Factores de su grandeza

La relación con la condición de Mensajero

La Misión Profética es superior a la santidad; y la condición de Mensajero es superior a la Misión Profética. Cada Profeta es un santo, pero ningún santo es un Profeta. A pesar de que cada Mensajero es un Profeta, no todo Profeta es simultáneamente un Mensajero. El profeta Muhammad es el último y más grande Profeta y Mensajero. Los Compañeros están directamente relacionados con su condición de Mensajero y conectados a él debido a ello. Todo lo que vino tras el Profeta, por muy grande que sea, está conectado a él sólo en virtud a la santidad. Por lo tanto, un Compañero es superior a un santo en el grado en que la condición de Mensajero es superior a la santidad (la distancia entre las mismas no puede ser medida).

Los beneficios de la compañía

Nada puede compararse a la iluminación y al júbilo espiritual adquirido por la presencia o compañía de un Profeta. Ninguna lectura de cualquier cosa que haya escrito un maestro intelectual o, incluso, espiritual puede beneficiar tanto como aprender directamente de un Profeta. Por lo tanto, los Compañeros, y particularmente los que estuvieron con él más frecuentemente desde el comienzo, se beneficiaron tanto que, de ser gentes groseras, ignorantes y salvajes del desierto, fueron elevados al rango de guías religiosos, intelectuales, espirituales y morales de la Humanidad hasta el Día del Juicio Final.

Para ser un Compañero, hay que remontarse a La Meca y Medina del siglo VII d.C., escuchar al Mensajero atentamente y observarle hablando, andando, comiendo, luchando, rezando, postrándose, etc. Al ser esto imposible, nadie puede alcanzar el rango de los Compañeros, los cuales fueron dotados con talante Divino en presencia del Mensajero.

La veracidad

El Islam está basado en la veracidad y en la ausencia de mentiras. Los Compañeros abrazaron el Islam en su pureza prístina y original. Para ellos, ser musulmán significaba abandonar todos los vicios anteriores, ser purificados en la radiante atmósfera de la Revelación Divina y personificar el Islam. Morirían antes de decir una mentira. El Mensajero declaró una vez que cuando la apostasía fuese tan repugnante para una persona como entrar en el fuego, entonces esa persona habría probado el placer de creer. Los Compañeros saborearon dicho placer, ser musulmanes sinceros, no podían mentir, ya que eso era casi tan serio como la apostasía. Tenemos problemas en entender este punto completamente, ya que la gente de nuestro tiempo concibe la mentira y el engaño como habilidades, y casi todas las virtudes han sido reemplazadas por vicios.

La atmósfera creada por la Revelación

Los Compañeros fueron honrados siendo los primeros en recibir los Mensajes Divinos a través del Profeta. Cada día les eran dados mensajes originales e invitados a una nueva «Mesa Divina» llena de frescos «frutos» del Paraíso. Cada día sentían cambios radicales en sus vidas, eran elevados cada vez más cerca de la Presencia de Dios y aumentaban en fe y convicción. Se encontraban a sí mismos en los versículos del Corán y podían saber directamente si Dios aprobaba o no sus acciones.

Por ejemplo, cuando fue revelado: Aquellos que se hallan en su compañía son firmes e inflexibles frente a los incrédulos, y compasivos entre sí. Vosotros los contempláis (constantes en la Oración) inclinándose y postrándose, buscando el favor de Dios y Su complacencia y aprobación. Sus señales se encuentran en sus rostros, marcados por la postración (48:29), los ojos se volvieron hacia Abu Bakr, ‘Umar, ‘Uzman y ‘Ali. Después de todo, tenían fama de haber estado con el Mensajero desde el comienzo, de su severidad con los incrédulos, de su misericordia con los musulmanes y de sus frecuentes y largas inclinaciones y postraciones ante Dios buscando Su agrado.

Cuando Entre los creyentes se dan hombres (de gran valor) que han sido fieles a su alianza con Dios: entre ellos se dan aquellos que han cumplido con su promesa (permaneciendo firmes hasta la muerte), y aquellos que están esperando (su cumplimiento). Nunca han cambiado en modo alguno (33:23) fue recitado, todos se acordaron de los mártires de Uhud, especialmente Hamza, Anas ibn Nadr y Abdullah ibn Yahsh, además de otros que prometieron a Dios ofrecer con gusto sus vidas en Su camino.

Mientras Dios mencionó explícitamente a Zayd ibn Hariza en: Así pues, cuando Zayd había llegado al fin de su unión con ella... (33:37),[633] declaró en 48:18 que estaba satisfecho con los creyentes cuando juraron lealtad al Mensajero bajo un árbol durante la expedición de Judaybiya.

En dicho ambiente bendito, puro y radiante, los Compañeros practicaron el Islam en su plenitud original y prístina pureza, basada en una profunda percepción, una gran perspicacia, y conocimiento de Dios. Por lo tanto, incluso un creyente normal y corriente consciente del significado de la fe y la conexión con Dios y que trata de practicar el Islam sinceramente puede captar algo de la pureza del primer canal a través del cual la Sunna fue transmitida a la siguiente generación.

La dificultad de las circunstancias

La recompensa por un acto cambia según las circunstancias en que es realizado y la pureza de la intención de quien lo hace. Esforzarse en el camino de Dios en circunstancias tan severas como el miedo, amenazas, escasez de los medios necesarios y solo por Su causa, es mucho más gratificante que realizar la misma acción en un ambiente de libertad y prometedor.

Los Compañeros aceptaron y defendieron el Islam bajo las circunstancias más duras que se puede imaginar. La oposición era muy inflexible e inmisericorde. En el Musamarat al-Abrar de Muhyiddin ibn Arabi, se narra que Abu Bakr dijo a ‘Ali tras la muerte del Profeta que los primeros Compañeros salían, hallándose sus vidas siempre en peligro, siempre temían que se les clavase un puñal. Sólo Dios sabe cuántas veces fueron insultados, apaleados y torturados. Los que eran débiles y esclavos, tales y como Bilal, ‘Ammar y Suhayb, fueron torturados casi hasta la muerte. Jóvenes como Sa‘d ibn Abi Waqqas y Mus‘ab ibn Umayr fueron apaleados, boicoteados y encarcelados por sus familias.

Sin embargo, a ninguno se le pasó por la mente abjurar del Mensajero u oponerse a él. Por la causa de Dios, abandonaron todo lo que poseían —sus hogares, patrias y posesiones— y emigraron. Los creyentes de Medina les dieron la bienvenida con entusiasmo, les protegieron y compartieron con ellos todo lo que tenían. Cumplieron su pacto con Dios de buen grado, vendieron sus propiedades y almas a Dios a cambio de la fe y el Paraíso, y nunca rompieron su palabra. Esto les proporcionó un rango tan elevado ante Dios que nunca nadie más podrá alcanzar hasta el Día del Juicio Final.

La gravedad de las circunstancias, además de otros factores, hizo que la fe de los Compañeros fuese fuerte y firme más allá de cualquier comparación. Por ejemplo, una vez el Mensajero entró en la mezquita y vio a Hariz Ibn Malik durmiendo ahí. Le despertó. Hariz dijo: «¡Qué mi padre y mi madre sean sacrificados por ti, Oh Mensajero de Dios! ¡Estoy listo a tus órdenes!». El Mensajero le preguntó que cómo había pasado la noche. Hariz le respondió: «Como un verdadero creyente». El Mensajero dijo: «Todo lo que es verdad ha de tener una verdad (que lo pruebe). ¿Cuál es, pues, la verdad de tu creencia?». Hariz respondió: «He ayunado durante el día y he rezado a mi Señor con suma sinceridad durante toda la noche. Ahora estoy en un estado semejante a como si viese el Trono de mi Dios y recreándome como los habitantes del Paraíso en el mismo». El Mensajero concluyó: «Te has convertido en la encarnación de la fe».[634]

Los Compañeros se acercaron tanto a Dios que «Dios era sus ojos con los que veían, sus oídos con los que escuchaban, sus lenguas con las que hablaban y sus manos con las que sujetaban».

Los Compañeros en el Corán

Ibn Hazm expresa la opinión de muchos y destacados eruditos: «Todos los Compañeros entrarán en el Paraíso».[635] Es posible encontrar pruebas en el Corán que dan fe de esta afirmación. El Corán describe a los Compañeros de la siguiente manera:

Muhammad es el Mensajero de Dios; y aquellos que se hallan en su compañía son firmes e inflexibles frente a los incrédulos, y compasivos entre sí. Vosotros los contempláis (constantes en la Oración) inclinándose y postrándose, buscando el favor de Dios y Su complacencia y aprobación. Sus señales se encuentran en sus rostros, marcados por la postración. Ésta es su descripción en la Tora; y su descripción en el Evangelio: como una semilla que ha echado su brote, después lo ha consolidado, y a continuación se ha levantado firmemente en su tallo, deleitando a los sembradores (con alegría y maravilla), que con ellos llena a los incrédulos de ira. Dios ha prometido a todos aquellos de entre ellos que creen y obran actos buenos y rectos el perdón (que traerá bendiciones imprevistas) y una tremenda recompensa (48:29).

Y así:

Los primeros y más destacados (al abrazar el Islam y superar a otros en virtud) entre los Emigrantes y los Ayudantes, y aquellos que les siguieron en devoción haciendo el bien, conscientes de que Dios les está contemplando; Dios se halla complacido con ellos y ellos se encuentran complacidos con Él. Les ha dispuesto Jardines por los cuales discurren ríos donde morarán. Ese es el triunfo supremo (9:100).

Abu Huraira nunca se perdió un discurso del Mensajero. Siempre estaba con él, quedándose en la antecámara de la Mezquita del Profeta. Pasaba hambre casi siempre. Una vez fue al Mensajero y le dijo que hacía días que no había comido nada. Abu Talha le tomó de invitado, pero no había ninguna comida en su casa excepto un poco de sopa que su esposa había hecho para los niños. Ella le preguntó a su marido lo que debía hacer y los dos decidieron hacer lo siguiente:

Iban a acostar a sus hijos sin alimentarlos. Como había tan poca sopa para satisfacer a todos, sólo el invitado debería tomarla. Mientras se sentaban en la mesa y se preparaban para comer, la esposa de Abu Talha golpeó la vela aparentemente por error. En la oscuridad ellos iban a actuar como si comieran, aunque Abu Jurayra sería el único que iba a comer. Abu Jurayra comió hasta quedarse satisfecho y luego se marchó de la casa, inconsciente de lo que había pasado en realidad.

Al día siguiente, fueron a hacer la Oración del amanecer en la mezquita. Al final de la Oración, el Mensajero se dirigió a ellos y les preguntó: «¿Qué hicisteis anoche que provocó que este versículo se revelara en la alabanza de vosotros: “...los prefieren por encima de ellos mismos, aunque la pobreza sea su destino...”?» (59:9).[636]

Asimismo leemos sobre los Compañeros lo siguiente:

Dios se hallaba sin duda alguna complacido con los creyentes cuando te juraron lealtad debajo del árbol. Él sabía lo que había en sus corazones (acerca de la intención y la lealtad sinceras hacia la causa de Dios) y, por lo tanto, Él hizo descender (la dádiva de) paz y consuelo internos sobre ellos, y los recompensó con una victoria cercana (48:18).

Los Compañeros hicieron muchos juramentos de lealtad al Mensajero, prometiendo protegerle y llevar al Islam —Dios mediante— hacia la victoria final del mejor modo que puedan. Mantuvieron su promesa a expensas de sus propiedades y vidas. Muchos de ellos alcanzaron el martirio ya sea durante la vida del Mensajero o transmitiendo el Islam a través de las recientes tierras conquistadas. Es posible aún encontrar en casi todos los lugares del mundo musulmán tumbas donde varios Compañeros fueron enterrados. También enseñaron a varios eruditos en jurisprudencia, Tradiciones, interpretación coránica, así como historia y biografía del Profeta. El Corán dice:

Entre los creyentes se dan hombres (de gran valor) que han sido fieles a su alianza con Dios: entre ellos se dan aquellos que han cumplido con su promesa (permaneciendo firmes hasta la muerte), y aquellos que están esperando (su cumplimiento). Nunca han cambiado en modo alguno (33:23).

Los Compañeros en las Tradiciones

El Profeta también alabó a los Compañeros y advirtió a los musulmanes de que no les atacasen ni les insultasen. Por ejemplo, Bujari, Muslim y otros tradicionistas narran de Abu Said al-Judri que el Mensajero advirtió lo siguiente:

¡No maldigáis a mis Compañeros, no maldigáis a mis Compañeros! Juro por Aquel en Cuyas manos está mi vida que aunque tuvieseis tanto oro como el monte Uhud y lo gastaseis en el camino de Dios, no igualaría en recompensa a un puñado de ellos, ni la mitad de ello.[637]

Los Compañeros son de una valía tan excelsa porque aceptaron, predicaron y protegieron el Islam bajo las más duras circunstancias. Además, de acuerdo con la regla «la causa es igual que el autor», la recompensa obtenida por todos los musulmanes desde aquella época hasta el Día del Juicio Final se añade al registro de los Compañeros sin merma alguna en la recompensa de los autores. Si no hubiese sido por sus esfuerzos en difundir el Islam allá donde fuesen, nadie lo hubiese conocido ni se hubiese hecho musulmán. Por lo tanto, todos los musulmanes después de los Compañeros han de sentirse en deuda con ellos y, en vez de pensar en criticarles, deberían de rogar por ellos:

Y todos aquellos que llegan después de ellos (y siguen sus pasos) rezan:«¡Oh nuestro Señor! Perdónanos a nosotros y a nuestros hermanos (y hermanas) en la Religión que nos han precedido en la fe, y no dejes que nuestros corazones alberguen ninguna hostilidad contra ninguno de los creyentes. ¡Oh Señor! Tú eres el Indulgente, el Compasivo (especialmente hacia Tus siervos creyentes)» (59:10).

Tirmizi e Ibn Hibban mencionan la advertencia de Abdullah ibn Mughaffal, que oyó del Mensajero:

¡Oh Dios! ¡Oh Dios! Abstenéos de emplear un lenguaje inapropiable cuando habléis de mis Compañeros. ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! Dejad de emplear un lenguaje inapropiable cuando habléis de mis Compañeros. No hagáis de ellos el blanco de vuestros ataques después de mí. Quien les ama les ama a causa de su amor hacia mí; y quien les odia les odia a causa de su odio hacia mí. Quien les haga daño me hace daño; quien me hace daño «hace daño» a Dios.[638]

Imam Muslim relata en su Sahih que el Mensajero declaró lo siguiente:

Las estrellas son un medio de seguridad de los cielos. Cuando están esparcidas, lo que el Cielo prometió le sobreviene. Yo soy un medio de seguridad de mis Compañeros. Cuando abandone este mundo, lo que se les prometió a mis Compañeros les sobrevendrá. Mis Compañeros son un medio de seguridad para mi nación. Cuando abandonen este mundo, lo que se le prometió a mi nación le sobrevendrá.[639]

Tal y como consta en la obra de Bujari, Muslim y otros libros auténticos de Tradiciones, el Mensajero declaró lo siguiente:

Los mejores de vosotros son aquellos que viven en mi época, después aquellos que los sucedan, y luego aquellos que los sigan. Aquellos serán seguidos por una generación cuyo testimonio será unas veces verídico y otras falso.[640]

La época de los Compañeros y la de las dos generaciones sucesivas fue una época de veracidad. Gente de gran rectitud y concienzudos eruditos aparecieron durante estas primeras tres generaciones. En las posteriores generaciones hubo gente que mintió y cometió perjurio para afianzar falsas creencias o conseguir metas mundanas. Era normal entre los mentirosos y miembros de sectas heterodoxas (así como para los orientalistas tendenciosos y sus seguidores musulmanes) mentir respecto a los Compañeros y los Imanes puros de las dos siguientes generaciones que les sucedieron, ya que fueron baluartes del Islam y reforzaron sus pilares.

Abu Nuaym menciona que Abdullah ibn ‘Umar:

Todo aquel que desee seguir un camino recto deberá seguir el camino de los que desaparecieron: Los Compañeros de Muhammad. Ellos son los mejores de esta Umma, los de corazón más puro, los de conocimiento más profundo y los más alejados de cualquier muestra de falsa piedad. Son la comunidad que Dios eligió para que fuesen compañía de Su Profeta y para que se transmitiese Su religión. Intenta ser como ellos en conducta y sigue su camino. Son los Compañeros de Muhammad. Juro por Dios, Señor de la Kaba, que se hallaban en la guía verdadera.[641]

Según menciona Tabarani e Ibn al-Azir, Abdullah ibn Masud, una de las primeras personas en abrazar el Islam en La Meca, y luego enviado a Kufa como profesor por ‘Umar, dijo: «Dios miró en el corazón de Sus verdaderos creyentes y eligió a Muhammad para ser enviado a Sus criaturas como Mensajero. Luego miró en el corazón de la gente y eligió a sus Compañeros como Ayudantes de Su religión y visires de Su Profeta».[642] También dijo:

Podrás superar a los Compañeros ayunando, rezando y esforzándote en venerar a Dios mejor. Pero ellos son mejores que tú, ya que no le hicieron caso alguno a este mundo y deseaban ardientemente el Más Allá.[643]

Los Compañeros que sobresalieron en la narración de Tradiciones

Dios Todopoderoso creó a la gente con diferentes predisposiciones y potencialidades de tal modo que la vida social se mantenga a través de la ayuda mutua y la división del trabajo. Por lo tanto, algunos Compañeros eran buenos agricultores, prósperos comerciantes, estudiantes, comandantes militares y administradores. Algunos, especialmente los Ashab al-Suffa (aquellos que vivían en la antecámara de la Mezquita del Profeta) nunca se perdían las enseñanzas del Mensajero e intentaban memorizar cada palabra suya.

Estos Compañeros narraron más tarde a la gente lo que oyeron o vieron respecto al Mensajero. Afortunadamente, por Voluntad de Dios sobrevivieron a los demás y, junto a ‘Aisha, constituyeron la primera y dorada cadena a través de la cual se transmitió la Sunna. Lo que sigue es una breve descripción de sus caracteres y vidas:

Abu Huraira era de la tribu yemení de Daws. Se hizo musulmán a comienzos del séptimo año de la Hégira a manos de Tufayl ibn Amr, el jefe de su tribu. Cuando emigró a Medina, el Mensajero estaba ocupado con la campaña de Jaybar. Se unió a él en Jaybar. El Mensajero le cambió su nombre Abd al-Shams por el de Abd al-Rahman, y dijo: «El hombre no es esclavo ni del Sol ni de la Luna».

Abu Huraira era muy pobre y modesto. Una vez el Mensajero le vio sosteniendo contra su pecho un gato y le puso el apodo de Abu Hirr («el padre o el dueño del gato»). La gente empezó a llamarle Abu Huraira. Sin embargo, a él le gustaba que se le llamase Abu Hirr, ya que dicho título le fue dado por el Mensajero.[644]

Vivía con su madre que no era musulmana. Siempre rogaba por su conversión, un día le pidió al Mensajero que rogase por ello. Así lo hizo, y antes de que bajase sus manos, Abu Huraira corrió hacia su casa para asegurarse que el ruego del Mensajero iba a ser aceptado. Cuando llegó, su madre le detuvo en la puerta para que pudiese finalizar el ghusl (la ablución ritual completa). Luego, ella le abrió la puerta y le declaró su conversión. Tras ello, Abu Huraira le pidió al Mensajero que los creyentes le amasen a él y a su madre, el Mensajero hizo eso.[645] Por lo tanto, el amor a Abu Huraira es una señal de fe.

Este Compañero tenía una extraordinaria memoria. Dormía durante el primer tercio de la noche, rezaba y hacía sus recitaciones supererogatorias durante el segundo tercio y repasaba las Tradiciones que había memorizado para nunca olvidarlas durante el tercer tercio. Memorizó más de cinco mil Tradiciones. Nunca se perdió un discurso del Mensajero, procuró aprender sus Tradiciones y era un amante del conocimiento.

Un día rezó: «Oh Dios, dame un conocimiento que nunca olvide». El Mensajero le escuchó y dijo: «¡Oh Dios! ¡Amén!».[646] Otro día, le dijo al Mensajero; «Oh Mensajero de Dios, no quiero que se me olvide lo que te he oído decir». El Mensajero le pidió que se quitase su capa y que la extendiese sobre el suelo. El Mensajero rezó y vació sus manos sobre la capa como si estuviesen llenas de algo de Lo Oculto. Ordenó a Abu Huraira que doblase su capa y que la sostuviese contra su pecho. Tras narrar dicho incidente, Abu Huraira solía decir: «La doblé y la sostuve contra mi pecho. Juro por Dios que —desde entonces— no he olvidado nada de lo que he escuchado decir al Mensajero».[647]

Abu Huraira hacía caso omiso de esta vida. Ayunaba de tres a cuatro días consecutivos por pobreza. A veces, se retorcía de hambre en el suelo y decía a los viandantes: Istaqra’tuka, lo cual tiene un doble significado: «¿No me vas a recitar algo del Corán?» y «¿No vas a alimentarme?».[648] Yafar Tayyar le entendió mejor que nadie y le tomó como invitado.[649]

Abu Huraira soportó pacientemente dicha dureza por aprender el Hadiz. Respecto a aquellos que le advertían de que narraba demasiadas Tradiciones, les respondió con sinceridad: «Mientras mis hermanos Emigrantes estaban ocupados en el bazar y mis hermanos Ayudantes estaban labrando, yo intenté mantener mi alma y mi cuerpo juntos para estar en compañía del Mensajero».[650] A veces, decía: «Si no fuese por el versículo: Aquellos que oculten algo de las verdades claras (respecto a los fundamentos de la Religión, y en particular la Misión Profética de Muhammad) y (las Revelaciones que transmiten) la Guía que hemos hecho descender, después de haberlas hecho claras en el Libro —Dios maldecirá a esa gente (les excluirá de Su misericordia) y lo mismo harán todos aquellos (dotados de cierta autoridad para ello) que maldicen— (2:159), no habría narrado nada».[651]

Algunos pretenden que los Compañeros se oponían a que Abu Huraira narrase. Esta pretensión carece de fundamento. Muchos Compañeros, entre los que se encuentran Abu Ayyub al-Ansari, Abdullah ibn ‘Umar, Abdullah ibn Abbas, Yabir ibn Abdullah al-Ansari, Anas ibn Malik y Wasila ibn Aslam, narraron Tradiciones transmitidas por él. Algunos preguntaron a Abu Ayyub por qué narraba Tradiciones transmitidas por Abu Huraira a pesar de su temprana conversión, a lo que respondió lo siguiente: «Él oyó del Mensajero muchas cosas que nosotros no oímos».[652]

Muchos personajes destacados de los Tabi’un recibieron de él muchas Tradiciones, incluyendo a Hasan al-Basri, Zayd ibn Aslam, Said ibn al-Musayyib (el cual se casó con la hija de Abu Huraira con el fin de beneficiarse más), Said ibn Yasar, Said al-Makburi, Sulayman ibn Yasar, Sha‘bi (el cual recibió Tradiciones de quinientos Compañeros), Muhammad ibn Abi Bakr y Qasim ibn Muhammad (el cual es aceptado como eslabón de la cadena de los guías espirituales Nakshbandi). Hammam ibn Munabbih y Muhammad ibn Munkadir son los más famosos de entre las ochocientas personas que recibieron de él Tradiciones.[653]

‘Umar nombró a Abu Huraira gobernador de Bahrein. Sin embargo, al hacerse con una pequeña cantidad de riqueza comerciando durante su cargo, ‘Umar hizo que se le investigase. Y a pesar de haberse comprobado su inocencia, cuando se le pidió que volviese a ocupar el cargo, Abu Huraira rehusó diciendo: «Ya ha sido suficiente para mí como gobernador».[654]

Abu Huraira, muy al contrario de las pretensiones de orientalistas tales como Goldziher y sus seguidores musulmanes, tales como Ahmad Amin, Abu Rayya y ‘Ali Abd al-Razzaq, nunca estuvo en contra de ‘Ali ni a favor de los Omeyas. Debió de haber apoyado a ‘Ali en los conflictos internos para que la sedición fuese aplastada, pero eligió permanecer neutral, ya que: «Aparecerán sediciones durante las cuales el que se sienta —en silencio— será mejor que el que se pone en pie —para participar—; el que se pone en pie será mejor que el que anda —con la idea de participar—; y el que anda será mejor que el que corre —en ellas—».[655] Este hadiz puede que no esté relacionado con los conflictos internos que tuvieron lugar durante el califato de ‘Ali, pero Abu Huraira pensó que así fue, por lo que permaneció neutral.

Abu Huraira se opuso al gobierno Omeya. Una vez se puso en pie ante Marwan ibn Hakam y narró el siguiente hadiz: «La destrucción de mi comunidad tendrá lugar a manos de unos pocos hombres inmaduros (jóvenes) de Quraish».[656] Marwan respondió: «Que Dios les maldiga», pretendiendo no entender lo que quería decir. Abu Huraira añadió lo siguiente: «Si quieres, te puedo informar sobre sus nombres y características».

Se le oía frecuentemente hacer la siguiente súplica: «Oh Dios, no me hagas vivir hasta el sexagésimo año».[657] Esta súplica era tan famosa que cualquiera que veía a Abu Huraira la recordaba. Había escuchado al Mensajero decir que unos jóvenes inexpertos y pecaminosos iban a empezar a gobernar a los musulmanes en el año 60 de la Hégira. Abu Huraira murió en el año 59 de la Hégira y Yazid sucedió a su padre Muawiya un año más tarde.

No existe prueba alguna de que ‘Aisha se opusiese a las narraciones de Abu Huraira. Tanto ‘Aisha como Abu Huraira vivieron largas vidas y, exceptuando el siguiente incidente, ella nunca criticó sus narraciones. Una vez Abu Huraira estaba narrando Tradiciones cerca de su habitación mientras ella rezaba, terminó la oración y salió afuera, sólo para ver que ya se había ido. Entonces, hizo la siguiente observación: «La Tradiciones del Mensajero no deben narrarse de ese modo, una tras otra».[658] Con ello quería decir que deberían narrarse lentamente y con claridad para que los oyentes pudiesen comprenderlas y memorizarlas.

Algunos pretenden que Abu Hanifa dijo: «No tomo opiniones de tres Compañeros como evidencia jurídica. Abu Huraira es uno de ellos». Esto es simplemente una mentira. Allama Ibn Humam, uno de los grandes juristas hanafíes, consideraba que Abu Huraira era un destacado jurista. Además, no hay nada que pruebe que Abu Hanifa hubiese dicho nada de eso.

Abu Huraira narró más de cinco mil Tradiciones. Reunidas juntas constituyen un volumen 1’5 veces mayor que el grosor del Corán. Mucha gente ha memorizado el Corán en 6 meses o menos. Abu Huraira tenía una buenísima memoria y estuvo con el Mensajero durante 4 años, el cual rezó para que la memoria de Abu Huraira se fortaleciese. Equivaldría a acusar a Abu Huraira de inteligencia deficiente afirmar que no pudo haber memorizado tantas Tradiciones. Además, todas las Tradiciones que narró no las escuchó directamente del Mensajero. Al igual que destacados Compañeros tal y como Abu Bakr, ‘Umar, Ubayy ibn Kab, ‘Aisha y Abu Ayyub al-Ansari narraron Tradiciones transmitidas por él, él también recibió de ellos Tradiciones.

Mientras Abu Huraira narraba Tradiciones en presencia de Marwan ibn Hakam en diferentes momentos, este último hizo que su secretario las registrase en secreto. Más tarde, le pidió a Abu Huraira que repitiese las Tradiciones que le había narrado anteriormente. Abu Huraira comenzó diciendo: «En el Nombre de Dios, el Misericordioso y Compasivo», y narró las mismas Tradiciones con las mismas palabras exactamente.[659] Por lo tanto, no hay razón para criticar que hubiese narrado tantas Tradiciones proféticas.

Abdullah Ibn Abbas nació cuatro o cinco años antes de la Hégira. Tenía una gran inteligencia y memoria, y era un hombre inspirado. El Mensajero rezó por él así: «Oh Dios, hazle perspicaz, bien versado en la religión y enséñale las verdades ocultas del Corán».[660] En vida se le conocía como «el Gran Sabio de la Umma», «el Mar» (el Poseedor de Profundo Conocimiento) o «el Traductor (Clarificador) del Corán».[661]

Era muy apuesto, alto y dotado de gran elocuencia. Su memoria era tal que memorizó un poema de ochenta pareados de Amr ibn Rabi‘a de una sola lectura. Además de su profundo conocimiento de interpretación coránica, Tradición y jurisprudencia, también estaba bien versado en literatura, en particular poesía pre-islámica. En su Tafsir, Ibn Yarir al-Tabari vincula un pareado o verso trasmitido por él con la interpretación de casi cada versículo coránico.

Era muy amado por los Compañeros. A pesar de su juventud, ‘Umar le nombró miembro de su Consejo Asesor, constituido por los Compañeros de mayor edad. Cuando se le preguntó por qué había hecho eso, ‘Umar probó su nivel de comprensión del Corán. Les pidió que explicasen los siguientes versículos:

Cuando el auxilio de Dios llegue y la victoria (que es una puerta abierta a otras victorias), y contemples a la gente entrar en masa en la Religión de Dios, entonces glorifica a tu Señor con Su alabanza, y pídele perdón, pues Él es sin lugar a dudas Aquél Quien acepta el arrepentimiento y lo corresponde con generoso perdón y recompensa adicional (110:1-3).

Los ancianos contestaron diciendo: «Se le ordena al Profeta que glorifique a Dios y que busque Su perdón cuando vea a la gente entrar en el Islam en multitudes después de que venga el auxilio de Dios y la victoria». ‘Umar no estaba satisfecho, y preguntó a Ibn Abbas la misma pregunta. Éste respondió: «Este versículo significa que la muerte del Mensajero está cerca, ya que cuando la gente entre en el Islam en multitudes significa que su misión como Mensajero ha finalizado». ‘Umar se volvió al consejo y dijo: «Por esto es por lo que le he incluido entre vosotros».[662]

Ibn Abbas era famoso por su gran perspicacia, profundo saber, gran memoria, aguda inteligencia, sagacidad y modestia. Cuando entraba en un lugar de reunión, la gente se levantaba por respeto a él. Esto era tan incómodo para él que les dijo: «¡Por favor, por la ayuda y refugio (que habéis dado al Profeta y a los Emigrantes), no os pongáis de pie por mí!». A pesar de ser uno de los musulmanes con más conocimiento que existía, mostraba gran respeto por los sabios. Por ejemplo, ayudó a Zayd ibn Zabit a montar sobre su caballo sujetando el estribo y explicando lo siguiente: «Se nos ha dicho que actuemos así con nuestros eruditos». A cambio, Zayd besó su mano sin su aprobación y comentó: «Se nos ha dicho que actuemos así con los familiares del Mensajero».[663]

Como hemos dicho, a Ibn Abbas no le gustaba que la gente se pusiese de pie por respeto a él. Sin embargo, cuando fue enterrado, algo sucedió. Fue como si los muertos se pusiesen de pie por respeto a él y los seres espirituales le diesen la bienvenida. Se escuchó una voz proveniente de debajo de su tumba que decía lo siguiente: «¡Oh tú alma que está en reposo (contenta con las verdades de la fe y las ordenes de Dios y Su trato con Sus criaturas)! Regresa a tu Señor, complacida (con Él y Su trato contigo), y digna de Su complacencia. Entra, entonces, entre Mis siervos (muy contentos con la servidumbre hacia Mí) ¡Y entra en Mi Paraíso!» (89:27-30).[664]

Ibn Abbas educó a muchos eruditos en cada rama del conocimiento religioso. La escuela de jurisprudencia de La Meca fue fundada por él. Sabios destacados de los Tabi’un tal y como Said ibn Jubayr, Mujahid ibn Jabr e Ikrima reconocieron lo siguiente: «Ibn Abbas nos enseñó todo lo que sabemos». Narró alrededor de mil seiscientas Tradiciones.

Abdullah Ibn ‘Umar fue el único de los hijos de ‘Umar al que se le llamó Ibn ‘Umar (hijo de ‘Umar). Esto muestra la gran valía con la que se hallaba dotado para ser llamado «hijo de ‘Umar» o ser mencionado con el nombre de ‘Umar. A pesar de que ‘Umar fue el segundo en estima de los Compañeros, a Abdullah se le considera superior en conocimiento, piedad, veneración y devoción por la Sunna. Su esmero en seguir el ejemplo del Profeta fue tal que Nafi, el profesor de Imam Malik, narró lo siguiente: «Mientras descendíamos de Arafat, Ibn ‘Umar entró en un agujero. Cuando salió, le pregunté que qué había estado haciendo ahí. Ibn ‘Umar respondió: “Mientras descendía de Arafat detrás del Mensajero, éste se introdujo en ese agujero para hacer sus necesidades. No necesitaba hacerlo, pero no me gusta llevarle la contraria”».[665] Asimismo, nadie le vio nunca beber agua en más o menos de tres sorbos, ya que vio al Mensajero beber agua en tres sorbos.

Ibn ‘Umar nació durante los primeros años del Islam. Vio a su padre ser golpeado con dureza por los politeístas de La Meca varias veces.[666] Cuando los musulmanes emigraron a Medina, tenía alrededor de diez años. El Mensajero no le dejó luchar en Badr porque era muy joven. Cuando se le impidió luchar en Uhud, regresó a casa tan consternado que se pasó la noche entera preguntándose a sí mismo: «¿Qué pecado habré cometido para que no se me incluya en un ejército que lucha en el camino del Mensajero?».[667]

Ibn Jalliqan narra a través de Sha‘bi lo siguiente:

Cuando eran jóvenes, Abdullah ibn Zubayr, su hermano Mus‘ab ibn Zubayr, Abd al-Malik ibn Marwan y Abdullah ibn ‘Umar estaban sentados cerca de la Kaba. Y pensaron que cada uno debería pedirle a Dios algo especial con la esperanza de que su petición fuese escuchada. Ibn Zubayr pidió así: «Oh Dios, por Tu Grandeza, Honor y Majestad, hazme gobernador de Hiyaz». Mus‘ab extendió sus brazos y pidió: «Oh Dios, por Tu Honor, Majestad y la Grandeza de Tu Trono, hazme gobernador de Irak». Abd al-Malik elevó sus brazos y pidió: «Oh Dios, te pido que me hagas gobernador de todos los musulmanes y que asegures a través de mí la unidad de los musulmanes incluso al precio de algunas vidas». Cuando Abdullah hizo su rezo, pidió así: «Oh Dios, no tomes mi alma antes de que me asegures el Paraíso».[668]

Las oraciones de los tres primeros fueron aceptadas: Abdullah ibn Zubayr gobernó durante un tiempo Hiyaz y fue luego martirizado por Hayyay «el Tirano», el conocido gobernante omeya. Mus‘ab gobernó Irak durante un corto período de tiempo. Abd al-Malik sucedió a su padre, Marwan, como califa y aseguró la unidad de los musulmanes, pero al precio de muchas vidas y gran derramamiento de sangre.

En cuanto a Ibn ‘Umar, Imam Sha‘bi hace el siguiente comentario: «Si la oración de Imam fue aceptada o no, se verá en el Más Allá». Sha‘bi sabía algo: «Ibn ‘Umar nunca se opuso a los descendientes del Profeta ni apoyó a los omeyas. Hayyay le temía. Una vez, Hayyay dio un discurso antes de la Oración del mediodía tan largo que casi se hizo el tiempo de la Oración de la tarde. Ibn ‘Umar le advirtió diciéndole: “Oh gobernador, el tiempo pasa sin esperar a que acabes tu discurso”. Hayyay estaba lleno de rencor y animadversión hacia Ibn ‘Umar. Finalmente, durante un peregrinaje, encontró a alguien para que pinchase a Ibn ‘Umar en el talón con una daga envenenada mientras vestía atuendo de peregrino. Al final, el veneno le mató».[669]

Abdullah ibn Masud, fue una de las primeras cinco o seis personas en abrazar el Islam, además de haber narrado un considerable número de Tradiciones. De joven, iba con los seguidores de líderes quraishíes como Abu Yahl y Uqba ibn Abi Muayt. Tras su conversión, no se volvió a separar del Mensajero. Entraba en la casa del Profeta sin tener que pedirlo y tan frecuentemente que la gente creía que era un miembro de la familia. Durante las expediciones tanto militares como no militares, solía llevar el odre de agua del Profeta, las sandalias de madera y la estera sobre la que se solía sentar o dormir. Llegó a ser conocido como el «custodio de los zuecos, el lecho y el odre».[670]

Ibn Masud obró algunos milagros. Por ejemplo, una vez, mientras estaba siendo torturado en La Meca, se hizo invisible a sus torturadores. El Mensajero le llamaba «hijo de la madre de un esclavo» y solía decir a los Compañeros: «Si queréis recitar el Corán tal y como fue revelado la primera vez, hacedlo de acuerdo a la recitación del hijo de la madre del esclavo».[671]

Un día el Mensajero le pidió que le recitase algo de Corán. Ibn Masud se excusó diciendo: «Oh Mensajero de Dios, ¿te lo he de recitar yo habiéndote sido revelado a ti?». Sin embargo, el Mensajero insistió: «Prefiero escucharlo de otros». Ibn Masud empezó a recitar la Sura an-Nisa. Cuando llegó al versículo 41: ¿Qué será, pues, (de la gente en el Día del Juicio Final) cuando traigamos un testigo de cada comunidad (para que preste testimonio contra ellos y que declare que la Religión de Dios les fue comunicada), y te traigamos a ti (Oh Mensajero) como testigo contra todos aquellos (a los que tu Mensaje ha llegado)? el Mensajero, cuyos ojos estaban repletos de lágrimas le detuvo diciendo: «Para, por favor. Es suficiente».[672]

Ibn Masud, el cual era bajo y débil, se subió una vez a un árbol porque se lo pidió el Mensajero. Los presentes se rieron de sus piernas. El Mensajero les advirtió diciéndoles: «Esas piernas pesarán más que el monte Uhud según la medida del Más Allá».[673]

El califa ‘Umar le envió a Kufa como profesor con una carta en la que decía lo siguiente: «¡Oh gente de Kufa! Si no os prefiriese más que a mí mismo, no os enviaría a Ibn Masud».[674] Ibn Masud vivió en Kufa durante el califato de ‘Umar y formó a muchos eruditos. Grandes eruditos de entre los Tabi’un, tal y como Alqama ibn Qays, Aswad ibn Yazid al-Naha’i e Ibrahim ibn Yazid al-Naha’i crecieron en la escala de valores establecida por Ibn Masud. Una de las personas que asistía a los cursos de Alqama le preguntó quién había sido su maestro. Cuando Alqama respondió que había aprendido de ‘Umar, ‘Uzman, ‘Ali e Ibn Masud, el hombre dijo: «¡Bien! ¡Bien!»

Ibn Masud continuó viviendo en Kufa durante el califato de ‘Uzman. Sin embargo, después de que ‘Uzman requiriese su presencia en Medina para investigar una queja contra él sin fundamento, Ibn Masud no quiso regresar a Kufa, pues ya era bastante mayor. Una vez un hombre corrió hacia él y le dijo: «La otra noche soñé que el Mensajero te decía: “Te han hecho mucho daño después de mí, ven, pues, a mí”. Y tu respondiste: “De acuerdo, Oh Mensajero de Dios. Ya no dejaré Medina nunca más”». Algunos días más tarde, Ibn Masud se puso enfermo. ‘Uzman fue a visitarle, y la siguiente conversación tuvo lugar entre ambos:

  • ¿Tienes alguna queja?
  • Tengo muchas quejas.
  • ¿De qué?
  • De mis pecados mientras me dirijo a Dios.
  • ¿Hay algo que desees?
  • La misericordia de Dios.
  • ¿Quieres que llame a un médico?
  • El «médico» ha hecho que enferme. Por lo que el médico que me mandes no tiene nada que hacer.

Ibn Masud pasó alrededor de veinte años en compañía del Mensajero. Narró aproximadamente ochocientas Tradiciones.[675]

* * *

Además de estos grandes Compañeros: ‘Aisha, Abu Said al-Judri, Yabir ibn Abdullah y Anas ibn Malik, hay otros Compañeros que narraron muchas Tradiciones.

‘Aisha convivió con el Mensajero durante nueve años. Tenía gran talento, lúcida inteligencia y memoria y una gran perspicacia y agudeza. Sentía gran curiosidad por aprender nuevas cosas, y le pedía al Mensajero que le explicase las cosas que le costaba entender.

Abu Said al-Judri vivía en la antecámara de la mezquita y siempre estaba con el Mensajero. Vivió una larga vida, y llegó una época en que se le consideró la persona con más conocimiento en Medina.

Yabir Ibn Abdullah es el hijo de Abdullah ibn Amr ibn Haram al-Ansari, que alcanzó el martirio en Uhud. Tras la muerte del Mensajero, vivió en Medina (donde daba clases en la Mezquita del Profeta), Egipto y Damasco. Eruditos de los Tabi’un de la talla de Amr ibn Dinar, Mujahid y Ata ibn Abi Rabah asistían a sus clases.[676] La gente se sentaba alrededor de él en Damasco y Egipto para aprender acerca del Mensajero y sus Tradiciones.

Anas Ibn Malik sirvió al Mensajero durante diez años en Medina. Tras la muerte del Mensajero, vivió una larga vida durante la cual enseñó las Tradiciones proféticas a los que le rodeaban.

Todas las Tradiciones que figuran en Kanz al-‘Ummal, tanto las auténticas como las transmitidas de modo defectuoso, ascienden a cuarenta y seis mil seiscientas veinticuatro. Entre los primeros tradicionistas del Islam, mucha gente memorizó más de cien mil Tradiciones, incluyendo las inventadas. En base a este hecho, los detractores de la Sunna y los escépticos no pueden alegar que el número de Tradiciones narradas por algunos Compañeros era demasiado grande como para que hubiesen podido memorizarlas y narrarlas todas.

[633] El Mensajero declara: «Mis Compañeros son como estrellas; todo aquel al que sigáis, seréis guiados al Camino Recto». Este hadiz está explícitamente corroborado por el versículo: (Recuerda) cuando tú (Oh Mensajero) dijiste a aquel a quien Dios ha favorecido (guiándole al Islam y con compañía cercana al Profeta)… (33:37). A quien Dios ha favorecido se refiere a Zayd ibn Hariza, el esclavo emancipado del Mensajero, el cual no está incluido entre los grandes Compañeros. Dios ordena a todos los musulmanes que sigan el camino de aquellos a los que Él ha favorecido: Guíanos al Camino Recto, el Camino de aquellos que has favorecido (1:5). Eso significa que los Compañeros, y en especial los más grandes de ellos, son guías a través de los cuales se puede encontrar el Camino Recto o Verdadero (Nota de los traductores).
[634] Hayzami, Mayma al-Zawa’id, 1:57; Hindi, Kanz al-Ummal, 13:353.
[635] Ibn Hayar, 1:10.
[636] Bujari, «Tafsir», 59/6. 379 Bujari, «Fada’il al-Ashab», 5; Muslim, «Fada’il al-Sahaba», 221.
[637] Bujari, «Fada’il al-Ashab», 5; Muslim, «Fada’il al-Ashab», 221.
[638] Tirmizi, «Manaqib», 58; Ibn Hibban, 9:189; Ibn Hanbal, 5:57. Hacer daño se usa aquí de modo figurativo, en el sentido de contrariar, ofender o atraer la Ira de Dios sobre uno mismo.
[639] Muslim, «Fada’il al-Sahaba», 207. Esto quiere decir que el Cielo se mantiene gracias al delicado orden de las estrellas. Cuando este orden se desmorone, significará la destrucción final del Universo. El Profeta era un medio de seguridad para sus Compañeros. Veinte años después de su muerte, la gente empezó a calumniar a los Compañeros. Su existencia, particularmente la de los más destacados de entre ellos, fue un medio de seguridad para la nación musulmana. Tras sus muertes, empezó la desgracia a afligir a los musulmanes (Nota del traductor).
[640] Muslim, «Fada’il al-Ashab», 212; Bujari, «Fada’il al-Ashab», 1.
[641] Abu Nuaym, «Hilya», 1:305.
[642] Ibíd., 1:375.
[643] Ibíd., 1:135.
[644] Ibn Hayar, 4:202.
[645] Muslim, «Fada’il al-Ashab», 158; Ibn Sad, 4:328.
[646] Hakim, «Mustadrak», 3:508.
[647] Muslim, «Fada’il al-Ashab», 159; Ibn Sad, 4:329, 330.
[648] Bujari, «At‘ima», 1.
[649] Bujari, «Fada’il al-Ashab», 10.
[650] Bujari, «Ilm», 42; Muslim, «Fada’il al-Sahaba», 159; Ibn Sad, 4:332.
[651] Ibn Sad, 4:330-1.
[652] Hakim, 3:512; Ibn Kazir, Al-Bidaya, 8:109.
[653] Ibn Hayar, 4:205.
[654] Ibn Sad, 4:335-6; Ibn Azir, 6:321; Ibn Hayar, 4:210.
[655] Bujari, «Fitan», 9; Muslim, «Fitan», 10.
[656] Bujari, «Fitan», 3; Ibn Hanbal, 2:288.
[657] Ibn Kazir, 8:122.
[658] Muslim, «Fada’il al-Sahaba», 160.
[659] Hakim, «Mustadrak», 3:509-10.
[660] Bujari, «Wudu», 10; Muslim, «Fada’il al-Sahaba», 138.
[661] Ibn Azir, 3:291.
[662] Bujari, «Tafsir», 110/3.
[663] Ibn Hayar, 2:332.
[664] Ibn Kazir, «Tafsir»: Sura al-Fayr, versículos 27-30; Hayzami, Mayma, 9:285.
[665] Ibn Hanbal, Musnad, 2:131.
[666] Ibn Hisham, «Sira», 1:374.
[667] Bujari, «Maghazi», 6; Ibn Sad, 4:143.
[668] Ibn Jalliqan, Wafayat al-A‘yan, 2:30.
[669] Ibn Sad, 4:185-87.
[670] Bujari, «Fada’il al-Ashab», 27; Ibn Sad, 3:153.
[671] Ibn Maya, «Muqaddima», 11; Hakim, «Mustadrak», 2:318; Ibn Hayar, Al-Isaba, 2:369.
[672] Tirmizi, Tafsir al-Qur’an, 5.
[673] Ibn Sad, 3:155.
[674] Ibíd., 157.
[675] Ibn Kazir, 7:183.
[676] Ibn Hayar, 1:213.

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