Los Seres Humanos y su Naturaleza

Los seres humanos, el espejo más grandioso de los Nombres, Atributos y actos de Dios, son un espejo resplandeciente, un maravilloso fruto de la vida, una fuente para todo el universo, un mar que parece una gota minúscula, un sol con la forma de una humilde semilla, una magnífica melodía a pesar de su insignificantes condiciones físicas, fuente de existencia, y todo ello contenido en un pequeño cuerpo. Los seres humanos son portadores de un secreto que los hace ser semejantes al universo con toda su riqueza de carácter; una riqueza que puede desarrollarse hasta llegar a la excelencia.

Los seres humanos son los signos y los intérpretes del Más Sublime, en el sentido de que las cualidades que se les han dado, en nombre de Dios, en este mundo efímero, son susceptibles de desarrollarse y, en realidad, ya se han desarrollado. Los seres humanos son los más brillantes espejos de su Maestro, espejos que reflejan expresiones elocuentes. Toda la existencia se convierte en un libro abierto gracias a su comprensión y premonición y estas son las verdaderas cualidades que se exhiben. Se puede afirmar que con todas sus riquezas y características potenciales los seres humanos son el espíritu de todos los universos y, entre toda la creación, son los testigos reales de su Amo y Señor.

La gente que ha descubierto realmente su camino hacia Dios a través de su propia esencia, actúa también como guía de los demás puesto que ha obtenido el título de ser testigo de Dios. Si se tiene la oportunidad de encontrar este tipo de personas, significa que se pueden evitar la confusión y el pecado. Si tú tienes una visión o, dicho con otras palabras, si eres consciente de Su sagrado secreto, esto significa que puedes experimentarlo todo en una dimensión diferente. Sobra decir que los humanos cuyos pensamientos son tan claros como sus creencias, cuya conducta y modales intentan complacer a Dios, hacen recordar a Dios a todo el mundo cuando y donde quiera que estén. Ese tipo de personas suscitan la sensación, de forma consciente o inconsciente, de que son «testigos de Dios».

El profeta Muhammad, el Orgullo de la Humanidad, la paz y las bendiciones sean con él, alcanzó, gracias a sus capacidades, horizontes que superaron a los de los ángeles y más tarde llegó a desarrollarlos a un nivel incluso superior; él era la semilla y el fruto del árbol de la existencia. Y por mucho que la humanidad agradezca a Dios este árbol genealógico y su fruto elegido, nunca será suficiente. La esencia de la cuestión es que al primero que ha de recordarse cuando se pronuncia la palabra «humano» es al Mensajero de Dios, porque nadie tiene un rango superior al suyo, aunque este ser excelso también era un fruto del árbol de la vida. En resumen, si el ser humano es la criatura más honorable de la creación, el Profeta es el orgullo del género humano.

Cuando la totalidad de este universo ilimitado con todas sus riquezas, componentes e historia, se conecta con la humanidad, se pone de manifiesto por qué el valor de los seres humanos trasciende todo lo demás. Podría decirse también que Dios no solo creó este mundo, sino también el que ha de venir, en aras de la realización de la perfección humana. El Mensajero de Dios sentía el Más Allá al tiempo que vivía su vida en éste y mitigaba el dolor que aquí sufría con las expectativas del otro, experimentando los cielos con la grandeza de su fe, incluso antes de partir hacia el Paraíso, y compartiendo con sus Compañeros todo aquello que experimentaba. Debe reiterarse que, a pesar de su inmensidad, él era un ser humano, el fruto más luminoso y resplandeciente del árbol del género humano.

Los seres humanos están lejos de poder alcanzar esa meta por culpa de su corporalidad y sensualidad. Más aún; puede decirse también que cuando los seres humanos no son conscientes de sí mismos o de su existencia están incluso por debajo de las demás criaturas. Y sin embargo los seres humanos con sus intelectos, sus conciencias y sus espíritus, son capaces de observar y comentar los secretos sagrados que están ocultos entre las líneas de la vida. En consecuencia, y por muy insignificantes que puedan parecer, los seres humanos son el «ejemplo más elevado», son más amados que todo lo demás. El Islam evalúa al género humano sin necesidad de irse a los extremos. Es la única religión, entre los diversos sistemas de creencias, que contempla a los seres humanos como criaturas excelsas que se dirigen hacia una misión especial, que están equipadas con talentos y potencialidades superiores. «Ciertamente que Nosotros hemos creado al ser humano con un honor verdadero» (17:70). Con su sometimiento a Dios y a Su Mensajero, los seres humanos aseguran esta estación de forma irrevocable. «La gloria pertenece a Dios, a Su Mensajero y, en consecuencia, a los musulmanes» (63:8). Con sus esfuerzos y sus dificultades en la Tierra se convierten en los favoritos de Dios. «Aquellos que se esfuerzan por Nuestro, los guiaremos sin duda a Nuestros caminos. No cabe duda de que Dios se halla con aquellos que se dedican a hacer el bien, conscientes de que Dios les está contemplando» (29:69). « Sin duda, aquellos que creen y hacen actos buenos y rectos, el Misericordioso les concederá amor» (19:96). Estas declaraciones ejemplifican en el Corán la supremacía de la humanidad en cada uno de sus variados aspectos. Todo aquello que se concede a los seres humanos, su fe, las buenas acciones y la creación, está basado en valores humanos como si éstos fuesen un encaje que se teje con los hilos de la naturaleza humana. La humanidad se otorga a los humanos como si fuera un regalo; no se pone precio alguno ni se espera nada a cambio.

Todas estas relaciones humanas se construyen teniendo presente este significado y en este contexto, puesto que dichas relaciones siempre se verán afectadas por ello. Un ser humano, sea hombre o mujer, joven o viejo, blanco o negro, es digno de respeto y de protección, y es inviolable. No pueden quitársele sus posesiones ni violarse su castidad. No pueden ser echados de la tierra donde han nacido y no puede negárseles su independencia. Ni tampoco se les puede impedir que vivan según sus principios. Y lo que es aún más, está prohibido que cometan esos mismos delitos contra los demás. No tienen derecho a infligir daño a este regalo que Dios les ha concedido porque la posesión de ese tesoro es sólo temporal; Dios es el dueño verdadero de todo lo que existe. A los seres humanos se les ha encargado proteger este depósito transitorio. Tienen que defenderlo y mantenerlo a salvo. Para ellos es sagrado; no lo dañarán ni permitirán que lo dañen. Y si fuera necesario lucharán y morirán por ello. Al enfatizar la importancia de los derechos inalienables de la humanidad y su supremacía, el Sultán de las Palabras, la paz y las bendiciones sean con él, lo expresó de la siguiente manera:

El que es matado en nombre de la protección de su riqueza es un mártir. El que es matado en nombre de la defensa de su vida es un mártir. El que es matado en nombre de la protección de sus parientes es un mártir. Y el que es matado en nombre de la defensa de su patria es un mártir.[1]

¿Qué tan cerca está hoy la humanidad de este nivel de comprensión? Creo que responder a esta pregunta queda fuera del alcance de este artículo. En términos de fe y de las cuestiones relacionadas con ella, la humanidad ha sido bendecida con gracia. La verdad es que cuando se compara con todo el universo, la humanidad es superior a los cielos y también a los ángeles. Todo lo que hay en la Tierra y en el Cielo está a su servicio y tiene derecho a utilizar estos tesoros. Dios otorga este regalo al género humano por su impotencia y su indigencia; para Dios, los seres humanos son unos invitados en este mundo. Pero sólo los que creen son capaces de apreciar este regalo. Los creyentes que sean conscientes del verdadero significado de la existencia aceptarán agradecidos todo el universo como si fuera su palacio y considerarán todo lo que existe, vivo o no, como sirviente suyo.

Si se da un paso más cuando se habla del que actúa con consciencia y fuerza de voluntad y que, al mismo tiempo, investiga a fondo en las profundidades del corazón y del espíritu, entonces ya resulta difícil describir a este tipo de persona. La única manera de elogiar a ese ser humano, a la persona que ha desarrollado sus valores potenciales y ha alcanzado las cimas, es citar a Akif:[2]

Ha sido creado más excelso que los mismos ángeles,
Todos los mundos están ocultos en su interior y contiene los reinos.

Si Dios nos ha concedido todo esto, ¿qué se espera de nosotros como seres humanos? Esto es lo realmente importante. Que hablemos o no de este tema es una cuestión aparte. Ojalá todo el mundo fuese consciente de la enorme responsabilidad que les ha tocado asumir.

[1] Tirmizi, «Diyat», 22, (1418,1421); Abu Dawud, Sunan, 32, (4772); Nesai, «Tahrim», 22, (7, 115, 116); Ibn Maya, «Hudud», 21, (2580).
[2] Mehmed Akif Ersoy: Célebre poeta turco que también ha compuesto el Himno Nacional Turco.
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