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Tawakkul (Confianza), Taslim (Rendición), Tafwiz (Encomienda a Dios), y Ziqa (Seguridad)

Escrito por Fethullah Gülen on . Publicado en Las Colinas Esmeralda del Corazón

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Tawakkul (Confianza), Taslim (Rendición), Tafwiz (Encomienda a Dios), y Ziqa (Seguridad)

Tawakkul (Confianza), Taslim (Rendición), Tafwiz (encomienda a Dios), y Ziqa (Seguridad) son los cuatro pasos o estaciones de un viaje espiritual que comienza con la dependencia de, o la confianza en, Dios, continúa con la conciencia absoluta de la propia incapacidad y del desvalimiento ante Dios, y termina cuando se confían todos los asuntos personales a Dios Todopoderoso para así obtener paz absoluta y tranquilidad en el corazón. Confianza (tawakkul) significa que confiamos por completo en Dios y nos sentimos molestos o inquietos cuando pensamos que puede haber otras fuentes de poder a las que recurrir. Si no se tiene este grado de confianza, no es apropiado hablar sobre el tema. Más aún; no se podrá conseguir esta confianza mientras las puertas del corazón permanezcan abiertas a otros.

La confianza o dependencia exige hacer todo lo que sea necesario para conseguir el resultado pretendido o deseado, y luego esperar expectante que el Poderoso y Eterno haga Su Voluntad. Tras esto viene la rendición (taslim), que muchos amigos de Dios han descrito como estar ante el Poder y la Voluntad de Dios como el cadáver en manos del embalsamador.[1] A continuación viene la encomienda a Dios (tafwiz), es decir, dejar o entregar todas las cosas y asuntos a Dios esperando todo de Él.

La confianza es el inicio del viaje, la rendición su término y la encomienda a Dios es el resultado. En consecuencia, la encomienda a Dios tiene un significado más amplio y está más relacionado con aquellos que casi han concluido el viaje que con los principiantes. La encomienda a Dios llega tras una rendición que implica la certeza de la impotencia y del desvalimiento propios ante el Poder y la Riqueza de Dios, y la capacidad de sentir en el corazón el significado de: No hay fuerza ni poder excepto en Dios. Implica también la dependencia absoluta y la expectativa de ser asistido por ese tesoro celestial: No hay fuerza ni poder excepto en Dios. Dicho con otras palabras, la encomienda a Dios significa que el viajero en el camino de Dios es advertido por su conciencia, es consciente en su corazón del punto de confianza y del punto de buscar ayuda y, plenamente consciente de su impotencia y desvalimiento, se vuelve hacia la Única Fuente del Poder y Voluntad y dice: «Tómame de la mano, sostenme, porque no puedo hacer nada sin Ti».[2]

Si la confianza significa que se encomiendan todos los asuntos de este mundo y del Otro al Señor, la encomienda a Dios significa que somos totalmente conscientes de que es Dios Quien lo hace todo. Dios es Quien produce los resultados y Quien crea todas las cosas y aquellas acciones que podemos llegar a creer que hacemos nosotros. Visto desde otro ángulo, la confianza significa que uno depende de Dios y cierra las puertas del corazón a todo y a todos los que no sean Él. Puede considerarse como el cumplimiento externo de todos los deberes de la adoración y como la vinculación interior a Dios, el Señor que es el único Sostenedor y Administrador de todo lo que existe. Esto es lo que expresa Shihab en los versos siguientes:

Confía al Misericordioso todos tus asuntos;
El que confía en Él nunca está perdido.
Fíate de Dios y ten paciencia con la manera en la que Él te trata,
Pues solo obtendrás, como favores Suyos, lo que esperas de Él.

Creo que fue ‘Umar, el segundo Califa, que Dios esté complacido con él, quien enfatizaba esta misma cuestión en una carta que escribió a Abu Musa al-‘Ash’ari: «Si eres capaz de someterte a lo que Dios decreta para ti (es decir, sin objetar nada ante lo que te ocurre), eso es un bien inmenso. Si no puedes hacerlo, sopórtalo con paciencia».[3]

Desde otra perspectiva, la confianza significa fiarse de Dios y tener seguridad en Él. La rendición es el estado de los que han sido despertados a la vida espiritual. La encomienda a Dios, que significa que los viajeros no se detienen por consideraciones relacionadas con los medios y las causas, es una estación especial para aquellos que han alcanzado una realización espiritual elevada.

Aunque pueda parecer que los viajeros que se encomiendan a Dios confieren una cierta importancia a los medios y las causas, esto se debe a que viven en el mundo material, en el reino de los medios y las causas en el que Dios ha dispuesto que todo logro dependa de una serie de condiciones preliminares. Pero si dan prioridad a los medios y las causas, olvidando con ello que Dios dispone de todo según Su Voluntad, serán entonces como gusanos que se arrastran por la tierra, a pesar de que antes parecían pájaros volando en las alturas de los cielos. En los libros y en las vidas de los santos se cuenta la historia de uno que trataba de avanzar hacia Dios y que, al quedar atrapado en la excesiva consideración de los medios y de las causas, oyó estas palabras:

Deja de tomar precauciones,
Puesto que entregarse a ese asunto causa la muerte.
Encomienda tus asuntos a Nosotros,
Porque Nosotros nos preocupamos de ti más que tú mismo.

Ese tipo de encomienda a Dios es un acto heroico que sólo pueden alcanzar aquellos que perseveran en sus relaciones con Dios, al tiempo que siguen viviendo entre la gente.

Disponer los medios necesarios para conseguir un resultado determinado, sin atribuirles ningún efecto creador, puede significar cosas distintas para los diferentes viajeros: confianza en el caso de todos, sumisión en el de aquellos que han despertado a las verdades que están más allá de la dimensión visible, y la encomienda a Dios y certidumbre en el de los que han conseguido la paz verdadera y la tranquilidad del corazón. Qué excelentes son esas palabras del Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, en las que combina el esfuerzo con la confianza y la encomienda a Dios: «Si confiaras en Dios tal y como lo exige la verdadera dependencia de Él, te proveería como provee a los pájaros que abandonan sus nidos hambrientos por la mañana y vuelven saciados por la tarde».[4]

Este hadiz del Profeta contiene verdades diferentes para personas de rangos espirituales también diferentes. Lo que significa para el individuo común es aquello que dice Rumi:

Por mucho que la confianza en Dios sea la guía,
Cumplir con los preliminares es una práctica del Profeta.
Dijo (a un beduino) en voz alta (en respuesta a su pregunta):
«Primero ata tu camello y luego confía en Dios».[5]

Este significado es lo que se indica en: «… y que todos aquellos que confían en sí mismos depositen su confianza en Dios» (14: 12).

Los que viven en el nivel de la espiritualidad pura comprenden, con plena conciencia de su impotencia y debilidad ante Dios, que deben confiar por completo en Su Poder y en Su Fuerza, que deben ser como el cadáver en manos del embalsamador: « Y confiad en Dios si sois verdaderos creyentes» (5:23). En lo que respecta a aquellos que sobrevuelan las cimas de la «aniquilación en Dios» y la «subsistencia con Dios», dicen, como el profeta Abraham, la paz sea con él, cuando le tiraron al fuego: «Dios es suficiente para mí» (39: 38) y luego Le encomiendan todos sus asuntos. Les basta saber que Dios Todopoderoso conoce su condición.

También es posible observar este enorme grado de encomienda a Dios en el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él. Cuando, desde la cueva en la que se ocultaba con su amigo íntimo Abu Bakr, que Dios esté complacido con él, con ocasión de su emigración a Medina, vieron los pies de quienes les perseguían y sus voces resonaban en las paredes de la cueva, confió por completo en Dios y dijo a Abu Bakr: «No te entristezcas. Sin lugar a dudas Dios se halla con nosotros» (9: 40).[6] A esto mismo alude el versículo: «Todo aquél que deposite su confianza en Dios, Él es suficiente para él (en todas sus necesidades)» (65: 3).

La encomienda a Dios y la confianza son los grados más elevados de la dependencia de Dios. Quienes han conseguido estos grados han sometido por completo su razón, su lógica y su creencia, además de sus sentimientos externos e internos, a las órdenes de Dios. El resultado es que se han convertido en «espejos pulidos» en los que se reflejan Sus Nombres, Atributos y Actos. Los signos de estos grados son: comprender que la toma de precauciones está incluida en la predestinación de Dios y obtener, gracias a ello, la paz; comprender que su fuerza de voluntad es una débil sombra de la Voluntad Divina, y volverse hacia esa Voluntad Divina; y también, estar complacidos con el trato que les da Dios, sea favorable o no, y estar de acuerdo con todo lo que les ocurre.

El autor de Minhay describe este grado de encomienda a Dios de la siguiente manera:

He encomendado todo mis asuntos al Amado,
Aunque me mantenga con vida o me haga morir.

Las siguientes palabras de Enderunlu Vasıf [7] son también muy apropiadas:

Lo que ha sido predestinado sucederá sin duda alguna;
Así que encomienda a Dios tus asuntos;
Y no te entristezcas ni sufras dolor alguno.

Una de las descripciones más hermosas de esta entrega pertenece a Ibrahim Haqqi; los primeros versos de su Tafwiznama (Descripción de Tafwiz) son como siguen:

Dios transforma el mal en bien;
nunca pienses que Él actúa de otra manera.
El que tiene conocimiento de Él contempla admirado lo que Él hace.
Veamos qué hace nuestro Señor;
Él hace bien todo lo que hace.
Confía en Dios, la Verdad Absoluta;
y encomiéndale tus asuntos
para que así encuentres la paz.
Sé paciente y conforme (con todo lo que Él hace).
Veamos qué hace nuestro Señor;
Él hace bien todo lo que hace.[8]

[1] Al-Bayhaqi, Shu’abu’l-Iman, 2:109; Al-Ghazali, Ihya’ ‘Ulum ad-Din, 4/261, 389.
[2] Toda persona, en virtud de su propia naturaleza, siente dos impulsos internos: la necesidad de una fuente de ayuda cuando se siente impotente, y el tener un punto de confianza cuando se ve confrontada con la desgracia o con la incapacidad de obtener sus deseos. Dios ha colocado estos dos impulsos innatos en el interior de toda persona para que se Le pueda descubrir en dichas crisis personales. Esta cuestión se menciona varias veces en el Corán, como en (10: 22), donde se recuerda a las gentes que, cuando se encuentran ante una tormenta (estando en el mar) de la que no es posible salvarse, se vuelven hacia Dios para pedir ayuda.
[3] Ibn Qayyim al-Yawziyya, Madariyu’s-Salikin, 2: 177.
[4] At-Tirmizi, «Zuhd», 33; Ibn Maya, «Zuhd», 14.
[5] At-Tirmizi, «Sifatu’l-Qiyama», 60; Ibn Hibban, As-Sahih, 2: 510.
[6] Al-Bujari, «Tafsiru Sura 3», 13.
[7] Enderunlu Vasıf (Wasif de Enderun) (1759-1810): Nació en Palestina y se formó en Enderun, la escuela donde eran educados los administradores otomanos. Compuso poemas muy hermosos. Murió en Estambul.
[8] Ma‘rifatname, 1:149.

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