Ayyub se despidió diciendo: «He venido sólo por este hadiz. No me gustaría mancillar mi intención quedándome para otros asuntos».[568]

Tal y como consta en Sahih de Bujari, Yabir ibn Abdullah viajó durante todo un mes tan sólo para recibir un hadiz directamente de su narrador, Abdullah ibn Unays. Al encontrar a Abdullah, le dijo: «Me ha sido dicho que tú narras un hadiz que no he escuchado del Mensajero. Temiendo que uno de nosotros muriese antes de que lo aprendiese, he venido a ti». Yabir aprendió el hadiz y regresó a Medina.[569]

Dichos viajes prosiguieron a lo largo de los siglos. Said ibn al-Musayyib, Masruq ibn Ayda y otros hicieron largos viajes para aprender un solo hadiz o para confirmar una sola letra de un hadiz. Kazir ibn Qais, uno de los amantes del conocimiento, viajó de Medina a Damasco para aprender un hadiz de Abu Darda.[570]

Los Tabi’un mostraron el mismo grado de cautela que los Compañeros al narrar Tradiciones. Tal y como A’mash dijo, preferían que se les cayese encima el cielo a añadir incorrectamente una sola vocal a un hadiz.[571]

Los Ahl al-Sunna wa al-Yamaa están de acuerdo en la absoluta veracidad de los Compañeros.[572] Sin embargo, tras los conflictos internos que surgieron entre los musulmanes, los Tabi’un empezaron a inspeccionar cualquier hadiz que escuchasen y a preguntar acerca de la veracidad de sus narradores. Muhammad ibn Sirin dijo: «Antes, no solíamos preguntar sobre los narradores. Pero después de que surgiesen conflictos internos, empezamos a preguntar».[573]

Gente de débil carácter y una fe nada firme inventó Tradiciones para promover sus creencias sectarias. Los Nasiba (los Omeyas y sus partidarios que se oponían a ‘Ali) inventaron Tradiciones a favor de ‘Uzman y Muawiya y contra ‘Ali. Los Rafiditas (chiítas extremistas) inventaron Tradiciones contra ‘Uzman y Muawiya y a favor de ‘Ali. Esto hizo que estudiosos meticulosos y buscadores de la verdad emprendiesen un examen cuidadoso de cada hadiz transmitido y del carácter de sus narradores. Abu al-‘Aliya dijo:

Ya no estábamos satisfechos con lo que se nos informaba de un Compañero. Viajábamos para recibirlo directamente del Compañero o Compañeros que lo habían narrado y para preguntar a otros Compañeros que lo conocían.[574]

Imam Muslim narra que Bushayr al-‘Adawi narró un hadiz a Ibn ‘Abbas. Al notar que éste no le prestaba atención, Bushayr le preguntó sorprendido: «¿Por qué no me escuchas? Estoy narrando un hadiz». Ibn ‘Abbas respondió lo siguiente:

En el pasado nuestros corazones saltaban de alegría y emoción cuando alguien empezaba a narrar un hadiz diciendo: «El Mensajero dijo». Prestábamos toda nuestra atención. Pero después de que la gente empezó a viajar de un sitio para otro, sólo recibimos de los que ya conocemos.[575]

Ibn Abd al-Barr, el gran erudito de la España musulmana (Al-Andalus), relata de Amir ibn Sharahil al-Sha’bi, uno de los grandes estudiosos de los Tabi’un, y este último relata de Rabi‘ ibn Husaym el siguiente hadiz:

Los que reciten diez veces: «No hay más deidad que Dios, Único y sin par. Suyo es el reino y Suya toda la alabanza. Da la vida y causa la muerte. Es poderoso sobre todas las cosas» obtendrán tanta recompensa como aquellos que liberen a un esclavo.

Shabi preguntó a Rabi‘ quién le había narrado ese hadiz. Éste respondió que se lo narró Abd al-Rahman ibn Abi Layla. Shabi se fue y se encontró con Ibn Abi Layla, el cual vivía en otra ciudad. Ibn Abi Layla dio fe de la autenticidad de dicho hadiz, diciendo que se lo había escuchado a Abu Ayyub al-Ansari.[576]

Grandes estudiosos de la talla de Ibn Shihab al-Zuhri, Ibn Sirin, Sufyan al-Zawri, Amir ibn Sharahil al-Sha‘bi, Ibrahim ibn Yazid al-Nahai, Shuba, Abu Hilal, Qatada ibn Diama, Hisham al-Dastawai y Miz’ar ibn Qudam hicieron todo lo posible para determinar qué Tradiciones eran auténticas y cuáles eran inventadas. Cuando no estaban seguros acerca de la autenticidad de una Tradición, se consultaban mutuamente. Por ejemplo, Abu Hilal y Said ibn Abi Sadaqa preguntaron a Hisham al-Dastawai sobre la redacción exacta de una Tradición sólo para asegurarse de ello. Shuba y Sufyan al-Zawri remitieron a Miz’ar un asunto del cual no tenían conocimiento exacto.[577] Estos grandes eruditos no permitieron que se difundiesen falsas Tradiciones. Siempre y cuando escuchasen a gente conocida por sus opiniones sectarias narrar una tradición, estos tradicionistas les preguntaban quién era el que les había narrado dicha Tradición.

Estos estudiosos amantes y buscadores de la verdad ni siquiera se abstenían de revelar las debilidades de sus propias familias y allegados. Por ejemplo, Zayd ibn Unaysa advirtió a los tradicionistas de no recibir hadices de su hermano, posiblemente por su mala memoria, su poco cuidado o su sectarismo.[578] Cuando se le preguntaba por su padre, ‘Ali ibn al-Madini, el primero en escribir sobre los Compañeros, respondió: «Pregunta a otros acerca de él». Cuando insistían, decía: «Hadiz significa religión; y mi padre es débil en ese punto».[579]

Waqi ibn Yarrah, formado en la escuela de Abu Hanifa y profesor de Imam Shafí, dijo: «Que yo sepa, nunca he olvidado nada después de haberlo escuchado. Ni recuerdo nada que haya tenido que repetir para poderlo memorizar, si sólo lo he escuchado una vez». A pesar de la gran memoria que Imam Shafí tenía, éste se quejó una vez ante Waqi de su pobre memoria. Waqi le dijo: «Deja de cometer pecados. El conocimiento es una luz que viene de Dios, y no puede ser concedida a los que pecan». Cuando su padre, Yarrah, narraba un hadiz, Waqi se ponía junto a él. Cuando le preguntaron la razón de ello, respondió lo siguiente. «Mi padre trabaja en la tesorería del estado. Por lo que temo que haga más livianas algunas Tradiciones en favor del gobierno. Por eso le acompaño para evitar que se produzca ese fallo».[580]

Mientras se escribían las Tradiciones, también eran memorizadas por algunos de los mayores tradicionistas de la historia del Islam. Por ejemplo, Ahmad ibn Hanbal memorizó alrededor de un millón de Tradiciones, entre las que estaban incluidas las auténticas, las buenas, las débiles y las inventadas (algunas eran idénticas en texto pero con cadenas de transmisión diferentes). Su obra, Musnad, contiene sólo cuarenta mil Tradiciones de trescientas mil.

Yahya ibn Main memorizaba tanto Tradiciones auténticas como inventadas. Cuando Ibn Hanbal le preguntó por qué hacía eso, le respondió: «Informo a la gente sobre las Tradiciones inventadas para que elijan las auténticas».[581] Muchos expertos se dedicaron a esta actividad conociendo miles de Tradiciones de memoria. Los más famosos de entre ellos fueron Zuhri, Yahya ibn Said al-Qattan, Bujari, Muslim, Daraqutni, Hakim, Zahabi, Ibn Hayar al-Asqalani e Imam Suyuti.

Gracias a los tremendos esfuerzos de dichos tradicionistas, las Tradiciones auténticas se pudieron distinguir de las falsas. Además de registrar las Tradiciones auténticas en libros y de memorizarlas, muchos tradicionistas escribieron acerca del carácter de los narradores, para que la gente supiese quién era fidedigno y quién no lo era; quién cuidadoso y quién no; quién era serio y meticuloso o superficial; y quién era temeroso de Dios y quién irresponsable.

Cuando la gente les advirtió que revelar los defectos de la gente acarrearía la vergüenza sobre dicha gente, respondieron así: «Hadiz significa religión. Por lo tanto se le debe conceder más prioridad que ocultar los defectos de los narradores».[582] Yahya ibn Said al-Qattan, conocido por estar siempre alerta para no pecar, solía decir: «Ante Dios, prefiero tenerles como enemigos que tener al Mensajero como enemigo» cuando le preguntaban por qué hablaba de los defectos de narradores.[583]

[550] Los primeros dos o tres narradores citados en la cadena de autoridad de una Tradición.
[551] Bujari, «Ilm» ,38; Muslim, «Zuhd», 72; Abu Dawud, «Ilm», 4; Tirmizi, «Fitan», 70.
[552] Muslim, «Muqaddima», 1.
[553] Bujari, «Istitaba», 6; Abu Dawud, «Sunna», 28.
[554] Ibn Maya, «Muqaddima», 3.
[555] Bujari, «Ilm», 38; Muslim, «Zuhd», 72.
[556] Darimi, «Muqaddima», 25.
[557] Zahabi, Siyar A‘lam al-Nubala, 4:263.
[558] Ibn Maya, «Muqaddima», 3.
[559] Abu Dawud al-Tayalisi, Musnad, 248.
[560] Jatib al-Baghdadi, Al-Kifaya fi ‘Ilm al-Riwaya, 178.
[561] Bujari, «Da‘awat», 6.
[562] Un Profeta es aquel que recibe revelación, pero no le es dado un Libro, por lo que sigue la vía del Mensajero anterior. Un Mensajero es aquel que por lo general recibe un Libro o unas Páginas y establece un camino a seguir (Nota del traductor).
[563] Darimi, «Muqaddima», 51.
[564] Tirmizi, «Faraid», 10.
[565] Bujari, «Ilm», 35; Muslim, «Yanna», 79.
[566] Bujari, «Jusuma», 4; Muslim, «Musafirin», 270; Abu Dawud, «Witr», 22. Algunas palabras del Corán pueden ser pronunciadas con pequeñas diferencias. Por ejemplo en la Sura al-Fatiha, la palabra Mâlik también puede ser pronunciada Melik, sin que ello constituya una diferencia sustancial en el significado. Otro ejemplo sería la palabra heyte en 12:23, la cual puede ser pronunciada hîte, sin diferencia de significado. Es una diferencia de acento únicamente (Nota de los traductores).
[567] Bujari, «Maghazi», 3; Muslim, «Birr», 58.
[568] Jatib al-Baghdadi, Al-Rihla fi Talab al-Hadiz, 118-24.
[569] Ibn Sad, «Tabaqat», 3:178; Bujari, «Al-Adab al-Mufrad», 337.
[570] Al-Baghdadi, Al-Rihla fi Talab al-Hadiz, 78; Ibn Maya, «Muqaddima», 17.
[571] Jatib al-Baghdadi, Al-Kifaya fi ‘Ilm al-Riwaya, 178.
[572] Los Ahl al-Sunna wa al-Yamaa (La Gente de la Sunna y la Comunidad) son la gran mayoría de los musulmanes que siguen el camino del Profeta y los Compañeros. Algunos grupos difieren con ellos en temas sobre creencia (tal y como los Mutazila y los Yabriya) o en asuntos sobre el papel desempeñado por los Compañeros en la religión (como los jariyitas y los chiitas). Ello es así en parte por inclinaciones políticas y también por haber sido influidos por los antiguos filósofos (Nota de los traductores).
[573] Muslim, «Muqaddima», 5.
[574 M. Ayyay al-Jatib, Al-Sunna Qabl al-Tadwin, 178.
[575 Muslim, «Muqaddima», 5.
[576] M. Ayyay al-Jatib, Al-Sunna Qabl al-Tadwin, 222.
[577] Ibíd., 229.
[578] Muslim, «Muqaddima», 5.
[579] Ibn Hayar, Tahzib al-Tahzib, 5:176; Zahabi, Mizan al-I‘tidal, 2:40.
[580] Ibn Hayar, Tahzib al-Tahzib, 6:84.
[581] M. Ayyay al-Jatib, Al-Sunna Qabl al-Tadwin, 229.
[582] Ibíd., 234.
[583] Ibn Salah, Ulum al-Hadiz, 389.

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