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Sinceridad completa

Escrito por Fethullah Gülen on . Publicado en Las características de los Profetas

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Otra característica indispensable es la sinceridad, que en este contexto significa «la pureza de la intención, hacer todo únicamente por Dios». Nos piden venerar a Dios sinceramente: Pero no se les ordenó otra cosa que deberían venerar a Dios, con sincera fe en Él y practicar la Religión tan sólo por Él, como gente de pura fe; y establecer la Oración según sus condiciones, y pagar la Limosna Purificadora Prescrita. Y esta es la Religión siempre verdadera y recta (98:5). Dios también menciona la sinceridad como el atributo principal de los Profetas: Y menciona a Moisés en el Libro. Fue un elegido, dotado con perfecta sinceridad y pureza de intención en la fe y en la práctica de la Religión, y fue un Mensajero y un Profeta (19:51).

Veneramos a Dios sólo porque somos Sus siervos y Él nos ha dicho que así lo hagamos. Obedecerle permite que nos aseguremos Su complacencia y seamos recompensados en el Más Allá. Said Nursi, el gran erudito del Islam en Turquía durante el S.XX, dijo: «Haz todo lo que haces sólo por Dios, empieza por Dios, trabaja por Dios, y actúa tratando de obtener Su aprobación».[51]

El Último Profeta de Dios Le veneró tan sinceramente que la gente podía decir: «Nadie puede permanecer tan humilde como él era al principio de su carrera, y seguir así después de alcanzar la cima de ésta. Muhammad era un hombre excepcional». Él es tan grande y sublime que estaremos de pie ante él, mostrándole respeto, aunque él solía advertir a sus Compañeros diciéndoles: «Cuando yo venga, no os levantéis como hacen los persas (con sus mayores)».[52]

Aunque sus Compañeros le tuvieran un respeto absoluto, él se consideraba como un pobre esclavo de Dios. El día en que conquistó La Meca él era igual de humilde que cuando comenzó su misión. Al principio de su Misión, se sentaba y comía con los pobres y los esclavos. Cuando entró en La Meca triunfalmente, montaba una mula con tal sumisión y humildad profundas ante Dios que su frente tocaba la albarda. Él se postraba ante Dios y se refugiaba en Él para no ser un conquistador tiránico y arrogante.

El Mensajero sólo tenía un propósito: complacer a Dios y venerarle sinceramente. Él lo hacía así como dijo en un hadiz famoso: «La virtud es venerar a Dios como si Le vieras, porque ciertamente, aunque tú no Le veas, Él sí que te ve a ti».[53]

[51] Bediüzzaman Said Nursi, The Words («Las Palabras»), «The First Word» («La Primera Palabra»), 5.
[52] Abu Dawud, «Adab», 152; Ibn Hanbal, 5:253.
[53] Bujari, «Iman», 47; Muslim, «Iman», 5:7.

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