Para guiar a la gente al servicio de Dios

Dios declaró en el Corán: No he creado a los genios y a la humanidad sino para que Me (conozcan y) veneren (exclusivamente) (51:56).

No somos creados sólo para comer, beber y reproducirnos; estos son hechos y necesidades naturales de nuestra vida. Nuestro objetivo principal es reconocer y servir a Dios. Todos los Profetas fueron enviados para mostrarnos cómo hacerlo: Antes que tú, no enviamos a ningún Mensajero a quien no le reveláramos que no hay más deidad que Yo. Así pues, ¡venérame tan solo a Mí! (21:25) y:

Y con toda seguridad, hemos alzado de cada comunidad a un Mensajero (para que transmita el Mensaje primordial): Venerad tan sólo a Dios y apartaros de las falsas deidades y las fuerzas del mal (que instituyen pautas de creencia y gobiernan desafiando a Dios). Entre ellos (las anteriores generaciones) había gente a los que Dios guió del mismo modo que había entre ellos otros que el extravío era su justo merecido (16:36).

Dios envió a los Profetas para guiarnos hacia Su servicio. Todos tuvieron la misma misión. Sin embargo, mientras que los primeros Profetas fueron enviados a su propia gente y durante un período determinado, el rofeta Muhammad fue enviado como una misericordia para la humanidad y los genios, y para siempre.

Según un hadiz auténtico, Ibn Masud relata la predicación del Profeta a los genios:

Una vez el Mensajero de Dios y yo fuimos a cierto sitio. Él trazó un círculo a mi alrededor y me dijo que no lo abandonara hasta que él volviera. Él se marchó, y al rato un tumulto estalló cerca. Me pregunté si le habría pasado algo, pero, como él me había dicho que me quedara hasta que él volviera, así lo hice. Después de un rato, él volvió y le pregunté sobre el alboroto. Él contestó: «Los genios me han creído y me han hecho el juramento de lealtad. Cuando algunos de ellos insistieron en la incredulidad, estallaron los enfrentamientos. El alboroto que tú oíste eran los enfrentamientos. Esto anuncia que mi vida está a punto de terminar».[32]

El Mensajero de Dios empleó esta última frase para señalar que había sido enviado para abrir el camino de la guía de la humanidad y los genios. Una vez que esto había sido realizado, no tendría razón alguna para vivir, porque él no tendría nada más que hacer. También esto significa que los creyentes nunca deberían descuidar sus responsabilidades en este mundo y deberían rogar como enseñó el Mensajero de Dios: «¡Señor mío!¡Hazme morir si la muerte es mejor para mí, y si no, hazme vivir más si ello es lo mejor para mí».[33]

[32] Tabari, Yami al-Bayan, 24:33; Ibn Hanbal, 1:449.
[33] Bujari, «Marda», 19; Muslim, «Zikr», 10.

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