Para enseñar a la gente las Leyes de Dios

Otro propósito de enviar Profetas es revelar los Mandamientos Divinos (por ejemplo, realizar el salat cinco veces al día, observar el ayuno durante el mes de Ramadán, pagar el zakat[34] anual, y no permitirse ninguna relación sexual ilícita, alcohol, y juegos de azar). Esa función es la Misión Profética. Según el Corán: (Los Profetas son aquellos) quienes comunican los Mensajes de Dios y tienen temor reverencial a Él; y no tienen temor reverencial sino tan solo a Él (33:39). Además, Dios dijo a Muhammad:

¡Oh Mensajero (que transmites y expresas el Mensaje de la mejor manera)! Transmite y haz conocer del modo más claro todo lo que te ha sido descendido desde tu Señor. Pues, si no lo haces así, no habrás transmitido Su Mensaje ni habrás cumplido tu Misión Profética. Dios, sin duda alguna, te protegerá de la gente. Es cierto que Dios no guía a los incrédulos (a obtener su meta de perjudicarte o derrotarte) (5:67).

El Mensajero fue enviado para iluminar todos los aspectos de la vida humana. Cualquier incumplimiento en la predicación del Mensaje de Dios habría significado dejar a la humanidad en las tinieblas. Por esa razón, él buscó continuamente mentes y corazones no adulterados a quienes pudiera transmitir el Mensaje de Dios.

El Mensajero podría haber hablado a la gente como Abu Bakr y ‘Umar algunas veces antes de que abrazaran el Islam. Sin embargo, hablar con algunos como Abu Yahl, fue algo diferente. Cuando se los encontrara, diría: «Proclamad que no hay más deidad que Dios y seáis salvados». Visitaría los sitios donde la gente se congregaba y haría el mismo llamamiento. De vez en cuando realizaban ferias comerciales en La Meca y en sitios cercanos como Arafat, Mina, Muzdalifa y Aqaba. Él iría a estos lugares cada año buscando gente dispuesta a escuchar.

Cuando la indiferencia de los idólatras de La Meca se convirtió en objeto de escarnio y luego en una persecución, tortura y boicot cada vez más insoportable, el Mensajero de Dios y Zayd Ibn Hariza fueron a Taif. Sin embargo, la gente de esa ciudad también le trató con severidad. Los niños se pusieron en fila a ambos lados del camino y le tiraron piedras. Como no tenía ninguna protección, abandonó la ciudad y encontró un árbol para descansar bajo él. Sangraba profusamente. Levantó las manos y suplicó:

¡Señor Mío! Me quejo a Ti de mi debilidad, la carencia de recursos e importancia ante aquella gente. Eres el Más Misericordioso de los misericordiosos, el Señor del oprimido y Mi Señor. ¿A quién me abandonas, a aquel forastero que me mira con recelo y me hace muecas? ¿O a aquel enemigo a quien Tú has dado el dominio sobre mí? Si Tu indignación no es dirigida a mí, no tengo ninguna preocupación. Pero Tu gracia es mucho mejor para mí. Busco refugio en la luz de Tu Esencia, que alumbra toda la oscuridad y con la que los asuntos de esta vida y del Más Allá se han ordenado correctamente, no sea que Tu ira o Tu indignación desciendan sobre mí. Espero Tu perdón hasta que estés complacido. No hay ningún recurso o poder, sino el que Tú tienes.

Después de decir esto, notó que se le había ofrecido una bandeja. Un esclavo cristiano de Nínive, Addas, había visto al Mensajero de Dios apedreado y ofendido desde la viña en la que trabajaba. Puso uvas sobre una bandeja y se las trajo a Muhammad. El Mensajero de Dios dijo: «¡En el Nombre del Dios!» y empezó a comer. Esto sorprendió a Addas, ya que era la primera vez que él había oído esta frase entre los idólatras. Entonces preguntó al Mensajero de Dios quién era y por qué había venido a Taif. «Soy Muhammad, de La Meca, el Último Profeta». Al oír la respuesta, dijo Addas con lágrimas en sus ojos: «Dios me ha hecho encontrarte» y abrazó el Islam.[35]

El profeta Muhammad se dedicó completamente a su misión. Por consiguiente, su halo de verdad se agrandó día a día, y el bando de la incredulidad estaba cada vez más frustrado: Ambicionan (con renovados planes y estratagemas) extinguir la luz de Dios (Su favor que es el Islam, como si soplaran) con sus bocas. Sin embargo Dios se niega a todo lo que no sea completar Su luz, no importa cuán odioso les puede resultar a los incrédulos criminales (9:32). Cuando no había nada más que hacer en La Meca, emigró a Medina y siguió su misión allí. Aquí afrontó un problema diferente: las comunidades establecidas de judíos hostiles y, finalmente, una quinta columna de hipócritas que se aliarían con sus enemigos.

En el vigésimotercer año de su misión, sintió que su vida estaba a punto de terminar. Había realizado la peregrinación menor —umra— algunas veces, pero nunca había podido hacer la peregrinación mayor —el Hayy—. Pudo hacerla durante este año final. Subiendo el monte Arafat en camello, predicó lo que se ha conocido como el Sermón de Despedida. En él, puso énfasis en que las contiendas y las transacciones basadas en el interés fuesen prohibidas, y en explicar que las mujeres tenían también ciertos derechos, y habló de las obligaciones familiares así como de relaciones tribales y nacionales.

Una enorme congregación acongojada le escuchó. Mientras hablaba, les preguntaba con frecuencia si había comunicado apropiadamente el Mensaje de Dios. Con cada respuesta positiva, levantaba su dedo índice hacia el cielo y decía: «¡Oh Dios, Tú eres testigo!».[36] Era consciente de la Misión Divina y podría haber pensado: «Dios me envió para cumplir la Misión Profética. Tal como esta gente ha atestiguado que cumplí con este deber, espero que pueda ser considerado como finalizado realmente». Estaba preparado para encontrarse con Dios con la entera satisfacción del deber cumplido.

[34] Limosna prescrita purificadora de los económicamente favorecidos que ha de entregarse a los más necesitados y supone una parte proporcional de cuarenta.
[35] Ibn Hisham, «Sira», 2:60; Ibn Kazir, Al-Bidaya, 3:166.
[36] Ibn Maya, «Manasik», 84; Abu Dawud, «Manasik», 56.

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