Los Horizontes del Alma: El Pensamiento Metafísico

Se dice que la visión del mundo moderno está basada, casi por completo, en ideas materialistas que excluyen o incluso niegan la dimensión espiritual o metafísica de la existencia. Esta es una cuestión controvertida pero muchos de los así llamados intelectuales musulmanes que imitan e importan ciegamente lo occidental, desprecian y rechazan las formas tradicionales de vivir y pensar de sus propias sociedades. Esto se debe en gran medida a que han perdido la conciencia de la dimensión espiritual de la vida y de la existencia. Los que reducen la existencia a la materia y solo piensan en términos físicos, apenas son capaces de discernir aquello que es metafísico y espiritual. Por otra parte, y como los que sólo pueden imitar son más radicales en sus actitudes que quienes las han originado, y como la imitación empaña con frecuencia la realidad, estos pretendidos intelectuales se convierten en radicales a la hora de rechazar lo que es espiritual y metafísico, al tiempo que carecen del conocimiento indispensable acerca de la materia y de lo que es material.

Como la dimensión metafísica exige que se superen las sensaciones e instintos personales para alcanzar horizontes más vastos y profundos, los materialistas no la entienden ni tampoco les gusta. Dicho con otras palabras: limitan su pensamiento a aquello que perciben y experimentan. Engañándose a sí mismos y a los demás, afirman que la existencia solo tiene una dimensión material y se presentan como verdaderos intelectuales.

A pesar de sus declaraciones y de las afirmaciones de sus homólogos occidentales, resulta difícil aceptar que el pensamiento científico occidental, a pesar de ser fundamentalmente materialista, haya estado siempre separado de la espiritualidad y de la metafísica. La civilización occidental moderna está basada en la siguiente trinidad: el pensamiento griego, el derecho romano y el Cristianismo. Este último, al menos en teoría, aporta la dimensión espiritual. Occidente nunca ha descartado por completo el pensamiento platónico, a pesar de no poder conciliarlo con la filosofía racionalista y positivista. Tampoco pretende afirmar que no hayan existido pensadores como Pascal y J. Jeans, ni excluye el enfoque intuitivo de Bergson. Bergson, Eddington, J. Jeans, Pascal, Bernhard Bavink, y Heisenberg son tan importantes en el pensamiento occidental como Comte, Darwin, Molescholt, Czolba y Lamarck. Lo cierto es que, antes de mediados del siglo diecinueve, es difícil encontrar un científico o filósofo que fuese ateo.

Como contrapartida, el pensamiento metafísico y la espiritualidad han sido descartados casi por completo por muchos intelectuales musulmanes. En nombre de ciertas ideas que se han reducido a eslóganes tan simples como «iluminación, occidentalización, modernidad y progreso», el pensamiento metafísico y la vida espiritual han sido denigrados y degradados. Estos eslóganes se han utilizado también para vapulear los valores islámicos tradicionales.

Nosotros utilizamos la frase «horizonte de esperanza» para referirnos a un viajar más allá de la dimensión visible de la existencia, al tiempo que consideramos a ésta como un todo interrelacionado sin el cual no se pueden percibir las cosas ni los acontecimientos tal y como son. Ni tampoco se podrán comprender su esencia ni su relación con el Creador, lo mismo que no se comprenderá la relación entre Él y el género humano. Las disciplinas científicas que con tanta frecuencia transmiten su discurso aisladas unas de otras, y la imperante naturaleza materialista de una ciencia que ha dividido en departamentos la existencia y la vida, no pueden descubrir la realidad de las cosas, de la existencia o de la vida.

Si tomamos como ejemplo las investigaciones en medicina, vemos que se contempla a la persona como un ser que tiene muchos y diversos mecanismos. Las consecuencias son fáciles de deducir: la existencia es despojada de su significado e interconexión y se la presenta como una serie de elementos diferentes que consisten únicamente en materia. No obstante, la única manera de comprender y valorar la vida y la existencia es experimentarlas a través del prisma del espíritu y del pensamiento metafísico. No hacerlo significa que se está obligando a la razón a discurrir sobre cosas que están más allá de su alcance además de confinar al esfuerzo intelectual dentro de los límites de las impresiones sensoriales. Pero cuando prestamos oído a nuestra conciencia o mundo interior, lo que percibimos es que la mente no está jamás contenta ni satisfecha con las meras impresiones sensoriales.

Todos los modelos de pensamiento perdurables, inclusivos y de una cierta envergadura, se han desarrollado basándose en los cimientos de la metafísica y la espiritualidad. El mundo antiguo, en su totalidad, se fundó y fue configurado por textos sagrados como el Corán, la Biblia, los Vedas y los Upanishads. Negar u olvidar a pensadores, científicos y filósofos occidentales antimaterialistas tales como Kant, Descartes, Pascal, Hegel, y Leibniz significa ignorar toda una corriente fundamental del pensamiento occidental.

La única manera de imaginar un mundo nuevo y mejor, basado en el conocimiento o en la ciencia, es contemplar el concepto de ciencia a través del prisma de la metafísica. Los musulmanes todavía no han desarrollado un concepto de ciencia con su auténtico significado, esto es, aquel que se deriva del Corán y de las tradiciones islámicas y está configurado primordialmente por el Corán y los hadices. La aplicación de la ciencia o de la tecnología por parte de una minoría irresponsable y egoísta ha dado lugar a más desastres que beneficios.

Si los musulmanes quieren poner fin a su larga humillación y contribuir a establecer un mundo nuevo y feliz comparable en cierto modo al de Occidente, deben reemplazar las anticuadas teorías positivistas y materialistas por sus propios pensamientos e inspiraciones. Conscientes de los problemas y dolores del pasado, tienen que esforzarse al máximo para definir esos problemas y darles cura.

Un verdadero concepto de ciencia unirá la espiritualidad y la metafísica con una visión abarcadora y englobadora que afirme la relación intrínseca e inquebrantable entre cualquier disciplina científica y la existencia como un todo. Solo puede llamarse verdaderamente científico a aquel concepto que abarca la totalidad del conjunto. Contemplar la existencia como una serie de elementos separados e intentar llegar al todo a partir de los mismos hará que se acabe empantanado en la multiplicidad. Lo contrario, abarcar el conjunto para luego estudiar sus partes a la luz del mismo, nos permitirá obtener conclusiones acertadas sobre la realidad de la existencia.

La espiritualidad y la metafísica también dan lugar al arte en su más amplia dimensión. De hecho, el arte sólo obtiene su identidad real gracias a la espiritualidad y a la metafísica. El artista descubre el mundo interior del género humano con todos sus sentimientos, agitaciones, expectativas, frustraciones y ambiciones, y descubre también cuál es su relación con la dimensión externa de la existencia. A continuación, el artista lo presenta de manera idónea según el medio que utiliza. El arte expresa nuestra esencia interior, que está en un continuo movimiento para volver a su origen. Dicho con otras palabras, los artistas unen las inspiraciones que fluyen hacia sus espíritus desde las cosas y los acontecimientos, desde todos los rincones de la existencia. Una vez reunificados los noúmenos y los fenómenos, nos presentan las cosas con toda su integridad.

Debemos recordar que la metafísica es la fuente más importante de la ciencia, el pensamiento y el arte, e incluso de la moralidad y las virtudes. La existencia entera puede ser percibida a partir de un modelo de pensamiento convincente basado en la más pura metafísica. Esto nos permite contemplar la existencia como un todo y viajar a lo largo y ancho de sus dimensiones más profundas. Sin la espiritualidad ni la metafísica no podremos construir una comunidad basada en cimientos sólidos; este tipo de comunidades se ve obligado a mendigar constantemente a las demás. Las comunidades en las que faltan conceptos metafísicos acertados sufren crisis de identidad.

Para construir un mundo nuevo y feliz, en el que se dé preferencia a los valores y virtudes humanas que son eficaces a la hora de configurar ideales y políticas, todos los individuos, independientemente de la religión, deberán descubrirse de nuevo y reafirmarse en aquella espiritualidad y aquella metafísica que han sido enseñadas en las religiones reveladas por Dios.

* Este artículo apareció por primera vez en Yeşeren Düşünceler, Kaynak, Izmir, págs. 155-58.
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