Gülen, Confucio y Platón sobre la Educación

El último capítulo acabó con la cuestión sobre el origen de los hombres superiores, los reyes filósofos o los herederos de la Tierra. Todos estos son los nombres con los que Confucio, Platón y Gülen nombran respectivamente a sus versiones del ser humano ideal que ha de liderar o influenciar a la sociedad si, como un todo, ha de ser buena y justa. ¿Dónde está esa gente? ¿Cómo los alcanzamos? ¿Dónde los encontramos? La respuesta, por supuesto, es obvia si no consoladora. Nosotros somos ellos, o tenemos que convertirnos en ellos. La meta de los tres sistemas es que toda la gente realice el ideal humano en sí mismos tanto como sea posible. La expresión «tanto como sea posible», sin embargo, reconoce que mucha gente, incluso la mayoría tal vez, no lograrán este elevado nivel de posibilidad humana. Tal y como hemos visto con anterioridad en el último capítulo, Confucio, Platón y Gülen marcan claramente la distinción entre los videntes y los ciegos, entre las masas de gente común que tienen una fijación con las realidades mundanas, y los pocos que buscan cosas elevadas. Por lo tanto, mientras que todos tienen el potencial de convertirse en gente ideal por su naturaleza humana e inherente, la mayoría no lo hará, o solo lo hará de modo parcial o por partes.

Para aquellos que lleguen a realizar el ideal humano, la cuestión todavía sigue vigente: ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué métodos y mecanismos les pusieron en una posición para cultivarse a sí mismos hasta dicho grado? La respuesta es la misma por parte de nuestros tres contertulios: a través de la educación. La educación es la base general sobre la que se basa cualquier esfuerzo para realizar la humanidad plena o ideal. Confucio, Platón y Gülen, cada uno de ellos, expresa teorías específicas sobre la educación dentro del marco de sus respectivas cosmovisiones, hasta tal punto que sin el componente de la educación, todo el edificio del sistema se desmorona. Por otra parte, cada uno de ellos expresa una clase específica de educación que dará lugar o maximizará la posibilidad más elevada de alcanzar la clase de cultivación humana del carácter que cada uno de ellos busca. En resumen, para Confucio, Platón y Gülen una educación rigurosa y guiada es la piedra angular del desarrollo del ideal humano más elevado. Por lo tanto, las estructuras sociales han de estar ordenadas fundamentalmente alrededor de los mecanismos de esta educación para que la sociedad consiga generar desde sí misma sus líderes más elevados y mejores.

Tal y como hemos visto en el capítulo anterior, el confucianismo, aparte de ser una filosofía religiosa, o aún más, es una teoría socio-política. Al expresar la distinción entre las masas, por un lado, y el «hombre superior» o «caballero» por otro, Confucio expone su visión de que la armonía en la vida política y social ocurre cuando los hombres superiores gobiernan. Siguiendo esta afirmación, el confucionismo ha existido durante siglos en China como una teoría filosófica de desarrollo social y político que educa a los hombres a fin de prepararles para varios niveles de servicio en el gobierno, hasta incluso convertirse en los principales consejeros del emperador. Confucio, sin embargo, se preocupaba por la gente como un todo, no únicamente con los que iban a ser destinados para gobernar, y por la sociedad como un todo. David Hinton, en la introducción a su traducción de Las Analectas, explica que para Confucio el ritual significaba algo más que simplemente decirle las palabras apropiadas a un anciano o vestir con el color apropiado durante un festival. El ritual también implica la apropiada postura de alguien dentro de una red de relaciones que abarcan la vida humana: relaciones con los padres, hermanos, familiares de mayor edad, autoridades imperiales, textos históricos venerables, etc. Vivir una vida de li, o decencia ritual, implica una amplia colección de principios igualitarios de los que Confucio se preocupaba fundamentalmente, principios de justicia social, gobierno según lo que es bueno para la sociedad (no para los gobernantes solamente) y el papel que los intelectuales desempeñan al guiar a la sociedad y criticar a sus gobernantes. Hinton escribe:

Para Confucio, la comunidad del Ritual depende de estos elementos igualitarios, y dependen en última instancia de la educación y la cultivación de los miembros de la comunidad. Afirmar que la contribución de Confucio en este aspecto marcó un hito sería subestimarla. Fue el primer maestro profesional de China, el fundador de la idea de una amplia educación moral y, además, estableció los textos clásicos que definieron el contenido esencial de dicha educación. Y si eso no es suficiente, también estableció el principio duradero de educación igualitaria, que toda la gente ha de recibir algún tipo de educación, ya que ello es necesario para la salud de una comunidad moral. Centró su atención en la educación de los intelectuales, de necesidad mucho más exhaustiva que la de las masas, pero él pensó que incluso esta educación tenía que estar a disposición de aquel que lo buscase, por muy humilde que fuese su origen. De hecho, no solamente el Maestro procedía de un origen relativamente humilde, sino que casi todos sus discípulos así lo fueron1.

La dedicación confuciana a la educación es, de hecho, una dedicación a lo humano, a los seres humanos en sí mismos y en comunidad, y a la humanidad como virtud moral principal que tanto define lo que significa ser un ser humano como afirma una sociedad buena y estable. Sin este desarrollo básico, la sociedad simplemente no desempeña su función porque la gente que la constituye cumple su función a un nivel que apenas puede ser llamado «humano».

Los comentaristas que provienen o no de la tradición china se refieren rutinariamente a los hombres superiores confucianos como los «estudiosos» por el régimen educacional exigente que los hombres han de dominar para alcanzar cualquier rango en cualquier servicio civil. Por otra parte, para Confucio, el aprendizaje es principal para todas las virtudes. En Las Analectas se indica:

El Maestro preguntó: «¿Has oído hablar de las seis cualidades y de las seis perversiones?». «No» dijo el discípulo Lu. «Siéntate, te las diré» dijo el Maestro. «Amar la humanidad sin amar el aprendizaje degenera en necedad. Amar la inteligencia sin amar el conocimiento degenera en frivolidad. Amar la caballerosidad sin amar el conocimiento degenera en subterfugio. Amar la franqueza sin amar el conocimiento degenera en brutalidad. Amar el valor sin amar el conocimiento degenera en violencia. Amar la fuerza sin amar el conocimiento degenera en anarquía»2.

Aquí Confucio explica que esforzarse en realizar cualquiera de las virtudes de la vida y el servicio sin aprendizaje constituye una variedad de perversiones. Las virtudes no se convierten en virtuosas si no van acompañadas por la educación y el aprendizaje o son adquiridas a través de los mismos. En otro pasaje de Las Analectas, Confucio señala: «He pasado días sin comida y noches sin dormir esperando purificar mi pensamiento y clarificar mi mente; pero nunca me han hecho mucho bien. Dichas prácticas no son nada comparadas con el estudio ferviente»3. El estudio ferviente y el aprendizaje desarrollan las virtudes morales de pureza de corazón y mente. Las prácticas ascéticas tradicionales tal y como ayunar o la privación del sueño son ineficaces.

Los «hombres superiores» o «caballeros» confucianos, son maestros estudiosos y practicantes de lo que más tarde llegó a llamarse Clásicos Confucianos o Canon de los Literatos. Los textos incluidos en el canon se ampliaron con el tiempo; pero la parte más antigua y venerable del canon que, frecuentemente, tiene el título de «escritura» incluye cinco textos: Shu Ching, (Libro de la Historia), Shih Ching (Libro de las Canciones), Yi Ching (Libro de los Cambios), Ch’un-Ch’iu (Primaveras y Otoños) y Li Ching (Libro del Ritual)4. Los hombres superiores confucianos eran estudiosos cuya maestría del contenido de estos textos y otros les cualificaba como dignos de servir como funcionarios del gobierno, gobernadores de provincias y consejeros imperiales. Los variados textos del canon confuciano proporcionan instrucción amplia sobre la cultivación del carácter, junto a las virtudes clásicas de humanidad, decencia, prudencia, rectitud, incorruptibilidad, frugalidad, piedad filial, benevolencia, disciplina y sinceridad. Además, enseñaban excelencia en la música, en la poesía y otros conocimientos. En Las Analectas, leemos lo siguiente:

El Maestro dijo: «Hijos míos, ¿por qué no estudiáis las Canciones? Las Canciones pueden ofreceros el estímulo y la observación, la capacidad de comunión y un vehículo para el dolor. En casa os permite servir a vuestro padre y, fuera, servir a vuestro señor. También podéis aprender en ellos los nombres de muchos pájaros, animales, plantas y árboles». El Maestro preguntó a su hijo Po-Yu: «¿Has estudiado ya Chou Nan y Shao Nan*? Cualquiera que vaya por la vida sin haberlas estudiado permanecerá estancado como si estuviera de cara a la pared»5.

Aquí apreciamos que la maestría del Libro de las Canciones, es decir la música y la poesía, es vital para el desarrollo personal, el liderazgo y el servicio, tanto a la familia como al emperador. Sin esta cultivación, la vida es como «estar de cara a la pared». La semejanza con el mito de la caverna de Platón es obvia aquí. Sin la maestría de al menos las primeras partes del Libro de las Canciones, el futuro hombre superior es como uno de los habitantes de la caverna de Platón; fijo en una posición mirando hacia la pared de las sombras como si fuese el culmen de toda realidad. Sólo a través del estudio, uno es capaz de apartar su mirada de la pared hacia la luz del conocimiento. Sólo aquellos con conocimiento pueden satisfacer la necesidad que la sociedad tiene de familias sólidas, buenos gobernantes y emperadores sabiamente aconsejados. Sin estas tres cosas, la sociedad sucumbe en el caos.

El camino educacional a través de los Clásicos da lugar a una maestría de algo más que meramente el arte o la ciencia de gobernar. La educación confuciana no era tan estrechamente definida. Tal y como indican los mismísimos títulos de los Clásicos, los estudiosos confucianos eran instruidos en una variedad de disciplinas, tal y como la poesía, la música, la historia y el ritual, los cuales, a primera vista no parecen ser esenciales a una educación relacionada con el buen gobierno. Los estudiosos eran maestros músicos en una variedad de instrumentos, sobresalían en la composición de poesía y en su recitación, y eran expertos calígrafos, por citar algunos campos de su maestría. La teoría confuciana sostiene que dicha educación y preparación cultiva el carácter de un modo complejo y deseable. Apreciamos una alusión a ello en el siguiente pasaje de Las Analectas:

El Maestro dijo: «Se habla de los ritos por aquí y de los ritos por allá, ¡como si el ritual consistiera en meras ofrendas de jade y seda! Se habla de música por aquí y de música por allá, ¡como si la música consistiera simplemente en campanas y tambores!»6.

Lo que esto significa es que se está enseñando algo más que la simple mecánica del ritual o de la música. Ciertamente, el ritual y la música tienen un valor inherente que por sí mismos animan al estudio y la maestría de los mismos; pero Confucio sugiere aquí que la maestría de éstos también culmina en algo más allá del nivel de decencia en el vestir o tocar instrumentos. El pasaje citado con anterioridad sobre el Libro de las Canciones contiene una sugerencia similar, es decir, que aprender música proporciona una educación que va más allá de la mera interpretación de las canciones o de la historia de la tradición musical.

Aquí, vislumbramos lo que Confucio dice sobre la naturaleza humana y su profundidad. La maestría en la música, la poesía y el ritual proporciona una maestría mecánica de instrumentos, palabras y acciones, desde luego, que es útil en sí misma. En un nivel más profundo, sin embargo, la maestría en estas materias cultiva el carácter humano que es de gran importancia. La música revela una parte del espíritu humano que nada aparte de la música puede lograr revelarla; ser capaz de tocar y escuchar música muy bien exige la cultivación refinada y exquisita de la parte más íntima de la naturaleza humana. Lo mismo se aplica a la poesía o a la caligrafía. Ambas exigen capacidades de percepción y expresión cada vez más sutiles y refinadas a nivel de la mecánica de la mano, o la voz y a nivel del alma.*

Esto es lo que Confucio quiere decir. Los hombres superiores se convierten en seres humanos superiores a través de la cultivación de sus capacidades cada vez más prístinas que se halla en sí mismos, una capacidad que comparten con todos los seres humanos; pero la cual sólo a través de su educación y disciplina hacen realidad en sí mismos. A medida que se desarrollan en dichas áreas, su influencia sobre los demás crece porque todos los seres humanos, cultivados o no, poseen una naturaleza que responde a la música y a otras bellezas. Tal y como el pasaje anterior indica, la música incita a la gente a mirarse a su interior, a unirse a los demás y a expresar sus sentimientos. Los estudiosos dotados con maestría musical inspiran eso en la gente, y ese poder inspirador forma parte de su te ya mencionado en el capítulo anterior.

Los hombres superiores confucianos han ilustrado el ideal humano intelectual y moral del pensamiento chino a lo largo de los siglos, incluso hasta la época del presidente Mao y el comunismo. Estos maestros de educación literaria y desarrollo moral definen la verdadera humanidad en su forma más egregia y exaltada y la imagen que emerge de ellos es la de un refinamiento intelectual y artístico elevado, una minuciosa cultivación de la personalidad, una decencia y forma exquisitas y una elegancia moral suprema. Por otra parte, esto lo lograron a través del ferviente estudio y la incansable práctica, a saber, con su propio esfuerzo. Muchos sistemas humanísticos dan prioridad, como hace éste, a lo que los seres humanos pueden realizar a través de sus propios esfuerzos en oposición a la ayuda de Dios o el destino. Confucio nos dice que la naturaleza humana básica es la misma en todos; lo que finalmente distingue a la gente es el estudio y la práctica que realizan por sí mismos a través de su propia determinación. Dicha gente son los poseedores legítimos del título de «hombre superior», y aquellos que no logran dicha distinción han de estar agradecidos por ser gobernados por ellos y por tenerlos como ejemplo de vida humana y comportamiento apropiados. En realidad, según Confucio, el carácter del hombre superior emplea un tipo de fuerza moral sobre aquellos que lo rodean de tal modo que ellos mismos desean realizar nobles acciones o, al menos, abstenerse de las bajas. Aquellos no sólo mejoran sus propias vidas individuales sino que mejoran las vidas de aquellos que les rodean a través de su ejemplo y gobierno. Como el ser humano ideal realizado en la vida social y política, dan testimonio del poder de la educación y de la cultivación en la vida humana.

Los hombres superiores confucianos, si fuesen transportados a través del tiempo y el espacio a la república ideal de Platón, se verían a sí mismos bien recibidos y animados a tomar su lugar entre los guardianes. Tal y como vimos en el capítulo anterior, ambas versiones del ser humano idealizado implican un alto desarrollo moral y un componente de servicio a la sociedad a través del gobierno. Lo que también les une es la creencia de que sólo aquellos que demuestran que son adecuados para gobernar deben de hacerlo. Por lo tanto, el modelo político propuesto por ambas filosofías es la meritocracia a diferencia de la aristocracia de sangre. Aquellos con méritos deben gobernar y los que carecen de méritos han de ser gobernados o han de ser ayudados a gobernarse. El mérito es determinado a través del sistema educativo, por lo tanto el camino a ser un guardián en la república ideal de Platón, tal y como en el camino confuciano al servicio del gobierno, requiere una importante educación formal y cultivación.

Las ideas de Sócrates sobre la educación de los guardianes, al igual que todos los demás roles en una sociedad bien ordenada, están diseminadas en toda La República. Los libros II y III proporcionan importantes conversaciones sobre los componentes específicos del programa educativo. Otros libros posteriores profundizan sobre los beneficios morales de la educación matemática, e incluso otras secciones posteriores explican la noción de Sócrates sobre la méritocracia comparándola con cuatro formas aberrantes de gobierno, a saber, la timocracia, la oligarquía, la democracia radical y la tiranía. Interpretar todas estas secciones en detalle va más allá del alcance del análisis de este libro. En vez de ello, ofreceré aquí una síntesis de la concepción básica de Sócrates sobre un estado bien ordenado, los guardianes que lo gobiernan y cómo dichos guardianes han de ser identificados y cultivados para el bien de la sociedad como un todo. Tal vez el mejor sitio para comenzar sobre esta síntesis es con el «Mito de los Metales» de Sócrates en el libro III.

Los estudiosos de la religión señalan el «Mito de los Metales» como un indicio de la teoría funcional de Platón sobre la religión. Es decir, el mito y la historia religiosos desempeñan una función útil en la sociedad sean o no objetiva o históricamente verdaderos. A pesar de la falta de veracidad de la historia misma, las «verdades» que el mito o la historia albergan son verdades metafísicas o filosóficas. La historia de los metales de Sócrates es un mito, un mito de origen fantástico e imaginario que ilustra la verdad filosófica sobre la realidad, en este caso se trata de las diferencias entre los dones o habilidades humanas o aquello a lo que Sócrates se refiere como las habilidades naturales de la gente. El mito es el siguiente: Todos los seres humanos tienen a la madre tierra como su fuente común. Sin embargo, los dioses ubicaron los metales de oro, plata y hierro en la tierra de tal modo que, a pesar de que la gente emerge de la misma fuente, todos se diferencian en el contenido de oro, plata o hierro que tienen. Alguna gente «contiene» oro o «son» del mismo, mientras otros son de plata o de hierro. Por lo tanto, el mito explica en forma de historia una verdad que ocurre en la realidad humana. La mezcla de metales entre la humanidad indica que mientras que los padres de «oro» lo más probable den a luz a una descendencia de «oro», pueden tener una descendencia de «plata» o «hierro». No existe garantía de que el oro vaya a producir oro y la plata vaya a producir plata. El oro puede producir plata y el hierro puede producir oro. En el esquema de Sócrates, los guardianes son de oro, los soldados son de plata y los artesanos y granjeros son de hierro. Todas los roles son necesarios y forman parte de toda la sociedad; pero una jerarquía existe dentro de este igualitarismo básico. Aquellos que son de oro han de gobernar a los demás, incluidos a sí mismos. Sólo aquellos que muestran características áureas son los que han de gobernar; aquellos que exhiben características de plata o de hierro han de realizar funciones sociales adecuadas a dichos metales. Por lo tanto, la sociedad ha de estar estructurada para prestar atención a los metales particulares en cada persona a fin de que aquellos que exhiben oro no sean ubicados en profesiones de hierro y aquellos que exhiben hierro no sean ubicados en profesiones de oro. El caos ocurre cuando la gente es ubicada en puestos, trabajos o responsabilidades que no se corresponde con sus naturalezas y disposiciones inherentes. El metal natural de la gente, sus talentos y dones naturales, han de ser discernidos y cultivados apropiadamente para el buen orden de toda la sociedad7. Esto se lleva a cabo a través de la educación.

A lo largo de La República, Sócrates habla del examen y la prueba que la gente ha de pasar para que los supervisores puedan determinar su «metal», o para que, una vez confirmado, el «metal» en una persona es desarrollado y realizado en su totalidad. Todos reciben una educación básica, pero luego se decantan finalmente hacia estudios especializados una vez que sus habilidades y disposiciones naturales surjan. En cada nivel, la gente recibe una educación designada para hacer surgir la mejor humanidad en ellos así como la más plena expresión de su metal. La mejor educación también logra un equilibrio entre el alma y el cuerpo. Sócrates explica en el libro III que aquellos que reciben excesiva formación en música y poesía a costa del adiestramiento físico y atlético se hacen blandos, débiles y apocados. A la inversa, aquellos que solo reciben adiestramiento atlético sin la cultivación del alma para la belleza se hacen agresivos e intentan tratar todos los asuntos con violencia y salvajismo8. Los seres humanos son polifacéticos y han de ser educados de tal manera que alcancen su pleno potencial como seres humanos y seres con especiales dones o «metales» particulares a ellos.

Aquellos con dones para ser guardianes, desde luego, reciben una educación estricta y muy avanzada ya que la responsabilidad del gobierno de todo el estado descansa sobre sus hombros. Sócrates habla en la mayor parte de los Libros II y III sobre el tipo de educación que los guardianes han de recibir. Estas secciones son algunos de los pasajes más debatidos de La República, ya que Sócrates apela a un plan de estudios educativo estricto y minuciosamente construido para los guardianes que se antoja censurador y limitativo a muchos de los que viven hoy en occidente. Sócrates afirma en estas secciones que los guardianes no deben de estar expuestos a determinado tipo de literatura, música u obras de teatro, ya que tienden a crear ciertas cualidades del alma que socavarían en última instancia la habilidad de los guardianes para distinguir el bien y para gobernar correctamente. Muchas obras clásicas de la antigua Grecia, tal y como las obras de Homero y Hesíodo, no figuran entre las permitidas para los guardianes, pues representan positivamente a héroes como Aquiles o incluso a los dioses comportándose de modo poco positivo. Algunos personajes de obras dramáticas están prohibidos para los futuros guardianes, ya que representar dichos papeles en una producción teatral implicaría la imitación o la emulación de comportamientos inmorales o problemáticos, y ello podría desarrollar en sus almas una capacidad para dichos comportamientos. Las almas de los guardianes han de estar salvaguardadas y cultivadas cuidadosamente desde los primeros años de su infancia para que en sus fueros internos estén acordes con la bondad, la belleza, el orden y la justicia. Su papel como guardianes les exige esta cualidad del alma y se ha de tener mucho cuidado para crear dicha capacidad en ellos desde el principio y para preservarla una vez haya sido cultivada. En el Libro II, Sócrates dice sobre los jóvenes guardianes: «En esta tierna edad, son más impresionables y es muy probable que adopten cualquier modelo que se les pongan por delante»9. Más tarde, Sócrates defiende censurar cierto tipo de poesía y otras expresiones artísticas:

…para que no crezcan nuestros guardianes rodeados de imágenes del vicio, alimentándose de este modo, por así decirlo, con una mala hierba que recogieran y pacieran día tras día, en pequeñas cantidades, pero tomadas éstas de muchos lugares distintos, con lo cual introducirían, sin darse plena cuenta de ello, una enorme fuente de corrupción en sus almas10.

En todo momento, los educadores tienen en cuenta que son las almas de la gente, especialmente las de los guardianes, las que están siendo cultivadas. Sócrates afirma que ya que la educación ocurre a nivel del alma, la educación musical y artística es el componente más importante del plan de estudios. Se lo explica así a su estudiante Glaucón:

¿Y la primacía de la educación musical no se debe, Glaucón, a que nada hay más apto que el ritmo y armonía para introducirse en lo más recóndito del alma y aferrarse tenazmente allí, aportando consigo la gracia y dotando de ella a la persona rectamente educada, pero no a quien no lo esté? ¿Y no será la persona debidamente educada en este aspecto quien con más claridad perciba las deficiencias o defectos en la confección o naturaleza de un objeto y a quien más, y con razón, le desagraden tales deformidades, mientras, en cambio, sabrá alabar lo bueno, recibirlo con gozo y, acogiéndolo en su alma, nutrirse de ello y hacerse un hombre de bien; rechazará, también con motivos, y odiará lo feo ya desde niño, antes aún de ser capaz de razonar; y así, cuando le llegue la razón, la persona así educada la verá venir con más alegría que nadie, reconociéndola como algo familiar?11

El alma es lo importante aquí, el fuero interno, lo que algunos hoy se inclinan más a llamar carácter. Ha de ser desarrollado en todos los aspectos, a través de todos los accesos y en todos los componentes del plan de estudios. Al igual que todos los estudiosos confucianos, los guardianes de Sócrates reciben una intensiva educación en muchas disciplinas, incluida la música, la poesía, la gimnasia, las matemáticas y muchas otras áreas, todo ello con el objetivo de educar a los individuos que estén acordes en sus fueros internos con la justicia, la bondad y la armonía. Solamente a estos individuos se puede confiar el cargo de ser guardianes de todo el estado; sólo con semejante gente al timón el buque del estado puede navegar a salvo en las frecuentemente encrespadas aguas del mundo.

Dicho entendimiento de la educación para toda la gente, especialmente para los guardianes, forma una definición principal de la justicia, según Sócrates, la cual constituye la preocupación de toda conversación que se da en La República. Desde el libro I en adelante, la discusión vuelve una y otra vez hacia el concepto de justicia y cómo definirla. Cerca del final del Libro IV, después de haber estado durante dos libros hablando sobre la educación de los guardianes, Sócrates hace una definición de justicia completamente interrelacionada con el modelo de educación que ha elucidado. Señala:

Por lo tanto, la justicia no es cosa distinta de este poder que produce hombres y ciudades bien gobernados… Y en realidad la justicia parece ser algo así, pero no en lo que se refiere a la acción exterior del hombre, sino a la interior sobre sí mismo y las cosas que en él hay; cuando éste no deja que ninguna de ellas haga lo que es propio de las demás ni se interfiera en las actividades de los otros linajes que en el alma existen, sino, disponiendo rectamente sus asuntos domésticos, se rige y ordena y se hace amigo de sí mismo y pone de acuerdo sus tres elementos exactamente como los tres términos de una armonía, el de la cuerda grave, el de la alta, el de la media y cualquiera otro que pueda haber entremedio; y después de enlazar todo esto y conseguir de esta variedad su propia unidad, entonces es cuando, bien templado y acordado, se pone a actuar así dispuesto ya en la adquisición de riquezas, ya en el cuidado de su cuerpo, ya en la política, ya en lo que toca a sus contratos privados, y en todo esto juzga y denomina justa y buena a la acción que conserve y corrobore ese estado y prudencia al conocimiento que la presida y acción injusta, en cambio, a la que destruya esa disposición de cosas e ignorancia a la opinión que la rija12.

La justicia por sí misma, entonces, depende de la gente a través de varias profesiones y roles sociales, quienes han sido educados desde la niñez en base a los preceptos de belleza y bondad. Por otra parte, la sociedad que depende de dicha gente para ser gobernada ha de ser, en sí misma, estructurada para generar esos mismísimos tipos de gente para su promoción; por lo tanto, la educación desempeña el rol principal en la sociedad. La educación es el mecanismo a través del cual se desarrolla la mejor y la más elevada capacidad humana, y las mejores formas de educación son aquellas que, independientemente de su asunto principal, tiene como objetivo principal la cultivación del alma humana acorde con la justicia, la belleza y la bondad. Sin esos individuos en todos sus niveles, la sociedad está condenada a la perdición.

Gülen, muchos siglos después de Confucio y Sócrates, desde una perspectiva islámica presenta en gran parte una teoría semejante de la educación, el alma y el desarrollo humano. Él, al igual que los filósofos de la Antigüedad, comprende el alma humana como un ser que consta de componentes corpóreos, mentales y espirituales. Cada uno de esos componentes ha de ser desarrollado convenientemente para alcanzar el pleno potencial humano; y este desarrollo tiene lugar a través de la educación. Gülen lo explica así:

Somos criaturas compuestas no solamente de cuerpo, mente, sentimientos o espíritu, por el contrario somos una composición armoniosa de todos estos elementos. Cada uno de nosotros es un cuerpo debatiéndose en una serie de necesidades interrelacionadas, así como también una mente que requiere de unas necesidades más sutiles y vitales que las del cuerpo, una mente impulsada por las preocupaciones acerca del pasado y el futuro… Además, cada persona es una criatura de sentimientos que no pueden ser satisfechos por su mente, y una criatura de espíritu, a través del cual adquirimos nuestra identidad humana esencial. Cada individuo es todo esto. Cuando un hombre o una mujer, alrededor de quien todos los sistemas y esfuerzos se despliegan, sea considerado y evaluado como una criatura en la que se concentran todos estos aspectos y cuando todas nuestras necesidades sean satisfechas, conseguiremos la verdadera felicidad. En este punto, el verdadero progreso humano y el desarrollo en relación con nuestro ser esencial es sólo posible a través de la educación13.

Aquí vemos la semejanza con la definición de Sócrates del ser humano de tres partes distintas: la mente o alma, los impulsos y el cuerpo. Todas estas partes han de ser desarrolladas convenientemente y han de funcionar en su orden apropiado dentro de una persona para su plena realización. Gülen expresa una opinión similar en este pasaje, es decir, que cada hombre o mujer es un complejo de componentes que han de ser desarrollados en sí mismos y organizados armoniosamente dentro de la persona para que se dé el progreso humano.

Este pasaje y otros parecidos forman parte de una discusión más amplia sobre la historia en la que Gülen examina el desarrollo de las civilizaciones tanto en oriente como en occidente. Expone que a pesar de que la civilización occidental ha dominado el mundo durante los últimos siglos y ha proveído la vanguardia en ciencia y tecnología, la cosmovisión del moderno occidente es materialista y, por consiguiente, deficiente. Es decir, la perspectiva occidental contempla a los seres humanos en gran medida en términos materialistas y procura llevar a cabo los logros humanos en dichos términos reducidos. En dicho enfoque, quedan sacrificadas las demás dimensiones del ser humano, que son espirituales, y este sacrificio ha creado numerosas crisis sociales. Parte de la visión de Gülen para el futuro implica la combinación de lo mejor de la cultura occidental, que es científica y tecnológica, con lo mejor de la cultura oriental, que es espiritual y moral, a fin de crear una cultura humana más desarrollada y holística que llevará toda la realidad a una nueva era14.

Para Gülen, tal y como para Sócrates y Confucio, ningún individuo o sociedad alcanza su potencial pleno sin la educación. Gülen contempla la educación como el medio por el cual la gente se convierte en los verdaderos seres que Dios quiere que lo sean; por consiguiente, ser educado es el cometido más importante de la vida. Gülen indica:

El deber y propósito principal de la vida humana es buscar la comprensión. El esfuerzo para alcanzarla, denominado educación, es un proceso de perfeccionamiento a través del cual alcanzamos, tanto en las dimensiones espirituales como en las intelectuales y físicas de nuestros seres, el rango designado para nosotros como el modelo perfecto de la creación… Nuestro deber principal en la vida es alcanzar la perfección y la pureza en nuestro pensamiento, percepciones y creencias. Cumpliendo nuestro deber de servidumbre a nuestro Creador, Señor y Protector y penetrando en los misterios de la creación a través de nuestras habilidades y potenciales, procuramos alcanzar el rango de verdadera humanidad y convertirnos en dignos de una vida eterna y feliz en otro elevado mundo15.

Aquí Gülen establece el aprendizaje y la educación en el nivel más principal del propósito humano. Resumido en una frase, el propósito de la vida humana es llegar a ser completamente humana y eso ocurre a través del aprendizaje y el conocimiento. Gülen, como musulmán, ubica esto dentro del contexto más amplio del servicio a Dios, no obstante, se puede ubicar también fácilmente en un contexto más aristotélico en el que el propósito o la función de todo es ser por sí mismo pleno y perfecto, y todo está naturalmente dotado con los componentes y capacidades internas para ser por sí mismo perfecto dado el contexto adecuado. Los seres humanos nacen con la capacidad de pasar a ser plenamente humanos y, para Gülen (a la vez que para Aristóteles, Sócrates, Confucio y muchos otros), el mecanismo innato para pasar a ser plenamente humano es nuestra capacidad de aprender a través de la educación. Gülen señala:

Ya que la vida «real» es sólo posible a través del conocimiento, aquellos que han descuidado el aprendizaje y la enseñanza son considerados «muertos», aunque biológicamente estén vivos. Fuimos creados para aprender y comunicar aquello que hemos aprendido a los demás16.

Gülen habla a lo largo de su obra sobre la necesidad de una educación general para que una civilización se desarrolle. Afirma que la gente es solo «civilizada» en la medida en que son educados, especialmente en los valores tradicionales de una cultura en particular. La cohesión en la vida a todos los niveles llega a través de la educación de todos los ciudadanos de una nación o estado en una cosmovisión común y en unos valores esenciales. El movimiento transnacional de Gülen, sin embargo, se centra en una educación que va más allá de un conjunto determinado de valores o normas culturales. Cerca de un millar de colegios (en el momento de escribir estas líneas) dirigidos por los participantes del movimiento Gülen que operan a lo largo de todo el mundo educan a niños y a jóvenes en todas las disciplinas académicas: ciencias, matemáticas, historia, lengua, literatura, estudios sociales o culturales, arte, música, etc. La gente inspirada por las enseñanzas de Gülen fundó escuelas en Turquía después de que el gobierno permitiese el funcionamiento de escuelas privadas siempre y cuando se adhiriesen al programa de estudios establecido por el estado y se sometiesen a la inspección del mismo. Las escuelas establecidas por los participantes del movimiento Gülen en otros países operan con el mismo enfoque educativo básico que las escuelas de Turquía pero con una influencia más acentuada de la cultura y los valores nacionales de los países anfitriones. Gülen mismo tiene muy poco, o ningún, contacto con las escuelas y, de hecho, ni siquiera conoce el número exacto de las mismas o sus nombres. Su propio ejemplo como educador y sus ideas sobre educación, comunidad global y progreso humano simplemente han inspirado a una generación de gente a establecer escuelas a lo largo de toda Turquía, Asia Central, Europa, África y en otros lugares para combatir los problemas eternos de la ignorancia, la pobreza y el cisma.

La estructura básica y el carácter de las escuelas es tal que son financiadas por organizaciones voluntarias, grupos comunitarios y cuotas de los estudiantes. Los administradores locales ayudan con la infraestructura y los profesores trabajan dentro de una actitud de servicio a los demás, frecuentemente a cambio de salarios muy bajos. Tal y como mencioné en la introducción de este libro, he visitado muchas escuelas a lo largo de Turquía y me he encontrado con los patrocinadores de las escuelas, es decir los hombres de negocio locales y los líderes comunitarios que juntos han creado las escuelas en sus respectivas regiones. En muchos casos, las escuelas son la estructura arquitectónica más moderna del lugar. Las paredes de las escuelas están repletas de fotografías de estudiantes recibiendo medallas por distintas competiciones académicas nacionales e internacionales y donde se reflejan visitas de un número de ministros del gobierno turco y miembros del Parlamento. Las instalaciones de las clases, laboratorio y oficinas son muy funcionales y con un aspecto profesional, a pesar de ser usadas por cientos de estudiantes entusiasmados. Los estudiantes son brillantes, sociables y deseosos de practicar su inglés con los visitantes. Los directores, administradores y profesores se centran en su trabajo, están dedicados al mismo y orgullosos de sus escuelas y estudiantes, muchos de ellos viven en las instalaciones del colegio con los estudiantes en los colegios que ofrecen internado. He compartido comidas con muchas familias turcas que envían a sus hijos a dichas escuelas y les he preguntado las mismas preguntas en cada ciudad, en cada región: ¿Por qué envías a tus hijos a esa escuela? La respuesta era siempre la misma. Les envían por la dedicación de los maestros, la calidad del plan de estudios y la visión general que la escuela, a través de sus maestros, promueve con respecto a la humanidad global, la educación, la tolerancia y el diálogo.

La visión educativa de Gülen no sólo implica a las escuelas, sino también a las familias, las comunidades y los medios de comunicación. Todos los componentes más importantes de la sociedad han de estar alineados en el trabajo de la educación de los jóvenes en todo conocimiento que sea beneficioso.* Es mucho lo que está en juego porque el futuro de cualquier nación o civilización depende de su juventud. Gülen señala:

Aquellos que quieren garantizar su futuro no pueden ser indiferentes respecto a como sus hijos han de ser educados. La familia, la escuela, el entorno y los medios de comunicación han de cooperar todos para asegurar el resultado deseado… En particular, los medios de comunicación han de contribuir a la educación de la joven generación siguiendo una política educativa aprobada por la comunidad. La escuela ha de ser la más perfecta posible respecto a su programa de estudios, los criterios científicos y morales de los maestros y sus condiciones físicas. La familia ha de proveer el entorno cálido necesario para que los niños se eduquen17.

Aquí, contemplamos a Gülen expresar preocupaciones muy semejantes a aquellas expresadas por Sócrates en La República. Tal y como vimos con anterioridad, Sócrates se atreve a abogar por la censura de los poetas y los músicos, los medios de comunicación de la antigua Grecia, para que los guardianes sólo sean expuestos a la expresión artística que nutrirá sus almas. Mientras Gülen no aboga en ninguna parte por la censura del modo que lo hace Sócrates, comparte con Sócrates la preocupación general por una educación adecuada para alcanzar la realización más plena de la humanidad, la cual incluye el apoyo de los padres, de la comunidad, del entorno de la escuela, de los temas enseñados y de los criterios morales de los maestros.

Podemos ver además la importancia de la educación para toda la sociedad cuando Gülen habla del papel que desempeña la consulta en el Islam en particular y en la sociedad en general. Dedica un capítulo entero al tema en su obra The Statue of Our Souls («La Estatua de Nuestras Almas»). En ese capítulo, Gülen describe claramente el papel que la gente en gran medida educada desempeña en apoyo de la sociedad y los tipos de educación necesaria para el mundo globalizado actual. Comienza mencionando un pasaje del Corán que ubica llevar los asuntos mediante consulta en la misma categoría que la realización de las Oraciones obligatorias. Continúa así citando la importancia fundamental que la consulta detenta en el Islam hasta tal punto que si una comunidad carece de ello no es considerada realmente musulmana en su sentido pleno. Continúa así explicando cómo funciona en una sociedad islámica:

La consulta es una de las dinámicas principales que mantiene el orden islámico permanente como sistema. A la consulta pertenecen las misiones y deberes más importantes para la resolución de los asuntos que tienen que ver con el individuo y la comunidad, la gente y el estado, la ciencia y el conocimiento, la economía y la sociología, a no ser que exista un nass (decreto divino; un versículo del Corán o una orden del Profeta, decisiva en un tema de derecho canónico) con un significado claro sobre estos asuntos18.

Incluso los gobernantes han de dirigir los asuntos haciendo uso de la consulta. La consulta es el método a través del cual el gobernante o los gobernantes realizan las decisiones que afectarán prácticamente todos los asuntos de la vida, desde el individuo hasta la comunidad. Gülen dedica varias páginas mostrando los pasajes coránicos que apoyan la consulta y explica la historia de su uso en el Islam, revisando las directrices establecidas para su práctica. Luego, llega a la cuestión principal de quién está capacitado para la consulta. ¿Con quién deben los gobernantes consultar? ¿Quién está cualificado para servir como consultor? Gülen responde de la siguiente manera:

Puesto que los asuntos sujetos a deliberación exigen un elevado grado de conocimiento, experiencia y pericia, una comisión consultiva ha de estar compuesta por gente que se distinga por dichas cualidades. Esto sólo puede ser una comisión de gente de gran calibre, capaz de resolver muchos asuntos. Especialmente hoy en día, ya que la vida se ha hecho muy intrincada y complicada, ya que el mundo se ha globalizado, y ya que cada problema se ha convertido en un problema de envergadura planetaria, es vital que aquellos que tienen competencia en las ciencias naturales, la ingeniería y la tecnología, que la mayoría de las veces son consideradas buenas y apropiadas por los musulmanes, participen al lado de aquellos hombres de gran calibre que conozcan la esencia, la realidad, el espíritu y las ciencias islámicas. La consulta puede ser llevada a cabo por gente cualificada de las distintas ciencias y conocimientos mundanos y otros campos requeridos, siempre y cuando las decisiones tomadas sean supervisadas por las autoridades religiosas para la compatibilidad o la armonía de lo que sugieren con el Islam19.

En este pasaje, comenzamos a ver el elevado principio que ha de alcanzar la gente de modo que cumplan la función de consultores. Es importante recordar que Gülen expresa una visión para una sociedad islámica, la cual él cree que es el mejor tipo de sociedad. Estar de acuerdo con él o no es irrelevante. El caso es que dentro de su sociedad prevista, la educación es absolutamente vital para que la gente alcance los niveles básicos de existencia humana. Es más, son necesarios elevados niveles de educación para un cuadro de élite de individuos que servirán como consultores a los gobernantes en asuntos determinados, o los cuales servirán ellos mismos en calidad de gobernantes. Gülen continúa explicando:

Según las diferentes circunstancias y épocas, la manera de actuar y la composición de la comisión consultiva podría cambiar; pero los requisitos y atributos de dicha gente selecta, tales como gente del conocimiento, la justicia, la educación social, la experiencia, la sabiduría y la sagacidad nunca han de cambiar20.

La mayoría de las veces, estos consultores serán «seres humanos ideales» o «gente de corazón» que describe Gülen en otro sitio en su obra y que tratamos en el anterior capítulo. Los consultores son aquellos a quienes las escuelas inspiradas por Gülen van a educar, gente joven que se dedicarán al mundo con un virtuoso carácter y un elevado nivel de formación académica en sus distintas profesiones. Algunos de estos jóvenes adquirirán niveles extraordinarios de éxito y sabiduría, que les exigirá que sirvan como consultores. Al hacerlo, se convertirán en la generación de «gente ideal» que marcará el comienzo de una nueva realidad social que enmendará la falsa bifurcación entre ciencia y religión y que concordará oriente con occidente, ofreciendo así al mundo un nuevo modo de vida completo.

Para Gülen, no hay otra vía para estructurar la sociedad que merezca ser llamada «humana» y, ciertamente, no existe otra vía que pueda ser llamada «islámica». Los seres humanos tienen en su interior las capacidades para alcanzar la perfección como personas y aquellos que interiorizan y ponen en práctica dicha perfección en sí mismos, han de influenciar a la sociedad como gobernantes y consultores o como líderes de comunidades de base. Para que cualquiera de estas cosas ocurra, la gente ha de ser educada de un modo apropiado e intencionado. Las escuelas del movimiento transnacional de Gülen son iniciativas contemporáneas llevadas en este esfuerzo, y tratan de educar a la juventud de todos los sectores de la sociedad para que lleguen a ser gente virtuosa y altamente cualificada los cuales, tal y como el hombre superior de Confucio, influyen en todo y a todos los que les rodean con la fuerza (te) de su conocimiento, bondad y belleza.

Cada uno de nuestros contertulios presenta una visión poderosa de lo que es posible a nivel humano, social y político. El poder de esta visión es debido, en gran medida, a la cualidad espiritual o inmaterial que cada uno de ellos, en su propio contexto cultural y lingüístico, reconoce como parte fundamental de la humanidad. Esta cualidad del «alma» es lo que, desde sus respectivos puntos de vista, distingue a los seres humanos del resto de la creación animal. Los tres creen firmemente en nuestros poderes inherentes para desarrollar nuestras capacidades innatas para la perfección humana; a pesar de que los tres reconocen que mucha gente nunca empleará dichas capacidades. Su creencia en este poder, sea empleado o no, es lo que hace a Confucio, Sócrates y a Gülen humanistas en el amplio sentido de la palabra. Creen en la capacidad del ser humano para convertirse en un ser humano ideal.

Además, ya que la gente puede hacerlo, debe de hacerlo. Estos hombres no son fatalistas ni deterministas; no ven a la gente, individual o colectivamente, como peones de la historia o del destino. Gülen, en particular, incluso teniendo en cuenta su visión de una Deidad Todopoderosa y Omnisciente, exhorta a sus lectores a que se responsabilicen de sí mismos y del mundo. El desafío de la responsabilidad es un gran desafío en cualquier época; pero quizás nuestra época de rápidos cambios y violencia masiva nos exige que la llevemos a cabo más que nunca.

Ahora nos dirigimos al siguiente capítulo cuyo tema es nuestra responsabilidad.


1 Confucio, Las Analectas, xxvi-xxv.
2 Ibíd., pág. 198.
3 Ibíd., pág. 178.
4 Thompson, Chinese Religion, págs. 145-146.
5 Confucio, Las Analectas, pág. 198.
6 Ibíd., pág. 199.
7 Platón, La República, págs. 113-114.
8 Ibíd., pág. 109.
9 Ibíd., pág. 73.
10 Ibíd., pág. 99.
11 Ibíd.
12 Ibíd., pág. 137.
13 Gülen, Ensayos, Perspectivas y Opiniones, págs. 82-83.
14 Gülen, Perlas de la Sabiduría, pág. 60.
15 Gülen, Toward a Global Civilization of Love and Tolerance, pág. 202.
16 Ibíd., pág. 217.
17 Ibíd., pág. 206-207.
18 Gülen, The Statue of Our Souls («La Estatua de Nuestras Almas»), pág. 45.
19 Ibíd., págs. 54-55.
20 Ibíd., pág. 55.

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