Prefacio

La Estatua de Nuestras AlmasLos que siguen de cerca el ideario de Gülen comprobarán que lo que ha escrito o predicado hace quince o veinte años y las ideas que plantea hoy en día no son en ningún caso diferentes ni se contradicen esencialmente. Por el contrario, todas sus obras y discursos se interpretan de manera coherente y conducen gradualmente hacia la idea principal. Es autor de una serie completa de obras escritas durante los últimos años, todas ellas centradas en temas tales como las convulsiones y fracturas que el mundo musulmán, y en particular la nación turca, han sufrido debido al fracaso en interpretar correctamente al islam y sobre las razones de ello; sobre la emergencia de un renacimiento en el mundo musulmán, acerca de la concepción de un Islam nuevamente universalista y sobre la dinámica y características básicas de la generación que llevará a cabo este cometido. Cuando se contemplan desde este punto de vista, las obras de Gülen expresan, en conjunto, un mismo y único mensaje que conforma una gran sinfonía. La Estatua de Nuestras Almas es una expresión sistemática y exhaustiva de las ideas que el autor ha sugerido para propiciar un renacimiento y de los esfuerzos realizados para lograrlo. Está orientado hacia la revitalización del pensamiento y de la acción, proporcionando directrices para —según sus propias palabras— «los herederos de la Tierra».

El primer libro nos presenta una visión global de la situación del mundo musulmán, y nos hace ver que allí donde se encuentren los musulmanes, éstos viven una vida paradójica. Por un lado hallamos depresión, debilidad, las personas se asoman al borde del abismo por ignorancia y superstición aunque, en general, también están más inclinadas a volverse a Dios y luchan por un resurgimiento en casi todas partes… Podemos ver a gentes sedientas de la paz y la seguridad prometidas por el Islam. La depresión, que el autor relaciona con «tiempos de decadencia», ha sido la herida sangrante del mundo musulmán durante los últimos siglos.

Los musulmanes, quienes una vez convirtieron el mundo en «un rincón del Paraíso», sacrificaron la religión, su verdadera fuente de poder, a cambio de este mundo, perdiendo así el perfecto equilibrio que habían establecido entre el universo, la humanidad y la vida. De esta manera, rechazaron la herencia de mil años y trataron de sustituirla con nuevos y débiles elementos incompatibles con la naturaleza humana primordial. Sin embargo, es un hecho que, a pesar de todos estos traumas, depresiones y tormentas de los días de decadencia, la idea de un renacimiento siempre ha estado esperando, en algún lejano rincón, un día en el que al fin se materializará

En aras de un renacimiento, es decir, en aras de reparar la maltrecha lógica musulmana, de corregir las desviaciones y de establecer una vida nueva y saludable, el mundo musulmán ha de vivir una «resurrección ». Este renacimiento protegerá el núcleo original de la religión en el contexto de la amplitud y la universalidad auspiciadas por los flexibles principios del Islam, una renovación que responderá a las necesidades de todo tipo de gentes y abarcará todos los aspectos de la vida en todo tiempo y lugar.

Se ha señalado que la humanidad, la vida y el universo han de abordarse desde una perspectiva islámica, y que las sociedades musulmanas que han abandonado la lógica, el pensamiento y los conceptos islámicos, necesitan ser impulsadas hacia una renovación en profundidad.

Quienes asuman esta gran responsabilidad ayudando a hacer realidad un cambio tan universal han de ser un nuevo tipo de personas. El autor los llama «los herederos de la Tierra», y los describe como personas que reflejan el espíritu del Profeta y la ética del Corán.

En cierto modo, La Estatua de Nuestras Almas describe y analiza este renacimiento que ya ha comenzado. Dicho renacimiento es un proceso que puede llevarse a cabo cuando una nación entera retorna a sus propias raíces espirituales. Nuestra nación, que ha experimentado un resurgimiento algunas veces, puede prevenir enfermedades como «la pasión, la pereza, la búsqueda de fama, el egoísmo, la mundanalidad, la estrechez mental, el uso de la fuerza bruta…» ejerciendo valores humanos elevados como «la satisfacción, el coraje, la modestia, el altruismo, el conocimiento, la virtud y la capacidad de pensar universalmente ». Es entonces cuando podemos afirmar que se ha realizado un regreso coránico hacia nuestra naturaleza primordial.

Esta resurrección, o gran renacimiento, debe ser realizada por aquellos miembros de la nación que comparten completamente este mismo espíritu de resurgimiento. De esta manera, nuestra nación se recuperará de un largo período de pérdida de confianza y procurará de nuevo hacer del mundo un lugar paradisíaco. La Estatua de Nuestras Almas idealiza y da voz a una visión, a la vez que analiza los problemas históricos y sociológicos que se alzan ante la tarea de reconstrucción del mundo musulmán. Gülen, sin embargo, nunca pierde la confianza en una nación que lleva en su interior el fuego del resurgimiento y se siente vinculado a ella gracias a una esperanza inagotable.

Puede verse, en efecto, que el tema central de esta colección de escritos de Gülen es la exhortación hacia un determinado autosuperación, hecha a sus seguidores y a los musulmanes en general. Los musulmanes deben por llegar a ser dignos de la promesa que nos ha sido hecha. Alude varias veces a la promesa de Dios a los fieles: «Hemos (registrado en la Tabla Suprema Preservada y a continuación hemos) registrado en los Salmos, después de la Tora que Mis siervos rectos heredarán la Tierra» (Corán, 21:105).

Gülen se hace eco del gran maestro Rumi al decirnos que no hagamos caso omiso de la doctrina de las causas, que no nos sentemos a esperar irresponsablemente el favor de Dios, sino que nos esforcemos sin cesar en transformar este mundo fragmentado en un mundo de paz y justicia, de acuerdo con la Voluntad de Dios. Una vez más, como Rumi, nos señala que es en nuestra sumisión a la voluntad de Dios donde encontramos la verdadera libertad, y que, paradójicamente, es esta sumisión y sólo ella la que puede librarnos de la esclavitud sin sentido, de una esclavitud que es, en última instancia, destructiva, caprichosa, fantástica, como la locura y la tentación. Nos indica la ruta de acceso hacia la libertad y la vida eterna. A veces nos da instrucciones simples y directas que se pueden aplicar en los ámbitos cotidianos en los que nos hallamos; a veces a través de adornadas descripciones de los deleites espirituales que se encuentran en el camino y en el destino, instándonos una y otra vez a que sigamos, voluntariamente, ese camino recto.

El trabajo de Gülen es una constante exhortación a un mayor esfuerzo, a un mayor conocimiento, a un mayor autocontrol y a una mayor moderación. Nos recuerda que hay cualidades por las que Dios nos va a recompensar. Nos recuerda el valor de la paciencia y de cuantas veces que en las páginas del Corán se nos insta a ser pacientes y a soportar. No defiende ni ha defendido nunca el uso de la violencia para alcanzar fines políticos. Nos dice que «los días en que se hacían las cosas por la fuerza bruta han terminado». «En el ilustrado mundo contemporáneo la única forma de conseguir que los demás acepten tus ideas es a través de la persuasión y de una argumentación convincente. Aquellos que usan la fuerza bruta para alcanzar sus metas están en bancarrota intelectual». No es un «externalista», alguien que cree que el Islam puede ser impuesto a otros desde el exterior por la aplicación contundente de la shari’a. Desea que la renovación de la sociedad empiece desde dentro del corazón. Si bien reconoce la importancia de la ley y el orden en la sociedad, no cree que la virtud se pueda inculcar por la fuerza ni que una sociedad virtuosa se construya con represión. Lejos de ello, resalta siempre que la libertad es innecesariamente restringida. Gülen se adhiere al mandamiento coránico de que las diferentes tribus y naciones, creadas todas por Dios, deben de aprender las unas de las otras, por lo que no rechaza los aspectos técnicos, políticos y culturales de la modernidad occidental, como la democracia, el parlamentarismo y la educación científica. En lugar de ello, aconseja dar a dichas instituciones una dimensión islámica para evitar de esa manera los efectos negativos de una ideología totalmente secular, el estancamiento y la fosilización de una sociedad religiosa incapaz de adaptarse a su entorno.

Ante los ojos de Gülen y en su vida, el Islam no es la frágil y fósil reliquia de museo que a los secularistas modernos les gustaría que fuese. Para él y para los muchos que están de acuerdo con él, el Islam no sólo es vital y está vivo, sino que es nuestra única forma de conexión con lo Real, con la Verdad, con nuestra Fuente de Vida. Por ello, los mandamientos de Dios en el Corán, en la Sunna y en el cosmos, han de reexaminarse, reconstruirse y restaurarse en todas las épocas a la luz del avance del conocimiento y del cambio de situación. Su yihad no es la sórdida, indecente y desesperada lucha del extremismo que cree enfrentarse a un enemigo demasiado poderoso, sino un esfuerzo basado en la tranquila confianza que otorga la fe. Se trata del optimismo de quien cree que Dios ha puesto en el corazón del hombre un sano deseo de bondad, dotándole de comprensión, de quien cree que los musulmanes tienen la misión de llevar esto a cabo con dulzura hasta que florezca.

Un concepto importante que se presenta a lo largo del libro tiene que ver con la comprensión que Gülen tiene de «nación». Aunque este concepto se refiere particularmente al mundo musulmán y a la nación turca por su papel en la conformación de la historia humana como principales actores y representantes de la paz mundial, es sin duda un concepto que va más allá de la idea de una nación en particular, sobre todo cuando observamos que la visión de Gülen está constituida por un idealismo de diálogo y tolerancia. En este libro, Gülen aporta soluciones globalmente válidas para conseguir la libertad y la dignidad a las que cualquier comunidad reprimida puede recurrir. El espíritu que motiva la trayectoria de Gülen, tan evidente en numerosas actividades de diálogo e iniciativas educativas, es el de una paz mundial que se logrará mediante la participación de todas las naciones. La definición de nación de Gülen no se aplica a una raza. Anatolia ha sido siempre, a lo largo de la historia, una tierra con diversos grupos étnicos que conforman una nación unida en la actualidad. Libre de patrioterismos, Gülen nos habla del mosaico multicolor de Anatolia, que es como un crisol de pueblos que llegaron de Asia Central, de los Balcanes y Mesopotamia.

Por último, siendo uno de los pensadores y activistas más importantes de Turquía, y posiblemente del mundo musulmán moderno, Gülen se ha preocupado durante toda su vida como autor de encontrar y poner en práctica soluciones a la tremenda sensación de presión, alienación, debilidad, derrota y desintegración que se vive en el mundo musulmán desde la caída del Imperio Otomano a principios del siglo XX. A diferencia de muchos otros líderes musulmanes, sin embargo, no niega la realidad dando la espalda a la modernidad, ni tampoco cae en la amargura, la incomprensión y la ira, sino que exhorta a los musulmanes a educarse a sí mismos, a controlarse a sí m2ismos y a utilizar sus propios recursos para recuperar y restaurar su cultura, su identidad y la práctica de su religión. El suyo es esencialmente un mensaje de paz y esperanza, un mensaje que es transmitido cabalmente en La Estatua de Nuestras Almas.

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