¿La reencarnación es compatible con el Islam?

La reencarnación se refiere a la doctrina de que después de la muerte el alma habita en otro cuerpo, luego muere otra vez y continúa viviendo en otro cuerpo, hasta que no haya más razones para que lo haga. Esta idea no es compatible con el Islam.

Es posible ver casi en todas las sociedades alguna forma diferente de creencia en la reencarnación, aunque estas sociedades sean pri­mitivas o sofisticadas. Existen variaciones según las diferen­cias locales o regionales en la fe y la cultura popular. En las so­ciedades más materialistas, cuya cultura formal rechaza la vida espiritual, esas creencias pseudoreligiosas están casi de moda y la gente que cree en ellas dice que los espíritus de los muertos deambulan, algunas veces asumen una forma física y pueden influir en los vivos hasta que se adapten a sus nuevos cuerpos.

Las "pruebas" encontradas en la literatura antigua son un ejemplo de la antigüedad de esta doctrina, como los derroches vistosos de Ovidio, en los cuales los "dioses" toman la forma de humanos y de animales, y la gente asume formas diferentes, etcétera. Pero estos cuentos no constituyen una doctrina. La doctrina apropiada no tiene nada que ver con los cambios vistosos de la forma, sino con la creencia de que un alma individual debe pasar por cada nivel de la creación y cada tipo de forma de vida, animada o inanimada, sensible o no sensible.

Si reflexionamos sobre esto, pronto comprobamos que la doctrina realmente es una elaboración extraña sobre la in­mortalidad del alma. En otras palabras, su meollo es que el alma es inmortal. Esto es verdad y el resto no. La doctrina también puede haber surgido de la observación de las similitudes tanto en los rasgos físicos como de las características entre padres e hijos. ¿Es razonable explicar los fenómenos lógicos biológicos de herencia y genética con la ilógica doctrina de la reencarnación?

Según lo que se dice esta doctrina surgió en la cuenca del Nilo y luego se divulgó entre la gente y se extendió a la India y Grecia. Allí, la elocuencia de los filósofos clásicos griegos la racionalizó como una fuente de consuelo y esperanza para la gente que añoraba la eternidad. Esto entró en el Judaísmo a través de los cabalistas, en el Cristianismo por los pensadores judíos, y en el Islam por medio de las ideas de unos sufíes alejados de la tradición musulmana a pesar de los esfuerzos de los teólogos musulmanes por refutar esta doctrina.

Los apologistas proponen algunas "pruebas". Por ejemplo, los cabalistas mencionan la transformación de Niobe -mencionado en el Antiguo Testamento- en una escultura de mármol, y de la esposa del Profeta Lot en una estatua de sal. Los demás se han referido a una transformación literal de los judíos en monos y cerdos.

Otro argumento explica el instinto y la inteligencia de los animales, aparte de los esplendores del reino de las plantas, como producto de haber tenido una vez inteligencia y vitalidad humana. Esta idea degrada a la humanidad y avergüenza a sus defensores. Todos sabemos que hay un programa y un destino predeterminado para las plantas y toda la creación inanimada, pero es bastante exagerado remontar la armonía y el orden que vemos en aquellos reinos a las almas que pertenecían a los humanos antes. Por ejemplo, las plantas tienen una cierta vida vegetal: una tendencia de crecimiento hacia la luz y la humedad. ¿Cómo puede ser interpretado esto en el sentido de que su vida es el resultado de un alma anteriormente humana que de alguna manera se ha bajado a un nivel inferior de la creación?

A pesar de los esfuerzos hechos para confirmar esa aseveración, nadie ha recibido nunca un mensaje de una planta que confirme que contiene el alma de un humano. Tampoco hemos escuchado la historia de alguien que haya sido una vez el alma de una planta o de un animal. En los medios de comunicación se han publicado algunos cuentos acerca de este tema e incluso incidentes específicos. Sin embargo, los casos en los que tales reclamaciones no son totalmente absurdas pueden ser explicados como recuerdos de lo que ha sido visto o leído. En resumen, esos cuentos no son nada más que ficciones vanas de los humanos.

El hecho que Niobe y la esposa de Lot fueran transformados en esculturas de mármol o polvo respectivamente, aunque se aceptara literalmente, no es una prueba de la reencarnación. Lo que tenemos aquí es sólo una transformación física, no la transmigración del alma.

En cuanto a cuerpos petrificados, esto no es un fenómeno misterioso. Muchos cadáveres han sido encontrados conservados por la sequedad absoluta de cenizas volcánicas. Pompeya fue destruida en el 79 d.C. por la erupción volcánica repentina del Vesubio y permaneció sepultada durante siglos. En excavaciones recientes se han rescatado numerosos cuerpos petrificados como el de Niobe. En estas ruinas, y en las caras y cuerpos petrificados, tan ocupados en sus vicios autoindulgentes y tan seguros de su arrogancia, si lo deseamos, podemos leer los signos de la ira y el castigo divinos. Quizás su modo de vivir se solidificó en la ceniza y fue conservado para advertir a las futuras generaciones. Interpretar esto como una prueba de la reencarnación es insostenible.

La creencia en la reencarnación en Egipto, India y Grecia se desarrolló a partir de una versión deformada de la creencia correcta en el Más Allá y de un deseo de la inmortalidad del alma. Ni en el Egipto de Akhenaton ni en la Grecia de Pitágoras nadie formuló una idea tan deformada.

Según Akhenaton (1362 a.C.), cuando se acaba la vida de alguien en este mundo, comienza una vida diferente en el cielo. Tan pronto como uno muere, el alma viaja hasta alcanzar "el Tribunal Mayor" en el Cielo. Asciende tanto que al final alcanza la presencia de Osiris y espera rendir cuentas con palabras así: "He venido a Tu presencia siendo libre de los errores. A lo largo de mi vida hice todo lo que podía para satisfacer a la gente devota. No derramé sangre ni robé. Tampoco sembré cizaña ni hice diabluras. No cometí adulterio o fornicación". Los que pueden hablar así participan en la congregación de Osiris mientras los que no pueden y cuyas malas acciones pesan más que las buenas, se arrojan al fuego y los demonios los torturan allí.

También en los epitafios presenciamos la pura creencia a la que pertenece la religión de Akhenaton:

Lo que Tú has hecho es demasiado, y nuestros ojos no pueden percibir la mayoría de ello. ¡O Allah, el Único! Nadie posee tanta fuerza como Tú tienes. Eres Tú quien ha creado este universo como Tú deseaste y solo Tú. Eres Tú quien hace apropiado el mundo para los seres humanos, para todos los animales, sean grandes o pequeños, estén en el suelo o en el cielo. Y eres Tú quien sustenta y alimenta a todos ellos. Todo nace gracias a Ti. Todos los ojos Te ven por esto. En verdad, mi corazón es Tuyo y Tú estás en mi corazón.

Las ideas citadas arriba eran cosas creídas en Egipto hace aproximadamente 4.000 años.

En la antigua Grecia, la creencia en la resurrección y la inmortalidad del alma estaba bastante arraigada. El gran filósofo Pitágoras (500 a.C.) creía que el alma, al abandonar el cuerpo, tenía una vida peculiar. De hecho, cualquier alma tiene la misma clase de vida hasta que deja la Tierra. Está cargada con algunas responsabilidades en la Tierra. Si comete algún error, será castigada, arrojada al Fuego y torturada por los demonios. A cambio de lo bueno que haga, su grado será elevado y tendrá una vida feliz. Teniendo en cuenta que esta creencia podía haber sufrido cambios con el tiempo, todavía podemos ver que hay semejanzas fundamentales con el credo del Islam sobre la resurrección.

La versión de Platón tampoco es muy diferente. En su famoso tratado La República dice que el alma olvida la vida corpórea totalmente cuando deja el cuerpo. Sube a un mundo apropiado espiritual, un mundo saturado de sabiduría e inmortalidad y liberado de toda escasez, deficiencia, error, miedo y de la pasión y el amor que la afligió mientras vivía en la Tierra. Ahora que está libre de todas las malas consecuencias de la naturaleza humana, se la dota con la felicidad eterna.

En esencia, la reencarnación es una versión deformada de una creencia correcta. Todos los credos, excepto el Islam, han suf­rido tal deformación. Por ejemplo, la religión cristiana revelada divinamente y la identidad exacta y el papel de profeta de Jesús han sido deformados. Si no hubieran existido los versículos luminosos y clarificantes del Corán y la influencia del Islam, la posición formal del Cristianismo sobre este asunto sería igual.

Si el Cristianismo enseña la unidad del alma y el cuerpo, se lo debe a los sabios musulmanes de Al-Ándalus, Andalucía, la España musulmana. Santo Tomás de Aquino (1274 d.C.) es uno de los filósofos más conocidos de la Cristiandad. La mayor parte de sus nuevas ideas y síntesis son adaptadas de las doctrinas islámicas. En su libro más famoso dice que el concepto clave de la humanidad es que el alma y el cuerpo están unidos en un compuesto apropiado.[1] Y añade que las almas de los animales se desarrollan con los cuerpos de los animales, pero que las almas humanas son creadas en algún tiempo durante un temprano desarrollo[2], y por lo tanto rechaza las conjeturas abstractas de la escuela neoplatónica.

Por traducciones erróneas similares y deformaciones varias, las religiones del antiguo Egipto, de los indios, y de los griegos se hicieron irreconocibles. La reencarnación puede ser una deformación de la doctrina al principio correcta de la inmortalidad del alma y vuelta al Juicio Divino. Después de que la reencarnación fue insertada en las creencias de los antiguos egipcios, se hizo el tema fundamental de las canciones y las leyendas de toda la región del Nilo. Elaborado posteriormente por las elocuentes expresiones de los filósofos griegos, esto se extendió debido a la expansión de la influencia griega.

Los hindúes consideran la materia como la manifestación más baja de Brahma, y consideran la convergencia del cuerpo y del alma como degradación del alma, y una decadencia en el mal. Sin embargo, la muerte, como se cree, es la salvación, una separación de la imperfección humana, una posibilidad para conseguir una unión extasiada con la verdad. Los hindúes son politeístas en la práctica. Su mayor dios es Krishna, quien, como se cree, ha asumido una figura humana para erradicar el mal.

Su segundo gran dios es Vishnu que ha venido a este mundo nueve veces en formas diferentes -como un humano, un animal, o una flor-. Se espera que descienda por décima vez. Como creen que esta vez vendrá en forma de un animal, matar cualquier animal está absolutamente prohibido. Se permite eso sólo durante la guerra. Además, los más piadosos y observadores hindúes son vegetarianos.

Según su libro sagrado más importante, el Vedanta, el alma es un fragmento de Brahma que no puede liberarse del sufrimiento y de la angustia hasta que vuelva a su origen. El alma consigue el conocimiento puro aislándose del ego y toda la maldad que pertenece al ego, y corriendo hacia Brahma tal como un río fluye hacia el mar. Cuando el alma alcanza y se une con Brahma adquiere la paz absoluta, la tranquilidad y la calma. Hay una versión similar en el Budismo, pero aquí hay un cese de la busqueda activa y una pasividad del alma, mientras que ésta es dinámica en el Hinduismo.

Algunas sectas judías adoptaron la reencarnación. Es algo muy normal que los judíos que son excesivamente codiciosos en vida y aún permanecen fascinados por la inmortalidad del alma, acepten la reencarnación después de negar la creencia en la Resurrección y el Juicio Final. Más tarde, los cabalistas lo transfirieron a la Iglesia de Alejandría por ciertas órdenes regionales monásticas. La doctrina fue desdeñada desde que apareció el Islam. Sin embargo, lamentablemente fue introducida entre los musulmanes por el Ghulat-i Chiía -una facción extremista de los chiítas-.

Todos los que creen en la reencarnación tienen una característica en común: la creencia en la encarnación. Hay un fallo compartido del intelecto consistente en creer y aceptar la Transcendencia Absoluta de Allah. Por ende, la gente cree que lo divino se mezcla con lo humano y lo humano se puede mezclar con lo divino. Esa idea equivocada es casi universal a excepción del Islam. La figura central en cada religión deformada es la encarnación o la reencarnación: Atón en el Atonismo, Brahma en el Hinduismo, Ezra -Uzair- en el Judaísmo, Jesús en la Cristiandad y Ali en la facción de los Ghulat-i Chiítas -considerado por muchos como fuera de las líneas del Islam-. Las acusaciones según las que algunos escritos y refranes sufíes apoyan la reencarnación, son claramente malévolas o el resultado de un absurdo y literal entendimiento de su discurso muy simbólico y esotérico. A lo largo de la Historia en cada campo religioso los eruditos musulmanes, por supuesto que el 90 por ciento sunníes, han rechazado la reencarnación considerándola algo totalmente contrario al espíritu del Islam. El motivo de este soporte es simple: la posición central absoluta de las creencias islámicas es que cada persona vive y muere según su propio destino, lleva su propia carga, será resucitada individualmente y llamada para responder de sus intenciones y acciones y las consecuencias de ellos, y que cada persona será juzgada por Allah según los mismos criterios.

Hagamos una lista de las razones fundamentales por las que el Islam rechaza la reencarnación:

• La creencia en el Islam requiere creencia en la Resurrección y en el Juicio Final donde la justicia se impone debido a lo que hizo cada alma mientras estaba viva. Si el alma pasa diferentes vidas, ¿en qué forma o personalidad será resucitada, y juzgada para que rinda cuentas y sea recompensada o castigada?

• Este mundo ha sido creado como prueba y juicio para que el alma pueda sacar provecho de ello. Un foco de prueba es la creencia en lo Invisible. Según la reencarnación los que viven una vida mala pasan a una forma de vida más baja después de la muerte. Si esto es verdad, ellos sabrán las consecuencias de su vida anterior y la vida como una prueba pierde su sentido. Apoyando esa idea, sus partidarios dicen que el alma "olvida" su existencia pasada. Si esto es verdad, ¿qué sentido tiene la vida anterior?

• Si cada individuo pasa por el ciclo de nacimiento, muerte, y renacimiento hasta que la felicidad eterna sea conseguida, las promesas de recompensa y castigo de Allah perderían su sentido. ¿Por qué Él ha de dedicarse a una actividad que no tiene sentido?

• El Corán y los otros Libros Divinos exponen que las transgresiones serán perdonadas a consecuencia del arrepentimiento sincero. El motivo de la reencarnación es que uno se desprenda de los errores para obtener un renacimiento mejor. ¿No es más lógico creer en la capacidad de perdonar de Allah, cuándo y cómo Él desee, que pasar por este proceso aparentemente interminable e incómodo para conseguir, en el fondo, el mismo resultado?

• Los ciclos largos y pesados del renacimiento son contrarios a la piedad, el favor, la gracia, y el perdón de Allah. Si Él desea, toma cosas inferiores, ordinarias, sin valor y las convierte en las cosas más puras, mejores, y más valiosas. En efecto, son infinitas Sus bendiciones y Su munificencia.

• Muchos seguidores del Profeta –la Paz sea con él– llevaban vidas insanas antes de abrazar el Islam. Sin embargo, una vez que se convirtieron, se reformaron en muy poco tiempo y se hicieron modelos reverenciados de virtud para las generaciones posteriores. Algunos de ellos superaron a los anteriores y se hicieron aún más reverenciados. Esto indica que, con el permiso de Allah, las personas pueden elevarse fácil y rápidamente a la cumbre aunque aparentemente se dirigieran al Fuego. Y también muestra lo innecesario que es la doctrina del paso de las almas a los niveles más altos de la existencia. En efecto, tal doctrina podría debilitar realmente cualquier incentivo al esfuerzo moral.

• Creer que Allah, el Todopoderoso, ha creado un alma individual para cada persona es una parte de la creencia en Su Omnipotencia. Creer que sólo un número limitado de almas emigran de un cuerpo a otro supone la proposición ilógica de que el Omnipotente no es Omnipotente. La abundancia escarpada de la vida, su variedad infinita, su simple rechazo a la repetición de la forma es evidente en todas partes. Ya sabemos cómo probar que ninguna de las millones de personas existentes son iguales –ninguna huella digital o código genético tiene una copia exacta. Este hecho de la unicidad individual se puede ver en muchos versículos coránicos. Considerando esto, ¿por qué deberíamos asumir que el Omnipotente no puede crear un número infinito de almas individuales y suministrarles un número infinito de cuerpos?

• ¿Por qué nadie ha podido lograr alguna vez demostrar por medio de señales, signos o pruebas que pudieran confirmar sus memorias, aventuras, y experiencias pertenecientes a la "vida pasada" en formas y cuerpos diferentes? ¿Dónde está el conocimiento acumulado, la experiencia, y la cultura de aquellos que han vivido más de una vez o han completado su ciclo? Si esto pasara sólo en uno de los millones de casos, ¿no debería haber un gran número de personas que vivieran con virtud extraordinaria y competencia?. ¿A estas alturas no deberíamos habernos encontrado con alguno de ellos?. ¿Dónde están?

• Cuando alguien alcanza un cierto nivel de madurez física o una edad determinada, ¿no debemos esperar que el alma saque a la luz todo lo que ha adquirido y conseguido a lo largo de sus vidas anteriores? Ha habido bastantes prodigios registrados por la Historia. Todos sus regalos especiales pueden ser explicados como una combinación especial de características genéticas que ocurren en un tiempo particular y un lugar, que es atribuible a la Gracia y el Favor Divinos, junto con los esfuerzos del prodigio para entender este regalo en la tradición y contexto en el cual es dado.

• Nunca se ha encontrado facultad humana alguna en una entidad no humana. Pero si la reencarnación es verdad, entonces debemos esperar tal descubrimiento. Si una forma inferior de la vida es el castigo por los errores personales en la vida anterior, entonces, por lo visto, el bien en aquella otra vida también se debe heredar. En otras palabras, alguna parte de la vida anterior del individuo debe ser mostrada en la siguiente vida.

• Si ser un ser humano o un animal es la consecuencia de los hechos de alguien en su vida anterior, ¿qué existió primero: el humano o el animal, lo inferior o lo superior? Los creyentes en la reencarnación no se ponen de acuerdo en ninguna forma de la primera criatura, porque cada generación implica una generación precedente, pero ¿cómo además puede la generación posterior ser considerada la consecuencia de la anterior? Si, como afirman algunos, la vida física es un mal, ¿por qué comenzó todo? No hay ninguna respuesta razonable acerca de eso.



[1] Ver su Summa Theologica Parte I, Cuestión 90, Art, 4).
[2] Ibid.,Art.3.
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