La Infalibilidad

La infalibilidad es un atributo necesario de los Profetas. La palabra original en árabe traducida aquí como infalibilidad es isma, lo que significa «protección, salvación o defensa». En el Corán aparecen varias derivaciones de esta palabra. Por ejemplo, cuando el profeta Noé pidió a su hijo que subiera al Arca, le contestó: «Me refugiaré en una montaña que me protegerá de las aguas». (Noé) dijo: «Hoy no habrá protección alguna del juicio de Dios, excepto para aquél del que tenga misericordia» (11:43).

La esposa de un alto funcionario egipcio, llamada Potifar en la Biblia (Génesis 39:1), usa la misma palabra: Y, de hecho, busqué disfrutar de él, pero mostró resolución en su castidad (se protegió) (12:32). El Corán llama a los creyentes a agarrar la cuerda tendida por Dios —el Corán y el Islam— utilizando la misma palabra de una forma diferente: Y aferraos juntos a la cuerda de Dios y no os separéis (que se protejan de separación alguna) (3:103). Otra vez, vemos la misma palabra en el versículo: Dios, sin duda alguna, te protegerá de la gente (5:67).

La infalibilidad de los Profetas es un hecho basado en la razón y la tradición. Esta cualidad se requiere por varios motivos. En primer lugar, los Profetas vinieron para transmitir el Mensaje de Dios. Si comparamos este Mensaje con el agua limpia o con la luz (13:17, 24:35), el Arcángel Gabriel —quien lo trajo— y el Profeta —quien lo comunicó— también deben ser absolutamente puros. Si no fuera así, su impureza contaminaría el Mensaje. Cada error es una impureza, una mancha oscura en el corazón. Los corazones o las almas de Gabriel y del Profeta se parecen a espejos pulidos que reflejan la Revelación Divina a la gente, una fuente en la cual las personas sacian su sed con el agua pura y Divina.

Cualquier punto negro en el espejo absorbería un rayo de aquella luz; una sola gota de barro volvería el agua turbia. Por consiguiente, los Profetas no serían capaces de entregar el Mensaje al completo. Sin embargo, ellos lo transmitieron perfectamente, tal y como fue declarado en el Corán:

¡Oh Mensajero (que transmites y expresas el Mensaje de la mejor manera)! Transmite y haz conocer del modo más claro todo lo que te ha sido descendido desde tu Señor. Pues, si no lo haces así, no habrás transmitido Su Mensaje ni habrás cumplido tu Misión Profética. Dios, sin duda alguna, te protegerá de la gente. Es cierto que Dios no guía a los incrédulos (a obtener su meta de perjudicarte o derrotarte) (5:67).

Este día de hoy os he completado vuestra religión (con todas sus reglas, preceptos y universalidad), y completado Mi favor sobre vosotros y Me ha complacido elegir para vosotros el Islam como Religión (5:3).

En segundo lugar, los Profetas enseñan a su gente todas las órdenes y los principios de la creencia y la conducta. Para que la gente aprenda su religión en su pureza y verdad prístina y tan perfectamente como sea posible para asegurar su felicidad y prosperidad en ambos mundos, los Profetas deben representar y luego presentar la Revelación sin falta o defecto. Esta es su función como guías y buenos ejemplos a seguir:

Sin duda tenéis en el Mensajero de Dios un ejemplo excelente a seguir para quien anhela a Dios y el Último Día, y recuerda y menciona a Dios en gran medida (33:21).

En verdad tenéis un excelente ejemplo a seguir en Abraham y en aquellos en su compañía…Vosotros tenéis en ellos, sin duda, un excelente ejemplo a seguir para todos aquellos que esperan con anhelo a Dios y el Último Día (60:4-6).

Un Profeta puede hacer o decir sólo aquello que ha sido autorizado por Dios. Si pudiera, se arrepentiría incluso más allá de su presente vida. Por ejemplo, Abraham va a decir a los que se acerquen a él para pedir su intercesión en el Día del Juicio Final que vayan a Moisés, diciendo que él no puede interceder por ellos ya que habló por tres veces de forma alusiva en su vida.[214] Aunque eso no es un pecado, su arrepentimiento seguirá en el Más Allá.

En tercer lugar, el Corán ordena que los creyentes obedezcan las órdenes y las prohibiciones del Profeta, sin ninguna excepción y enfatiza que cuando Dios y Su Mensajero han decretado un asunto, no le corresponde a un hombre creyente y una mujer creyente tener una opción en la medida en que ellos mismos se hallan implicados (33:36). Además advierte a los creyentes que la única expresión de los (verdaderos) creyentes, cuando se les llama a Dios y a Su Mensajero de modo que el Mensajero juzgue entre ellos, es: «Hemos oído y obedecemos» (24:51). La obediencia absoluta a un Profeta significa que todas sus órdenes y prohibiciones son correctas e irreprochables.

La Misión Profética es un favor tan grande que los Profetas soportaban todo tipo de dificultades, mientras realizaban el deber de dar las gracias a Dios y siempre se preocupaban por no haberle venerado lo suficientemente. El profeta Muhammad a menudo imploraba a Dios de la siguiente manera:

¡Gloria a Ti! Nosotros no hemos sido capaces de conocerte como requiere Tu conocimiento, Oh el Conocido. ¡Gloria a Ti! Nosotros no hemos sido capaces de venerarte como Tu veneración requiere, Oh el Venerado.

Los versículos coránicos que son a veces entendidos —equivocadamente— como reprimenda para ciertos Profetas por algunas faltas suyas o mostrar que ellos buscan el perdón de Dios por algún pecado que cometieron, deben ser considerados desde este punto de vista. Además, el perdón de Dios no siempre significa que un pecado haya sido cometido. Las palabras coránicas afw (indulgencia) y maghfira (perdón) también significan un favor y bondad especial, así como la administración Divina, en el caso de haberse relajado o pasado por alto un deber religioso, como reza en los versículos siguientes:

Por lo tanto, ante aquel que se vea compelido por una necesidad perentoria (y sea llevado a cometer lo prohibido) sin inclinarse a propósito hacia el pecado, no cabe duda de que Dios es Indulgente, Compasivo (5:3).

Pero si [...] no encontráis agua, procuraos tierra pura y pasárosla ligeramente por vuestra cara y manos (y brazos incluidos los codos). Es cierto que Dios es Aquel que concede remisión, Indulgente (4:43).

En cuarto lugar, los pecados y el perdón tienen diferentes tipos y grados. Estos son: desobedecer mandamientos religiosos y su perdón implícito; desobedecer las leyes de Dios sobre la creación y la vida y su perdón implícito; y desobedecer las reglas de los buenos modales o la cortesía y el perdón del mismo. Un cuarto tipo, que no es un pecado, implica no hacer algo tan perfectamente como sea posible lo que es requerido por el amor a Dios y la proximidad a Él. Algunos Profetas pueden haber hecho esto, pero estos actos no pueden ser considerados pecados según la definición común.

El hadiz también muestra la infalibilidad de los Profetas. Dios dice a Moisés: He derramado sobre ti (Moisés) un amor de Mí (protegiéndote, para que el amor hacia ti surgiese en los corazones de la gente que te vio), y por lo tanto que seas criado bajo Mi mirada (20:39). Entonces, ¿cómo es posible que cometa un pecado Moisés que fue educado por Dios y preparado para la misión de ser Mensajero?

Esto es válido para los demás Profetas también. Por ejemplo, el Mensajero de Dios dice sobre Jesús: «Satán no pudo tocar ni a Jesús ni a su madre en el momento de su nacimiento». Jesús fue protegido desde su nacimiento hasta su ascensión a la Presencia de Dios:

María hizo un gesto señalándolo (al niño, queriendo decir que debían de preguntarle). Gritaron: «¿Cómo vamos a hablar con un niño en la cuna?». (El niño) dijo: «Ciertamente, soy Abdullah (un siervo de Dios). Él (ya ha decretado que) me va a dar el Libro (el Evangelio) y hacer de mí un Profeta. Y me ha bendecido (y un medio de Sus bendiciones para la gente) donde quiera que esté, me ha encomendado la Oración (el Salat) y la Limosna Purificadora Prescrita (el Zakat, que se lo encomiende también a los demás) mientras viva. Y (me ha hecho) obediente hacia mi madre, y no me ha hecho insolente ni rebelde. La paz sea sobre mí en el día en que nací, el día de mi muerte y el día en que seré resucitado» (19:29-33).

Jesús, como todos los Profetas, fue protegido del pecado desde su nacimiento. El Mensajero, mientras todavía era un niño y aún no un Profeta, quiso asistir a dos bodas, pero en cada ocasión fue vencido por el sueño.[215] Durante su juventud ayudó a sus tíos a reparar la Kaba llevando piedras. Como las piedras le hacían daño en los hombros, su tío Abbas le aconsejó que se envolviera los hombros con la ropa que cubría sus muslos para acolchar la parte que soportaba el peso de las piedras. Pero tan pronto como lo hizo, dejando sus muslos al descubierto, se cayó de espaldas y se quedó sorprendido. Apareció un ángel y le advirtió: «Esto no es propio de ti»,[216] para que más tarde él pidiera a la gente ser educada y que observara los modelos de conducta divinamente ordenados tales como cubrirse los muslos. Así fue protegido el futuro Profeta de los rituales paganos y las prácticas de su gente.

El Mensajero de Dios dice que «todos los hijos de Adán cometen errores o se equivocan, y los mejores de ellos son los que cometen errores y se equivocan arrepintiéndose después».[217] Eso implica que somos propensos a equivocarnos por naturaleza, pero no estamos condenados a cometer tales errores. Sea mediante la Voluntad de Dios y su protección especial o, como se va a explicar más adelante, mediante la Revelación del camino para librarse de los errores o pecados, incluso los santos más importantes que siguen con la Misión Profética pueden ser infalibles sólo hasta un grado.

Dios promete proteger a los creyentes que Le obedecen con el mayor respeto y que lleguen a ser dignos de Su protección, y dotarles con la habilidad de juzgar correctamente para que así puedan distinguir entre la verdad y la falsedad, lo correcto y lo incorrecto:

¡Oh vosotros que creéis! Si os apartáis de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad para merecer Su protección, os elaborará un criterio (en vuestros corazones para distinguir entre la verdad y la falsedad, lo correcto y lo incorrecto), borrará de vosotros vuestros actos malvados y os perdonará. Dios es de una gracia y una munificencia formidables (8:29).

Dios hizo un pacto con los creyentes de que si ellos Le obedecían y se esforzaban por exaltar Su Palabra, proclamando Su religión, Él les ayudaría y los afianzaría firmemente en la religión, protegiéndolos contra toda clase de desviación (47:7). Esta protección contra los enemigos y la posibilidad de cometer pecados dependen sustancialmente de cómo apoyen al Islam y cuánto luchen para extenderlo de modo que sólo Dios sea venerado y que no se Le asocie nada semejante a Él ni en creencia o veneración, ni en la creación y las leyes del Universo. Si los creyentes cumplen su promesa, Dios cumplirá la Suya (2:40); y si la quebrantan, Dios los castigará (17:8).

Dios protege a Sus siervos contra el pecado de diferentes formas. Por ejemplo, puede poner obstáculos en su camino e instalar una «advertencia» en sus corazones, o incluso hacerles sufrir algunas heridas para que no puedan cometer pecados corporales. O puede poner en boca de alguien un versículo, como pasó con un hombre joven durante el califato de ‘Umar.

El hombre joven era tan estricto y atento en su veneración que hacía todas las oraciones en la mezquita. Una mujer que vivía cerca de allí se enamoró de él e intentó seducirle. Aunque él se resistió a sus insinuaciones, llegó un momento en el que se acercó a ella. Justo en ese momento, sintió que estaba recitando: Aquellos que se apartan de la desobediencia a Dios con reverencia a Él y piedad: cuando una incitación de Satanás les desazona, se hallan conscientes de Dios y Le recuerdan y entonces, poseen claro discernimiento (7:201). Abrumado de vergüenza ante Dios y por el gran amor que sentía hacia Él, que lo había protegido de cometer un pecado, cayó muerto. Cuando ‘Umar se enteró de esto unos días más tarde fue a su tumba y gritó: «(¡Oh joven hombre!) Pero para aquel que vive con temor reverencial a su Señor y de permanecer ante su Señor (en el Más Allá), habrán dos Jardines (55:46). Una voz desde la tumba, ya sea del joven o de un ángel en su nombre, contestó: «¡Oh Comandante de los creyentes! Dios me ha dado el doble de lo que tú dices».[218]

Así es como Dios protege a Sus sinceros siervos. En un hadiz qudsi Él dice[219]:

Mis siervos no pueden acercarse a Mí a través de algo más loable que la realización de las obligaciones que les he impuesto. Aparte de aquellas obligaciones, ellos siguen acercándose a Mí por actos supererogatorios de veneración, hasta que Yo los ame. Cuando los amo, seré los ojos con los que ven, los oídos con los que oyen, las manos con las que sostienen y los pies con los que caminan. Si ellos Me piden algo, se lo daré inmediatamente. Si ellos buscan el refugio de algo en Mí, los protegeré de ello.[220]

Dios guía a Sus fieles siervos a lo correcto y los protege de la maldad. Los siervos quieren y hacen lo que es debido y se abstienen de lo malo. Le piden a Dios lo que es bueno y todo lo que desean se les provee. Ellos buscan el refugio en Dios de lo malo y Él los protege según su petición.

Todos los Profetas eran infalibles, no pecaban y vivían una vida completamente virtuosa. Aunque Dios mandó a numerosos Profetas, el Corán menciona específicamente sólo a veintiocho de ellos. Algunos han considerado una prescripción religiosa aprender los nombres de estos Profetas. Creo que sería apropiado aquí mencionarlos en las palabras de Ýbrahim Hakký, un erudito religioso turco del S.XVIII que también era un experto en anatomía y astronomía:

Dios nos informó de 28 de ellos en el Corán: Adán, Enoch, Noé, Hud y Salih; Abraham, Isaac, e Ismael, que iba a ser sacrificado en Nombre de Dios; Jacob, José, Suayb, Lot y Juan «el Bautista»; Zacarías y Aarón, el hermano de Moisés que habló con Dios; David, Salomón, Elías y Job; Elisha, un pariente de Jesús, este último era un espíritu de Dios; Dhul Kifl y Jonás, que era sin lugar a dudas un Profeta. El Sello de los Profetas es el Bienamado del Señor, Muhammad, el Mensajero de Dios. Los eruditos no llegaron a un acuerdo en la Profecía de Ezra, Luqman y Dhul Qarnayn. Algunos los consideraron como Profetas mientras que otros los consideran santos de Dios.

Eliminando dudas

Algunos versículos coránicos parecen reprender a ciertos Profetas o hablan de la posibilidad de que un Profeta pueda pecar, según la definición común de la palabra. Antes de clarificar los ejemplos específicos, sería más apropiado absolver a los Profetas de esas acusaciones.

El pueblo de Lot —Sodoma y Gomorra— fue destruido por su inmoralidad sexual. Incluso la Biblia dice que sólo se salvaron Lot y sus hijas por su fe, buenas acciones y decencia. Sin embargo, el Génesis 19:30-38 expone que las hijas del profeta Lot tras dicha destrucción le hicieron beber hasta emborracharse para que las dejara embarazadas. Una acusación así contra un Profeta está muy lejos de la creencia. ¡Este «supuesto» pecado del Profeta es peor que el pecado de su pueblo, por el cual Dios los destruyó!

En el Génesis 38:15-18, Judá,[22]1 un hijo de Jacob, se supone que tuvo relaciones sexuales con su nuera. Esa mujer, dio a luz a unos niños gemelos. Algunos de los Profetas israelitas fueron su descendencia. El Génesis 49:4 también alega que el otro hijo de Jacob, Rubén, dormía con la mujer de su padre —su madrastra—.

Ninguno de los hijos de Jacob, a los que el Corán menciona como los «nietos» cuyos caminos deben ser seguidos, ni sus mujeres se habrían comportado de esa manera.[222] Nuestro Profeta declaró explícitamente que no hay ni un sólo caso de fornicación en su linaje desde Adán,[223] y que todos los Profetas son hermanos del mismo padre.[224] Nuestro Profeta es un descendiente de Abraham, como también lo eran Judá y los otros Profetas israelitas. ¿Y cómo podría ser alguno de ellos el resultado de una unión sexual impropia?

En II Samuel 11 anota que el profeta David se enamoró de la mujer de un comandante y cometió adulterio con ella. Según la Biblia, después mandó a su marido a primera línea de combate, y después de su muerte, se casó con ella.

David es un Profeta a quien se le dio una Escritura Divina —los Salmos— y es elogiado en el Corán por su sinceridad y su profunda devoción hacia Dios.

Aguanta pacientemente todo lo que digan, y recuerda a nuestro siervo David, poderoso (en su glorificación de Dios, en el conocimiento, en el reino y en la lucha). Sin duda él era quien se tornaba siempre a Dios en contrición. Sometimos a las montañas para glorificar (a su Señor) junto con él, por la tarde y por la mañana luminosa, y a los pájaros reunidos: todos se tornaron a Él (en devoción y glorificación). Fortalecimos su reino, y le concedimos sabiduría y el discurso decisivo (para informar, convencer y dirigir) (38:17-20).

A pesar de ser un rey, vivió una vida sencilla trabajando. Era tan consciente de la Existencia de Dios que lloraba mucho y ayunaba de manera alterna. Nuestro Profeta recomendó este tipo de ayuno a algunos Compañeros que le preguntaron por el modo más eficaz del ayuno supererogatorio.[225] ¿Un Profeta tan noble podría cometer adulterio con una mujer casada y casarse con ella habiendo premeditado la muerte de su marido?

En I Reyes 11:1-8, a pesar de la orden de Dios No debéis contraer matrimonio con los paganos, porque estos últimos seguramente van a tornar vuestros corazones hacia sus dioses al profeta Salomón se le acusa de casarse con mujeres extranjeras que pertenecían a naciones paganas y de seguir a sus dioses e ídolos. ¿Es posible que un Profeta sea capaz de cometer un pecado tan grave como seguir los ídolos y deidades de otras tribus?

Si el Corán no hubiera sido revelado, no podríamos estar seguros acerca de si los Profetas anteriores eran realmente sinceros, devotos y siervos agradecidos a Dios. El Corán libera a Jesús de la deificación equivocada de sus seguidores y de la negación de su propia gente a su Misión Profética y explica que Dios no tiene hijos. También absuelve a los Profetas tanto israelitas como no de sus supuestos «pecados» mencionados en la Biblia. Presenta a Jesús como un espíritu de Dios insuflado en la Virgen María, a Abraham como un amigo íntimo de Dios, a Moisés como alguien que habló con Dios y a Salomón como un rey y un Profeta que se dirigía a Él humildemente.

«¡Señor mío! Inspírame y guíame de modo que pueda agradecerte Tu favor que Tú me has conferido a mí y a mis padres, y para que pueda actuar con gran rectitud de un modo que Te satisfará; e inclúyeme (por medio de Tu Misericordia) entre Tus rectos siervos» (27:19).

Salomón nunca adoró a los ídolos ni cometió ningún pecado. A pesar de ser el rey más grande y poderoso que jamás haya existido fue un humilde siervo de Dios hasta su muerte.

Muchas otras aseveraciones como estas son igualmente imposibles de aceptar. Por ejemplo: la Biblia alega que el profeta Isaac, aunque quería bendecir a su hijo mayor Isaías, bendijo equivocadamente a Jacob, engañado por su mujer Rebeca (Génesis 27). La Biblia también alega que el profeta Jacob luchó contra Dios, Quien se le apareció en forma humana (Génesis 32:24-30).

Ejemplos individuales

Una pequeña minoría de eruditos musulmanes han afirmado que los Profetas pueden haber cometido pecados sin importancia (zalla: error o lapso). Para demostrar su aseveración citan algunos ejemplos de las vidas de Adán, Noé, Abraham y José.

Antes de entrar en detalles sobre esto, hay que darse cuenta de que hay una gran diferencia entre las definiciones de falta y pecado. Pecado, por ejemplo, significa desobediencia a los Mandamientos de Dios. Cuando los Profetas se enfrentaban con preguntas que no podían contestar, tendían a esperar una Revelación. Sin embargo, como eran los muytahids más importantes (juristas de alto rango que pueden deducir leyes de los principios establecidos por el Corán y la Sunna) en muy pocas ocasiones usaron su propia razón para decidir sobre los asuntos. Pueden haber errado en sus juicios o decisiones, pero tales equivocaciones, corregidas inmediatamente por Dios, no son pecados.

Además, los Profetas siempre buscaban el amor de Dios e intentaban obtener lo que era mejor. Si, por alguna razón, no pudieran conseguir la excelencia esforzándose en ello, que es algo poco común, eso no significaría que hubieran pecado. Por ejemplo: imaginaos que debéis decidir si hay que recitar el Corán en diez días prestando atención a cada versículo, o recitarlo en siete días para expresar vuestro amor profundo por la Palabra de Dios. Si elegís la primera opción sin saber que el mayor placer de Dios radica en la segunda, no podríais ser considerados culpables de pecado. De este modo, el juicio de un Profeta al considerar lo que es mejor, incluso en el caso de que no fuera la mejor elección, no es un pecado. Sin embargo, debido a su posición ante Él, Dios podría amonestárselo a veces ligeramente.

Ahora, vamos a dilucidar ejemplos individuales de las vidas de algunos Profetas:

El profeta Adán

Adán estaba en el Paraíso antes de su vida terrenal. Mientras estaban allí, Dios les dijo a él y a su mujer Eva que no comieran de la fruta de un árbol determinado. Ellos Le desobedecieron en este mandato y entonces fueron expulsados del Jardín del Paraíso y se les ordenó vivir en la Tierra.

Aunque los comentaristas coránicos difieren en lo que era la fruta prohibida, fue probablemente la inclinación humana hacia el sexo opuesto. Satán se aprovechó de Adán y Eva, diciendo que aquel era un árbol de la vida eterna y a un reino que nunca decaerá (20:120). Probablemente sabiendo que eran mortales, Adán y Eva habrían deseado la eternidad a través de sus descendientes porque es un deseo inherente a las personas. Esto también se puede deducir del siguiente versículo:

Entonces, Satanás, les hizo malvadas insinuaciones a ambos para revelarles sus partes pudendas que les habían estado ocultas (y despertó sus impulsos carnales), y dijo: «El Señor os ha prohibido este árbol sólo para evitar que seáis soberanos o para evitar que os hagáis inmortales». Y les juró: «En verdad, soy un sincero consejero para vosotros». Así les sedujo con engaños. Y una vez hubieron degustado del árbol, sus partes pudendas (y todos los aparentemente impulsos vergonzosos y malignos de su creación) les fueron revelados, y empezaron a cubrirse con hojas del Jardín… (7:20-22).

Aunque aceptemos lo que hizo Adán como un lapso, es muy difícil considerar eso como una desobediencia intencionada o una sublevación contra Dios, lo que puede ayudarnos a entender que los Profetas se puedan equivocar. En primer lugar, Adán no era un Profeta mientras estaba en el Jardín. En segundo lugar, esta falta no era resultado de una desobediencia deliberada sino simplemente un tipo de mala memoria. Sobre esto el Corán dice: Ciertamente, hicimos una alianza con Adán (y le prohibimos que se acercase a un árbol del Jardín); pero actuó de manera olvidadiza. Y no hallamos en él resolución (en dicho momento) (20:115).

Los pecados cometidos por el olvido no son tomados en cuenta en el Más Allá. El Profeta dijo: «Mi comunidad está exenta de ser cuestionada por el olvido, por errores no deliberados y por algo que sean obligados a hacer».[226] El Corán nos enseña este rezo: ¡Señor nuestro, no nos tengas en cuenta si olvidamos o cometemos errores! (2:286).

Adán no cometió este fallo deliberadamente. Aunque algunos han entendido de este versículo la carencia de determinación de Adán en cumplir su alianza con Dios, el contexto no permite una interpretación así. Adán y Eva se tornaron a Dios inmediatamente después de su error mostrando arrepentimiento sincero y suplicándole: «¡Señor nuestro! Hemos sido injustos con nosotros mismos y si no nos perdonas y no tienes misericordia con nosotros, no cabe duda que nos hallaremos entre los perdedores!» (7:23).

El destino tuvo un importante lugar en la equivocación de Adán. Dios lo había destinado para que fuera Su vicerregente sobre la Tierra, incluso antes de su creación y establecimiento en el Jardín del Paraíso. Esto es explícito en el Corán:

(Recuerda que) cuando tu Señor indicó a los ángeles: «Estableceré en la Tierra a un vicerregente». Los ángeles preguntaron: «¿Vas a establecer allí a quien provoque el desorden y la corrupción en ella, y derrame sangre, mientras que nosotros Te glorificamos con Tu alabanza (proclamamos que estás absolutamente por encima de tener cualquier defecto y que toda la alabanza Te pertenece exclusivamente a Ti) y declaramos que sólo Tú eres absolutamente Santo y Digno de ser venerado como Dios y Señor?». Él dijo: «Sin duda, Yo sé lo que vosotros no sabéis» (2:30).

El Mensajero de Dios también señala esa verdad en un hadiz:

Adán y Moisés se encontraron en el Cielo. Moisés le dijo a Adán:«Eres el padre de la humanidad, pero tú nos hiciste salir del Cielo y descender a la Tierra». Adán le contestó: «Tú eres la persona a quien Dios se dirigió directamente. ¿No viste esa frase en la Tora: Adán había sido destinado a comer de la fruta cuarenta años antes de que lo hiciera?»

Después de informar sobre este encuentro, el Mensajero de Dios dijo tres veces: «Adán hizo callar a Moisés».[227]

La vida de Adán en el Jardín y su prueba eran prerrequisitos que él tenía que cumplir antes de su vida terrenal. Él lo hizo. Siendo elegido y salvado de la ciénaga del pecado y la desviación, fue hecho Profeta y honrado con ser el padre de miles de Profetas, incluso del profeta Muhammad, y millones de santos: Luego, su Señor le escogió (por Su favor), aceptó su arrepentimiento y confirió Su guía sobre él (20:122).

El profeta Noé

El profeta Noé llamó a su gente a abrazar la religión de Dios durante novecientos cincuenta años. Cuando ellos persistieron en su incredulidad y continuaron con sus fechorías, Dios le ordenó construir el Arca. Después de completar su tarea, Noé colocó ahí, según el mandato de Dios, a un macho y una hembra de cada especie animal, a todos los miembros de su familia —excepto a los que Dios ya había dicho que castigaría— y a los creyentes (11:40).

Cuando el Arca estaba flotando sobre olas como montañas, Noé vio que uno de sus hijos no había embarcado en el Arca. Lo llamó pero su hijo no tuvo en cuenta su llamada diciendo: «Me refugiaré en una montaña que me protegerá de las aguas» (11:43). Cuando Noé vio a su hijo ahogándose, invocó a Dios: «¡Oh Señor mío! Mi hijo era parte de mi familia (como un creyente), y Tu promesa sin duda es verdadera (para mis familiares creyentes) y Tú eres el Más Justo de los jueces» (11:45). Dios contestó: «Oh Noé! Él (por ser incrédulo) no es de tu familia. Él es uno de aquellos de perversa conducta (encarnada su incredulidad). Por lo tanto no Me preguntes acerca de aquello de lo que careces de conocimiento. Te prevengo para que no actúes como uno de los ignorantes» (11:46).

Algunos eruditos consideraron la invocación de Noé como un pecado. Sin embargo, es muy difícil estar de acuerdo con ellos. Noé se menciona en el Corán como uno de los cinco Profetas más importantes, y se describe como decidido y firme. Él creía que su hijo era creyente.

Se sabe muy bien que la religión de Dios nos pide juzgar a las personas según su apariencia externa. Por lo tanto, los que se precian de ser creyentes y parecen practicar las obligaciones religiosas primordiales (como las Oraciones prescritas y dar limosna) son considerados como creyentes. Es por ello por lo que el profeta Muhammad trató a los hipócritas como si fueran musulmanes. Por lo visto, el hijo de Noé ocultó su incredulidad hasta el Diluvio, y por ello fue el mismo Noé quien rezó de antemano a Dios diciendo: ¡Mi Señor! Perdóname a mí y mis padres, y a todos los que se integran a mi familia como un creyente, y todos los hombres y mujeres creyentes, y no les aumentes a estos malhechores en nada más que la ruina (71:28).

Dios aceptó su petición y le dijo que se embarcara en el Arca junto con su familia, salvo aquellos que merecían un castigo por su insistencia deliberada en la incredulidad. La mujer de Noé estaba entre los que se ahogaron. Noé no le pidió a Dios que la salvara, porque él también sabía que ella no era creyente. Debía haber pensado que su hijo lo era. Por eso, se sintió obligado a expresar, de una manera apropiada para un Profeta, su asombro ante el hecho de que Dios lo dejara ahogarse. Es por eso que Dios le contestó como lo hizo (11:46).

Noé, como los demás Profetas, era de buen corazón y bondadoso. Cada Profeta se sacrificó por el bien de la humanidad e hizo inagotables esfuerzos para guiar a la gente hacia la verdad y la felicidad verdadera en los dos mundos. Acerca del comportamiento del profeta Muhammad a este respecto, Dios dice: Mas, puede ser que tú (Oh Muhammad) te atormentes a ti mismo hasta la muerte con pena, siguiéndoles, si no creen en este Mensaje (18:6).

Noé convocó sin cesar a su gente durante novecientos cincuenta años. Es normal para un Profeta, para un padre, decepcionarse cuando se entera de que su hijo está entre los incrédulos y que ha sido condenado a un castigo en ambos mundos. Pero como Dios es el Más Justo y Más Compasivo, Noé se tornó inmediatamente a Él y buscó refugio en Él, porque debería preguntarle sobre lo que no tenía conocimiento por sí mismo:

«¡Oh Señor mío! Me refugio en Ti de preguntarte aquello de lo que no tengo conocimiento. A no ser que Tú me perdones y tengas misericordia de mí, estaré sin duda entre los perdedores» (11:47).

El profeta Abraham

Abraham, «el amigo íntimo de Dios», era uno de los grandes Profetas. El Mensajero de Dios se enorgullecía de su conexión con él diciendo: «Soy aquel por cuya llegada Abraham imploró y del que Jesús dio buenas nuevas y recuerdo a mi antepasado Abraham más que a nadie».[228] Fue arrojado al fuego por su fe en un sólo Dios, y el fuego, por Voluntad y Poder de Dios, se enfrió y se convirtió en un medio de salvación para él.

Como todos los Profetas, Abraham nunca había pensado en venerar a otro que no fuera Dios. A pesar de esa realidad, se han propagado varias historias erróneas y falsas en algunos comentarios coránicos. Éstas proceden de la incorrecta interpretación de los versículos siguientes:

Cuando la noche cayó sobre él, vio una estrella y exclamó: «¿Es este mi Señor?» pero cuando se desvaneció (desapareció de la vista) dijo: «No amo lo que se desvanece». Y cuando (en otra noche) presenció la luna llena surgiendo con esplendor, dijo: «¿Es este mi Señor?». Pero cuando se desvaneció, dijo: «A no ser que mi Señor me guiase sería, sin duda alguna, de los extraviados». Y cuando presenció el Sol salir con todo su esplendor dijo: «¿Es este mi Señor? ¡Este es el mayor de todos!». Pero cuando se puso, dijo: «¡Oh pueblo mío! En verdad estoy libre de que Le atribuyáis copartícipes a Dios y de todo lo que Le atribuís como copartícipe. Torné mi rostro (todo mi ser) con pura fe y sumisión al Creador de los Cielos y de la Tierra con sus características propias y no soy de los que atribuyen copartícipes a Dios» (6:76-79).

Estos versículos demuestran claramente que Abraham intentó convencer a su gente mediante analogía de que ningún cuerpo celeste podría ser Dios. Abraham vivió entre los caldeos del Norte de Mesopotamia, unas personas que conocían los principios de la astronomía y el movimiento de los astros en el firmamento, a los cuales adoraban, y además de otros ídolos también. Abraham primero discutió con su padre diciéndole que ningún ídolo merecía ser adorado: «¿Adoptas unos ídolos como divinidades? En verdad, te contemplo a ti y a tu gente perdida en un error obvio»(6:74).

Como Azar era el escultor local de ídolos, Abraham empezó su misión oponiéndose a él. Después, buscó cómo guiar a su gente a la verdad. Como tenían grandes conocimientos sobre los cuerpos celestes, Dios le informó sobre estos asuntos y le hizo ver varias realidades metafísicas ocultas para que así consiguiera tener una certeza absoluta en la creencia y convenciera a su gente sobre su desviación:

Así fue como (él habló y actuó y) mostramos a Abraham (la fealdad e irracionalidad del politeísmo y) la dimensión interna de (la existencia de) los Cielos y la Tierra y la verdad eterna (de la que esta dimensión exterior, corpórea y manifiesta depende). Esto lo hemos hecho para que fuera de aquellos que logran la certeza en la fe (para que alcance el último grado de esta certeza como Mensajero de Dios) (6:75).

Mientras viajaba en las mentes y los corazones a través de los cuerpos celestes, Abraham empezó a decir a su gente que un astro no podría ser Dios porque se desvanecía. Aunque los supersticiosos pudieran interpretar cosas y atribuirles influencia a los astros, el conocimiento verdadero demuestra que surgen y se establecen según las leyes establecidas por Dios, y que su luz desaparece de nuestra vista cuando cae la noche. Entonces, ¿por qué alguien adoraría a los astros?

Su segundo paso en esta analogía era demostrar que la Luna, a pesar de parecer más brillante y más grande que una estrella, no podría ser Dios porque ella también ha sido dispuesta como una estrella, cambia su forma cada hora y depende de otros cuerpos celestes para su luz. En este punto, Abraham declaró claramente que él había sido dirigido por su Señor y aquellos que no veneraran tan sólo a Él se perderían.

La última analogía de Abraham demuestra que no se puede adorar al Sol como a Dios, porque a pesar de su tamaño y luz, él también desaparece de la vista. Así que adorar a los fenómenos creados es una auténtica locura. Después de rechazar la adoración de la creación, Abraham declaró su fe:

Torné mi rostro (todo mi ser) con pura fe y sumisión al Creador de los Cielos y de la Tierra con sus características propias y no soy de los que atribuyen copartícipes a Dios (6:79).

Así que es un gran error deducir de este versículo que Abraham confundió los cuerpos celestes con Dios en su juventud.

El segundo supuesto desliz atribuido a Abraham es que él llamó a Dios para que le mostrara cómo resucitar a los muertos. Acerca de eso el Corán dice:

Y recordad cuando Abraham dijo: «¡Señor mío, permíteme contemplar cómo resucitarás a los muertos!». Dios dijo: «¿Por qué? ¿Acaso no crees?». Abraham dijo: «Sí, pero es para que mi corazón se tranquilice» (2:260).

En un hadiz, el Mensajero de Dios dice que setenta mil velos separan a Dios de los seres humanos. Esto implica que nuestro viaje hacia Él es interminable y que las personas tienen diferentes grados de conocimiento y entendimiento así como varias capacidades para satisfacerlos tanto espiritual como intelectualmente. Como Dios es Infinito, Ilimitado en Sus Atributos y Nombres, cada individuo sólo puede obtener algún conocimiento sobre Él y conseguir un grado de satisfacción —según su capacidad—.

Abraham poseía una de las facultades humanas más grandiosas y por eso necesitaba aumentar el conocimiento de Dios cada día para conseguir la satisfacción espiritual completa. Los Profetas, como los demás seres humanos, estaban en un constante proceso de crecimiento espiritual e intelectual. Considerando cada etapa previa de crecimiento insuficiente, perseguían incesantemente niveles superiores de convicción. Por eso, el Mensajero de Dios le pedía perdón a Él cien veces al día y le suplicaba con frecuencia diciendo:

¡Gloria a Ti! Nosotros no hemos sido capaces de conocerte como requiere Tu conocimiento, Oh el Conocido. ¡Gloria a Ti! Nosotros no hemos sido capaces de venerarte como Tu veneración requiere, Oh el Venerado.

Una vez Muhyiddin ibn Arabi se encontró con Mevlana Yalaluddin Rumi y le preguntó: «¿Quién es más grande: el profeta Muhammad que dice «¡Gloria a Ti! Nosotros no hemos sido capaces de conocerte como requiere Tu conocimiento, Oh el Conocido» o Bayazid al-Bastami, que dice —en un momento de éxtasis— «¡Gloria a mí, ¡cuán ensalzado soy!»? La respuesta de Mevlana también contesta a los que intentan encontrar falta en la vida de Abraham: «Ambas expresiones demuestran hasta qué punto la grandeza de nuestro Profeta era superior a la de Bayazid. El corazón o el alma del Mensajero de Dios es como un océano, tan profundo y enorme que no se podría satisfacer. Pero en comparación el alma de Bayazid es como un jarro —fácil de llenar y rápido en desbordarse—».[229]

Para eliminar cualquier duda posible sobre la convicción de Abraham, una vez el Mensajero de Dios dijo: «Si la convicción de Abraham contuviera una duda, nosotros estaríamos más predispuestos a dudar que él».[230]

Toda la vida de Abraham fue una lucha constante contra la incredulidad y el politeísmo. Sólo en tres ocasiones usó alusiones. En otras palabras, llamaba la atención de su audiencia hacia otras cosas, haciendo referencias indirectas a la verdad. Lo hacía para evitar el acoso o explicar una verdad religiosa en términos simples. Sin embargo, algunos eruditos consideran estas alusiones como mentiras, por eso debemos aclararlas aquí.

La primera alusión: Cuando su gente le pidió que participara en sus celebraciones religiosas, lanzó una mirada a las estrellas y dijo que estaba enfermo.

Abraham no estaba enfermo físicamente, pero la profunda pena por la falsedad con la que estaba vinculada su gente llenaba su mente y su alma. Era imposible para él adorar a los ídolos, él había sido elegido para destruirlos. Una vez, para no participar en sus ceremonias les dijo que estaba enfermo y después de que ellos se marcharan destrozó sus ídolos. Esto no resultó ser falso, porque sus ídolos y su idolatría le ponían enfermo realmente. Es por eso que hizo lo que hizo. El Corán lo elogia por eso:

Sin duda Abraham era de aquellos que siguieron el mismo camino que el suyo. Él se tornó a su Señor con un corazón sano y puro (de cualquier rastro de la falta de sinceridad de la fe). (Recuerda) cuando él dijo a su padre y a su gente, «¿Qué es lo que adoráis? ¿Es una invención a la que os dedicáis, adorando deidades aparte de Dios? Así que, ¿qué pensáis acerca del Señor de los mundos (que os atrevéis hacerlo de este modo)?». Más tarde, (cuando estaba invitado a participar en las ceremonias religiosas de la gente en un día festivo) echó una mirada a las estrellas; y dijo: «En verdad estoy enfermo». Entonces ellos (los otros) se apartaron de él y salieron. En seguida se acercó a sus deidades, y dijo: «¿No vais a comer (de las ofrendas puestas ante vosotros)? ¿Qué os pasa que no habláis?». Entonces él se dirigió hacia ellos, golpeándolos con su mano derecha (con todas sus fuerzas) (37:83-93).

La segunda alusión: Abraham usa la ironía para convencerlos. Como leemos en el Corán:

En verdad, antes de esto, concedimos a Abraham discreción y su particular conciencia de la verdad; y le conocíamos muy bien (en todos los aspectos de su carácter). Dijo a su padre y a su pueblo: «¿Qué son esas imágenes a las que sois tan sinceramente devotos?». Dijeron: «Encontramos a nuestros antepasados adorándolas». Dijo: «Pues es cierto que tanto vosotros como vuestros antepasados estaban evidentemente extraviados». Preguntaron: «¿Es verdad lo que nos estás proclamando o bromeas?». Respondió: «¡No! Vuestro Señor es el Señor de los Cielos y de la Tierra, Quien les ha creado, a cada uno con sus características particulares, y yo soy testigo de esta verdad». Y (tomó una decisión:) «¡Por Dios! Voy a urdir un plan contra vuestros ídolos en cuanto volváis las espaldas y os marchéis». Y los rompió a todos en pedazos excepto al que ellos consideraban mayor. Quizás así volvieran a él (para preguntar qué había pasado). Dijeron: «¿Quién ha hecho todo esto a nuestras deidades? Es, ciertamente, uno de los peores malhechores». Algunos dijeron: «Hemos oído a un joven llamado Abraham mencionarlos». Dijeron: «Traedlo a la vista de la gente. Quizás así sean testigos contra él». «¡Abraham!», preguntaron, «¿Has sido tú quien ha hecho esto a nuestras deidades?». Respondió: «Más bien (alguien) debe haberlo hecho; este es el mayor de ellos. ¡Preguntadles, pues, si es que pueden hablar!» (21:51-63)

Algunos consideran la última respuesta de Abraham como una mentira. La verdad es que es sólo un ejemplo de ironía mordaz. Abraham quiso hacerle entender a su gente que los objetos no pueden hablar, hacerse ningún tipo de daño y que no son dignos de adorar. Tuvo tanto éxito en su intento que su gente, incapaz de negar su razonamiento, no tuvo más remedio que tirar sus ídolos al fuego para protegerlos.

Abraham no dijo que los ídolos habían sido destrozados por el más grande. Contemplad con cuidado a su respuesta.

Él dijo: «Más bien (alguien) debe haberlo hecho» y después paró —hay una interrupción significante en la lectura del versículo— y luego siguió: «¡Este es el mayor de ellos!». Por eso, la frase Más bien (alguien) debe haberlo hecho se refiere a alguien que destruyó a los ídolos, pero desviando la atención del público al mayor diciendo: ¡Este es el mayor de ellos!

Una vez el Mensajero de Dios le dijo a una mujer mayor que los ancianos no iban a entrar en el Paraíso. Cuando vio que sus palabras la habían afligido profundamente, explicó su ironía: «Porque van a entrar como personas jóvenes».[231] Esto es, en cierto modo, parecido a lo que Abraham hizo y por lo tanto no es una mentira.

La tercera alusión: Abraham y su mujer Sara.

En un hadiz y también en la Biblia (Génesis 20:2-14), leemos que Abraham quiso que su mujer les dijera a los que preguntaban que ella era su hermana y no su mujer.[232] Según la Biblia, Abraham lo hizo porque si supieran su verdadera identidad, la podrían haber matado. Esto no es una falsedad, porque como está declarado en el Corán, todos los creyentes son hermanos y hermanas.

En conclusión, Abraham nunca mintió, si lo hubiera hecho, habría sido reprochado por Dios. Sin embargo el Corán nunca menciona que Dios le reprochara por mentir. Por el contrario, en el Corán son mencionadas las alusiones donde Dios lo premia. Por esa razón la Tradición Profética acerca de esas alusiones no debería ser entendida literalmente.

El supuesto error de Abraham

Abraham comenzó su misión mediante un llamamiento a su padre Azar, el escultor local de ídolos, para que abandonara la idolatría y dirigirse hacia Dios, el Creador de los Cielos y de la Tierra. Cuando su padre rehusó a hacer tal cosa, él lo abandonó, diciéndole que debería pedirle el perdón a Dios. Él mantuvo su promesa: Y perdona a mi padre, porque él se encuentra entre aquellos que se han extraviado (26:86).

Algunos consideran esto como un lapso, porque después de todo su padre era un incrédulo. Sin embargo es difícil considerar esto como un error, porque Abraham fue un Profeta enviado por Dios para llamar a las personas hacia la verdad y la salvación. Como a todos los Profetas, le afligió mucho no ver ningún servidor de Dios seguir Su camino a la felicidad y salvación para ambos mundos. Podemos descubrir en los siguientes versículos cuánto deseaba que su padre fuera guiado:

Y menciona a Abraham en el Libro. Fue en verdad un hombre sincero y veraz, un Profeta. Cuando dijo a su padre: «¡Oh padre mío! ¿Por qué adoras lo que ni oye ni ve ni puede servirte de nada? ¡Oh padre mío! Me ha llegado un conocimiento (de la verdad) tal que a ti nunca te ha llegado. Sígueme y te guiaré a un camino llano y recto. ¡Oh padre mío! No adores a Satanás (obedeciendo sus insinuaciones para adorar ídolos). Satanás es siempre rebelde contra el Misericordioso. ¡Oh padre mío! Temo de verdad que te sobrevenga un castigo del Misericordioso y que entonces seas un compañero íntimo de Satanás (y un instrumento en su mano)» (19:41-45).

Esa fue la tarea de Abraham, convocar personas para venerar a Dios, a pesar de su rechazo obstinado. Aunque el Corán abiertamente manifestó que: (A pesar de la entrega y la energía que muestras esforzándote por ayudar a la gente a creer,) los que persisten tercamente en la incredulidad: da igual que les adviertas o que no les adviertas (del final que les espera); (aunque tu misión es advertirles y tú lo haces sin indolencia alguna,) no creerán (2:6), el Mensajero de Dios nunca se rendirá en sus advertencias hacia ellos. Además de llamar a su padre hacia la verdad, Abraham rezó por él hasta que, como se menciona en el Corán, se dio cuenta de que su padre era un enemigo de Dios. Cuando se convenció de este hecho, él mismo se desligó de su padre. Dios menciona esto, no como un fallo por parte de Abraham, sino como una virtud, diciendo: Abraham era sumamente tierno de corazón, sumamente clemente (9:114).

Dios también menciona la conducta de Abraham, como un excelente ejemplo a seguir:

En verdad tenéis un excelente ejemplo a seguir en Abraham y en aquellos en su compañía, cuando le dijeron a su (idolatra) pueblo (quienes eran sus parientes): «Nos desentendemos de vosotros y de cualquier cosa que adoráis además de Dios. Os hemos rechazado (en vuestro politeísmo), y ha surgido la enemistad y el odio entre nosotros y vosotros para siempre hasta que creáis únicamente en Dios (como el Único a ser venerado)». (Así fue) salvo por lo que ha dicho Abraham a su padre: «Sin duda alguna rogaré el perdón de Dios para ti, aunque no tengo poder para hacer nada por ti frente a Dios». (Y su plegaria fue): «¡Oh Señor nuestro! Es en Ti en quien depositamos nuestra confianza, y es hacia Ti a donde nos dirigimos con la mayor sinceridad y devoción, y a Ti es el retorno» (60:4).

Como se indica arriba, Abraham rezó por el perdón de su padre porque él había prometido hacerlo (9:114). Cuando él vio que su padre persistía con determinación en su incredulidad, se desligó de él y no pidió más por su indulgencia.

Finalmente debe notarse aquí que algunos comentaristas coránicos no consideran a Azar como al padre de Abraham. Aún cuando no es un defecto por parte de Abraham haber nacido de un padre incrédulo, porque Dios hace surgir lo vivo de lo muerto y lo muerto de lo vivo (3:27), el Corán usa siempre la palabra ab —la cual además de padre puede significar tío, padrastro, padre adoptivo o abuelo— para Azar.

Aun cuando fue advertido de no buscar el perdón para Azar, el Corán menciona que en su vejez oró: «¡Oh Señor nuestro! Perdóname a mí, a mis padres y a todos los creyentes en el Día en el que se les ajustarán las cuentas» (14:41). En esta oración, él usa la palabra walid —el que lo engendró— para el padre. Es por lo tanto poco posible que Azar no fuera quien lo engendró. De acuerdo con la Biblia, el verdadero padre de Abraham fue Terah. Sin embargo, Dios es Quien lo sabe mejor.

El profeta José

El profeta José es exaltado en el Corán como un ejemplo de castidad. En su niñez, sus hermanos llenos de envidia lo arrojaron y abandonaron dentro de un pozo. Una caravana que pasaba lo encontró y más tarde lo vendió como esclavo a un alto funcionario —probablemente ministro— de la corte del Faraón de Egipto. La Biblia le da el nombre de Potifar (Génesis, 37:36).

José procedía de una familia de Profetas. Cuando alguien dijo al Mensajero de Dios que era un hombre noble, el Mensajero hizo referencia a este hecho diciendo: «El noble, hijo de un noble, quien es hijo de un noble, quien es a su vez hijo de otro noble. Este es José, hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, el cual es el amigo íntimo de Dios».[233] José era aún un niño cuando estaba en el pozo y Dios le reveló que les recordaría a sus hermanos la verdad de lo que ellos le habían hecho (12:15). Por lo tanto fue protegido de todo pecado desde el principio.

José, un hombre joven excepcionalmente bien parecido, rápidamente llamó la atención de la esposa de su amo. Con el tiempo ella se enamoró de él. En palabras de las damas de la ciudad capital, citadas por el Corán, (su deseo por José) ha penetrado en su corazón con amor (12:30). Ella trató de seducirle, cerrando las puertas con llave e invitándolo a acercarse a ella. Pero José, habiéndole otorgado Dios el conocimiento, el sano juicio y el discernimiento, replicó inmediatamente: «¡Dios me libre! Mi señor (tu marido) me ha dado una buena y honorable acogida. No cabe duda de que los malhechores nunca prosperan» (12:23).

José ha adquirido el rango de ihsan, el cual es descrito, por el Mensajero de Dios, como la capacidad del creyente para venerar a Dios, como si Éste estuviera justo frente a él. En otras palabras, ser consciente de que Dios le está contemplando. Él fue también alguien a quien Dios hizo sincero, puro de corazón y puro de intención. Por lo tanto es inconcebible que él hubiera traicionado la bendición de Dios por haber caído en la tentación. Si él hubiera dado tan sólo un paso en aquella dirección, se habría convertido en un malhechor. O, si por «mi señor» se refirió a su amo, habría sido un malhechor si hubiera quebrantado la confianza de su amo.

Mientras se narra el resto de la historia, el Corán dice:

En verdad ella ardía en deseo por él. Y él la habría deseado si no hubiera sido por haber visto ya el argumento y la prueba de su Señor (respecto a la castidad y a la buena conducta, por lo que tan sólo le inquietaba cómo escapar de ella). Lo hicimos de tal manera (le mostramos nuestros argumentos y pruebas) para apartarle del mal y la indecencia. Pues era uno de nuestros siervos dotados de sinceridad y pureza de intención en la fe y en la práctica de Religión (12:24).

Desafortunadamente, la oración traducida aquí como: En verdad ella ardía en deseo por él. Y él la habría deseado si no hubiera sido por haber visto ya el argumento y la prueba de su Señor (respecto a la castidad y a la buena conducta, por lo que tan sólo le inquietaba cómo escapar de ella), ha sido malentendida por algunos comentaristas del Corán para explicar que «ella lo deseaba y que fue atraída hacia él; y él la deseaba y fue atraído hacia ella, pero sólo hasta el punto en el que él vio la evidencia de su Señor y se detuvo». Algunos embellecieron la evidencia de su Señor con ilusiones como que Jacob apareciera con su mano en sus labios y que salvara a su hijo de un pecado grave.

Más que un malentendido, esto es una difamación contra un Profeta que fue honrado y presentado por Dios como: «el modelo más excelente de castidad», y por el Mensajero de Dios como el más noble de todos. Para terminar con tales dudas, analizaremos hamma, la cuál hemos traducido literalmente como «arder en deseo» porque esta palabra ha confundido a algunos comentaristas.

Hamma significa literalmente «sufrir, quemarse, confundirse internamente y ser consumido por la pasión y el deseo». Hay un principio en las ciencias de la morfología y de la semántica, que se prefiere al primer y más común significado de una palabra, a menos que una inconsistencia o una disensión aparezcan en el contexto. Este principio, junto con otros dos principios que se explicarán más tarde, hacen imposible tomar hamma en su primer significado:

Primero: José y la mujer de su amo procedían de mundos distintos con respecto a sus creencias, ambiciones, caracteres y modos de vida. Por lo tanto, cada uno tenía su propio sufrimiento y ansiedad, además de ser movidos por ambiciones totalmente distintas.

Segundo: El versículo que contiene la palabra hamma explica la virtud de la creencia y la sinceridad que proporcionan el favor y la protección especial de Dios. No es simplemente parte de la historia. También hay que puntualizar que hay algunas pausas después de cada frase, que demuestra que éstos no forman una cadena de acontecimientos sino que expresan tres realidades diferentes. En este caso, el significado preciso del versículo es el siguiente:

Ella estaba ardiendo en deseo debido al amor que sentía por José. Este amor le causó un gran problema; su castidad, buen carácter y buena reputación podrían haber sido dañadas. Tenía que evitar esa situación. En este momento, la evidencia de Dios —Su protección o algo más— le ayudaron y alejaron todo mal de él, porque Dios ya lo había hecho uno de Sus sinceros y puros siervos. Él no era mujlis —purificado o sincero gracias a su auto-disciplina y estudios espirituales— sino que era mujlas —dotado de sinceridad y pureza por Dios—.

Además, el verbo hamma en este contexto no indica el comienzo de una acción, porque leímos en el versículo anterior que ella ya había empezado dicha acción: Echó el cerrojo a las puertas y dijo: «¡Ven, por favor!» (12:23). Pero José se negó. Así que decir que hamma significa «dirigirse a hacer algo» se contradice con el versículo anterior tanto para José como para la mujer así como en el versículo siguiente: Y se precipitaron hacia la puerta y ella desgarró su camisa por detrás y se encontraron en la puerta con su señor (marido) (12:25). Es evidente que José corrió hacia la puerta para huir y ella al agarrarle, le rasgó la camisa por detrás.

Sin embargo, algunos sugieren que ella deseó a José y quizá él también podría haberla deseado si no hubiera visto la prueba de su Señor. Pero como había sido protegido contra el pecado desde el principio, no experimentaría deseo alguno por ella. En ambos casos, él no sintió nada por ella ni empezó a sentir. Como los otros Profetas, José era infalible.

El profeta Muhammad

El Mensajero de Dios es superior a todos los demás Profetas. Esto no podría ser de otra manera, ya que él fue enviado como una misericordia a todos los mundos. La religión transmitida por él incluye todos los principios esenciales de las religiones reveladas anteriormente y además todo lo necesario para afrontar los problemas de la humanidad hasta el Último Día. En contraste, los Profetas anteriores tan sólo fueron enviados a ciertas comunidades en concreto y por un período limitado de tiempo.

El profeta Muhammad, en las palabras de Busiri: «... es el Sol de las virtudes y en comparación con él los otros Profetas son tan sólo estrellas que difunden luz a la gente por la noche». Cuando el Sol sale, la Luna y las estrellas desaparecen ante su fulgor. Asimismo, cuando el «Sol de la Misión Profética», el profeta Muhammad, apareció para iluminar todo el Universo, la luz de las estrellas se hizo innecesaria. Como sus predecesores, el profeta Muhammad era infalible. Leemos en el Corán y también en los libros de historia que aunque sus enemigos le calumniaron cruelmente, nunca tuvieron dudas sobre su honestidad y su infalibilidad.

Dijeron que estaba «loco»; él amaba locamente a Dios y deseaba de esta misma manera que su gente fuera guiada. Por eso estaba «loco», no en el sentido de enajenación. Ellos dijeron que era un «mago» que encantaba a todos; encantaba a la gente por medio de su personalidad, así como con el Islam y el Corán, ambos provenientes de Dios. Pero él no era un mago. También dijeron que era un «adivino»; hizo cientos de predicciones, muchas de ellas ya se han realizado y las otras esperan a ser cumplidas. Pero él no era un adivino.

Como en las expresiones coránicas ya discutidas, que aparentemente parecen poner en duda la infalibilidad de algunos Profetas, hay varias advertencias en el Corán en cuanto a algunos actos del Mensajero de Dios. Sin embargo, antes de analizarlos, debemos recordar que los Profetas, como grandes juristas, también ejercieron su criterio personal si ningún fallo explícito o implícito acerca de la materia en cuestión había sido revelado.

Tal como las mujeres del Profeta no son iguales a otras mujeres musulmanas en cuanto a la recompensa y al castigo Divino (ver 33:30-32), Dios no trata a los Profetas como lo hace con otros creyentes. Por ejemplo, Él los reprendió cuando ellos bebieron el agua de Zamzam —un pozo de agua en La Meca— en lugar de beber de Kauzar —una fuente en el Paraíso—. Tales advertencias no deberían ser consideradas nunca como el resultado del pecado. Además, estas advertencias por lo general son elogios realmente Divinos que muestran la grandeza de los Profetas y su proximidad a Dios.

El Mensajero de Dios y los prisioneros hechos en la Batalla de Badr

La pequeña comunidad musulmana de La Meca fue sometida a las torturas más brutales. Sus miembros las aguantaban con paciencia y nunca pensaron en la venganza, ya que el Corán ordenó al Mensajero de Dios llamar a los incrédulos con gran sabiduría y buena predicación, a repeler el mal con el bien y perdonar sus faltas y actos malvados. Cuando los musulmanes emigraron a Medina para vivir según los principios islámicos, lo dejaron todo. Sin embargo, siguieron siendo acosados en Medina tanto por politeístas de La Meca como por un nuevo grupo: las tribus judías de Medina. Además, aunque los Ayudantes de buen grado compartían todas sus posesiones con los Emigrantes, todos los musulmanes experimentaron la privación. En tales circunstancias difíciles y dado que habían estado equivocados, Dios les permitió resistir el ataque enemigo. Esto fue justo antes de la Batalla de Badr.

Esta batalla fue la primera confrontación militar de los musulmanes contra fuerzas enemigas. Aunque superados en número, los creyentes obtuvieron una gran victoria. Hasta entonces, si no aceptamos las opiniones de algunos comentaristas del Corán que informan de que la Sura Muhammad, que contiene normativas del trato de prisioneros de guerra, fue revelada antes de la Sura al-Anfal, ningún Mandamiento Divino había sido revelado antes sobre cómo tratar a los cautivos. Los musulmanes no sabían si ellos tenían que matar a los soldados enemigos o tomarlos como prisioneros. A Sad ibn Muaz, por ejemplo, no le agradó ver a los musulmanes tomar prisioneros; él estaba a favor de matarlos en la primera confrontación.

Después del combate, el Profeta consultó con sus Compañeros, como siempre hacía cuando no había ninguna Revelación específica, acerca de cómo tratar a los prisioneros. Abu Bakr dijo: «¡Oh Mensajero de Dios! Ellos son tu gente. Aunque ellos te hicieron mal a ti y a los creyentes, tú ganarás sus corazones y guiarás su camino si los perdonas y los complaces».

‘Umar tenía una idea diferente. Él dijo: «¡Oh Mensajero de Dios! Estos prisoneros son los personajes destacados de La Meca. Si los matamos, la incredulidad no será tan fuerte como para que siga luchando contra nosotros. Entrega cada prisionero a su pariente musulmán. Permite que ‘Ali mate a su hermano Aqil. Deja a Abu Bakr que mate a su hijo Abd al-Rahman. Déjame matar a mis parientes y así sucesivamente».

El Mensajero de Dios se dirigió a Abu Bakr y dijo: «Tú eres como Abraham que dijo: ¡Señor mío! Han causado en verdad que muchos entre la humanidad se extravíen. Así pues, aquel me siga, verdaderamente será de los míos; pero aquel que me desobedezca, sin duda Tú eres Indulgente, Compasivo (14:36). Y también eres como Jesús que dijo: Si les castigas, son Tus siervos; y si les perdonas Tú eres Glorioso poseedor de irresistible poder y Omnisapiente» (5:118). Después se dirigió a ‘Umar y dijo: «Tú eres como Noé que decía: ¡Mi Señor! ¡No dejes sobre la Tierra a ninguno de ente los incrédulos que moran allí! (71:26). Y también eres como Moisés que dijo: ¡Señor nuestro! Destruye sus riquezas y oprime sus corazones ya que no creen hasta que no vean el castigo doloroso» (10:88). Y siguió el consejo de Abu Bakr.[234]

Cada Profeta fue enviado para guiar a la gente hacia el camino de Dios y la misión de cada uno estaba basada en la piedad. Sin embargo, la piedad a veces requiere, como en el caso de Noé y Moisés, amputar una extremidad para salvar la vida. El Islam, siendo el camino intermedio del equilibrio absoluto entre todos los extremos temporales y espirituales y conteniendo los caminos de todos los Profetas anteriores, proporciona alternativas a cada situación.

Antes de la Batalla de Badr, los musulmanes eran débiles, mientras que sus enemigos eran fuertes, formidables y muy organizados en cuanto a medios materiales se refiere. Así, las condiciones pudieron haber requerido que no es propio de un Profeta tomar cautivos hasta haber acabado por completo con los enemigos en la tierra (8:67), ya que ellos luchaban por la causa de Dios, sin ningún objetivo mundano. Sin embargo, Dios el Omnipotente ya había decretado que el rescate y el botín de guerra fueran lícitos para los musulmanes. Los corazones puros del Profeta y Abu Bakr deben haber sentido que Dios permitiría que ellos tomaran prisioneros para pedir un rescate y botín de guerra. Por lo tanto, liberaron a los prisioneros a cambio de algún rescate antes de que los versículos concernientes fueran revelados:

Si no hubiese sido por un decreto previo de Dios (respecto a que los botines de guerra son lícitos y que los cautivos pueden ser liberados a cambio de un rescate), un terrible castigo os habría acaecido por lo que habíais tomado (de los botines de guerra y de los cautivos esperando un rescate antes de que el poder de los enemigos hubiese sido suficientemente reprimido y agotado). (Pero como dicho decreto ya se encuentra vigente) ahora, disfrutad como lícito, puro y sano todo lo que habéis obtenido (como botín de guerra y como rescate); y apartaos de la desobediencia a Dios en todos vuestros actos. Sin duda alguna Dios es Indulgente y Compasivo (especialmente hacia Sus siervos creyentes y piadosos) (8:68-69).

Esto se menciona de manera más explícita en otro versículo:

Así pues, cuando os enfrentéis a aquellos incrédulos en la guerra, golpeadlos en sus cuellos (sin darles la oportunidad de que os derroten). Finalmente, cuando los hayáis dominado sobradamente, (sin continuar luchando) trabad una firme ligadura de cautiverio en ellos. A continuación libéralos como un favor sin exigir nada a cambio, o como rescate (que puede consistir en un intercambio recíproco de prisioneros de guerra), de modo que se depongan las armas y la guerra llegue a un final (47:4).

Para concluir, los musulmanes no desobedecieron los Mandamientos Divinos que ya habían sido revelados, así que no los infringieron, ya que fue una decisión tomada después de consultar.

El hecho de eximir a los hipócritas de la expedición de Tabuk por parte del Profeta

La expedición de Tabuk tuvo lugar en el noveno año después de la Hégira durante el verano, cuando el calor de Arabia era más intenso. Los soldados fueron enviados a enfrentarse en aquel momento contra Bizancio, una de las dos superpotencias de la zona. En contra de su costumbre, el Mensajero de Dios anunció el objetivo de la expedición. Algunas personas pidieron ser dispensadas y el Mensajero de Dios perdonó a aquellos cuyas excusas consideró como justificables. Él no comprobó si decían la verdad, como un musulmán, los juzgó según sus signos externos y la afirmación de fe.[235]

Además, como Dios encubre los defectos de la gente, Su Mensajero nunca reprochó a la gente directamente. Cuando distinguía un defecto en un individuo o una falta común en su comunidad, subía el púlpito y daba una advertencia general. Nunca mencionaba ningún nombre.

Muchos hipócritas ofrecieron falsas excusas. A pesar de esto, el Mensajero de Dios aceptó sus pretextos. En este caso: ¡Que Dios te conceda la gracia! ¿Por qué les diste dispensa para que se rezagasen hasta que se te hiciera claro quiénes decían la verdad y que hayas llegado a saber quiénes eran los mentirosos? (9:43) fue revelado.

Aunque algunos eruditos sostuvieron que Dios reprochara a Su Mensajero de eximir a los hipócritas, lo cierto es que fue al contrario. Imam Fakhr al-Din al-Razi y muchos otros, entre quienes están los lingüistas también, han indicado correctamente que «¡Que Dios te conceda gracia!» es una exclamación, —como «¡Dios te bendiga!»—. De este modo, el sentido verdadero de la expresión es «¡Que Dios te conceda gracia!» y no «¡Que Dios te perdone!». Como fue explicado anteriormente, no es necesario para un pecado existir antes de que el perdón sea concedido. Por ejemplo, como vimos en los versículos 4:99, 5:3 y 4:43, el perdón puede hallarse yuxtapuesto con la gracia, ya que sus significados están estrechamente ligados.[236]

Además, el Mensajero de Dios fue motivado por la amabilidad así como la discreción: la amabilidad porque, en la urgencia del momento, no deseó rechazar a aquellos que tenían verdaderas excusas; y la discreción, porque aquellos que estaban allí solamente por obligación serían una carga y una fuente de desorden. Esto está declarado manifiestamente:

Si hubiesen marchado con vosotros, no habrían aportado más que confusión y habrían corrido de un lado a otro entre vosotros pretendiendo causar la sedición (9:47).

El Mensajero de Dios sabía quiénes eran los hipócritas: Pero vosotros los reconocéis ciertamente por la falsa entonación y ritmo de su forma de hablar (47:30). Además, Dios no deseaba que ellos estuvieran en la lucha:

Si verdaderamente hubiesen querido marchar hacia la guerra, se habrían preparado para ello (mostrando su intención). Pero Dios era reacio a que luchasen (a regañadientes y sin sinceridad de propósito) e hizo que se rezagasen y fue decretado para ellos: «Quedaos en casa con los que se quedan (las mujeres y los niños)» (9:46)

En consecuencia el verdadero sentido del versículo que estamos tratando es este: «¡Que Dios te conceda gracia! Si tú no los hubieras perdonado cuando ellos lo pidieron, los hipócritas habrían sido distinguidos claramente de los veraces». Como podemos ver, el Profeta no está siendo reprendido; más bien, el versículo expresa un elogio Divino y el afecto hacia él.

Sura al-‘Abasa (Frunció el ceño)

La Misión Profética no es un trabajo que cualquiera puede hacer. Cada persona tiene dos aspectos: uno celestial y otro terrenal. Sin embargo nosotros, formados de polvo y creados de una humilde gota de «agua», hemos sido distinguidos con el «aliento de Dios». Por consecuente, podemos elevarnos a rangos infinitamente altos y también descender a niveles bajos. Todos los Profetas pertenecían a los más altos rangos. Dios los eligió y los dotó con todas las virtudes loables y el más alto grado de facultades intelectuales y espirituales.

Para alcanzar a vislumbrar la grandeza del Mensajero de Dios deberíamos considerar cómo, por Voluntad y Poder de Dios, transformó a gente salvaje y atrasada del desierto en fundadores de la más magnífica civilización de la historia de la humanidad. Además, de acuerdo al principio de «aquel que causa algo es como si lo hiciera él mismo», la recompensa de los actos de cada creyente, desde los tiempos del Profeta hasta el Juicio Final, es añadida a la recompensa del Profeta, que hace que él crezca en espíritu incesantemente.

A pesar de esto, algunos comentarios clásicos del Corán y otros por el estilo contienen aseveraciones basadas en préstamos o anécdotas no fiables incompatibles con la Misión Profética. Lo más grave es que en el mismo mundo musulmán, «investigadores» bajo la influencia de orientalistas o tentaciones terrenales, han sido irrespetuosos hacia la Misión Profética, el Mensajero de Dios y la Sunna. Engañados en el error de interpretar «la reflexión del Sol como el Sol mismo», se consideran libres de criticar al Profeta y su Sunna. Uno de sus pretextos son los versículos iniciales de Sura al-‘Abasa:

Él (un hombre hipócritamente incrédulo, altanero) frunció el ceño y le dio la espalda. Porque (mientras un grupo de destacados incrédulos, incluyéndole a él, estaba hablando con el Mensajero) el hombre ciego se le aproximó. ¿Qué otra cosa te informaría (Oh altanero) sino que él podría crecer en pureza (profundizando en la fe y llevando a cabo buenos actos?) ¿O acaso ser más consciente (del Mensaje de Dios), y beneficiarle el recordatorio? Con respecto al que se considera independiente (sin necesitar la guía Divina con motivo del orgullo en su riqueza y estatus). Tú lo atiendes (como si desearas su conversión). ¿De verdad te importa si no (acepta la fe y) crece en pureza (por medio del cumplimiento de sus obligaciones y responsabilidades)? Pero con respecto a aquel que llegó ante ti con entusiasmo, y tenía temor reverencial de Dios, distraes tu atención de él (80:1-10).

De acuerdo con lo que algunos comentaristas del Corán han escrito, el Mensajero de Dios una vez que estaba atareado en plena dedicación a la transmisión del Mensaje a los líderes paganos de Quraish fue interrumpido por un ciego. Este hombre, Abdullah ibn Umm Maktum, era tan pobre que nadie solía tenerlo en cuenta. Él deseó beneficiarse de la enseñanza del Mensajero de Dios, pero a éste le disgustó la interrupción y se impacientó. Y por eso, los versículos anteriores fueron revelados para reprochar al Profeta.

Sin embargo, esta historia es muy discutible por varias razones:

– La narración del acontecimiento y sus participantes no son los mismos en todos los libros fidedignos de Tradición, así como en algunos comentarios coránicos. En total, varios relatos mencionan a siete personas además de Ibn Umm Maktum.

– Varios versículos explican cómo los Profetas anteriores se comportaron con los pobres. Es inconcebible para un Profeta que siempre aconsejaba a sus seguidores que estuvieran con la gente pobre, fruncir el ceño o darle la espalda a un pobre ciego, el cual había venido tan sólo para escucharle.

– El Mensajero de Dios siempre rechazó la petición de los líderes quraishíes de que si quería que creyeran en el Islam debería alejar a los pobres musulmanes.

– El Corán da gran importancia a cómo un creyente se comporta en la presencia del Mensajero de Dios. Por ejemplo, no deben «marcharse sin pedir su permiso cuando están con él». No pueden entrar en su casa sin permiso, sus buenas acciones se perderán si elevan sus voces sobre la de él y serán castigados en el Infierno si le maltratan. Considerando esto, Ibn Umm Maktum debería haber sido reprendido por interrumpir al Mensajero de Dios.

– Ibn Umm Maktum era el hijo del tío de Jadiya y uno de aquellos que aceptaron el Islam en sus inicios. Él tenía una posición notable en el Islam. El Mensajero de Dios le delegó el gobierno de Medina dos veces mientras él estaba en campañas militares. De este modo, a pesar de su ceguera, él no debía haber sido tan grosero al interrumpir al Mensajero de Dios mientras éste invitaba a los líderes del Quraish a la verdad. Él era ciego, pero no sordo.

La reprimenda contenida en dichos versículos relevantes es demasiado severa como para ser dirigida el Profeta. Los verbos «fruncir el ceño» y «darle la espalda» no son utilizados nunca en el Corán para dirigirse a un Profeta; de hecho, estas palabras ni siquiera se usan para los creyentes comunes. En este versículo, los verbos son usados en tercera persona, forma singular. En ausencia del Profeta, este significa el desacato y el envilecimiento. También, las expresiones siguientes son del tipo usado para los líderes de los incrédulos. Por lo tanto, es inconcebible que el objetivo de esta reprimenda sea el Profeta.

– Los comentaristas coránicos que mencionan este incidente añaden que siempre que el Mensajero de Dios veía a Ibn Umm Maktum le decía: «La paz sea contigo, ¡Oh tú por quien mi Señor me reprendió!». Este añadido no se encuentra en los libros confiables relativos a la Tradición.

– El Mensajero de Dios era muy bondadoso y daba todo lo que tenía para orientar a su gente. El Corán indica: Os ha llegado a vosotros (Oh pueblo) un Mensajero de entre vosotros mismos; le aflige en sumo grado vuestro sufrimiento, le abruma la preocupación por vosotros y rebosa de piedad y compasión para con los creyentes (9:128).

Después de todas estas explicaciones, preferimos dejar la verdad del asunto a Dios Quien es el Omnisapiente.

La oferta hecha por la tribu Zaqif

Antes de entrar en el Islam, la tribu Zaqif trató de conseguir algunas concesiones del Profeta, incluso algunas dispensas de varios deberes religiosos, ¡como si el Mensajero estuviera autorizado a hacer algo así! Ya que incluso un musulmán común nunca pensaría en tal petición, ¡imaginad la reacción del Profeta! Los versículos revelados acerca de este incidente dicen:

Sin duda han buscado tentarte (Oh Mensajero) para que inventaras otra cosa aparte de lo que te hemos revelado y así Nos lo atribuyeras. Entonces (si lo hubieses hecho), te habrían considerado como un amigo digno de confianza. Si no te hubiésemos hecho totalmente firme (en lo que te hemos revelado), te habrías inclinado hacia ellos un poco. En ese caso, te habríamos hecho probar doble castigo en la vida y doble castigo después de la muerte, y no hubieses encontrado a nadie que te auxiliara contra Nosotros (17:73-75).

Antes que nada, el Mensajero de Dios es el destinatario directo y receptor único de la Revelación Divina. Por eso, Dios dirige directamente a él las órdenes colectivas e individuales, prohibiciones y responsabilidades. Eso no significa que el Mensajero de Dios a veces ignoraba lo que se le dijo que hiciera. Siendo la personificación, el representante y el predicador del Islam, así como el más excelso ejemplo, el Mensajero de Dios las llevó a la práctica de la manera más estricta y experimentó «la historia completa del Islam» en pequeña medida.

Dios le utilizó a él, a su época y a sus Compañeros como un modelo según el cual sería formada la futura expansión del Islam. Él funcionó como una semilla de la cual todas las futuras civilizaciones islámicas, los movimientos y las ciencias —el árbol universal del Islam— crecerían. Por esta razón, tales versículos no deberían ser tomados en cuanta nunca para sugerir que el Mensajero de Dios fuera reprochado por hacer algo malo. Esa persona bendita, el Bienamado de Dios y por quien Dios creó todos los mundos, está absolutamente libre de defectos, faltas y deficiencias.

El Mensajero de Dios ansiaba sumamente guiar a toda la gente. Para entender al menos sobre su amor y afecto por la humanidad y existencia en general, reflexionad sobre lo que Said Nursi, un erudito contemporáneo musulmán, dijo acerca de su ansia por la guía y bienestar de su nación:

Yo no supe nada acerca de los placeres mundanos en mi vida de más de ochenta años. Toda mi vida ha transcurrido en los campos de batalla y en varios otros lugares de sufrimiento. No hubo ningún tormento que no haya probado y ninguna opresión que no haya sufrido. No siento cariño por el Paraíso, ni temo al Infierno. Si atestiguo que la fe de mi nación —es decir toda la comunidad musulmana— ha sido asegurada, no pondré ninguna objeción a ser quemado en las llamas de Infierno, ya que mi corazón se convertirá en una rosaleda mientras mi cuerpo está siendo quemado.[237]

Dios le dijo a Su Mensajero, consolándole ante la incredulidad persistente: Mas, puede ser que tú (Oh Muhammad) te atormentes a ti mismo hasta la muerte con pena, siguiéndoles, si no creen en este Mensaje (18:6).

Habiendo visto el ansia del Mensajero de Dios por guiar a la gente, los líderes de la tribu Zaqif trataron de extraer concesiones especiales. Hasta añadieron que si los otros se opusieran, él podría perdonarlos con la mentira de que su Señor se lo había ordenado hacer así. Desde un punto de vista puramente humano, se puede considerar como políticamente correcto hacer una pequeña concesión para alcanzar el objetivo de una gran misión. Pero el Mensajero no era el creador del Islam; su única responsabilidad era transmitirlo. La religión pertenece a Dios. Los versículos en cuestión enfatizan este punto.

Su matrimonio con Zaynab

Durante el período pre-islámico, e incluso hoy, la esclavitud cultural, económica y espiritual estaba ampliamente extendida. El Islam vino para destruir tal esclavitud y procuró solucionar este problema social y psicológico por etapas. Ya que la esclavitud tiene un aspecto profundamente psicológico, su abolición repentina podría haber causado condiciones aún más difíciles. Por ejemplo, cuando Lincoln abolió la esclavitud en los Estados Unidos, la mayor parte de los esclavos tuvieron que regresar junto a sus dueños porque su capacidad de asumir responsabilidades, elegir y manejar sus asuntos como gente libre se les había sido retirada o se había hecho asesinar a sus líderes.

El Islam, como primer paso, estableció rectos principios sobre la forma de tratar a los esclavos como se puede ver claramente en los hadices siguientes: «Los que matan a sus esclavos, serán matados. Los que encarcelan y privan de comida a sus esclavos serán encarcelados y privados de comida. Los que castran a sus esclavos serán castrados,»[238] y «Los árabes no son superiores a los no árabes; y los no árabes no son superiores que los árabes. La raza blanca no es superior a la raza de color; la raza de color no es superior a la raza blanca. La superioridad se da sólo en la rectitud y el miedo a Dios».[239]

Como segundo paso, el Islam permitió que los esclavos se dieran cuenta de su conocimiento humano e identidad. Los educó según los valores islámicos, e implantó en ellos un amor de libertad. Hasta el día de su emancipación, fueron totalmente proveídos de conocimientos para llegar a ser miembros útiles de la comunidad, como agricultores, artesanos, profesores, eruditos, comandantes, gobernadores, ministros y hasta primer ministros.

Otra práctica pre-islámica, que todavía existe en los códigos de derecho civil de muchos países contemporáneos, es permitir que los niños adoptados disfruten del mismo estatus legal que los niños naturales. Por consiguiente, un padre no podía casarse legalmente con la viuda de su hijo adoptivo o la esposa divorciada. Esta práctica tenía que ser abolida, porque ni la adopción ni cualquier otro método de declarar a alguien como hijo pueden crear una relación comparable entre los hijos y sus padres naturales.

Zayd había sido secuestrado y esclavizado cuando era niño. Jadiya, la primera esposa del Mensajero de Dios, lo había comprado en el mercado de esclavos de La Meca. Después de casarse con el Profeta, le entregó a Zayd en regalo. El Mensajero de Dios lo emancipó y le llamó «mi hijo». Cuando los padres de Zayd finalmente lo localizaron y vinieron a La Meca para llevárselo de vuelta, él rechazó ir con ellos, diciendo que prefería quedarse con el Mensajero de Dios.

Para mostrar la igualdad entre la raza blanca y negra y demostrar que la superioridad se da en la rectitud y la devoción a Dios y no en una posición mundana y la ascendencia, el Mensajero de Dios casó a Zayd con Zaynab bint Yahsh de la tribu Hashimi. Ella era una mujer musulmana muy fiel e intelectual y tenía un carácter noble. El Mensajero de Dios la conocía muy bien desde su infancia. Aunque su familia hubiera querido que ella se casase con el Mensajero de Dios, estuvieron de acuerdo en permitir que se casara con Zayd porque el Mensajero así lo deseaba.

Sin embargo, Zayd confesó que él era espiritualmente inferior a su esposa. Se dio cuenta, gracias a su intuición, que el sublime carácter de ella se adecuaba al requisito de ser la esposa de alguien superior a él. Muchas veces le pidió permiso al Mensajero de Dios para divorciarse de ella, pero cada vez el Mensajero le aconsejaba que permaneciera casado con ella. Sin embargo, Zayd concluyó que él no era adecuado para su esposa y finalmente se divorció de ella.

Después de eso, Dios le dijo a Su Mensajero que se casara él con ella, aunque esto violara las normas de su sociedad. Pero como este matrimonio había sido ordenado desde el Cielo, cedió a los designios de Dios y se casó con Zaynab:

Así pues, cuando Zayd había llegado al fin de su unión con ella (y ella había terminado su período de espera después del divorcio), te unimos con ella en matrimonio, para que no haya culpa (o impedimento legal) para los creyentes por lo que se refiere a (su casamiento con) las esposas de aquellos que llamaron sus hijos (aunque no lo eran en realidad), cuando los últimos hayan llegado al fin de su unión con ellas. Y la orden de Dios debe ser cumplida (33:37).

Aunque este matrimonio resultara muy difícil para el Mensajero, Dios lo hizo para abolir una costumbre equivocada y establecer nuevas leyes y costumbres. El Mensajero siempre era el primero en practicar la ley o la regla para que sea establecida y obedecida, de modo que esto tuviera bastante influencia sobre los demás. Su matrimonio con Zaynab fue uno de los mandamientos más difíciles que él tuvo que realizar. Por eso su esposa ‘Aisha comentó: «Si el Mensajero de Dios pudiera haber ocultado cualquier Revelación, sin duda habría ocultado aquel versículo».

Como era de esperar, los enemigos del Islam y los hipócritas difamaron al Mensajero de Dios. Aunque algunas de sus acusaciones hayan sido realizadas mediante varios comentarios coránicos, nunca ninguna de esas acusaciones o difamaciones han afectado —o afectarán— su castidad y su personalidad pura. Todos los eruditos convienen en afirmar que él vivió felizmente con Jadiya, una viuda 15 años mayor que él, sin que se sepa ningún comportamiento incorrecto por parte de ambos durante su matrimonio de 25 años —que terminó con la muerte de Jadiya—. A diferencia de la gente joven, él no sucumbió a la lujuria y los deseos carnales. Esto muestra de manera clara que sus siguientes matrimonios, los cuales tuvieron lugar después de que cumpliera 50 años, una edad en la que el deseo decrece, fueron llevados a cabo para objetivos específicos.

Resumiendo, como los demás Profetas, el Mensajero de Dios no tiene ningún defecto y es inocente de todo lo que le acusan. Tampoco se puede dudar de su infalibilidad.

[214] Muslim, «Iman», 326.
[215] Ibn Kazir, Al-Bidaya, 2:350-51.
[216] Bujari, «Hayy», 42; Ibn Kazir, Al-Bidaya, 2:350.
[217] Tirmizi, «Qiyama», 49; Ibn Maya, «Zuhd», 30.
[218] Ibn Kazir, «Tafsir», 3:539.
[219] Un dicho profético cuyo significado proviene directamente de Dios.
[220] Bujari, «Riqaq», 38; Ibn Hanbal, 6:256.
[221] No es mencionado como Profeta en el Corán. Sin embargo, el Corán menciona a los hijos de Jacob como los nietos dignos de ser seguidos. Aunque acusaron a José por envidia, deben haberse enmendado. Según la Biblia, no el Corán, algunos Profetas israelitas eran descendientes de Judá.
[222] Aunque los hijos de Jacob maltrataron a su hermano José por celos, deben haberse enmendado.
[223] Ibn Kazir, al-Bidaya, 2: 313-14.
[224] Bujari, «Anbiya», 48; Muslim, «Fada’il», 144.
[225] Bujari, «Tayammum», 7, «Sawm», 59; Muslim, «Siyam», 182.
[226] Para diferentes versiones del hadiz, vease Bujari, «Hudud», 22; Abu Dawud, «Hudud», 17; Tirmizi, «Hudud», 1; Ibn Maya, «Talaq», 15,16.
[227] Bujari, «Tafsir», 3; Tirmizi, «Qadar», 2; Ibn Hanbal, 2:287,314.
[228] Muslim, «Iman», 271.
[229] Mulla Yami, Nafahat al-Uns, 521.
[230] Bujari, «Anbiya», 11.
[231] Ibn Kazir, «Shama’il», 84-85.
[232] Bujari, «Anbiya», 8; Muslim, «Fada’il», 154.
[233] Bujari, «Anbiya», 21:19; Ibn Hanbal, 2:96,332.
[234] Qurtubi, «Tafsir», 8:31; Ibn Hanbal, 1:383.
[235] No pudo hacerles revelar sus motivos verdaderos. Es por eso que los hipócritas, aparentemente musulmanes pero incrédulos por dentro, son tratados como musulmanes en una sociedad musulmana. Había mucha gente así en Medina durante los tiempos del Profeta. El Profeta nunca reveló sus identidades.
[236] Qurtubi, 8:98-99; Fakhr al-Razi, Mafatih al-Ghayb, 16:73-74.
[237] Said Nursi, Epitomes of Light («Mathnawi al-Nuriya») (Izmir, Kaynak:1999), II.
[238] Abu Dawud, «Diyat», 70; Tirmizi, «Diyat», 17.
[239] Ibn Hanbal, 411.

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