¿Cómo deben los creyentes invitar a los demás a creer?

La misión de los Profetas es transmitir el Mensaje Divino, que es la obligación más importante y vital de la humanidad. Es decir, iluminar a otros con el conocimiento de la verdadera religión y los deberes que le acompañan. A la luz de esta breve explicación podemos decir que nuestra responsabilidad primordial es revisar todos los métodos y aproximaciones tanto actuales como del pasado, y poner en práctica hoy aquellos principios que es posible aplicar y que conducen a los mejores resultados. Cada persona considerada suficientemente mayor como para ser responsable de sus acciones, debe trabajar para comunicar el mensaje de Dios a los demás, en la forma aceptada y con la amabilidad propia de dicha tarea. Cualesquiera que sean las edades y condiciones, cada individuo está obligado a decirle a los demás lo que se supone que ha de comunicarles, y eso constituye una misión vital. El objetivo de nuestra existencia es eso también. Ya que Dios dice: Y no he creado a los genios y a los hombres sino para que me veneren (51:56). Tal veneración o servidumbre a Dios es como una carrera en la cual deben participar todos. Algunos no podrán hacer frente a los obstáculos y se detendrán, y otros siempre ganarán y llegarán más allá, hasta alcanzar la presencia de Dios.

Conocer a Dios y dedicarse completamente a Él, encomendarse a Su Misericordia es el objetivo de la naturaleza de las personas y la esencia de la creación. La devoción y la servidumbre a Dios no sólo requiere escuchar, entender, aceptar y cumplir con ciertas reglas y aplicarlas a nuestra vida; sino que también significa la búsqueda de la pureza en las ideas y las mentes, y alcanzar el horizonte del pensamiento en exclusiva de su Creador, que es una misión difícil pero también sublime y sagrada.

¡Hombres! Venerad a vuestro Señor que os ha creado a vosotros y a los que os precedieron. Tal vez así os guardéis. Quien ha hecho de la Tierra tu morada, y del paraíso su cielo; y envió lluvia desde los cielos; y dejó ante ti frutos para tu sustento; no hay rivales ante Dios, que es el único que conoce la verdad. (2:21)

Venerad a vuestro Dios. Ya que Él es el Creador. El Creador de vosotros y de la gente que vivió antes de vosotros. El acto de crear y las cosas creadas solamente le pertenecen a Él. Es Dios quien os creó, en un sentido, antes de vuestro nacimiento, creó los elementos y las partículas que os constituirían, y Quien creó, en otro sentido, la gente que vino antes de vosotros. Es Dios Quien causó la muerte de muchos de vosotros anteriormente, tal y como el Faraón de la época del profeta José (Yusuf), Nimrod, Shaddad, etc. Con Sus leyes de la creación, tornó la suerte que favorecía a distintas civilizaciones en fatalidad, quienes se pavoneaban y fanfarroneaban sobre la Tierra y convirtió sus imperios en ruinas. Así que es Dios Quien los creó y provocó su muerte. Por lo tanto, venerad solamente a Dios, el Omnipotente, el Creador, el Sustentador y siempre tened en mente el ejemplo, la lección y la advertencia de los acontecimientos del pasado y el presente, para que así pueden entrar en el círculo de la piedad, el conocimiento de Dios.[21]

Es el Sustentador, el Omnipotente, el que ha hecho de la Tierra un lecho para vosotros, un lugar de descanso.[22] De modo que todo lo que necesitáis está dentro del alcance de vuestra mano. Es como si el mundo fuera una casa grande y el Dueño de ella, el Soberano de todos los mundos, cuidara de Su débil invitado con un gran espectáculo en su honor, tratándolo con muestras de respeto y diferencia. Si se diera el más mínimo fracaso en la morada, el invitado no podría hacer nada y no podría escapar a ningún lado. Así que todo está establecido de acuerdo a sus deseos, sus necesidades y sus debilidades. Cuando este invitado se acueste y mire el dosel sobre su cabeza, lo verá adornado con estrellas y sistemas cósmicos para su contemplación. Es Dios el Que creó este dosel magnífico sobre el lecho de Su invitado.

Ha hecho del cielo un techo bien protegido.[23] Hay una coordinación predestinada continua entre el Cielo y la Tierra. El cielo otorga luz y calor, y la tierra responde con brotes y flores; la tierra devuelve la evaporación al cielo, y el cielo lo restituye en forma de lluvia; en el cielo acontecen truenos, relámpagos y la tierra se aprovecha de su fertilidad; el cielo suministra la lluvia, y la tierra la conserva y presenta como agua potable, los seres vivos viven y mueren en la tierra, y la tierra se purifica con el cambio de tiempo y de las estaciones. Por lo tanto, vemos que esta morada es creada para responder a las necesidades de sus invitados. Por eso, contempla a vuestro Sustentador, el Señor de todos los reinos, y veneradle.

Estamos rodeados de un magnífico orden, una armonía, un esplendor y unas bendiciones que actúan con gran sabiduría y poder. Es bastante obvio que la luz para nuestros ojos, el sabor para nuestras lenguas y el sonido para nuestros oídos, es decir para nuestras necesidades físicas y espirituales, son regulados y proveídos como sustento para nosotros. Todos provienen de Dios. Él nunca se confunde al conceder estos diferentes tipos de sustento; no necesita la ayuda de los demás, ni les deja interferir en Su Obra. Por lo tanto, sed justos y razonables; y no dejad que se inmiscuyan en vuestra devoción hacia Dios. Evitad las distintas clases de perversidades de shirk (atribuirle coparticipes a Dios) ya sean francas o disimuladas, pequeñas o grandes.

Todas las causas son accidentales, secundarias, ninguna tiene una sustancia verdadera o realidad primaria. Si Dios no nos hubiera asignado el derecho a recurrir las causas, no habríamos sentido ninguna necesidad de referirnos a las causas ni habríamos considerado cualquier tentativa de este tipo como shirk. Sin embargo, como este mundo es la morada de la sabiduría y todo acontece en este sitio entretejido por las causas, las consideramos sólo como condiciones mediadoras. Pero el verdadero foco es el Dador, el Creador, el Que tiene todas las causas bajo Su disposición, por lo tanto le veneramos solamente a Él. Mientras le atribuimos alguna parte a las causas, ante las adversidades, las calamidades y los sufrimientos, o las alegrías, siempre hay que ser equilibrado y razonable, para así evitar palabras y actos que llevan a cualquier tipo de shirk. Y la sensibilidad que se debe mostrar sobre este asunto está directamente relacionada con la proximidad de la persona a Dios. Cuando una persona ha experimentado alguna vez la bendición de los placeres tanto inmateriales como espirituales, tendría que continuar actuando y venerando a Dios de una manera digna de tales bendiciones. No hay que dejarse extraviar ni por un instante por cualquier inclinación hacia algo o alguien que no sea Dios. Si tal inclinación sucede, la persona debería afirmar el tawjid y proclamar la unidad de Dios. La servidumbre a Dios con este conocimiento es el objetivo de la vida, y cada entendimiento que lleva a tal objetivo es una obligación, que es la sabiduría que se halla implícita en la Misión Profética. Por lo tanto nosotros, los creyentes, emprendemos un deber muy sagrado, y servirle a Dios de esta manera es un desafío en pos de la virtud, y la gente que participa en dicha servidumbre es la más virtuosa de todas.

Si todos los caminos que llevan a la presidencia estuvieran libres y la posición fuera ofrecida a una persona que le da tanta importancia a servirle a Dios como se ha explicado anteriormente, y si esa persona tuviera que elegir entre la presidencia o servir a Dios, seguramente preferiría la segunda opción. Ya que él sabe que éste es el trabajo de los Profetas y los veraces; que éste es el camino seguido por Abu Bakr, Omar, Osman, Ali y el resto de grandes musulmanes, los cuales eran hombres puros, santos y juiciosos. Al otro lado se hallan personas, la gran mayoría de las cuales son opresoras y tiranas, cuyas acciones pertenecen a aquellos que no han sido suficientemente nutridos moral y espiritualmente y se relacionan con el politiqueo barriobajero, el odio, las intrigas.

Vivimos una vida tal que ni nuestra llegada a este mundo ni el hecho de despedirnos de él dependen de nosotros. Sin embargo, es posible cambiar nuestra vida en la cual sólo existimos y esperamos el final inevitable, por otra vida en la que realizamos progresos graduales hasta llegar al nivel que Dios este agradecido con nosotros. Esto se puede hacer en primer lugar asimilando todos los principios de la fe en nuestras almas, haciéndolos una parte integrante de nuestras almas, y llenando nuestra conciencia con el conocimiento de Dios; y después, aspirando al conocimiento de ihsan —venerar a Dios tal y como si lo viéramos— elevando nuestra fe hacia el nivel de la perfecta sinceridad por medio de la continua devoción, y de este modo, hacer de los pilares del Islam una facultad inherente de nuestra naturaleza; y finalmente transmitir estos méritos, virtudes y cualidades adquiridos a la comunidad, extendiéndolos en todas las condiciones sociales y así iluminar a todas las personas y lugares.

Existen varios puntos a tener en cuenta en relación con la misión con el fin de guiar a la gente y enseñar la creencia. Empezar con el asunto de manera algo sistemática puede ser útil en cuanto en tanto proporciona ideas a la gente sobre cómo hacerlo, pero también puede ser perjudicial en relación con insistir en exceso la fijación de conceptos y al definir lo que debe ser natural y flexible. Teniendo en cuenta la necesidad de la naturalidad y la flexibilidad, podemos contemplar brevemente varios puntos.

- I -

Se deben buscar las formas de ganar el corazón y el alma de la persona a quien se dirige. Hay muchas maneras humanitarias que se pueden emplear, como dar regalos o facilitar las dificultades de esa persona. De hecho éstos son los caminos de la amabilidad, una parte esencial de la religión, algo que nos fue ordenado practicar a la hora de acercarnos a la gente. Por lo tanto, antes que nada, la persona a la que nos dirigimos debe estar dispuesta a aceptar nuestra amistad, cordialidad e intimidad. Éstos son factores importantes si se desea ser bienvenido por parte de aquella persona. Así que, todos los eficaces y permisibles métodos legítimos en el Islam se deben usar para ganar el corazón de las personas.

- II -

Debemos conocer muy bien el nivel de la fe, el conocimiento y la cultura de la persona a quien nos dirigimos. De esta manera podemos evitar decir o hacer algo que puede asustarla de modo que ya nunca más se acerque al Islam. Por ejemplo, si el hecho de leerle alguna publicación islámica o el Corán a aquella persona la aleja del Islam, entonces sería mejor no leer nada, ni siquiera el Corán. Cualquier material al que nos referimos en efecto, puede estar lleno de inspiraciones para conquistar el corazón y el alma de las personas. Sin embargo, ofrecerle este material a alguien que todavía no está preparado para recibirlo, sería una traición indirecta (sin intención) a la causa del Islam.

Dios proporciona calostro, el primer líquido —parecido a la leche— secretado por la hembra durante los días posteriores al parto, y que contiene un alto nivel de anticuerpos. Después se convierte en leche normal y corriente y hasta su contenido cambia gradualmente según el crecimiento del bebé. Esta ley de la naturaleza seguramente también es válida para la educación espiritual y la alimentación moral. Lo que Dios nos manifiesta en Sus leyes de creación se debe investigar con minuciosidad, y debemos disponer nuestros actos de acuerdo con ellos. A veces, cuando se carece de este ajuste, las palabras pronunciadas con la intención de guiar a una persona pueden causar reacciones difíciles de reparar. Así que en primer lugar, debemos determinar el nivel de percepción, conocimiento y entendimiento de la persona, como dice Said Nursi, «No ofrecerle hierba al león y carne al caballo».[24]

- III -

Ganarse la confianza y el respeto de la persona a quien se le habla es esencial. Debe tener mucha confianza de tal modo que cuando se comparen el amor que siente por vosotros y el que siente por los demás, el vuestro debe pesar más; porque vuestra amistad, relación y amor entre vosotros son diferentes que el de los demás y por el amor a Dios, mostrará definitivamente sus efectos en su corazón. A la hora de elegir, debe estar preparado para preferir los agotadores compromisos que la religión impone sobre nosotros, a la comodidad y los placeres del otro lado. Incluso las dificultades, los problemas y los peligros que podría experimentar, deben parecerle más afables que los placeres y la comodidad de su vida anterior. Para que realice esto, dicha persona debe conoceros perfectamente, confiar en vosotros y amaros.

Hay un ejemplo concreto sobre este asunto de la «Época de la Felicidad». Utba ibn Walid era un hombre adinerado y uno de los enemigos empedernidos del Islam en La Meca. Por esta razón la gente le tildaba como el malhechor más desgraciado de su tribu. Era la razón de numerosas maldades. Sin embargo, había una persona afortunada que a pesar de haber crecido en su casa no se parecía a él en absoluto. Este era su hijo, Judayfa, que tomó parte en la sagrada misión del Profeta lealmente y rechazó las cosas más atractivas, en su sentido mundano, que le fueron propuestas por su padre y su familia. Su familia le exigía que abandonara al Profeta y la misión que difundía. Sin embargo, debido a las lecciones que tomó de su maestro y guía, la tensión espiritual y la fe de Judayfa eran firmes, así que no cedió. ¿Cuál fue la respuesta del Profeta ante tal oferta realizada por los caudillos de La Meca? «Juro por Dios, que aunque pusiesen el Sol en mi mano derecha y la Luna en mi mano izquierda no cesaré de proclamar el mensaje de Dios, hasta triunfar o morir en el intento».[25] Las palabras que el Profeta había pronunciado crearon tal impresión en los corazones y las conciencias de las personas que no sólo Judayfa sino también todos los Compañeros dieron la misma respuesta. Como un guía y maestro, el Profeta se ganó el corazón de las personas de tal modo que dondequiera que su nombre fuera mencionado, el efecto y los decretos de los padres, los hermanos y otros parientes, no valían nada, y sólo él permanecía como el foco de valores.

Entre el pasado y el presente no hay muchos cambios respecto a las relaciones entre el guía espiritual y el pueblo dirigido. Sólo cambiaron el tiempo y la gente, el resto permanece igual. Por lo tanto, los aspirantes a guías y los maestros deberían adoptar los métodos del Profeta para ganarse el corazón de las personas. De otra manera, todo lo dicho será en vano y no tendrá una bienvenida amistosa. Es cuestión de alcanzar el corazón de las personas y establecerse en ellos. Debemos recordar que si el Profeta no hubiese sido amado tanto por sus Compañeros, no habrían ido a Badr detrás de él. Como ésta fue la primera batalla, todas las condiciones se encontraban completamente en su contra; además, la mayoría de los enemigos eran sus propios hijos, hermanos, padres, tíos u otros parientes. Sin embargo, los creyentes vieron la señal de marchar hacia adelante del Profeta y creyeron que era mejor morir en su camino que vivir en falsedad con sus parientes.

De vez en cuando el Profeta inculcaba en los creyentes el conocimiento de preferir a Dios y Su Mensajero ante todo lo demás. Vemos en el ejemplo de Kab ibn Malik, quien fracasó al marcharse con el ejército hacia Tabuk. Kab en persona contó la historia. El Profeta lo reprendió: «¿No me prometiste en Aqaba que irías adondequiera que fuera yo?» Él contestó: «¡Oh Mensajero de Dios! Si estuviera hablando con un hombre mundano, seguro que evitaría su disgusto a través de excusas aparentemente razonables, ya que Dios me ha dotado con el don de la palabra. Pero en este caso estoy seguro que si te apaciguara con una declaración falsa, Dios estaría disgustado conmigo. Y, por otra parte, no dudo ni por un instante que si te disgustó confesando la simple verdad, entonces Dios muy pronto aliviará tu desazón. Por lo tanto me voy a atrever a expresarte la pura verdad. Por Dios, no tuve ninguna excusa en absoluto. Además nunca me había sentido tan bien como en aquel entonces». El hecho de que dijera la verdad y perseverara en buscar el perdón de Dios le llevó a la salvación.[26]

Así que la guía espiritual debe penetrar el corazón de la persona a quien se dirige, de modo que sus palabras tengan influencia sobre esa persona; pero también debe saber que nada de lo que exige a esa persona debe ser para satisfacer su propio ego. Según el Corán, el faraón, Nimrod y Shaddad representan el estado de aquellos cuyos deseos son para ellos mismos. Por contraste, las exigencias de los Profetas sólo fueron en nombre de Dios o su comunidad. Este es un punto muy sutil y aquellos que comunican el Mensaje Divino y son guías espirituales deben prestarle especial atención.

- IV -

Debemos tener un amplio conocimiento sobre el Islam y la tradición islámica. No se debe decir todo lo que nos viene a la mente. El Profeta expresó que nos dejaba dos recursos, a los que nos tenemos que adherir, y que nos permitirán diferenciar la luz y la oscuridad, lo bueno y lo malo, uno es el Corán y el otro la Sunna.[27] Por eso, cuando se explica algo en nombre de la causa del Islam, se debe hacer dentro de los principios de estas dos fuentes, y habría que dominar bien los asuntos dirigidos. Hay que ser muy versado, experto y competente en asuntos islámicos. Nunca hay que permitirse dialécticas simplemente para hacer callar a otros. Lo que decimos en primer lugar debe ser algo entendido y asimilado totalmente por nosotros mismos, de modo que la persona con la que tratamos pueda asimilarlo y acopiarlo de manera sencilla y sea alimentada espiritualmente. Como expresa en una analogía Bediüzzaman, un guía espiritual debe ser como una oveja, que procesa todo lo que ingiere y lo convierte en leche. Entonces debemos alimentar a la gente con la comida más reconstituyente y sana; y no debemos ser como aves, que alimentan a sus polluelos con la comida regurgitada.[28] Si lo hacemos de un modo correcto, podemos apelar a la mente y el alma de las personas, considerando el conocimiento verdadero y la sabiduría que conducirá a Dios, y causará mejores y más deseados efectos.

Por supuesto, esto solamente se puede realizar leyendo y estudiando, mejorando el nivel de conocimiento y cultura. Por eso aquellos que asumen el deber de comunicar el Mensaje Divino deben asignar cierto período al día tan sólo al estudio. La persona que no es consciente del conocimiento y la cultura de su época, no tiene mucho que decir a la gente a la que se dirige, o en otras palabras, la persona cuyo nivel de conocimiento y cultura es baladí no puede satisfacer durante mucho tiempo la mente de las personas a las que se dirige. Por lo tanto, un guía espiritual se encontrará probablemente con gente de todos los niveles de conocimiento y educación, y. debe tener por lo menos el conocimiento suficiente y el dominio de los asuntos que va a explicar. Así que, según mi opinión, una persona que está atrasada culturalmente, según los criterios de su época, no tiene mucho que ofrecer a la gente de hoy.

Con insistencia repito que aquellos que consideran la comunicación del mensaje divino como el objetivo de su vida deben estar bien dotados con el aprendizaje y conocimiento de Dios. Las palabras de una persona vacía también son vacías, y peor aún, cuando tal gente trata de cubrir su carencia con vehemencia, beligerancia e ira, aquellos que le escuchan no aceptarán lo que normalmente les parecería algo razonable.

- V -

Todo el trabajo se debe hacer con fidelidad, de todo corazón y con sinceridad. Buscar el placer de Dios es lo que debe presidir la perspectiva, y todo se debe diseñar y regular de acuerdo con ello. El método que se va a seguir y las estrategias que serán aplicadas se deben evaluar principalmente por el placer de Dios. Si tenemos una fuerte creencia en que Dios estará contento con nuestros actos, seguiremos adelante, sino debemos renunciar absolutamente, y de esta manera no causamos el extravío de nadie.

El Profeta define la lucha en el camino de Dios como aquella lucha que se realiza sólo para ensalzar la religión de Dios.[29] Esto significa que si te esfuerzas en extender el nombre de Dios, entonces la gloria es para Dios. Pero ante el hecho de que una persona afirme que en realidad lucha por su ser carnal (ego), entonces esto no está sino condenado al fracaso: ya que tal lucha no es sincera y por lo tanto no tendrá ninguna recompensa. Donde la sinceridad es dañada, ni el placer de Dios ni ninguna influencia positiva en los corazones de los demás pueden ser imaginados.

Gente que siguió los dictados divinos anteriormente citados vivió antes que nosotros y siempre que habían hablado o actuado impecablemente, inmediatamente se postraban ante Dios y le pedían perdón. Por ejemplo, cuando Omar ibn Abd al-Aziz veía lo bien que había escrito una carta de estado y le agradaba su elocuencia, temía que el orgullo y la vanidad pudieran entrar en su corazón, inmediatamente rompía la carta y escribía otra nueva. El Islam era presentado en una atmósfera de sinceridad y conocimiento. Hablar de Dios y extender Su mensaje de manera que el ser carnal no obtuviera ninguna ventaja o comodidad casi fue considerado un principio en ese entonces.

Asumieron que a su propio ser carnal no le agradaba ni deseaba participar de tales actos, algo que agradaba a Dios, y que ellos más tarde lo adoptaron como uno de sus principios fundamentales.

Apreciamos en muchos hadices que el Profeta hizo énfasis en la importancia de la sinceridad y lo señaló como el objetivo final.[30]

En sus narraciones acerca de los Profetas, el Corán puso de relieve su sinceridad, presentando dicha característica como una parte integrante de la Misión Profética. El Corán sucintamente nos indica en la palabra «mujlas» (Maryam 19:51) que los actos y los esfuerzos del Profeta Moisés fueron realizados solamente para ganar el beneplácito y la complacencia de Dios, y de esta manera ofreció a la gente una lección de sinceridad. El Profeta Abraham, en su condición de creyente que se encontraba en la cúspide del entendimiento y el conocimiento de la sinceridad, no sucumbió ante la duda ni se desesperó incluso cuando todos los acontecimientos y las condiciones parecían estar en su contra, e incluso rechazó la ayuda de los ángeles, refugiándose sólo en Dios, Que es Todo consciente, Omnisciente, Omnipresente, Aquel que todo lo ve y dijo: «Dios me es suficiente».[31] Lo más importante para él fue ganarse el amor y la complacencia de Dios, y supeditó esta idea ante otras, ubicándola en un lugar secundario incluso bajo las amenazas de ejecución. Por esta razón lo llamaron Jalil — el amigo de Dios—[32]; y tal amistad obviamente requiere la lealtad y la sinceridad más profundas.

Un día cuando se dirigieron al Profeta diciéndole «Oh Amigo de Dios» y él inmediatamente reaccionó diciendo «No, dicho amigo es Abraham».[33] Asimismo, un día cuando se dirigieron a él como «Sayyiduna» (nuestro maestro), dijo: «Sayyiduna es Abraham».[34] Así pues, tan sólo un joyero aprecia el valor real de una joya. Por eso, la sinceridad, un atributo de los Profetas, debe ser una parte integrante e inseparable de aquellos que asumen la misión de los Profetas y les siguen. El Corán nos presenta a cada Profeta como una persona que había conseguido la sinceridad prescrita por Dios.[35] De este modo, creo que sería mejor estudiar el Corán a partir de este aspecto también.

- VI -

Sea cual sea el nivel que la guía ha alcanzado, su corazón debe estar dotado con ciencias religiosas y su mente con ciencias tanto sociales como positivas. Empleando sus habilidades y talentos en un nivel por encima de las trivialidades mundanas, una categoría alcanzada a consecuencia de la unión de ambos tipos de conocimiento, debe llegar a ser más profundo en la introspección interior, y después con respecto a las potencialidades concedidas, debe mejorar en la comprensión de los Nombres de Dios. Esto también está relacionado con el punto que mencionamos anteriormente —la adquisición de la sinceridad y acción a partir del corazón en todas sus dimensiones—.

Aquellos que se encargan de la misión de orientar a las personas nunca deben permitirse emplear modos vulgares de atraer a las personas, así como vanagloriarse de su influencia en la gente o jactarse de la abundancia de sus seguidores. Sin embargo, deben hacer una autocrítica de sus acciones para ver si se ajustan y cumplen con el amor de Dios. La autocrítica, la introspección y la supervisión de uno mismo son primordiales para una guía espiritual.

¿Cuál es el objetivo de tus acciones? Esto es lo que se debe comprobar y supervisar. Si hay algo relacionado con nuestro nafs (el ser carnal), debemos saber detenernos en ese mismo momento. Por ejemplo, lees y cuentas algo en una reunión, un tema que alberga el bien, pero después te das cuenta de que lo que te agrada no es el contenido ni el significado de lo que lees, sino el hecho de que eres tú quien lo hace y qué lo haces muy bien. En ese momento tienes que pararte, o por lo menos ceder el libro a otra persona para que continúe. Di pues, que das un sermón y con la ayuda de Dios lo haces tan bien que tan sólo abres la boca y las palabras fluyen a través de ella. En ese instante debes prestarle atención a Quien te hace hablar así, y pensando en el Donante de tal bendición debes reconocer lo pequeño que eres, tu servidumbre para con Él y Su Señorío. Por otra parte, si tu nafs trata de conseguir alguna parte de Su Gracia y si te cautiva esto, entonces debes dejar de hablar inmediatamente y bajar del púlpito; ya que también a veces puede haber fitna (juicio riguroso) en el buen discurso, por eso hay que buscar refugio en Dios para no caer en tal equivocación. Han existido oradores que sucumbieron ante este error a lo largo de la historia y que han arrastrado a grandes concurrencias de gente tras de sí, pero (excepto unos pocos, los cuales eran sinceros) muchos de ellos todavía le están dando cuentas —amarga y resentidamente— a Dios por sus palabras. Podemos ofrecer otro ejemplo sobre este tema. Recitamos regularmente el Corán como un acto de veneración aislado, y al leer, nos damos cuenta de que intentamos endulzar nuestra voz. Aunque se trate del Corán, hasta tales actos de veneración son vulnerables a otros objetivos más allá de obtener el amor de Dios, entonces surgen dudas en nosotros y nos inmovilizan. Por lo tanto debemos decir: «Dios mío, he comenzado a leer por Ti, y ahora me detengo, también por Ti» y dejas de leer. A través de esta supervisión interior que nos aplicamos, aprendemos a regularnos de acuerdo a lo que surge de lo más profundo de nuestro corazón. Cuando llegue la hora, hay que saber negar el ser carnal y luchar contra ello. Incluso en esta lucha, hay que buscar el placer de Dios y actuar para ganar Su amor.

Tal ambiente a veces puede manifestarse de un modo que les parecerá a algunas personas como anómalo, tal y como sacudir la cabeza, retorcerse de dolor o caer en postración, llorar y gemir. Sin embargo, la sinceridad con el tiempo poco a poco se hará natural, y a partir de entonces la persona puede realizar, interpretar, tomar o dejarlo todo en pos de Dios con la tranquilidad de ánimo. ¡Qué Dios nos conceda sinceridad y pureza del corazón conforme a nuestras necesidades, y no a nuestros deseos!

- VII -

Si nuestras obras causarán reacciones adversas en la conciencia de una persona, se debe transmitir incondicionalmente y gustosamente el cargo responsable de llevar a cabo dichas obras a otra persona pensando en la importancia de ganar «el consentimiento de Dios» ante todas las cosas. Algunas personas pueden reaccionar por algunos motivos personales, y todo lo que decimos puede causar una reacción adversa. Si insistiéramos, nuestros esfuerzos no servirían para nada más que hacer que esa persona niegue, en lugar de que acepte. Por lo tanto, mientras que en este caso otra persona sufre una pérdida al no aceptar la verdad, nosotros sufriremos una pérdida mayor ya que impedimos su aceptación. La solución es simple. Es otra persona aparte de nosotros la que debe hablarle. Puede ser que esa persona acepte la verdad de este modo, para ser un medio en pos de ello, que aunque de manera indirecta, ganaremos su recompensa —tanto o más que aquel que trabajó después de nosotros—. En este caso el sutil asunto, el matiz que se debe considerar es la diferencia entre aceptar simplemente que otra persona cumpla con su cargo y aceptarlo con satisfacción. Tenemos que esforzarnos en hacer lo segundo, ya que esto sería una desazón para el carnal ser, y esto requiere valentía, siendo una cuestión de altruismo genuino y generosidad en este caso.

La propuesta de un Compañero que expresó su deseo de ocupar una posición de autoridad no fue del agrado del Profeta.[36] Del mismo modo, desear dar un discurso en una reunión tampoco se considera un acto apropiado. El Profeta siempre concedía tales obligaciones a aquellos que eran competentes, cualificados, apropiados y merecedores del mismo. Por esta razón, la gente debe reunirse, elegir a la persona adecuada, preparar las condiciones para que pueda conferenciar, y no ha de ser molestado por la audiencia que le escuche.

- VIII -

Cuando nos topamos con asuntos o preguntas sobre los cuales no tenemos ningún conocimiento, debemos reconocer con humildad y de buena gana que no lo sabemos. De nuevo nuestro mejor ejemplo y guía es el Profeta. Algunos judíos se presentaron ante el Profeta con intenciones maliciosas, pidiéndole información acerca de la esencia del espíritu, para sembrar de dudas la veracidad de su Misión Profética. Ya que la Revelación sobre este asunto todavía no había acontecido, el Profeta no dio ninguna respuesta y guardó silencio; pero más tarde, llegó la Revelación: Y te preguntan acerca del espíritu. Di: El espíritu procede de la disposición de mi Señor y no se os ha dado sino un poco de conocimiento (17:85). El hecho de que el Profeta mantuviera silencio al principio y les contestara más tarde, después de la revelación del versículo, fue algo más influyente, y cuando los judíos obtuvieron la respuesta esperada se convencieron y callaron. De este modo, ni siquiera el Mensajero de Dios reconocía que podía contestar a todas las preguntas, símbolo de su humildad y mesura. ¡Qué lección más importante para todos nosotros!

Cuando el Arcángel Gabriel, disfrazado de viajero, se presentó ante el Profeta y le preguntó acerca de la hora del Día de la Resurrección, el Profeta le contestó de la siguiente manera: «Aquel a quien se le ha preguntado no sabe más que el que pregunta».[37] No puede haber otro ejemplo mejor para enseñarnos que no tenemos que contestar cada pregunta que se nos hace.

En una ocasión, cuando le hicieron cien preguntas al Imán Abu Yusuf, éste contestó a sesenta de las mismas diciendo que desconocía la respuesta. Y la gente reaccionó puesto que pagaban un salario al imán por su posición, y el imán siguió diciendo que no sabía muchas cosas. El Imán Abu Yusuf explicó: «Vosotros me pagáis por aquello que sé, y si me tuvieran que pagar por las cosas que no sé, ni el mundo entero sería suficiente». El Imán Abu Yusuf por aquel entonces ocupaba la posición de Jefe Qadi. En una ocasión similar, el Imán Malik contestó sólo tres preguntas de treinta que le habían asignado.

Estos ejemplos muestran que hasta las personalidades más importantes del saber y el conocimiento, a quienes se las tenía en alta estima por su sabiduría no respondían a todo lo que se les preguntaba. Es más, decían francamente que no sabían la respuesta. Por lo tanto, debemos ser capaces de reconocer fácilmente que no poseemos conocimiento sobre algo; pero no debemos conformarnos con eso sino que debemos indagar en el asunto y comprobar en que punto somos ignorantes. También es posible que le preguntemos a otra persona de conocimiento superior en la que tengamos confianza, a quien le podemos remitir la pregunta o la persona que la hace. De esta manera, mientras nosotros aprendemos, también les ayudamos a los demás aprender.

- IX -

La gente de orientación espiritual debe ser generosa, magnánima y benévola. Deben estar siempre preparados, ser voluntarios, serviciales y decididos en pos de gastar todo lo que tienen por la causa de Dios. Para conquistar el corazón de las personas deben recurrir a su generosidad como un medio para lograrlo. Siempre que la generosidad es mencionada, me acuerdo de Jadiya, la estimada esposa del Profeta. Ella había nacido antes que el Profeta y asimismo falleció antes que él. Cuando conoció al futuro Profeta, era una mujer de negocios próspera de alta alcurnia, que organizaba caravanas comerciales entre las naciones de dicha zona geográfica mientras que el Mensajero de Dios no poseía nada, en cuanto a la riqueza mundana se refiere. Sin embargo, esta mujer de gran perspicacia percibió el gran potencial que tenía el futuro Profeta y le propuso matrimonio. Tenía una naturaleza adecuada para ser la esposa del Profeta. Cuando le fue confiada la Misión Profética, ella fue la primera en reconocerle como Mensajero, sin dudarlo ni por un instante, y dispuso de toda su riqueza, en el camino de Dios. No se quedó con nada de dicha riqueza durante el boicot impuesto a los musulmanes por los coraichíes en La Meca. Algunas veces el Profeta no podía encontrar nada para comer y casi se desmayaba de la debilidad. Durante aquellos tiempos, Umm al-mu’minin (la madre de los creyentes), Jadiya, cayó enferma y como no había ningún remedio para obtener el tratamiento, falleció. En la generosidad lo máximo es dar todo lo que una persona posee, y Jadiya alcanzó este objetivo tan glorioso.

Abu Bakr era uno de los comerciantes más ricos de La Meca y sin embargo, siendo un modelo de generosidad, gastó toda su riqueza en el camino de Dios hasta que a su familia y él no les quedó nada. Desviaba la atención de su anciano padre sustituyendo el oro por guijarros en la bolsa de dinero, y gastando las piezas de oro por el bien del Islam. Por este motivo, aunque fue elegido como Califa, permanecía en la pobreza y se ganaba la vida ordeñando las ovejas de otras personas.[38]

Omar y su familia subsistían a base de dátiles, como hacía la gente más pobre de Medina. Esto significa que él también gastaba todo lo que tenía en el camino de Dios.[39]

Los Compañeros del Profeta competían entre si en los actos de generosidad y altruismo en nombre del Islam. Su generosidad sincera les hizo ganar corazones y mentes al Islam, y el número de integrantes de la fe aumentó significativamente. En este asunto, igual que en los otros, los Compañeros siguieron el ejemplo del Profeta. Un día, una persona de las que estaban a punto de convertirse al Islam, se dirigió a su tribu diciendo: «¡Oh, mi gente! Tenéis que entregaros a aquella persona, ya que realmente es el Profeta de Dios. Si no lo hubiera sido, se preocuparía por su sustento y no sería tan generoso; en cambio él siempre ayuda a todo el mundo».[40]

Cada maestro espiritual, sea mayor o joven, debería tratar de conquistar el corazón de las personas de esta manera. Si una persona conquista el corazón de otra prodigando todo lo que tiene, no se considera que haya perdido nada en realidad; ya que los generosos abrirán las puertas del Paraíso.[41] Por lo tanto, hay que seguir los caminos que conducen a dichas puertas en este mundo de modo que haya mucha más gente que nos acompañe en el Paraíso. Aquellos a los que tratasteis con generosidad en este mundo, si algún día afrontaran el dilema de elegir entre el estilo de vida improvisado por los seres humanos y el camino prescrito por el Corán, elegirían el Corán y el Profeta, entregándose totalmente a Dios.

Los primeros en entrar en el Paraíso no serán los eruditos ni los predicadores ni los maestros, sino los que gastaron su riqueza y vida en pos del camino de Dios para extender la Verdad. Ellos le dan a su Señor lo que es pasajero y recibirán lo que es permanente y eterno.

- X -

Hoy en día comprobamos y atestiguamos un nuevo despertar del conocimiento en todas las facetas sociales como no hemos experimentado durante casi veinte años. En el pasado era realmente difícil encontrar a tanta gente creyente, en el campo de la enseñanza superior, como la que hoy en día podemos hallar. Esto es una bendición pura de Dios. Vivimos en un tiempo en el cual hasta las actitudes de la gente más obstinada se han ablandado en relación a los asuntos islámicos e incluso han comenzado a considerarlos como factibles. Por lo tanto, en tiempos como este, nos incumbe desarrollar y evaluar nuevos métodos y aproximaciones para que no nos alejemos de la esencia y el espíritu de la verdad, puesto que en caso contrario, es probable que nos veamos arrastrados a la misma posición de la gente que ha perdido toda su influencia debido a que no han comprendido las condiciones de su época. Nos refugiamos en Dios para no caer en tal estado. Cuando sea necesario, tenemos que adaptarnos a las nuevas innovaciones y desarrollos tecnológicos que aparecen cada día. No se debe olvidar que cuánto más tardemos en dicha adaptación, tardaremos más en alcanzar la meta.

Podemos resumir dicho asunto mencionando un punto que es universal y válido para todos; aquellos que se encargan de la orientación espiritual de la gente deben conocer bien las condiciones y las exigencias de su época, y su misión debe basarse en estos principios fundamentales. En una época en la que el ser humano viaja al espacio para descubrir nuevos horizontes, es obvio que el hecho de intentar a arrastrar a la gente a la oscuridad con el fin de enseñarles algo no tendría ningún resultado.

- XI -

Entender la psicología de grupo y aprovecharse de ello para facilitar la práctica de métodos apropiados para la participación de personas ajenas también es muy importante. Con algunas personas hay cosas de las que se puede hablar, pero quizá será una tarea de años de compromiso para que finalmente las entiendan. Permitid que tal gente sea consciente del desarrollo y el progreso de los servicios e instituciones privados, conseguid que vean y conozcan a aquellos que trabajan en sinceridad, incondicionalmente y con gran afán, dejadles sentir el valor y el ambiente de cooperación, solidaridad y ayuda mutua con el trabajo colectivo. Este directo testimonio puede ser más influyente que la mera narración. Sin embargo, las asistencias y las instituciones islámicas se deben exhibir alejadas de discriminación y prejuicios, sin ocasionar que piensen que pertenecen a cierto grupo. Tales visitas pueden influir y cambiar la manera de pensar de la gente de tal modo que pueden dejar a un lado sus antiguos pensamientos, y estar listos para compartir el mismo perfil con vosotros, codo con codo. Esto se puede considerar cierto tanto para los individuos como para los grupos.

Gracias a Dios que tales instituciones son más numerosas ahora, ya sea para animar a los creyentes o desalentar a los enemigos del Islam.


[21] Véase Baqara 2:22, Naba 78:6.
[22] Taha 20:53; Zujruf 43:10-14.
[23] Anbiya 21:32
[24] Bediüzzaman Said Nursi, The Flashes Collection, («Colección de Destellos»), 26 Destello, Editorial Sözler, Estambul: 2000.
[25] Ibn Hisham, Sirat al-Nabawiya, 2/285.
[26] Bujari, Maghazi, 79; Muslim, Tawba, 53.
[27] Imam Malik, Muwatta, Qadar, 3.
[28] Nursi, Bediüzzaman Said, Las Cartas, Semillas de la Verdad, 32 epigrama, The Light, Inc., Nueva Jersey: 1998.
[29] Bujari, ‘Ilm, 45, Yihad, 15; Muslim, Imara, 149-151; Abu Dawud, Yihad, 26.
[30] Hakim, Mustadrak, 4/342; Tabarani, el-Mu‘jam al-Kabir, 8/140; Darakutni, Sunan, 1/51.
[31] Bujari, Tafsir al-Sura, 3; Hakim, Mustadrak, 2/326.
[32] Nisa 4:125.
[33] Bujari, Anbiya, 19, Manaqib, 13; Ahmad ibn Hanbal, Musnad, 2/96, 331
[34] Bujari, Fada’il al-Ashab, 5; Abu Dawud, Adab, 9.
[35] Zumar, 39:2, 11.
[36] Bujari, Ahkam, 5, 6, Ayman, 1; Muslim, Imara, 13, 16, 17; Abu Dawud, Imara, 2; Tirmidi, Nudhur, 5; Musnad, 5/173.
[37] Bujari, Iman, 37; Muslim, Iman, 1, 5, 7; Abu Dawud, Sunan, sunna, 16.
[38] Tabari, Tarikh al-Umam wa’l-Muluk, 4/250-252; Yaqubi, Tarikh, 2/126-127.
[39] Ibn Sa‘d, Tabaqat, 3/306-307; Mas‘udi, Muruj al-dhahab, 2/303.
[40] Muslim, Fadail, 59; Ahmad ibn Hanbal, Musnad, 6/465; Ibn Hajar, Isaba, 2/187; Ali al-Muttaqi, Kanz al-‘Ummal, 10/505; Ibn Hisham, Sirat al-Nabawiya, 4/137
[41] Ibn Abi Shayba, Musannaf, 7/276; Munawi, Fayd al-Qadr, 3/278.

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