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¿Cómo te podemos explicar el por qué de algo tan insignificante como el libre albedrío hace que alguien se merezca el Paraíso eterno o el Infierno?

Escrito por Fethullah Gülen on . Publicado en El Decreto y el Destino Divinos

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Comparado con los actos y la creación de Allah y las funciones del hombre en la existencia, el rol del libre albedrío realmente es insignificante. Es por esto que algunos han llegado a negarlo, y aquellos que siguen la «senda intermedia» en esta materia han llegado a la conclusión de que el libre albedrío es una inclinación o algo parecido a la inclinación o, menos que una inclinación, es la preferencia del hombre entre tas inclinaciones que siente dentro de sí mismo y el poner una de ellas en funcionamiento. En realidad es como presionar el interruptor para iluminar una casa o una ciudad.

Antes de preguntar las razones de por qué Allah Todopoderoso puede condenar a un hombre al Fuego Infernal eterno por usar mal su libre albedrío en un tiempo tan corto como lo es el tramo de una vida, deberíamos pensar si realmente podemos merecer el Paraíso eterno usando nuestro libre albedrío de la manera correcta. ¿No deberíamos considerar cómo podemos efectuar siempre el deber de darle las gracias a Allah por las generosidades que derrama sobre nosotros? Si Lo veneráramos constantemente durante toda nuestra vida, aún así no seríamos capaces de pagar nuestra deuda de darle las gracias sólo por nuestros ojos. Como señalamos antes, una sola granada o cereza, cuesta todo el Universo, pues su crecimiento o producción requiere la cooperación del aire, el agua, la tierra, y el Sol, y ninguno de ellos, incluso toda la humanidad, viniendo juntos para cooperar, podrían producirlo. Además, Allah Todopoderoso nos pide asignar sólo una pequeña porción de nuestro tiempo para la adoración. El tiempo que pasamos en las plegarias prescriptas diariamente apenas excede una hora, una vigésima cuarta parte del día. La cantidad de la riqueza que se nos ordena dar como limosna prescripta, en la mayoría de los casos, es una cuadragésima parte. Estamos obligados, si realmente tenemos los medios para hacerlo, ir en peregrinación sólo una vez en toda nuestra vida. Todo el resto de nuestra vida y riqueza se destina para las cosas mundanas. A pesar de esto, Allah, el Totalmente Misericordioso, nos promete el Paraíso eterno, las bendiciones y generosidades que están más allá de toda imaginación. Así que, deberíamos, ante todo, pensar en la infinita Misericordia de Allah que nos envuelve y nos invita al Paraíso.

Ahora bien, podemos discutir cómo se merece un hombre el castigo eterno en un tiempo tan pequeño como es el de la vida, y por qué Allah lo admite en el Paraíso a cambio de sus meritorios actos.

Intención. La intención tiene un lugar prominente en las acciones de un hombre. El Mensajero de Allah dice:

Las acciones son juzgadas según las intenciones: cualquier cosa que alguien intente hacer, consigue la recompensa por eso. Así que, cualquiera que emigre por Allah y Su Mensajero, ha emigrado por Allah y Su Mensajero; y cualquiera que emigra para conseguir algo mundano o para casarse con una mujer, su emigración es lo que tiene pensado.[1]

La intención es el espíritu de las acciones de un hombre, sin el cual cualquier acción no será recompensada. Si alguien se queda con hambre y sed desde el amanecer hasta la puesta de sol sin tener la intención de ayunar, no se cuenta como que uno ha ayunado. Si alguien ayuna sin tener la intención de obtener el buen placer de Allah, no consigue ninguna recompensa por el ayuno. Mientras que alguien que es asesinado en una guerra en la que ha participado para que la Palabrade Allah pueda ser ensalzada, muere como mártir y, por la voluntad de Allah, va al Paraíso, otro que pelea por otra causa como la fama o la riqueza, no muere como mártir y muy posiblemente no será admitido en el Paraíso. Así que cualquier cosa que uno tenga pensado, consigue la recompensa por eso. Alguien que tiene una creencia firme en Allah y los otros pilares de la fe y tiene la intención de creer en ellos (como si fuera a vivir eternamente) será recompensado con la felicidad eterna en el Paraíso. Otro que, habiendo quitado de su corazón la tendencia innata a creer, está decidido a no creer ni siquiera en que va a vivir hasta la eternidad, será la víctima de su eterna decisión y merece el castigo eterno. Sobre la gente cuya incredulidad est`profundamente arraigada y han perdido la capacidad de creer, el Corán dice:

Con respecto a los no creyentes, es igual si les adviertes o no. No creerán. Allah ha colocado un sello sobre sus corazones y oídos, y sobre sus ojos hay una envoltura (Baqara, 2:6-7).

El Castigo por Incredulidad. El castigo es juzgado según la naturaleza y el resultado del crimen y la intención del criminal al cometerlo, no por cuánto tiempo le llevó al criminal cometer el acto.

El castigo por asesinato, que en la mayoría de los casos lleva unos minutos o incluso segundos, va desde la encarcelación por muchos años hasta la prisión perpetua o incluso la pena de muerte. Lo que se considera aquí es la naturaleza y el resultado del crimen, no la duración de su promulgación. La no creencia es infinitamente más grave que el asesinato. Si acusas a un inocente, sincero de mentir, y decepción, se enojará mucho contigo. Asimismo, la no creencia significa la negación del testimonio verdadero de innumerables criaturas, desde los átomos a las enormes galaxias, sobre la existencia y la Unidadde su Creador, y acusándolos de mentir y de falso testimonio. La no creencia es la negación de Allah, Que es el Único Creador, Sustentador y Administrador de toda la existencia, y la degradación de Sus innumerables obras de arte. La no creencia también es una acusación —contra más de cien mil Profetas, que, según el testimonio de la historia y el pueblo de cada uno, son los más verídicos de la humanidad— sobre la forma más humillante de mentir, la decepción y el engaño. La no creencia significa acusar a los seguidores de los Profetas de ir detrás de los engañadores de la historia humana. También es un insulto y una acusación de decepción y desviación contra los innumerables creyentes de la época de Adán. Para todas estas razones y otras similares, está la justicia pura para condenar la no creencia con el castigo eterno del Infierno.

A pesar de lo insignificante que parezca la parte del libre albedrío en las acciones del hombre, y a pesar de que la no creencia puede parecer a primera vista para algunos un pequeño pecado, es una negativa y negación y por lo tanto destructiva, y merece el castigo eterno. Recuerda que nos asemejamos a la parte del libre albedrío en las acciones del hombre prendiendo o apagando el interruptor para iluminar u oscurecer una habitación. Así que, apagando un interruptor puedes reducir a la oscuridad toda una ciudad. Para citar otros ejemplos, encendiendo un fósforo puedes quemar hasta convertir en cenizas en unos minutos a un enorme y magnífico palacio que cientos de trabajadores han construido durante varios años. Recuerda que fue una sola bala disparada por un ciudadano serbio la que encendió el fuego de la Primera Guerra Mundial, con el resultado de la pérdida de millones de vidas y una destrucción masiva.

Supongamos que hay un jardín con flores y árboles de todas las especies, en sus ramas cantan pájaros y en este jardín viven todas las clases de animales. Esas plantas y animales subsisten por el agua que llega hasta ellos a través de canales, y una persona está a cargo de regar el jardín dejando fluir el agua hacia los canales desde un gran depósito. ¿Qué clase de sentencia crees que sería apropiada si esta persona dejara que el jardín con todas las plantas y animales murieran de sed o simplemente cortara la corriente del agua? El acto de la no creencia es equivalente a semejante acto pero en la escala de la creación en general.

La no creencia es una ingratitud imperdonable. El que lo niega a Él que hizo que comenzara a existir desde la falta de existencia y lo dotó con muchas clases de facultades como la razón, el intelecto, el corazón la memoria, y la introspección, y los sentidos internos y externos, y el Que lo nutre con numerosas variedades de comida y bebida, lo ha sentenciado al castigo eterno. Como se señaló anteriormente, si todos los hombres del mundo llegaran juntos para crear una sola fruta u hoja o incluso una sola brizna de hierba, no podrían hacerlo. Así que, la negación del Que creó este enorme Universo y lo subyugó al uso del hombre, es la clase de crimen más grave y abominable que merece la clase de castigo más duradero y severo. Aquél que, siguiendo los pasos de Satanás, que lo invita a la no creencia y la disipación, se ha sometido a los deseos y la seducción de su yo que le ordena el mal, que, en realidad, se le dio para que pudiera elevarse hacia lo más alto de lo alto para refinarlo, le cerràlas puertas de su conciencia, una facultad que innatamente siente la existencia de un Único Allah, Creador y Sustentador de los seres, a las innumerables señales de Allah en la persona misma y el universo, y aquél que extinguió sus sentimientos que desean la eternidad y pueden satisfacerse sólo con esta, se ha condenado a si mismo al castigo eterno. También, aquél que cerro los ojos ante las señales más manifiestas del Creador, específicamente el Corán y el Profeta Muhammad y los demás Profetas, que la paz esté con ellos, no merecen menos que el castigo eterno.

El Castigo varía según el que comete el crimen. El castigo por abusar de una confianza es proporcional al significado de la confianza y su sincero dueño. El castigo que se le da a un niño que ha roto la ventana de un edificio común no es como la del ayuda de campo de un rey que ha perdido o roto la corona del rey. Si, un soldado raso y un comandante del ejército dilapidan el capital que le dieron en cosas insignificantes según su rango y lo derrochan, el comandante seguramente será juzgado en una corte marcial y sentenciado a un castigo mucho más grande que el soldado raso. Asimismo, si un científico responsable de llevar a cabo investigaciones científicas se comporta como inadecuadamente y despilfarra los recursos asignados para sus investigaciones en cosas insignificantes, seguramente no sería tratado de la misma manera como un pastor que malgastó los recursos que le fueron asignados para alimentar las ovejas.

Los animales gastan el capital de la vida asignado para ellos en el mundo sin usarlo mal y sin derrocharlo; cumplen con lo que deben hacer: algunos llevan cargas, otros dan leche y carne, y algunos otros producen cosas como la miel o la seda para uso de los seres humanos. Sólo es el hombre el que puede emplear lo que se le da de una manera correcta o incorrecta. Así que, a pesar de ser el más honorable de los seres dotado con muchas facultades como la conciencia, el intelecto, el sentido, el recuerdo, y los poderes del pensamiento y el razonamiento, así como también con numerosos sentidos y sensaciones internos y externos, si el hombre derrocha todas estas facultades, los sentidos y las sensaciones, seguramente se merece un severo castigo. Particularmente, si deja que su yo que ordena el mal domine su corazón, el cual debe inundarse de conocimiento y amor del Creador, indudablemente será reducido a ser una clase de combustible para el Infierno cuyo combustibles es el de los hombres y las piedras.

[1] Bujari, Bad´u l-Wahy, 1; Muslim, ´Imara, 155.
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