La inteligencia

La inteligencia es otro atributo importante de la Misión Profética. En este contexto, tiene un significado concreto: una combinación de capacidad de razonamiento, sagacidad, inteligencia, buen juicio y sabiduría que supera la capacidad de la gente normal a través de un sublime poder de entendimiento. Esto abarca y coordina todas las capacidades humanas, ya sea del corazón, del alma o de la mente.

Bajo la influencia de tendencias temporales, algunos reducen el Islam a un sistema racionalista. Ellos consideran la razón como la máxima autoridad, y no hacen ninguna distinción entre el juicio de la razón firme, los excesos y los defectos del racionalismo. Todos los principios del Islam, una religión revelada, que se origina en un Conocimiento que abarca todas las cosas, pueden ser confirmados por la razón. Sin embargo, un entendimiento completo del Islam requiere una inteligencia profética para captar el completo significado del Universo y la humanidad. El Islam admite la máxima autoridad de la razón, no de la razón humana, que es limitada por la capacidad de alguien y por lo general entra en conflicto con el otro, sino de la razón universal de un Profeta, ya que el Islam es el nombre del Orden Universal Divino.

Dios manifiesta Sus Nombres a través de los velos. Su Unidad absoluta requiere que atribuyamos los resultados directamente a Su Poder creativo. Pero Su Trascendencia, Grandeza y Majestuosidad requieren causas «naturales» para velar Sus actos de modo que la gente no Le atribuya lo que les parece desagradable. Él envió a los Profetas para comunicar Su Revelación. Como no podemos recibir la Revelación directamente, los Profetas funcionaron como un prisma que recibe y luego refleja la Revelación Divina. Ellos modularon la Revelación según la capacidad intelectual de su pueblo y las circunstancias más destacadas. En otras palabras, el intelecto profético permite a un Profeta entender todo sobre su gente y así contestar todas sus preguntas y solucionar sus problemas.

Si estudiamos los éxitos del Profeta, vemos que él fue un estadista y un gran comandante. Como encarnación o manifestación más completa del Atributo Divino del Discurso, él es el orador más influyente que jamás hayamos visto. Sus palabras, sin tener en cuenta su simplicidad aparente, conciernen a todo el mundo, a pesar de su simplicidad intelectual. Como el conocimiento humano aumenta, vemos que estas palabras supuestamente simples son, en realidad, como un océano cuya profundidad es sólo comprendida al sumergirnos más en él, o como una rosa con pétalos uno dentro del otro, cada uno repleto de significados.

Su nivel de entendimiento era tan sublime que Wahb ibn Munabbih, quien estaba muy versado en la Tora y los Evangelios, dijo: «Al comparar la capacidad del Mensajero de Dios con la capacidad mental de la humanidad en su totalidad y la percepción, vemos que esta última parece un grano de arena comparado con toda la inmensidad de un vasto desierto».[178]

Ejemplos de su capacidad intelectual

Antes de su Misión Profética, la Kaba fue parcialmente destruida por la lluvia y las inundaciones que le siguieron, y los Quraishíes la restauraron. Sin embargo, estuvo a punto de estallar una guerra entre los clanes, sobre quién tendría el honor de colocar la Piedra Negra en su lugar apropiado. Alguien sugirió que dejaran decidir a quien apareciera primero en la Kaba. Para todo el mundo, la persona indicada era Muhammad, y cuando lo vieron entrar, todos sintieron un gran alivio, y dijeron: «¡El Veraz viene!». Después de explicarle el problema, él actuó en consecuencia, les pidió traer un pedazo de tela y lo extendió sobre la tierra. Poniendo la Piedra Negra sobre ella, dijo a cada jefe de clan que sujetara un extremo y levantara la tela. Cuando la Piedra Negra estaba en la altura requerida, Muhammad la puso en su lugar. Así la guerra de los clanes fue evitada.[179]

El Mensajero de Dios siempre evaluaba la capacidad espiritual y mental de una persona o de un público. Él hablaba directamente a un individuo en particular, en un tiempo concreto y en circunstancias determinadas; él no tenía ninguna necesidad de adulación o falsedad. Una vez Husayn, un elocuente orador conocido por su retórica persuasiva, intentó disuadirlo de su misión. El Mensajero de Dios escuchó con atención su argumento y luego inició el siguiente diálogo:

— Husayn, ¿a cuántos dioses adoras?
— Ocho, uno está en el Cielo y los demás están sobre la Tierra.
— ¿A cuál apelas cuando la desgracia te sobreviene?
— Al que está en el Cielo.
— ¿A cuál apelas cuando pierdes tus bienes?
— Al que está en el Cielo.

El Mensajero de Dios hizo unas cuantas preguntas más y al recibir la misma respuesta a cada pregunta, dijo: «Para ti el que está en el Cielo responde sólo a tus llamadas. Y aún sigues asociándole deidades. ¿Es esto acaso lo que he predicado? No hay ninguna deidad más que Dios. Hazte musulmán y estarás a salvo».[180] Lo que parecía ser un argumento simple derrotó a Husayn con su propia lógica.

A los beduinos se les llama «gente del desierto». Su modo de vivir proporciona muchas experiencias únicas: la pérdida de un camello, olvidar dónde han sido colocados los artículos o ser atrapado en una tormenta de arena. Por muchas deidades que ellos adoren, siempre piden a Dios, el Único, el Creador del Universo y el Todopoderoso sobre todas las cosas, por ayuda y salvación. Su sentido interno y conciencia sólida les dicen la verdad bajo el cielo encantador del desierto o en la oscuridad, entonces reconocen Su Unidad. Esto pasó también con Hamza, quien proclamó: «¡Oh Muhammad, he percibido en la oscuridad de la noche del desierto que Dios es demasiado grande para ser recluido en el interior de cuatro paredes!».[181]

El Mensajero de Dios conocía el estado de ánimo de todo el mundo y de esta manera tomó a la gente «por sus almas» al invitarlos al Islam. Por ejemplo, Ahmad ibn Hanbal relata de Abu Tamima que una vez un beduino preguntó al Mensajero de Dios si él era Muhammad. Recibiendo una respuesta afirmativa, el beduino preguntó a qué invitaba a la gente. El Mensajero contestó: «A Dios, el Todopoderoso. Los invito sólo a Él, sin asociarle nada. Es Dios a Quien apelas cuando una desgracia te sobreviene y es Él Quien te la quita. Es Él a Aquel que tú rezas durante la sequía y el hambre, y Él es Quien envía la lluvia y hace que crezca la hierba. Es también Él a Quien tú suplicas cuando pierdes algo en el vasto desierto, y es Él Quien hace que lo encuentres». Estas palabras simples, exactas y concisas hicieron que el beduino abriera sus ojos a la verdad y abrazara el Islam en ese momento.[182]

La historia no registra ningún otro caso de un individuo que haya formado una comunidad virtuosa tan rápidamente con gente de poco fiar y de escasos recursos. El profeta Muhammad utilizó los dictados otorgados por Dios para la transmisión de Su Revelación de una manera tan eficaz que los historiadores y los sociólogos todavía no pueden captar totalmente todas las dimensiones de su Mensaje revolucionario. Sus legados se han transmitido a lo largo de los siglos, y siguen atrayendo a un número más grande de personas de todo el mundo al océano de paz que es el Islam.

El Profeta solucionó problemas, como George Bernard Shaw también indicó, con la mayor de las diligencias. «Si un hombre como Muhammad asumiera el mando del mundo moderno, obtendría el éxito resolviendo sus problemas, trayendo la paz y la felicidad que tanto se necesita».[183] Incluso cuando afrontó con los problemas más inesperados, mantuvo la calma y solucionó la situación de tal modo que todo el mundo quedó satisfecho. Su vida entera muestra que él fue un hombre de equilibrio perfecto y que nunca lo perdió.

Profundizando sobre este último artículo, consideremos el siguiente ejemplo. Después de la conquista de La Meca, muchos antiguos enemigos proclamaron su conversión. Naturalmente, fue difícil para ellos adquirir una creencia sincera tan rápidamente. De este modo, el Mensajero de Dios intentó «reconciliar sus corazones» y aumentar su compromiso prefiriéndoles sobre los musulmanes a la hora de distribuir el botín de guerra después de la Batalla de Hunayn.

El botín de guerra consistía en veinticuatro mil camellos, cuarenta mil ovejas y cabras y cuatro mil quinientos kilos de oro y plata. El Mensajero de Dios dio trescientos camellos y ciento trece kilos de oro y plata a Abu Sufyan y su familia, doscientos camellos a Hakim ibn Hizam, y cien camellos a Nusayr ibn al-Hariz, Qays ibn Asiyy, Safwan ibn Umayya, Malik ibn Awf, Akra ibn Habis, y Uyayna ibn Hisn. Tal generosidad reparó el orgullo herido de los jefes de La Meca.

Algunos de los Ayudantes más jóvenes, a pesar de su lealtad al Mensajero de Dios y al Islam, se disgustaron por la situación. Ellos no deseaban el botín para sí mismos, sino que no querían ver a los anteriores enemigos acérrimos del Islam recompensados de tal manera. Esto podría haber conducido a un movimiento disidente entre los musulmanes. Cuando Sad ibn Ubada, un líder de los Ayudantes informó al Profeta de la situación, el Mensajero de Dios les ordenó reunirse, para que así él pudiera dirigírseles. Se congregaron y dio comienzo a su discurso de tal modo que impresionó sus almas y atrajo la atención de todos: «¡Oh Comunidad de los Ayudantes! He oído que estáis disgustados conmigo».

Él siguió en este estilo poderoso e impresionante, recordándoles las bendiciones de Dios sobre ellos por medio él. Preguntó: «¿No estabais en el extravío cuándo vine? ¿Y no os ha dirigido Dios a la verdad a través de mí? ¿No vivíais en la pobreza cuándo vine? ¿Y no os ha enriquecido Dios mediante mí? ¿No teníais conflictos internos cuándo vine? ¿Y no os ha reconciliado Dios con mi venida?». Ellos estuvieron de acuerdo con todo esto, contestaron a cada pregunta diciendo: «¡Oh Mensajero de Dios, es verdad! ¡Estamos en deuda con Dios y Su Mensajero!».

Después de recordarles las bendiciones de Dios, el Mensajero les habló de sus obligaciones con el Islam, diciendo: «¡Oh Ayudantes! Si vosotros lo hubierais deseado, podríais haberme contestado de manera diferente y haber dicho: “Tu gente te negó, pero creímos en ti. Tú viniste a nosotros sin que nadie pudiera defenderte, pero te admitimos y protegimos. Tu gente te desterró, pero nosotros te acogimos. Tú viniste sin nada para subsistir, y te proveímos de todas tus necesidades”. Si vosotros me hubierais respondido así, habríais dicho la verdad y nadie se levantaría para contradeciros».

Él prosiguió: «¡Oh Ayudantes! Incluso si vosotros estáis disgustados con mis acciones, ¿no preferís volver a casa con el Mensajero de Dios mientras ellos vuelven con camellos y ovejas? ¡Juro por Dios, en Cuya Mano del Poder está mi alma, que si toda la gente hubiera tomado un camino diferente que el de los Ayudantes, yo no vacilaría en ir con vosotros! ¡Si no hubiera sido uno de los Emigrantes, yo habría deseado con todo mi corazón ser uno de los Ayudantes! ¡Oh Dios, protege a los Ayudantes y sus descendientes!». Estas palabras fueron suficientes para que los Ayudantes rompieran a llorar y respondieran todos al unísono: «Estamos satisfechos con Dios y Su Mensajero! ¡No deseamos nada más!».[184]

A pesar de la precipitación de lo pronunciado, este discurso anuló un movimiento potencial disidente y reconquistó nuevamente el corazón de los Ayudantes. Analicemos esta alocución de modo que su sabiduría pueda ser mejor entendida y apreciada.

Él solamente se dirigió a los Ayudantes, ya que ellos eran la parte ofendida. Esto les mostró tener un honor especial, y ejerció una influencia psicológica sobre ellos desde el comienzo y también previno cualquier rencor entre los Emigrantes, a quienes habían obligado a emigrar a Medina al igual que a los nuevos musulmanes de La Meca, muchos de los cuales tuvieron que ser persuadidos.

Su discurso, cuando es considerado en el árabe original, es un documento elocuente y extraordinariamente retórico.

El comienzo del discurso fue conmovedor, ya que fue diseñado para ganar la atención de la audiencia. Su atención nunca flaqueó ya que el resto de su alocución fue impresionante y muy eficaz.

Él no recurrió a la adulación o diplomacia. Más bien, habló con pura sinceridad, que era vital para asegurar la influencia deseada sobre los oyentes.

La naturaleza de su discurso impremeditado también era significativa en la obtención del resultado deseado. La frescura y la fuerza de una alocución tan improvisada, en tales ocasiones, son a menudo más eficaces que un discurso preparado de antemano.

Estos pocos ejemplos ilustran la inteligencia del Mensajero de Dios, y demuestran que él no habló o actuó por su cuenta; más bien lo que él dijo e hizo fue producto de alguien que se ha comprometido con una Misión Divina.

Discurso conciso

Otra dimensión de su inteligencia es la naturaleza concisa de su discurso. Recuerda que él es el líder no sólo de aquellos que fueron sus coetáneos, sino también de cada creyente que queda por venir. Él fue enviado para dirigirse a la gente de cada nivel de entendimiento, desde ignorantes beduinos del séptimo siglo a aquellos cuyos logros intelectuales y científicos han sido los más altos, hasta que lleguemos al Día del Juicio Final. Nadie ha sido aún capaz de rebatir lo que él dijo. En consecuencia, después de estudiar la Sunna y el Corán, nos damos cuenta que se complementan el uno al otro en estilo y contenido. Además no hay ninguna contradicción entre ellos y el conocimiento científico establecido. Después de la Revelación, miles de millones de personas han encontrado en el Corán respuestas a sus problemas intelectuales, curas para sus enfermedades espirituales y modelos para su comportamiento en todas las circunstancias.

Las palabras encantadoras, cautivadoras e informativas del Mensajero de Dios, que tanto iluminaron a sus Compañeros intelectualmente y los reanimaron espiritualmente, han ejercido la misma influencia sobre innumerables eruditos, científicos, exegetas del Corán, gente del hadiz, juristas, guías espirituales y especialistas en ciencia y humanidad. La mayoría de esta gente que no era árabe utilizó el Corán y la Sunna como fuentes fundamentales de sus estudios y propósitos académicos.

Incluso hoy, sus palabras son suficientes para hacer que la gente se reforme y abrace el Islam. Él reconoció este como una de las bendiciones de Dios y para enfatizarlo como tal, solía decir: «Soy Muhammad, un Profeta iletrado. Ningún Profeta vendrá después de mí. He sido distinguido con la concisión de discurso y la amplitud de significado».[185] También solía decir: «Oh gente, he tenido el honor de la concisión del discurso y de emitir el dictamen final en todos los asuntos».[186]

Se dice que el ruiseñor comunica la gratitud de las plantas y flores al Proveedor. De la misma manera, el Mensajero de Dios vino para «cantar» las alabanzas de Dios en el «jardín» de la humanidad y anunciar Sus Mandamientos con sus encantadoras «canciones». Sus palabras hicieron brotar flores frescas en todos los corazones humanos y redujeron las palabras de otros, a pesar de su belleza superficial, a la nada. Los creyentes eran purificados por la profunda serenidad de sus palabras, animados por la atmósfera brillante creada por sus discursos y su conducta personal inspirada por el amor. Por sus palabras y hechos, el Mensajero de Dios descubrió los velos del «rostro» de la naturaleza y embelleció el «Libro del Universo» con inscripciones Divinas.

Muchos famosos retóricos, oradores y poetas han preferido escucharle y beneficiarse enormemente de sus palabras. Miles de intelectuales han dedicado sus vidas a estudiar sus hadices y han compilado libros en varios volumenes sobre ellos. Muchos pensadores y eruditos han apagado su «sed» con «el agua de la vida» encontrada allí. A fin de expresar la belleza y amplitud de sus palabras, proporcionamos una versión levemente adaptada de un pareado recitado sobre el Corán:

Casi nada de este mundo
Ha venido descubierto o puro,
Pero las palabras del Mensajero
Conservan su pureza inmaculada,
Y todavía esperan ser entendidas del todo.

Como el Mensajero de Dios era iletrado, no estaba influenciado por los escritos de su era. Su conciencia era tan sana, su intelecto tan completo y su carácter tan puro que sólo él podría haber recibido la Revelación Divina. Su mente y corazón fueron alimentados exclusivamente por esta Revelación. Cada palabra y hecho eran un rayo de aquella Revelación, un signo de su Misión Profética. Como una brillante copa de cristal de agua clara y dulce, su intelecto era tan puro que la Revelación Divina entró y surgió de él mismo, gota a gota, en forma de palabras en su claridad original.

La principal expresión de la Revelación Divina es el Corán. Es también la fuente primaria para la ley islámica. A pesar de que contiene una guía para todos los aspectos de la vida humana, el número de preguntas y problemas planteados al Mensajero de Dios significó que una segunda forma de la Revelación era necesaria. Ésta tomó una forma de inspiración, una Revelación implícita para clarificar los versículos coránicos o establecer nuevos principios relacionados con la conducta islámica. Esto, junto con sus palabras y su conducta diaria, forma la segunda fuente de la ley islámica: la Sunna. Este tema es mencionado en el capítulo 10 de este libro.

Cada Profeta fue apoyado por milagros relativos a su tiempo y entorno. Por ejemplo, los milagros de Moisés tuvieron que aparecer como magia, ya que la magia estaba extendida en aquel tiempo. Los milagros de Jesús tomaron la forma de curación, ya que la medicina estaba en amplia demanda. Del mismo modo, cuando Muhammad surgió como Profeta, cuatro cosas disfrutaban de popularidad en Arabia: la elocuencia y la fluidez en la expresión escrita y oral, poesía y oratoria, predicción y adivinación, conocimiento del pasado y la cosmología. El Corán desafió a todos los expertos conocidos en estos campos y les obligó a rendirse. El profeta Muhammad los superó por su maravillosa elocuencia, el conocimiento del cosmos y sus predicciones.

Como su Misión Profética es universal y existirá hasta el Día del Juicio Final, su elocuencia y estilo lingüístico nunca serán superados. Sus palabras, junto con el Corán, reemplazan todos los trabajos literarios. Su excelencia es eterna y se hace cada vez más viva cuando sus sentidos más profundos son descubiertos durante el curso del tiempo. Sus palabras y el Corán son de una naturaleza tan extraordinaria y tan llenas de sentido, que los millones de santos y la gente que busca el conocimiento Divino ha obtenido el conocimiento perfecto de la Esencia, Atributos y Nombres Divinos por medio de ellos. Las verdades escondidas de los reinos de Lo Oculto (por ejemplo, los ángeles, los genios, el Más Allá, el Paraíso y el Infierno) son descubiertas por ellos.

Estas dos fuentes han servido también como un manantial puro e inagotable de comprensión para innumerables juristas, comentaristas del Corán, eruditos del Hadiz, historiadores, científicos, sociólogos, psicólogos y muchos otros. El Corán y la Sunna han iluminado a miles de millones de personas y les han mostrado cómo rezar, ayunar, dar limosna y hacer la peregrinación, incluso hasta la manera de comer, beber y hablar. En resumen, esto les ha mostrado cómo comportarse en cada momento de sus vidas.

Algunos ejemplos:

Imam Tirmizi relata de Ibn Abbas, Erudito de la Umma, que le dijo el Mensajero de Dios:

¡Oh hombre joven, déjame enseñarte algunos principios: Observa los derechos de Dios de modo que Dios te proteja! Observa Sus derechos de modo que tú siempre Le encuentres a Él cerca de ti. Cuando pides algo, pídeselo a Dios. Cuando busques ayuda, búscala en Dios. Debes saber que si todos se reunieran para ayudarte, ellos sólo podrían hacer lo que Dios ya había predestinado para ti y también si se unieran para hacerte daño, ellos sólo podrían hacer lo que Dios ya predestinó para ti. El Cálamo del Destino ha sido alzado y todo ha sido ordenado.[187]

Este hadiz anima la sumisión hacia Dios, la creencia en Su Unidad y la verdad del Destino. No deberíamos concluir afirmando que esto excluye el libre albedrío; más bien, esto acentúa la acción de un individuo, el rezo y la necesidad de esforzarse para obtener los resultados deseados. Equilibra esto con una advertencia de que ya que todo está en manos de Dios, deberíamos esforzarnos de acuerdo con Sus Mandamientos y buscar resultados sólo en Él.

Imam Tirmizi relata de Ibn ‘Umar que el Mensajero de Dios dijo: «Vive en el mundo como si fueras un forastero o viajero. Considérate como uno de los muertos».[188] Este sucinto hadiz nos anima a encauzar una vida austera y disciplinada basada en la conciencia de Dios. Esto nos recuerda nuestro destino final acentuando la transitoriedad del mundo y establece el equilibrio entre esta vida y la próxima.

Somos viajeros en este mundo. Mevlana Yalal al-Din al-Rumi, maestro sufí turco del siglo XIII, dice que cada individuo se parece a una flauta hecha de caña separada de su cañaveral. Continuamente gemimos con tormento por la separación del Dueño Verdadero y de nuestra tierra natal. Dejamos el Mundo de los Espíritus y viajamos por etapas, desde la matriz de nuestra madre, luego la infancia, la juventud, la vejez, la tumba y la Resurrección. Finalmente, nuestro viaje termina en el Paraíso o el Infierno. Si deseamos un viaje agradable y una llegada segura al Paraíso, debemos ser conscientes de la transitoriedad de esta vida y prepararnos para la vida eterna. Aunque podamos probar los placeres de la vida hasta cierto punto, con la condición de que no nos sean prohibidos específicamente, no deberíamos dejarnos llevar por ellos u olvidar nuestro verdadero destino.

Tales libros auténticos de Hadiz como Sahih al-Bujari, Sahih al-Muslim y Sunan Abu Dawud relatan de Abdullah ibn Masud que el Mensajero de Dios dijo: «Siempre decid la verdad, ya que ésta dirige a la piedad absoluta y la piedad conduce al Paraíso. Aquellos que siempre dicen y persiguen la verdad son registrados por Dios como veraces. No mintáis, ya que esto os dirige a la pecaminosidad y la pecaminosidad conduce al Fuego del Infierno. Aquellos que siempre dicen mentiras son registrados por Dios como mentirosos».[189]

La veracidad es un atributo indispensable de la Misión Profética. La veracidad abre la puerta de la felicidad en ambos mundos. Nadie puede probar la felicidad verdadera viviendo en la oscuridad de las mentiras y engañando a la gente. La mentira es una «aseveración contraria al conocimiento de Dios», un pilar de la incredulidad y el mayor signo manifiesto de hipocresía. El corriente predominio de la mentira destruye nuestra seguridad, moralidad y contamina la comunidad entera (sobre todo sus círculos políticos) como una enfermedad contagiosa. Cualquier estructura basada en la mentira debe perecer finalmente debido a su misma naturaleza.

Este hadiz declara que la veracidad conduce a la piedad absoluta, mientras que la mentira conduce a la pecaminosidad. Birr, la palabra árabe traducida aquí como la piedad, abarca cada virtud, desde los pensamientos, la veracidad e intención pura hasta la honestidad, decencia y buena conducta. Contrario a esto, la palabra fuyur (pecaminosidad), denota cada clase de desviación y mal, entre ellos el libertinaje, la indecencia y la perversión.

Bujari y Muslim comunican de fuentes cercanas a Ibn Masud que el Mensajero de Dios dijo: «Un individuo está con aquel al que ama».[190] Este hadiz es una fuente de esperanza y consuelo para aquellos incapaces de adaptarse completamente a los Mandamientos Divinos. Aquellos que aman a los Profetas y santos estarán en su compañía en el Más Allá. Por lo tanto, quienquiera que desee esto debe amarlos sinceramente y seguirlos lo mejor que pueda. Aquellos que aman a los enemigos de Dios estarán con ellos en el Infierno.

Nuayman, un Compañero, no podía dejar de beber alcohol. Fue castigado varias veces. Cuando otro Compañero le reprendió, el Mensajero de Dios advirtió a este Compañero así: «¡No ayudes a Satán contra tu hermano! Juro por Dios que él ama a Dios y Su Mensajero».[191] Así, aquellos que intentan lo mejor para reformarse, mientras ellos sigan realizando sus deberes obligatorios y traten de abstenerse de pecados capitales, deberían ser animados, no reprendidos. Esto es un requisito indispensable de su amor por Dios y Su Mensajero.

Ibn Hanbal relató de Muaz ibn Yabal que el Mensajero de Dios dijo: «Teme a Dios dondequiera que estés. Haz el bien inmediatamente después de un acto pecaminoso para así borrarlo, y siempre sé educado en tus relaciones con la gente».[192] Este breve hadiz establece los principios de una vida feliz y describe el camino a la felicidad eterna. El temor a Dios es la base de cada virtud y conducta buena, además de que conduce al Paraíso. Siguiendo esto, la gente puede borrar sus pecados con buenas acciones y ser elevados al rango de la perfección a través de la educación.

El Mensajero de Dios declara: «Sois gobernados tal y como sois (según vuestra creencia y modo de vida)».[193] Este hadiz expresa un principio de la administración pública y política: la estructura política de un país es formada según las tendencias de su gente, ya sea directamente a través de la democracia o indirectamente a través de otros caminos. Tanto las ciencias naturales como las sociales tienen sus propias leyes, que llamamos «las leyes de Dios relacionadas con la creación y el funcionamiento del Universo». Según estas leyes, si la gente se ve inmersa en el pecado y el mal, ellos inevitablemente serán gobernados por malas personas. Si por el contrario, ellos prefieren una vida virtuosa, su gobierno será bueno.

El hadiz incide en que las leyes no tienen ninguna sanción por sí mismas; más bien, su autoridad depende de aquellos que las aplican. Por lo tanto, el carácter de los funcionarios del gobierno tiene importancia vital. Si la gente es recta, sus gobernantes y funcionarios gubernamentales serán rectos. Si no lo son, nadie puede esperar una administración honrada. La élite dirigente se parece a la crema que se eleva en la superficie de un líquido: la leche tiene su propia clase de crema, así como la cal y el alumbre. Cuando recordaron a Hayyay, un déspota comandante, acerca de la justicia de ‘Umar, éste contestó: «Si os parecierais a la gente de ‘Umar, yo también me parecería a él».

El hadiz también nos incita a desarrollar el autocontrol y discernir nuestras propias faltas. La armonía social no puede ser establecida si la gente tiende a culpar a otros. Como enfatiza el Corán: Dios no cambia la condición de un pueblo a menos que se cambie lo que se da en sí mismo (13:11). Somos nosotros quienes determinamos nuestro destino y nuestra propia historia.

Bujari, Muslim y Abu Dawud relatan de ‘Umar que el Mensajero de Dios dijo: «Las acciones son juzgadas según las intenciones. Uno es recompensado según la intención que tiene. Cualquiera que emigre hacia Dios y Su Mensajero se considera emigrado por Dios y Su Mensajero; quienquiera que emigre para adquirir algo mundano o casarse, ha emigrado para alcanzar su intención».[194] Este hadiz concierne a un Compañero que emigró para casarse con Umm Qays. Es considerado una piedra angular de la ley islámica y el estándar principal para evaluar las acciones de un creyente.

La intención es el espíritu de nuestras acciones. Por ejemplo, si realizamos nuestros actos religiosos sin tener una intención específica, dichos actos son inaceptables por parte de Dios. Si no buscamos la complacencia de Dios, lo que hacemos no será recompensado por Él. La Hégira (emigración sagrada en el camino de Dios) puede ser considerada igual que la yihad (esforzarse en el camino de Dios).

Aunque no hubo ninguna Hégira después de la conquista de La Meca, esto continuará junto con la yihad hasta el Último Día. Los creyentes pueden emigrar para predicar el Islam, como el Mensajero de Dios y sus Compañeros hicieron cuando ya no podían hacer nada en La Meca. Tales emigraciones son aceptadas como Hégira cuando son puramente realizadas para ganar la complacencia de Dios. La intención puede ser a veces recompensada sin la acción. Por ejemplo, si sinceramente tenemos la intención de hacer algo bueno pero nos es imposible debido a alguna razón justificable, seremos recompensados por lo que intentamos hacer.

La intención multiplica la recompensa de una acción y transforma cada acto en una especie de veneración. No podemos ganar la felicidad eterna en esta corta vida. Pero si intentamos venerar a Dios como si fuéramos a vivir para siempre, podemos hacernos merecedores de la vida eterna en el Paraíso. Los incrédulos cuyos corazones están cerrados a la creencia, según el mismo principio, merecen el eterno castigo del Fuego del Infierno. Los creyentes que duermen después de la Oración de la noche con la intención de levantarse antes del alba para rezar el tahayyud (Oración prerrogatoria de medianoche) son reconocidos como si hubieran venerado a Dios la noche entera. Esto es por lo que el Mensajero de Dios declaró: «La intención de un creyente es más provechosa que su acción».[195]

Bujari relata que el Mensajero de Dios dijo: «El musulmán es aquel de cuya lengua y mano los musulmanes están seguros. El emigrante es aquel que se aleja de lo que Dios prohíbe».[196] Este breve hadiz expresa numerosas verdades. En primer lugar, describe el ideal o norma que establece diciendo el musulmán no un musulmán (cualquiera). De esta manera, el Profeta fija su atención en las cualidades de los musulmanes perfeccionados, no en aquellos que son musulmanes tan sólo nominales.

La palabra musulmán, deriva del infinitivo silm (seguridad, paz y salvación), que vendría a significar aquel que desea y da la paz, la seguridad y la salvación. De este modo, los musulmanes son creyentes que encarnan la paz, no causan ningún problema a nadie, personas con quienes todos se encuentran a salvo y quienes son los representantes más dignos de confianza de la paz y la seguridad. Ellos se esfuerzan por traer la paz, la seguridad y la salvación a los otros y dedicarse a la difusión de la paz interior y la felicidad.

Nuestro Profeta menciona la lengua antes que la mano, debido a la difamación, la murmuración y el insulto que, a menudo, daña mucho más que la violencia física. Si la gente puede abstenerse del ataque verbal, pueden hacerlo más fácilmente de la agresión física. Además, combatir la violencia física es a menudo más fácil que luchar contra la murmuración y la difamación. De este modo, los verdaderos musulmanes siempre controlan sus lenguas y manos de modo que los otros se sientan seguros con ellos.

En el mismo hadiz, la emigración significa más que abandonar la familia, las posesiones y la tierra natal por la causa de Dios. Para ser capaz de hacer esto, hay que emigrar primero de lo material a la dimensión espiritual del ser, de placeres mundanos a una vida altruista y de objetivos egoístas a la vida por una causa Divina. Por lo tanto, obedecer las prohibiciones Divinas está directamente relacionado con ser un buen musulmán y con sacrificar la vida de alguien en el servicio de la gente puramente por Dios.

El Mensajero de Dios dice: «Abandonar lo inútil es una de las virtudes de ser un buen musulmán».[197] Tal gente práctica ihsan, un término que denota que veneramos a Dios como si Le viéramos, totalmente conscientes de que aunque no podamos verlo, Él nos ve todo el tiempo.[198] Aquellos que alcanzan este rango pueden decir: «Yo lo buscaba en el mundo externo, pero ahora he entendido que Él es el Alma dentro de mi alma» o «Esperé algunas noticias desde el Más Allá. Sin embargo, el velo ha sido retirado de mi alma y me he contemplado a mi mismo».

Para alcanzar este grado, los fieles deberían abandonar lo que es vano e inútil. Ellos deberían saber que Dios los contempla y que el Mensajero de Dios y los creyentes juiciosos son conscientes del valor real de sus hechos. Dios dice:

Di: «Obrad, y Dios contemplará vuestra obra así como Su Mensajero y los verdaderos creyentes también harán. Seréis llevados de vuelta al Conocedor de Lo Oculto y de lo aparente, y os hará entender lo que hacíais (y os hará que rindáis cuenta de ello)» (9:105).

Los buenos musulmanes abandonan el descuido y la indiferencia, hacen su trabajo correctamente, ponen su mejor empeño en lo que hacen, y son serios y dignos de confianza en todo el trato y transacción. La ligereza y la frivolidad perjudican la confianza en alguien y reducen su dignidad.

Tanto Bujari como Muslim relatan que el Mensajero de Dios dijo: «La paciencia se muestra en el momento de la desgracia».[199] En los primeros días de su misión, el Mensajero de Dios prohibió que la gente visitara tumbas, cuando algunas prácticas contrarias al Islam eran todavía observadas. Después de que tales prácticas desaparecieran, animó a sus Compañeros a visitar las tumbas, y lo hizo él mismo a su vez, ya que él animaba a la gente a mejorar su conducta moral y esforzarse para la próxima vida.

Durante una visita al cementerio de Medina, el Mensajero de Dios vio a una mujer llorando amargamente y quejándose del Destino. Cuando procuró consolar a la mujer, que no reconoció al Profeta, furiosamente le pidió que se marchara: «¡No sabes qué desgracia me ha acontecido!». Cuando ella supo de la identidad de la persona con la que había hablado, se apresuró tras de él y lo alcanzó en su casa, y ahí le pidió perdón. El Mensajero de Dios le dijo: «La paciencia se muestra en el momento de la desgracia».

La paciencia es la clave del éxito y el triunfo. Esto significa aceptar el dolor, los problemas, las desgracias y los hechos similares desagradables sin queja o pérdida de autocontrol, confianza o creencia en Dios y en el Destino. A veces alguien puede conseguir la paciencia en circunstancias difíciles cambiando de actitud, lugar, preocupación o las condiciones apremiantes. La realización del wudu (ablución ritual) o rezar también puede ayudar a contrarrestar las penas.

Hay diferentes tipos de paciencia:

– Determinación para evitar los pecados. Eso nos eleva a la categoría del temoroso de Dios, a quien Dios toma en Su cuidado.

– Veneración regular y constante a Dios. Eso nos hace que adquiramos el rango del bienamado de Dios.

– Aceptación de la desgracia sin queja. Esto hace que seamos incluidos entre la gente de paciencia y aquellos que confían en Dios.

– Aguantar la exasperación. Eso significa tener un entendimiento realista de lo que se requiere para conseguir un resultado específico. Por ejemplo, para que una barra de pan sea producida se requiere que el campo sea cultivado, cosechado, el grano puesto en un molino, la masa formada y horneada en un horno. Si no se sigue este procedimiento exactamente y en el orden específico, la barra de pan no se produciría.

Bujari, Muslim y Ahmad ibn Hanbal registran que el Mensajero de Dios dijo: «La mano superior (y que da) es mejor que la mano que (recibe y) es inferior».[200] En otro hadiz, el Mensajero de Dios explica que esta mano superior da a los pobres y necesitados, mientras que la otra mano recibe de otros. De este modo, además de la expresión de los méritos de caridad, este hadiz anima a la gente a trabajar y ganarse su vida.

Un punto importante: el Mensajero de Dios no dijo el que da y el que recibe. Al contrario, dijo «la mano superior y la mano inferior». Esto indica que generalmente lo preferible es el acto no la persona. Como consiguiente, el que recibe puede llegar a ser a veces mejor que el que da.

Por ejemplo algunas personas, como Bara ibn Malik, parecen ser muy plebeyas, pero son tan amados por Dios que todo lo que ellos predicen y juran sobre Él, se realiza. Tal gente no pide nada en recompensa y es extraordinariamente independiente. El Mensajero de Dios aconsejó a Zawban que no mendigara. Por lo tanto, él incluso no consentiría en pedir a nadie que recogiera la fusta que dejó caer montado en su camello. De este modo, cuando los aparentemente «pobres» creyentes de esta cualidad reciben de la gente, no se puede decir que son inferiores a los que les dan.

El Islam no aprueba la mendicidad ni a nivel individual, ni a nivel organizado. Nunca se debe olvidar que el honor, la dignidad y la superioridad siempre pertenecen a Dios, a Su Mensajero y a los creyentes. Por lo tanto los musulmanes no deben estar bajo el control o autoridad de los incrédulos, ya que eso debilitaría su dignidad y superioridad.

Imam Muslim relata del Mensajero de Dios: «En el Día del Juicio Final, Dios no dirigirá la palabra ni prestará atención ni purificará a tres tipos de personas. Y un tormento doloroso les espera. Estos son aquellos que “arrastran sus trajes (ostentosamente)”, quienes recuerdan su favor a los que habían favorecido y quienes tratan de vender sus bienes con falsos juramentos».[201]

El hadiz comienza con zalazatun (tres), significando cualesquiera tres, sin nombre, indignos de ser nombrados. En otras palabras, se pueden encontrar en todas partes; ellos y sus acciones son tan despreciables que los musulmanes deberían evitarlos. Dios ignorará a tal gente en el Más Allá. Este es un castigo severo, ya que como está declarado en la Sura al-Rahman, el discurso es uno de los principales y mayores dones de Dios a la humanidad. Además, estaremos en la necesidad fundamental de la oratoria en el Día del Juicio Final, cuando tratemos de justificarnos. Sin embargo a esa gente se le dirá: ¡Marchaos a ello (al sufrimiento)! ¡No os dirijáis por más tiempo a Mí! (23:108).

En aquel día, todo el mundo estará ocupado con sus propios problemas y no habrá ningún refugio excepto Dios. Todo el mundo esperará que Dios les preste un poco de atención personal, que Él alzará la vista sobre ellos con piedad y los purificará. Pero aquellas tres clases de personas no tendrán ninguna esperanza de ser purificadas y perdonadas, ya que Dios Omnipotente no los reconocerá.

En el hadiz, su castigo es anunciado antes de que sus pecados sean identificados. El Mensajero de Dios así enfatiza la gravedad de sus pecados y advierte a cada uno de abstenerse de ellos. El primer y más penoso pecado es «arrastrar el traje de uno mismo», una locución árabe que se usa para expresar la arrogancia.

La arrogancia significa rivalizar con Dios por el gobierno de la Tierra. Sin embargo los seres humanos, a pesar de su debilidad enorme, pobreza e impotencia, se embelesan consigo mismos. Ellos consideran sus capacidades, habilidades, posición, riqueza y logros aparentes dignos de orgullo. Esto conduce a la vanidad y la altivez. Aunque creado de una gota de «agua» inferior e incapaz de elegir el tiempo y lugar de su nacimiento, familia, color y raza, esta altivez crece a pesar de su inhabilidad de satisfacer las necesidades funcionales de sus cuerpos.

Por ejemplo, ellos no pueden satisfacer su hambre, sed y sueño por si mismos. La única razón por la que los seres humanos sobreviven es que Dios les ha dotado con varios talentos y facultades. Pero la gente no hace caso de este hecho, atribuyen sus logros a ellos mismos, y entonces rivalizan con Dios. Tal arrogancia finalmente los ciega a signos innumerables que señalan la Existencia de Dios, Su Unidad y Soberanía Absoluta. El Corán dice:

Alejaré de Mis Revelaciones y Mis signos a todo aquel que actúe con soberbia en la Tierra contra todo derecho. A pesar de que ven todos los signos (de la verdad), no creen en ellos; y aunque ven el camino de la rectitud, no lo toman como camino a seguir. Mas si ven la vía del error y de la rebeldía contra la verdad, lo toman como camino a seguir. Esa es la razón por la cual niegan Nuestras Revelaciones y son indiferentes a ellas (7:146).

El segundo pecado grave es recordar a otros los favores que se les ha hecho. Este está estrechamente relacionado con la arrogancia. Para aquellos que consideran lo que Dios les ha otorgado, como sus propias posesiones y capacidades, participan de este pecado también. Aquellos que consideran todo como un regalo de Dios entienden que ellos pueden beneficiar a los demás sólo si Él permite que ellos lo hagan. Por consiguiente, aquellos que hacen el favor realmente se sienten endeudados con los que han ayudado, ya que tales acciones permiten que ellos reciban una recompensa espiritual. Este hadiz anima a la gente a la generosidad desinteresada y al altruismo, acerca del cual el Mensajero de Dios dice:

Los generosos se hallan próximos a Dios, al Paraíso, y a la gente, pero distantes del Infierno. Los avaros, sin embargo, se hallan distantes de Dios, del Paraíso, de los seres humanos, pero próximos al Infierno.[202]

El último pecado grave es el engaño en el comercio. Según las leyes del Islam, los comerciantes deben revelar cualquier defecto en lo que ellos venden. Jurar en el Nombre de Dios está también prohibido, sobre todo en las transacciones. Si los comerciantes tratan de vender sus bienes con mentiras, juramentos falsos o alterar el equilibrio oferta-demanda jurando en el Nombre de Dios, cometen un gran pecado y se hacen merecedores del castigo severo. Este pecado está estrechamente ligado a los dos pecados anteriores, ya que surge de la avaricia y el acto de no reconocer a Dios. Además de estar relacionado con la incredulidad y desconfianza en Dios, estos tres pecados envenenan la vida de la sociedad e indican un carácter débil. De ahí la severidad de su castigo.

Imam Bujari registra en su Sahih que el Mensajero de Dios dijo: «Al que me garantice lo que está entre sus labios y lo que está entre sus piernas, le garantizaré el Paraíso».[203] Como hablar es uno de los más grandes dones dados por Dios, debemos usar nuestras lenguas sólo para actos buenos y útiles, como recitar el Corán, rezar, hablar con la verdad por delante y promover lo correcto así como prohibir y tratar de prevenir el mal. promover lo correcto así como prohibir y tratar de prevenir el mal. Debemos ser modestos y educados en nuestras conversaciones y no caer en la mentira, la blasfemia, la difamación, la murmuración y demás actos impuros. Las palabras deben ser elegidas con cuidado, como una vez dijo ‘Ali: «Tu palabra depende de ti hasta que tú la pronuncies; sin embargo una vez que la hayas pronunciado, eres tú quien depende de ella».

El control del impulso sexual es muy importante para alcanzar la perfección humana y merecer el Paraíso. Dios nos ha dotado con muchas facultades e impulsos de modo que nosotros pudiéramos desarrollarnos espiritualmente reteniéndolos y canalizándolos en buenas acciones y virtudes, alcanzando rangos espirituales más elevados. Al luchar por satisfacer nuestros deseos de una manera justa, podemos alcanzar un rango de santidad y ser superiores a los ángeles. Ya que los ángeles no tienen ningún deseo carnal y por eso no precisan de luchar contra la tentación, ellos no evolucionan espiritualmente. Sin embargo, debido a nuestra dualidad esencial, transitamos entre el nivel más bajo (más desgraciado que Satán) y el nivel más alto (sobrepasando a los ángeles).

Ya que el Islam prohíbe o bloquea los caminos que conducen a actos prohibidos, habría que abstenerse de tales actos, como la demostración del encanto personal o la belleza, mirar fijamente al sexo opuesto y estar a solas con alguien de sexo opuesto en sitios que inciten a relaciones sexuales ilícitas. Esto requiere de fuerza de voluntad, de autodisciplina y de lucha continua tal y como al refrenar la lengua. Aunque a primera vista parezca ser demasiado difícil, a la larga proporcionará un gran placer espiritual. Aquellos que lo logran serán merecedores del Paraíso.

Imam Muslim recuerda que el Mensajero de Dios en una ocasión mientras predicaba acerca del perdón dijo:

Escuchad. ¿Queréis que os diga las cosas por las cuales Dios borra los pecados y lo eleva a uno a los rangos más altos de la espiritualidad? Cuando sus Compañeros le contestaron que sí, él les dijo: «Hacer el wudu (ablución ritual) de la forma más correcta posible, incluso en las condiciones más adversas; caminar a la mezquita para cada oración; y esperar la siguiente oración tras rezar. Este es el ribat, este es el ribat, este es el ribat (preparación, dedicación)».[204]

El hadiz comienza con Escuchad para hacer hincapié en la importancia de lo que le sigue. En este caso, se refiere a las cinco Oraciones diarias.

La Oración prescrita es el pilar del Islam. Sin ello, el Islam no se puede mantener. Cuando los creyentes rezan correctamente, se protegen de pensamientos y hechos impuros. Esto también es un escalón sagrado para ascender a la Presencia de Dios. Pero antes de que podamos subir, debemos realizar el wudu tan perfectamente como nos sea posible. Desde el primer paso requerido para la realización del wudu, los creyentes comienzan a ganar la recompensa. Realizándolo, son aliviados de las tensiones de la vida diaria al igual que quedan libres de todo pecado. Cuando se realiza en circunstancias difíciles, los creyentes reciben incluso un mayor regocijo.

El azan (la llamada a la oración) es una llamada a los creyentes tanto para entrar en la Presencia de Dios como una llamada a la prosperidad en ambos mundos. El wudu es la preparación que los creyentes deben hacer antes de acceder a Su Presencia. Al realizar las oraciones supererogatorias antes de la Oración prescrita, los creyentes completan sus preparativos y reciben el permiso del edecán de Dios: el profeta Muhammad. Cuando el muecín —el que llama a la oración— recita iqamah —el comienzo del rezo—, los creyentes entran en Su Presencia con total respeto y reverencia hacia el Dueño Único del Universo y solicitan de Él sus necesidades y deseos.

Los creyentes rezan cinco veces al día, borrando así sus pecados y para que el potencial para cometerlos se convierta en «semillas de los árboles llenos de bondad y virtud». Sin embargo, existe una condición: la oración debe ser realizada con absoluta sinceridad, sólo con la intención pura de ganar el amor de Dios y con la conciencia llena de la Presencia del Creador y el Dueño del Universo, el Todopoderoso, el Omnisciente, Aquel que Todo lo Ve, Aquel que todo lo Oye y el Irresistible (con dominio absoluto sobre todo lo que existe).

El Mensajero de Dios describe la Oración prescrita como ribat, que puede ser traducido como «dedicación a algo o salvaguardar los límites». Afirma el Corán:

¡Oh vosotros que creéis! ¡Sed pacientes (perseverad a través de lo que os sobreviene en el mundo en la causa de Dios), alentaos mutuamente y rivalizad en paciencia de modo mutuo, observad vuestros deberes con Dios en solidaridad y apartaos de la desobediencia a Dios con la debida veneración a Él y piedad para que así podáis prosperar (en ambos mundos)! (3:200)

(Oh creyentes:) Preparad contra ellos todas las fuerzas y caballos destinados (para la guerra)... (8:60).

En el primer versículo, ribat significa estar alerta y preparado; en el segundo, tener dedicación. Al describir la Oración con este término, el Mensajero de Dios acentúa el valor y la importancia de luchar en el camino de Dios así como la observación de las Oraciones prescritas en el Islam y en la vida del creyente. En otro hadiz, describe lo anterior como la «yihad menor» y lo posterior como la «yihad mayor». Para poder tener éxito en la «yihad mayor», los creyentes deben ser muy atentos al realizar la «yihad menor».

Describiendo las oraciones prescritas como ribat, el Mensajero de Dios también enfatiza que los musulmanes deben dedicar sus vidas a la veneración Divina y organizar sus actividades diarias según las cinco Oraciones prescritas. Deben asegurarse de rezar en los tiempos requeridos y con la debida atención. Después de cada oración, deben esperar con expectación la próxima. Los que rezan de tal modo serán purificados de los pecados y además protegidos de cometer otros más. Entonces experimentarán, como otro hadiz dice, algo como un miray (ascensión a la Presencia de Dios).

Bujari relata que el Mensajero de Dios dijo: «Dios dice: “He preparado para Mis rectos siervos cosas que nunca han visto, oído o imaginado”».[205] El Paraíso es un lugar de sorpresas y el Corán nos habla de sus generosidades usando palabras familiares o similares de modo que podamos tener una idea cercana de lo que es. Pero como Ibn Abbas indica: «Esto es lo que se nos proveyó antes» (2:25), significa que estas generosidades son intrínsecas al Paraíso en naturaleza y gusto; su apariencia, sin embargo, es como las de sus equivalentes en el mundo. Los creyentes serán recompensados en el Paraíso con generosidades que se renovarán una y otra vez y además observarán, por encima de todo, a Dios libres de cualquier dimensión cualitativa y cuantitativa. Un instante de esta observación superará, en placer y bendición, a miles de años de vida en el Paraíso. Pero la mayor generosidad de todas en el Paraíso es que Dios estará eternamente complacido con los creyentes.

Para ser digno del Paraíso, debemos ser honrados, rectos en todos nuestros actos y hacer todo tan perfectamente como nos sea posible. Los creyentes honrados no mienten ni engañan a otros y son totalmente dignos de confianza. Dios confía que ellos realizarán sus deberes religiosos con el debido cuidado y que acatarán Sus prohibiciones. Todas las otras partes de la creación están seguras de que tales creyentes nunca les harán daño. Estas personas realizan todo con tal nivel de conciencia que Dios, Omnipotente, los observa. Desde que han ganado la complacencia de su Señor, se cuentan entre aquellos que Dios llama «Mis siervos rectos». Es decir Dios les ama y por lo tanto: «Él es los ojos con los que ven, los oídos con los que oyen, las manos con las que sostienen y los pies con los que caminan».

Dios multiplica las buenas acciones de Sus siervos y da, en ciertas circunstancias, millones de recompensas por cada hecho. Esta es la razón por la cual los creyentes encontrarán en el Paraíso un sin fin de generosidades que nunca hubieran podido imaginar en vida.

En un hadiz relatado por Bujari y Muslim, el Mensajero de Dios dice: «El Paraíso está rodeado de problemas y aflicciones, y el Infierno está disimulado con placeres».[206] Paraíso e Infierno son, en esencia, bendiciones para la humanidad. El miedo al Infierno hace que nosotros observemos las prohibiciones de Dios de modo que podamos ir al Paraíso. Sin embargo, salvarse de ir al Infierno y hacerse merecedor del Paraíso requiere de una gran autodisciplina y un estricta educación intelectual y espiritual.

El Corán dice que se les ha hecho atrayente a los hombres de modo innato el amor apasionado por las mujeres, los hijos, (acumulados) tesoros de oro y plata, los caballos de raza, los rebaños y los cultivos (3:14). La gente tiene un natural apego hacia la vida y sus placeres. El Infierno es una morada de tormento colocado en un atractivo orden de tentaciones y placeres. Si somos cautivados por estas tentaciones y vivimos sólo para satisfacer tales deseos, seremos atraídos hacia el Infierno. Podemos alcanzar este destino fácilmente, ya que en el camino hacia el Infierno se pasa por atractivos mundanos de toda clase.

Para alcanzar el Paraíso primero tenemos que saber ignorar los atractivos mundanos. El Infierno es parte del camino al Paraíso, ya que debemos viajar al Infierno sin permitir que ninguno de sus atractivos nos seduzca. Esto requiere de autodisciplina y lucha continua contra la tentación y los deseos del yo carnal. Siempre que nos inviten a disfrutar de tales lujos mundanos como fama, riqueza y posición social, debemos ceñirnos a los límites puestos por los Mandamientos Divinos. Debemos seguir rezando, ayunando, dando limosnas y, si nos es posible, realizar la peregrinación a la Kaba.

Además, debemos ser imparciales, honestos, veraces, bondadosos con los pobres, con los necesitados y huérfanos, promover lo correcto así como prohibir y tratar de prevenir el mal. También debemos abstenernos del engaño, de la usura, los juegos de azar, del alcohol, de la murmuración, de la hipocresía y todas las formas de injusticia. Deberíamos esperar ser puestos a prueba, ya que Dios os pondrá a prueba con aflicciones y algo de temor, hambre, pérdida de bienes, vidas y frutos (ganancias) (2:155). Para alcanzar el Paraíso, nosotros debemos perseverar, soportar la aflicción, realizar las obligaciones, evitar el pecado y agradecer a Dios por Sus generosidades y bendiciones. Nuestra identidad carnal odia tales actos virtuosos.

Imam Tirmizi relata que el Mensajero de Dios dijo:

Os aconsejo que temáis a Dios y Le obedezcáis, incluso si un esclavo de color se convierte en vuestro líder. Aquellos que vivan una vida lo suficientemente larga entre vosotros verán la gran controversia. Por lo tanto adheríos a mi Sunna y a la Sunna de los califas rectamente guiados y seguidlas fielmente con tenacidad. Tened cuidado de los asuntos recién instaurados en la religión, ya que cada materia creada es una innovación. Cada innovación es un extravío y cada extravío conduce al Fuego del Infierno.[207]

La palabra árabe traducida aquí como «temer a Dios» es taqwa. Derivada de la palabra wiqaya (protección), taqwa significa estar bajo la custodia o protección de Dios. Esto tiene dos aspectos: El primero es que los creyentes temen a Dios y Le obedecen observando Sus órdenes y prohibiciones. El segundo aspecto es que estudiando la naturaleza, la vida y descubriendo las Leyes de Dios que los controlan, la gente adquiere el conocimiento científico y ordena su vida. La ciencia no puede ser establecida si la gente no descubre estas leyes.

Para estar bajo la custodia de Dios, la religión verdadera y la ciencia deberían ser combinadas, ya que son dos expresiones de una sola verdad. Según los sabios y eruditos musulmanes, el Universo es «el Corán creado», donde las Leyes de Dios que derivan de Sus Atributos de Voluntad, Destino y Poder son vigentes. El Corán, la colección de Leyes Divinas, surgido del Atributo de Discurso de Dios, es «el Universo Compuesto» o «el Universo en palabras».

El segundo aspecto es que los creyentes no deben desobedecer a su gobernante si no tienen una razón justificada. Una comunidad sin líder es como un rosario roto cuyas cuentas se han desparramado por todas partes. Tal situación de conflicto social y político por lo general causa anarquía y destrucción. El hadiz también indica una verdad que incluso las democracias modernas han demostrado ser incapaces de cumplir: no tolerar la discriminación racial. Está establecido claramente que un esclavo emancipado de color puede gobernar a la comunidad musulmana. Esto no fue sólo una aseveración teórica, ya que fue probado por numerosos y grandes santos, administradores y eruditos de color que fueron respetados y obedecidos.

El Mensajero de Dios también llama la atención aquí a su Sunna. Como él es un excelente ejemplo para todos los aspectos de la vida, los creyentes deben seguir su ejemplo hasta el Día del Juicio Final. Tal afirmación garantiza que el Islam mantiene su pureza original. Cualquier desviación causará escisiones sociales y doctrinales y nuevas importaciones al Islam, la religión perfeccionada por Dios. Seguir el camino de los cuatro primeros califas también garantiza la unidad musulmana y el mantenimiento del Islam.

Este hadiz también contiene una predicción que sus cuatro primeros sucesores políticos serán correctamente dirigidos y que cualquier desobediencia a estos causaría divisiones internas. La historia islámica registra la verdad de esta declaración. Para verlo, se pueden considerar las revueltas acaecidas durante los califatos de ‘Uzman y ‘Ali.

Bujari y Muslim narran que el Mensajero de Dios dijo: «Los creyentes no son mordidos dos veces desde el mismo agujero».[208] Los creyentes tienen discernimiento, profundidad e inteligencia, ya que ellos son distinguidos por su razonamiento y discernimiento espiritual. La comunidad musulmana tiene —y debe tener— la misma perspicacia y siempre estar conscientes de los peligros potenciales o de los problemas. Pueden ser engañados una vez, pero el discernimiento y la conciencia proporcionada por la creencia deben impedirles ser engañados dos veces. Este hadiz contiene una advertencia significativa para los musulmanes contemporáneos que han sido engañados durante siglos por el Occidente y los hipócritas del Oriente. Los musulmanes deben tomar el control de sus propios asuntos y reexaminar la calidad de su creencia.

Un hadiz transmitido por Bujari y Muslim llama a los educadores a reconsiderar sus métodos: «Los seres humanos son como minas que contienen plata u oro. Aquellos que están en posiciones elevadas en cuanto a la incredulidad son mejores que los otros (en virtud) cuando aceptan el Islam y adquieren un entendimiento bueno de ello».[209] Este hadiz es muy significativo, sobre todo con respecto a la educación, que exige la enseñanza de perspicacia y profundidad. Por lo tanto, Dios se dirige al Profeta: Di (a ellos, Oh Mensajero): «Este es mi camino: Llamo a Dios basándome en una clara evidencia y con conocimiento seguro, tanto yo como los que me siguen» (12:108).

El discernimiento implica conocer el carácter, el potencial y los defectos de cada individuo. Los seres humanos son diferentes en cuanto a carácter, capacidad, ambición y experiencia. Por ejemplo, se puede decir que ellos contienen carbón, cobre, plata, oro y diamantes. El primer paso para proporcionar una buena educación es reconocer potenciales individuales y averiguar cómo desarrollarlos. Así como no podéis obtener oro del carbón, tampoco podéis convertir a la gente de «cobre» en gente de «oro». A la inversa, si tratáis de extraer el cobre mediante el método de extracción mineral del oro, vuestros esfuerzos serán infructuosos.

También debemos darnos cuenta de que aquellos con gran potencial siempre se distinguen de entre los demás. Por ejemplo, los principales oponentes al Islam como ‘Umar finalmente lo abrazaron y se hicieron figuras eminentes de la comunidad musulmana. Esto muestra que su potencial para la virtud es refinado y desarrollado totalmente en el crisol de Islam.

En otro hadiz, el Mensajero de Dios dijo: «Seguramente Dios le concede gracia al malhechor, al opresor. Pero una vez que lo atrape, lo destruye totalmente».[210] Entonces recitó: Así es como tu Señor atrapa cuando atrapa a las ciudades que son malhechoras. Su presa es en verdad dolorosa, severa (11:102).

Dios da algún tiempo a los malhechores para que se arrepientan y enmienden su comportamiento. Si ellos no aprovechan esta oportunidad, Él los castiga con severidad.

El Todopoderoso a veces usa a los malhechores como «una espada de Dios» para castigar a los pecadores. Los musulmanes a menudo se convierten en el objeto de los poderes del mal cuando se desvían del Islam y abandonan los Mandamientos Divinos. Esto ocurre cuando Dios desea castigarlos antes del Día del Juicio Final.

Por ejemplo, después de que los musulmanes se dividieran en facciones rivales, hace nueve siglos, quedaron expuestos a la invasión y masacre de los mongoles. De la misma manera, probaron la amargura del fracaso total y la subyugación durante y después de la Primera Guerra Mundial. Esto fue así porque ellos no practicaban más el Islam y porque se habían rendido intelectual, espiritual y materialmente a las tendencias anti-islámicas provenientes del Occidente.

Sin embargo, cada desgracia que acontece a los musulmanes es, como resultado del pecado, una ocasión y un medio para la auto-purificación y perdón Divino; el principio de un nuevo y más espléndido renacimiento. De este modo, el próximo futuro atestiguará, si Dios lo permite, el colapso de los poderes maléficos y un magnífico renacimiento del Islam y el mundo musulmán.

En una Tradición auténtica, el Mensajero de Dios dice:

Dios mantendrá siete grupos de personas bajo Su sombra el Día en que no habrá ninguna sombra excepto la Suya: el gobernante justo, la gente joven que ha crecido venerando y elogiando a Dios, la gente que tiene gran apego por las mezquitas, dos personas que se quieren por el amor de Dios y se unen o se separan debido a este amor, los hombres que rechazan las invitaciones de hermosas mujeres de categoría,[211] diciendo: «Yo temo a Dios», los que gastan en el camino de Dios en secreto tanto que cuando dan limosna con la mano izquierda, no lo nota la derecha y aquellos cuyos ojos se llenan de lágrimas cuando mencionan a Dios estando a solas.[212]

La gente estará empapada de sudor hasta el cuello por el calor del Día del Juicio Final. Aquellos que deseen Su sombra deberán esforzarse en obtenerla siguiendo las instrucciones perfiladas en este hadiz.

La justicia es la base de la vida social y el gobernante justo es algo que no acontece todos los días. La gente joven que puede controlar sus deseos carnales y que se dedican a la veneración de Dios son bendecidos. Organizar la vida según las Oraciones diarias es una virtud loable que complace a Dios Omnipotente. Otra virtud importante, sobre todo en este mundo de individualismo y egoísmo, es quererse el uno al otro por la complacencia de Dios y referirse a la Tierra como «cuna de hermandad». La castidad requiere de autodisciplina y es tan meritoria que eleva a sus practicantes a los rangos más elevados. Dar limosna solamente para ganar la complacencia de Dios y sin hacer ostentación es tan importante como la creencia y las Oraciones prescritas. La meditación y supervisión continua de uno mismo, acompañada por una actitud sana del conocimiento de Dios, impide a la gente pecar y los hace dignos del Paraíso.

Dios es amable y concede favores a todo el mundo. Todo lo que la gente tiene procede de Dios. Sin embargo, Él otorgó favores especiales a cada Profeta y a cada comunidad según los dictados del tiempo. Por ejemplo, Adán fue favorecido con el conocimiento de los nombres —la llave de todas las ramas del conocimiento—. Noé fue dotado de firmeza y perseverancia; Abraham tuvo el honor de ser el amigo íntimo de Dios y a su vez ser el padre de numerosos Profetas, Moisés tuvo la capacidad de administrar, y fue exaltado siendo dirigido por Dios directamente, Jesús fue distinguido con paciencia, tolerancia y compasión. Todos los Profetas tienen algo en común en estas cualidades dignas de elogio, pero cada uno sobrepasa al otro en una o más de aquellas cualidades de acuerdo a su misión.

El profeta Muhammad posee todas las cualidades mencionadas anteriormente, excepto ser padre de Profetas. Además, debido a la naturaleza universal de su misión, se distingue de los otros por las siguientes cinco particularidades. Según la narración de Bujari, el Profeta dice:

Se me han concedido cinco cosas que no fueron otorgadas a nadie más antes de mí: Dios me ayuda infundiendo el miedo en el corazón de mis enemigos a una distancia de un mes de camino; la Tierra ha sido convertida en un ambiente puro como lugar de oración para mí, de esta manera cuando es el tiempo de rezar mis seguidores pueden rezar dondequiera que estén; el botín de guerra me es permitido aunque no lo fue para aquellos que me precedieron; tengo el derecho de interceder —con Dios por los creyentes—; y mientras cada Profeta —anterior a mí— fue enviado exclusivamente a su gente, yo fui enviado a la humanidad.[213]

Es posible deducir de este hadiz lo siguiente:

– La Misión Profética es un favor Divino otorgado por Dios a quien Su Voluntad dispone.

– Los cinco puntos mencionados en el hadiz son exclusivos de la comunidad musulmana.

– Para asustar a vuestros enemigos desde lejanas distancias, mantened la sinceridad completa y la lealtad por la causa de Dios, como se hacía durante la Época de la Felicidad, cuando el Profeta y sus sucesores verdaderos gobernaban a los musulmanes.

– Como el Islam no reconoce a intermediarios entre Dios y la gente, no hay ninguna iglesia o clero organizado y profesional. Aunque a los santos se les puede permitir interceder por ciertos musulmanes durante el Día del Juicio Final, el Mensajero de Dios disfrutará del derecho de la intercesión que todo lo abarca para los creyentes de cada comunidad.

– El botín de guerra, prohibido a comunidades anteriores como una prueba, es lícito para los musulmanes, porque ellos deben luchar en el camino de Dios hasta el Día del Juicio Final y transmitir el Mensaje por todo el mundo.

– Mientras la misión de los Profetas anteriores fue delimitada a cierta gente y a cierto tiempo, el Mensajero de Dios fue enviado como una piedad para todos los mundos.

[178] Qadi Iyaz, «Shifa», 1:67.
[179] Ibn Hanbal, 3:425.; Ibn Hisham, «Sira», 1:209.
[180] Ibn Hajar, Al-Isaba, 1:337.
[181] Ajluni, Kashf al-Khafa, 1:147.
[182] Ibn Hanbal, Musnad, 4:65; 5:64.
[183] The Genuine Islam («El Islam Auténtico»), Vol. 1, Nº. 81936.
[184] Bujari, «Manaqib al-Ansar», 1:2; Muslim, «Zakat», 132-141.
[185] Muttaqi al-Hindi, Kanz al-Ummal, 11:412.
[186] Ibíd., 11:425
[187] Tirmizi, «Qiyama», 59.
[188] Tirmizi, «Zuhd», 25.
[189] Bujari, «Adab», 69; Muslim, «Birr», 105; Abu Dawud, «Adab», 80
[190] Bujari, «Adab», 96; Muslim, «Birr», 165
[191] Bujari, «Hudud», 4:5.
[192] Tirmizi, «Birr», 55; Ibn Hanbal, 5:153
[193] Muttaqi al-Hindi, Kanz al-Ummal, 6:89
[194] Bujari, «Bad’u al-Wahy», 1; Muslim, «Imara», 155; Abu Davud, «Talaq», 11.
[195] Hayzami, Majma al-Zavaid, 1:61,109.
[196] Bujari, «Iman», 4
[197] Tirmizi, «Zuhd», 11; Ibn Maya, «Fitan», 12
[198] Bujari, «Iman», 37; Muslim, «Iman», 1.
[199] Bujari, «Yana’iz, 43; Muslim, «Yana’iz», 14-15.
[200] Bujari, «Wasaya», 9; «Zakat», 18; Muslim, «Zakat», 94; Ibn Hanbal, 2:4.
[201] Muslim, «Iman», 171-4; Suyuti, Al-Fath al-Kabir, 2:57.
[202] Tirmizi, «Birr», 40.
[203] Bujari, «Riqaq», 23.
[204] Muslim, «Tahara», 41; Tirmizi, «Tahara», 39.
[205] Bujari, Tawhid, 35.
[206] Bujari, «Riqaq», 28; Muslim, «Yanna», 1.
[207] Tirmizi, «Ilm», 16; Para las versiones diferentes, veáse Ibn Maya, «Muqaddima», 6.
[208] Bujari, «Adab»; Muslim, «Zuhd», 63.
[209] Bujari, «Manaqib», 1; Muslim, «Birr», 160; Ibn Hanbal, 2:539.
[210] Bujari, «Tafsir», 5; Muslim, «Birr», 61.
[211] Las mujeres que se oponen a los hombres son seguramente incluidas en el significado de este hadiz. La razón por la que se menciona a los hombres es que son ellos los que muchas veces son atraídos por las mujeres y siguen su instinto carnal. Los hombres tienen mayor riesgo que las mujeres y más posibilidades de sucumbir en este pecado. De este modo, el hadiz advierte a los hombres que se protejan contra las relaciones ilícitas. Los hombres explotan el encanto y la belleza de las mujeres para su propio beneficio, y lamentablemente las mujeres son usadas para extender la inmoralidad y la obscenidad. No es común en la historia de la humanidad que las mujeres ordenen y utilizen a los hombres de ese modo.
[212] Bujari, «Adhan», 36; Muslim, «Zakat», 91; Tirmizi, «Zuhd», 53.
[213] Bujari, «Tayammum», 1; «Salat», 56.

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