El Amor

El amor es el elemento más esencial de todo ser, la luz más resplandeciente y el poder mayor que hay; es capaz de resistir y dominar a todo lo demás. El amor eleva a todas las almas que lo absorben y las prepara para el viaje hacia la eternidad. Las almas que han podido contactar con la eternidad, gracias al amor, se esfuerzan para inspirar en las demás lo que ellas han obtenido de la eternidad. Dedican sus vidas a este deber sagrado; un deber por el que son capaces de resistir todo tipo de dificultad sin límite alguno y del mismo modo que pronuncian «amor» con su último aliento, también lo harán cuando sean levantados para el Día del Juicio Final.

Las almas que no tienen amor es imposible que se eleven al horizonte de la perfección humana. Aunque viviesen cien años, no avanzarían en el camino hacia la perfección. Los que carecen del amor, por estar atrapados en las redes del egoísmo, no pueden amar a nadie más y mueren sin saber nada del amor que está profundamente arraigado en el corazón mismo de la existencia.

Cuando un niño nace se le recibe con amor; y luego crece en una atmósfera cálida compuesta de almas que aman y son cariñosas. Y aunque haya niños que no disfruten del mismo grado de amor en las fases posteriores de su vida, siempre lo desearán y lo buscarán a lo largo de sus vidas.

En el sol se ve la impronta del amor; el agua se evapora y se eleva hacia esas huellas para luego, en las alturas, condensarse en gotas que caen alegremente sobre la tierra en las alas del amor. Y entonces, y gracias al amor, miles de flores se abren y ofrecen sus sonrisas a todo lo que les rodea. Las gotas de rocío hacen que las hojas resplandezcan de amor y tiemblen de contento. Las ovejas y los corderos balan y brincan con amor, los pájaros y los polluelos pían con amor y forman coros de amor.

Cada uno de los seres participa con su propia sinfonía en la gran orquesta de amor del universo y trata de demostrar, por su propio deseo o por inclinación, un aspecto del amor profundo que se encuentra en la existencia.

El amor está tan profundamente arraigado en el alma del ser humano que muchos abandonan el hogar por causa suya, caen en desgracia muchas familias y, en cada rincón, hay un Maynun que gime de amor deseando a su Layla.[1] Y aquellos que no han podido descubrir el amor inherente a su propio ser ¡creen que estas manifestaciones son sólo locuras!

El altruismo es una de las emociones humanas más elevadas y su origen es el amor. Quien obtenga la mayor parte de este amor es el héroe más grande de la humanidad; esta gente ha sido capaz de erradicar los sentimientos de odio y rencor que albergaba en su interior. Estos héroes del amor siguen viviendo incluso después de la muerte.

Estas almas sublimes que encienden cada día una nueva antorcha de amor en su mundo interior y que, al convertir sus corazones en una fuente de amor y de altruismo, son bienvenidos y amados por la gente, han recibido del Juez Supremo el derecho a la vida eterna. Ni la muerte, ni tan siquiera el Día del Juicio Final, podrán borrar sus huellas.

La madre que está dispuesta a morir por el bien de su hijo es una heroína del cariño; los individuos que dedican sus vidas a la felicidad de los demás reciben el nombre de «devotos valientes», pero a los que viven y mueren por toda la humanidad se les conmemora como monumentos a la inmortalidad que merecen ser entronizados en los corazones de la humanidad. En manos de estos héroes el amor se convierte en un elixir mágico que permite superar cualquier obstáculo y en una llave que abre todas las puertas. Los que poseen este elixir y esta llave abrirán, tarde o temprano, las puertas de todos los lugares del mundo y, llevando en sus manos los «incensarios» del amor, propagarán por todas partes el perfume de la paz.

Para llegar a los corazones de la gente, el camino más directo es el del amor, el camino de los Profetas. A quienes lo siguen rara vez se les rechaza; pero si incluso lo hicieran unos pocos, hay miles que les darán la bienvenida. Y cuando se les acoge con amor nada puede impedir que alcancen su objetivo: la complacencia de Dios.

¡Qué felices y prósperos son los que siguen la guía del amor! ¡Qué desgraciados son, por el contrario, los que llevan la vida de «los sordos y los mudos» sin ser conscientes del amor innato que habita en lo más profundo de sus almas!

¡Oh Dios, el Más Excelso! ¡Ahora que el odio y el rencor lo han cubierto todo, como capa sobre capa de oscuridad, nos refugiamos en Tu Amor infinito y suplicamos ante Tu puerta para pedirte que llenes de amor y de emociones humanas los corazones de Tus esclavos dañinos y sanguinarios!

* Este artículo fue escrito en Marzo de 1987, y apareció por primera vez en Yitirilmiş Cennete Doğru, Nil, Izmir, 1988, y en su edición inglesa Towards the Lost Paradise, Kaynak, Izmir, 1998, 2ª Edición, págs. 43-45.
[1] Layla y Maynun son unos amantes legendarios de la literatura oriental.
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