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Parece que el preciso momento de la llegada de las lluvias así como el sexo del bebé que se halla en el útero de la madre se pueden saber con antelación en nuestra época. Entonces, ¿dichos eventos ya no pueden ser considerados entre «los cinco misterios»

Escrito por Fethullah Gülen on . Publicado en La Sabiduría en el Mensaje del Corán

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La pregunta concierne al misterio de la «Hora» —el Tiempo— y el «conocimiento» que se encuentran entre los cinco aspectos o misterios mencionados en el versículo coránico:

Dios posee el conocimiento de la Hora. Nadie aparte de Él sabe de la misma. Él hace descender la lluvia en su tiempo preestablecido. Conoce lo que hay en los úteros, —entre otras cosas si es varón o hembra—; ninguna persona, ya sea mala o buena, sabe cuánto ganará de bien o mal. Tampoco sabe el lugar donde terminará su vida, porque Dios es Sabio, Conocedor de todo, y no lo da a conocer a nadie. (Luqman 31:34)

Analicemos brevemente cada uno de los cinco misterios mencionados, según el orden en el que aparecen en dicho versículo.

Solamente Dios sabe cuándo y cómo la Hora, la Resurrección acontecerán. Tal y como expresa el Corán, esto es una verdad indudable y un principio, por eso es impropio para un musulmán expresar una opinión sobre este asunto sin haber dicho «Sólo Dios lo sabe». La veracidad de este hecho se afirma con un célebre hadiz[1] que relata el momento en el que el Arcángel Gabriel —adoptando la figura de un viajero— visitó al Profeta y le pidió que le explicara los conceptos de imán, Islam e ijsan. El Ángel Gabriel confirmó las respuestas diciendo «sadaqta» —ha dicho la verdad—. La última pregunta del Ángel Gabriel fue: «¿Cuándo tendrá lugar la Resurrección?» y el Profeta le contestó: «El que ha sido preguntado no sabe más que aquel que ha preguntado». Y después, mencionó algunos signos y presagios de los acontecimientos que ocurrirían con la llegada del tiempo de la Resurrección. Tal fue la cortesía del Profeta cuando se le preguntó acerca de uno de «los cinco misterios». Tanto el Profeta como Gabriel tenían cierto conocimiento sobre ello, pero tan sólo Dios sabía cuándo ocurriría.

En cuanto a cómo tendrá lugar la Resurrección, en términos de las probables causas físicas, se pueden elaborar numerosas suposiciones e hipótesis y cualquiera de ellas sería válida: como, por ejemplo, el hecho de que un cometa impacte sobre la Tierra; o que el Sol se extinga o explote según las leyes de la termodinámica, o que quizás los seres humanos pueden iniciar involuntariamente algún tipo de reacciones en cadena (de tipo nuclear, por ejemplo) más allá de su control que provoquen dicho fin, etcétera, etcétera. Pero, siguiendo con lo expuesto anteriormente, sólo Dios sabe el cuándo y el cómo.

El segundo «misterio» mencionado en el versículo trata del asunto de que Aquél que hace descender la lluvia es Dios. Este es uno de los dos puntos destacados de dicha pregunta. La gente alega que se puede saber cuándo va a llover a través de diversos estudios que desembocan en un pronóstico meteorológico, y que por lo tanto, ya no hace falta considerar la lluvia como uno de dichos misterios. Sin duda alguna, tales personas que propusieron los argumentos anteriores lo hicieron para generar la inquietud y la duda en las mentes en relación a la perfección del Libro y la fe. Sin embargo, los musulmanes deben considerar estas cuestiones con extremo cuidado y sensibilidad, aunque oculten en sí una intención blasfema.

Ahora bien, ¿cuánto de lo que tales personas proclaman saber a través de la ciencia moderna y la tecnología está realmente relacionado con lo Oculto o con lo que está más allá de nuestra percepción? En realidad, su conjetura sobre la lluvia, hecha después de que ocurran todas las condiciones y cuando los signos empiecen a apreciarse en el mundo visible, no tiene nada que ver, en absoluto, con conocer lo Oculto (gayb).

Déjenme explicarlo con un simple ejemplo. Apaguen la ventilación de una habitación repleta de gente, introduzcan un poco de dióxido de carbono en el aire de la habitación y midan los niveles de dióxido de carbono y de oxígeno. Después, realicen una previsión acerca del tiempo que tardarán las personas que se hallan en el cuarto en sentir dolor de cabeza. ¿Y qué pasa si nuestro pronóstico resulta ser correcto? ¿Habremos llegado a entender lo Oculto? Pues no. Lo Oculto se define precisamente como lo que Dios se adjudica saber sólo Él mismo. Pronosticar si lloverá mañana o no (e incluso prever aproximadamente dónde lo hará) no significa conocer lo Oculto. Saber con exactitud todos los detalles acerca de dónde, cuándo y en que cantidad se darán las precipitaciones de lluvia, es un suponer, dentro de cinco o diez años, sería entonces conocer lo Oculto. La gente ni siquiera puede pronosticar cuánta cantidad de lluvia caerá al día siguiente, para qué hablar de cinco ó diez años. Además, a veces comprobamos que lo que pronostican los meteorólogos no resulta ser correcto, y hasta en algunas ocasiones, ocurre totalmente lo contrario a lo que pronostican. Y todo esto significa que ellos no lo saben con certeza, sino que hacen suposiciones calculadas.

Además, no se necesitan tantos aparatos y artilugios para conocer si lloverá o no, cuyos síntomas ya se han hecho aparentes en el mundo visible (alam al-shahada). Hay mucha gente común, que hace conjeturas exactas basándose en las experiencias personales adquiridas a lo largo de los años de observación, y lo que ellos dicen no es menos preciso que las suposiciones de los meteorólogos. Déjenme contarles uno de mis recuerdos, que traigo a colación sobre este asunto.

Algunos científicos norteamericanos viajaron a un pueblo con la intención de realizar ciertas investigaciones. Observaron a un pastor apresurando a sus cabras hacia el redil en lugar de dirigirlas al pasto que se hallaba en la dirección contraria. Los científicos se sorprendieron y sintieron la necesidad de preguntar la razón por la que el pastor realizaba esto. El pastor les dijo que iba a llover pronto y siguió con su trabajo. Los científicos comprobaron sus instrumentos y no vieron posibilidad alguna de que fuera a llover. Sin embargo, comenzó a chispear al rato. Entonces le preguntaron al pastor cómo sabía que iba a llover. La respuesta del pastor fue: «Llevo muchos años observando a los animales y he aprendido que las cabras colocan la cola entre las piernas antes de la llegada de la lluvia». Ante esto, ¡algunos científicos despreciaron sus caros aparatos de medición por no ser más útiles que la cola de una cabra! De la misma manera, Bediüzzaman Said Nursi solía decir que a causa de su reuma podía sentir la proximidad de la lluvia cuarenta y ocho horas antes. E incluso algunos aldeanos de nuestros pueblos hacían previsiones correctas acerca de si iba a llover o nevar observando las señales atmosféricas. 

Por lo tanto, a la luz de la higrometría, la hidrostática, la dinámica, la meteorología, la climatología y otras ciencias de la física, observando los fenómenos atmosféricos —las nubes, su densidad, humedad, cambio de la presión atmosférica, corrientes, vientos, sistemas frontales, etc.— y después, empleando instrumentos muy sofisticados como radares, computadoras y satélites, los cientifícos observan las señales y los indicios que ya existen y conjeturan sobre la probabilidad de la lluvia. Y algunas personas presentan esta presunción como conocer lo Oculto, saber la hora o la cantidad exacta de la lluvia, y de este modo pretenden refutar los versículos del Corán. Esto no es nada más que un signo de ignorancia e impertinencia.

Mencionaré uno de los milagrosos hadices del Profeta, científicamente probado en la actualidad. Él dijo: «Ningún año es más lluvioso que el otro».[2] De ahí entendemos que la cantidad de precipitaciones en la Tierra no varía demasiado cada año. Sin embargo, no sabemos dónde y cuánta cantidad de lluvia o nieve caerá. Eso pertenece a lo Oculto y no se puede saber.

El tercer asunto mencionado en el versículo es el segundo punto por el que se pregunta con frecuencia, Es Dios Aquél que conoce lo que se halla en los úteros maternos. Algunas personas afirman que los médicos son capaces de conocer el sexo del bebé, a través de las técnicas de ultrasonido y otros procedimientos médicos. Sería mejor si repararan en el hecho de que conocer algo cuyos signos y síntomas ya han comenzado a ser experimentados en el mundo visible no tiene absolutamente nada que ver con discernir lo Oculto.

Algunas personas también alegan que es posible predecir el sexo de un embrión al averiguar el par de cromosomas sexuales predominante, XX o XY, en el esperma fertilizado. Y aquí nos encontramos de nuevo con la cuestión que nos atañe, ser capaz de averiguar los cromosomas sexuales de un esperma, esté en el útero o no, no implica discernir lo Oculto. En uno de sus iluminadores dichos, el Profeta dijo: «Si el hombre domina, (el bebé) se forma un varón, y si la mujer domina, una hembra».[3] (Este hadiz no tiene nada que ver con ser dominante en relaciones de marido y mujer, como fue malinterpretado en el pasado por varios comentaristas). El hecho es que si el espermatozoide con el par de cromosomas masculinos predominante (XY) alcanza primero el ovulo y logra penetrar la membrana del mismo así como fertilizarlo, nacerá un varón pero si es el espermatozoide con el par de cromosomas femeninos predominante (XX) el primero, entonces lo hará una niña. Tener ciertos conocimientos sobre la causa y los agentes determinantes de un suceso futuro, no significa que podamos sentirnos poseedores de la verdad sobre ese futuro. Creerlo tan sólo hará que nos engañemos a nosotros mismos.

El Corán dice que es Dios Quien «sabe lo que se halla en los úteros»; y aquí emplea la palabra del árabe ma. No dice que es Dios Quien conoce el sexo del bebé en el útero. La expresión «lo que» no solamente está relacionado con el sexo del ser nonato, sino también trata el asunto de si va a nacer o no, y si es así, cuánto tiempo permanecerá en el útero, si va a nacer vivo, cuáles serán sus atributos naturales y cómo será su carácter, sus méritos y debilidades, qué clase de individuo será, un próspero creyente o un malhechor desgraciado, qué papel tendrá en la vida, si será causa de bendición o maldición para sus padres y la sociedad, y cómo será el resultado de su existencia en este mundo y en el Más Allá. El conocimiento de todo esto es único y peculiar a Dios. Así, lo que pertenece realmente a lo Oculto es aquí indicado con la palabra ma, y ésta no sólo es relativa al género o el sexo. A lo que el Corán se refiere es a un concepto completo, general y universal. Sólo un conocimiento de este nivel se podría llamar el conocimiento de lo Oculto. Alegar lo mismo por otras cosas que la gente puede saber no es nada más que mera ilusión y locura.

Para entender mejor el asunto, considera esta simple analogía:

Supongamos que te encuentras en un jardín y ves un manzano. La raíz y el tronco del árbol se hallan en un lado, mientras que las ramas y las hojas se inclinan hacia el otro, así que no puedes verlos desde donde te encuentras. Cuando sus frutos hayan madurado, puedes decir que las ramas del otro lado están repletas de manzanas. Y cuando la gente lo comprueba y ve que es cierto lo que has dicho, ¿significaría eso que conocieron asimismo lo Oculto? ¿O sólo sería haber relatado un acontecimiento común que todos pueden saber normalmente? Desde luego la respuesta es la segunda. Este ejemplo es exactamente igual a lo anteriormente expuesto en cuanto a conocer y determinar el sexo del nonato. No significa conocer lo Oculto, sino simplemente dar información sobre un árbol cuyas raíces se hallan en el mundo visible y cuyas ramas se curvan hacia lo Oculto. Así que tratar de invalidar dicho versículo del Corán basándose en una pretensión tan falsa y poco firme sobre el conocimiento de lo Oculto es una insensatez.

El cuarto punto en el versículo mencionado es «ninguna persona, ya sea mala o buena, sabe cuánto ganará de bien o mal». Aquí el verbo «ganar» no sólo posee el significado de «ganarse la vida» en un sentido físico y financiero, sino también en general, recoger los frutos de las buenas o malas conductas. Nadie sabe lo que puede acontecer en el día de mañana. Todas las aclaraciones tanto físicas como espirituales y los consuelos se encuentran dentro de esta ganancia. Lo que añaden los científicos a su conocimiento y experiencia también es una ganancia y sólo Dios sabe cuándo y cuánto acontecerá esto. A veces leemos varios libros, pero no adquirimos ni un ápice de conocimiento; por otra parte, en ocasiones un conocimiento obtenido de una sola línea puede tener mucho más valor en comparación a libros enteros, inundando nuestras fuentes con inspiración.

Sin embargo, aunque tuviéramos en consideración sólo el aspecto financiero, tampoco es posible saber, aún teniendo un salario fijo, qué se ganará al día siguiente, ya que algún regalo o gasto inesperado, algún accidente o catástrofe, puede cambiar dramáticamente las ganancias del día. No veo necesidad alguna de dar más ejemplos sobre este argumento y cito aquí lo que el Corán dice: «Nadie sabe lo que va a ganar al siguiente día».

El quinto punto es «Tampoco sabe el lugar donde terminará su vida»; sólo Dios sabe dónde, cuándo y cómo una persona va a morir. El momento en el cual Azrail, el ángel de la muerte, o sus ayudantes pronuncien las palabras «ya ha llegado la hora» nos es desconocido. Y sobre esto no albergamos duda alguna.

Los cinco misterios resumidos en el versículo son regulados por el Conocimiento y la Ley de Dios. Nosotros sabemos algunas cosas en la vida ordinaria, pero esto no es nada en comparación con el Conocimiento Divino. Nuestro conocimiento está basado en un conocimiento superficial con ciertos signos y síntomas concedidos desde lo Oculto al reino visible. No podemos contestar ninguna de las preguntas —cómo, cuándo y dónde— con precisión. Esto es particular y sumamente claro en el caso de la lluvia, la vida humana y la muerte. Hay grandes misterios en ellos, y el conocimiento completo sólo le pertenece a Dios

Es cierto que Dios lo sabe todo y está perfectamente Informado.


1 Bujari, Iman, 37; Muslim, Iman, 1.
2 Hakim, Mustadrak, 2/437; Tabari, Tafsir, 19/22; Bayjaki, Sunan al-Kubra, 3/363.
3 Bujari, Manaqib al-Ansar, 51, tafsir al-sura (3) 6; Ibn Juzayma, Sahih, 1/116; Hakim, Mustadrak, 3/548; Ibn Hibban, Sahih, 16/441-442.

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