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Istiqama (Rectitud)

Escrito por Fethullah Gülen on . Publicado en Las Colinas Esmeralda del Corazón

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Istiqama (Rectitud)

La gente de la verdad ha interpretado istiqama (rectitud) como el evitar todo tipo de desviaciones y extremismos y seguir las huellas de los Profetas, los fieles, los testigos (de la verdad) y los rectos (en la creencia) tanto en los actos religiosos como en la vida cotidiana. El versículo coránico: «En cuanto a aquellos que dicen, «Nuestro Señor es Dios», y después siguen el Camino Recto (en su creencia, pensamiento, y actos) sin desviación, los ángeles descienden sobre ellos de vez en cuando (en el mundo, como camaradas protectores, y en el Más Allá, con el mensaje): «No temáis ni os aflijáis, sino regocijaros por las buenas nuevas del Paraíso que os ha sido prometido.» (41: 30) nos informa que en la Otra Vida los ángeles darán la bienvenida a aquellos que hayan reconocido el Señorío de Dios, afirmado Su Unidad, y que hayan seguido a los Profetas en sus creencias, actos y vidas cotidianas. Una vida tan irreprochable hará que estas personas reciban las buenas nuevas del Paraíso en esos momentos en los que, en pleno Día del Juicio Final, el resto de la gente temblará de miedo y angustia.

La conducta de la persona llega a ser correcta cuando se cumple con los deberes religiosos; el «yo» de cada uno («yo» interno) se hace recto cuando se sigue la verdad de la Shari’a; y el espíritu se vuelve correcto cuando actúa según lo que exige conocer a Dios; y los sentidos o facultades más internas se vuelven rectas al obedecer el espíritu de la Shari’a. La dificultad de ser recto en todos estos niveles hizo que el Profeta, el más correcto del género humano, la paz y las bendiciones sean con él, dijera: «La Sura Hud y otras similares me han envejecido»,[1] refiriéndose con ello al mandato Divino: «Sigue, pues, lo que es debidamente correcto (en cada asunto de la Religión) tal y como ha sido ordenado (por Dios)», que se encuentra en la Sura Hud (11: 112).

El Profeta jamás se desvió del Camino Recto y fue siempre recto en sus obras, palabras y sentimientos. Guió a los Compañeros, que buscaban la salvación y la felicidad eternas, hacia la rectitud diciendo: «Decid: “He creído en Dios” y luego sed rectos»[2] palabras con las que se resume de forma concisa todos los elementos fundamentales de la creencia y la conducta.

Si la persona afirma estar avanzada en el camino hacia la Verdad, pero luego no es recta en su vida y conducta, todos sus esfuerzos serán en vano y, en la Otra Vida, tendrá que rendir cuentas por el tiempo que pasó sin ser recta. Para llegar al destino buscado, el iniciado tiene que ser correcto desde el principio, mantenerse así a lo largo de todo el viaje, ser recto al final del camino y ser agradecido por haber sido recompensado con el conocimiento de Dios. Los signos más significativos de este estado son: permanecer alerta ante posibles desviaciones al comienzo, vigilarse a sí mismo durante el viaje, ser inmune a los pensamientos y acciones incorrectas y tener en cuenta únicamente la aprobación y la complacencia de Dios:

Conozco a uno que pertenecía al grupo de los rectos:
En el ámbito de la guía, era el más distinguido.
Vendió su alma a las luces del Ser Divino,
Y murió purificado de toda la suciedad de la naturaleza humana.

El siervo debe buscar la corrección sin fijarse en los milagros, ni en el poder del descubrimiento o del desvelamiento espiritual. Incluso en el caso del siervo que busca facultades espirituales extraordinarias, Dios exige que haya rectitud. Cuando hablaron a Bayazid al-Bistami de un hombre que caminaba sobre el agua y volaba por los aires, dijo: Los peces y las ranas también flotan en el agua y los insectos y los pájaros vuelan por los aires. Si veis a un hombre flotando en el agua sobre su alfombra sin hundirse o sentado con las piernas cruzadas en el aire, no mostréis interés alguno. Es mejor que consideréis si es recto en su estado y conducta y si sus acciones están de acuerdo con la Sunna (el camino del Profeta).[3]

Lo que aconseja Bayazid es que el creyente debe ser recto y humilde como el siervo, y no dedicarse a hacer prodigios.

La rectitud es el último de los tres peldaños de una escalera que lleva a la cercanía a Dios. El primer peldaño es coherencia, y es el caso del viajero que intenta vivir las dimensiones teóricas y prácticas del Islam. El éxito en este esfuerzo continuo consiste en que el «yo» de los deseos carnales esté bajo control. El segundo peldaño es asentamiento o calma; es cuando el iniciado purifica su «yo» interior de los vicios que contaminan el espíritu y el corazón (p.ej. exhibición, fama y vanidad, cosas que no pueden conciliarse con la servidumbre) protegiendo de este modo al corazón de todo aquello que pueda sugerir asociados con Dios. El tercer peldaño es la rectitud; es cuando las puertas de la Divinidad y de la creación se entreabren para el viajero y descienden los regalos Divinos.

Rectitud, la última estación del camino, significa vivir sin desviarse de la lealtad a Dios y bajo Su protección directa; es un ámbito en el que se confieren favores y regalos Divinos. Las flores nunca se marchitan y las colinas y las laderas no sufren el invierno, puesto que es el reino de la eterna «primavera». A esto es a lo que se alude en: «Si ellos siguieran el Camino (Recto) no cabe duda de que les concederíamos agua (y provisión) en abundancia» (72: 16). Mientras la gente se aplique a la rectitud en el camino de la creencia en la Unidad Divina y cumpla con los pactos establecidos con Dios y Su Mensajero acatando los decretos Divinos, los regalos y recompensas Divinas fluirán en abundancia.

Nuestro maestro, la paz y las bendiciones sean con él, dijo: «Mientras el corazón del siervo no sea sano y recto, su creencia no podrá ser verdadera y correcta; mientras su lengua no diga la verdad, su corazón no podrá ser sano y recto».[4] Y también dijo: «Cada mañana, las partes del cuerpo de un hombre advierten a su lengua diciendo: “Teme a Dios en lo que a nosotros respecta, ya que, si tú eres verídica, nosotras seremos honestas y rectas, pero si tú eres corrupta, nosotras también nos desviaremos”».[5]

Y por último, fijémonos en la importante advertencia de As‘ad Mujlis Pasha:[6]

La rectitud exige que seamos siempre verídicos y perseverantes;
Fija una de tus piernas en el centro y deja que «el brazo libre del compás» (la otra pierna) viaje todo alrededor.[7]

¡Dios nuestro! Guíanos al Camino Recto y concede la paz y las bendiciones a nuestro maestro Muhammad, el maestro de los piadosos, y a su Familia

[1] At-Tirmizi, «Tafsiru Sura 56», 6.
[2] Muslim, «Iman», 62; Ibn Hanbal, Al-Musnad, 4:385.
[3] Abu Nu‘aym, Hilyatu’l-Awliya’, 10:40; Al-Bayhaqi, Shu’abu’l-Iman, 2:301.
[4] At-Tirmizi, «Zuhd», 60.
[5] Ibn Hanbal, Al-Musnad, 3: 95.
[6] As‘ad Mujlis Pasha (1780–1851): fue uno de los gobernadores del Estado Otomano. Nació en Ayaş, Ankara, y murió en Erzurum, donde era gobernador. Tuvo una esmerada educación. Fue autor de varios poemas y se le atribuyen dichos muy sabios.
[7] Dicho con otras palabras, hay que estar bien establecido en el Islam, tener buenas relaciones con todo el mundo y llamar a las gentes al Islam.

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