¿Cómo podemos evitar cometer pecados y mostrar un sincero arrepentimiento?

Es muy importante tanto para nuestra vida espiritual como emocional prestar especial atención al arrepentimiento, el cual es el refugio por excelencia frente a los pecados, de la siguiente manera:

La reacción ante los Pecados

La reacción de alguien ante un pecado que ha cometido está estrechamente relacionada con la situación moral y espiritual de dicha persona. Puede acontecer un caso en el cual, debido a un pecado, te postras ante Dios e imploras que te perdone. También podemos afrontar un caso en el cual tales acciones no te satisfacen y el dolor que sientes prende un fuego en tu corazón. Pero esperamos que el dolor que enturbia tu corazón en nombre del arrepentimiento pueda ser más aceptable ante Dios.

El arrepentimiento implica, en verdad, dolor y una fiebre interna. En este sentido, se deben considerar los pecados como permanecer en compañía de mortíferas serpientes y venenosos ciempiés. Tan sólo una actitud firme ante el pecado se espera de un creyente, de lo contrario se generan dudas sobre los efectos de un pecado en el Más Allá. Por lo tanto, es primordial que cada uno permanezca en guardia ante el pecado y, si lo ha cometido, lo substituya por el arrepentimiento.

Los Pecados Deben Ser Efímeros

Como cada pecado engendra uno nuevo, siempre que una persona lo cometa, debe buscar la purificación del alma sin demora. Después de todo, nadie sabe cuándo morirá. Aquellos conscientes de Dios no pueden sentirse bien hasta que se hallen libres de sus pecados. Es perjudicial para el bienestar espiritual de una persona permitir que un pecado perdure aunque sea durante un segundo. Además, tal actitud implicaría reverenciar algo irrespetuoso que a Dios le desagrada. Los pecados no tienen derecho a vivir; deben ser efímeros, porque en caso de no ser purificados a través del arrepentimiento se convierten en serpientes que constantemente muerden el corazón de la persona. Y una vez que el corazón adquiere la mácula, es todavía más fácil pecar de manera frecuente. El resultado final es un círculo vicioso. Cada pecado engendra uno nuevo y por fin, ¡Por cierto! Lo que han adquirido se ha apoderado de sus corazones (83:14) se hace evidente en ellos.

Por esta razón, es muy importante recordar a la gente esta realidad y advertirles frente a los pecados. Además, si puedes, debes revelar la fea naturaleza del pecado a la gente y hacerles arrepentirse de los mismos.

Según parece, las almas sensibles y en alerta pueden oler el ofensivo hedor que los pecados desprenden.

Los Pecados Deben Ser Considerados como Actos Abominables

A la hora de arrepentirse, una de las cosas más importantes es considerar el pecado como algo detestable y asqueroso. Si no nos abstenemos de los pecados, creyendo que son como serpientes y escorpiones y que por lo tanto merecen nuestra repugnancia, no resolveremos la lucha contra ellos a través del arrepentimiento. Por ejemplo, si rompes un valioso florero de cristal, sentirás pena. De la misma manera, cada pecado que cometas eclipsa la luz de tu vida. Así que es necesario sentir arrepentimiento y pena después de cada pecado, al menos como la pena sentida tras romper un florero de cristal. En caso contrario, significará que no te tomas en serio los pecados que cometes así como tu arrepentimiento.

El Equilibrio entre el Pecado y el Arrepentimiento

El arrepentimiento de una persona por un supuesto pecado debe corresponder al grado de gravedad del pecado, ya que cada pecado se asemeja a un pozo repleto de brea. En otras palabras, es fácil caerse en este pozo, pero muy difícil salir del mismo. (83:14)

Reconocer el Pecado

Si menospreciamos los resultados de un pecado, estamos cometiendo otro pecado equivalente al primero. Por ejemplo, si una persona considera la fornicación o la violación de los derechos de la propiedad privada del otro como pecados exagerados por la religión y dice: «Nos beneficiamos de ellos, entonces ¿por qué son considerados pecados?» habrá cometido otro pecado aún mayor. Por lo tanto, tenemos que resistir y hacer frente a los pecados y condicionarnos de la siguiente manera: «¡Oh pecados! Las puertas de mi corazón están cerradas, así que tu afán para penetrar en mi corazón es en vano».

El símil que emplea el gran erudito Bediüzzaman Nursi es muy expresivo: «Escapad de los pecados como si fueran serpientes o ciempiés venenosos». Aquí este gran erudito del Islam compara el pecado con serpientes y ciempiés, en lugar de un león o un tigre, puesto que ante los ataques de un león o un tigre se pueden tomar medidas, ya que atacan con valentía, mientras que las serpientes y los ciempiés atacan de improviso y con malevolencia. Infamias y traiciones se pueden considerar como ejemplos de tales pecados.

Recapitulando, el estado de alerta ante los pecados debe ser el atributo de un verdadero creyente. Tenemos que tener presente que la vigilancia frente a los pecados es una evidencia de nuestra lealtad y fidelidad hacia nuestro Señor, el Omnipotente.

Para comprender la verdadera naturaleza de los pecados, podemos contemplarla desde el punto de vista de un sagrado hadiz del Profeta Muhammad: «Aznaba abdi zanban»[12], sobre un siervo de Dios que comete un pecado y después se arrepiente de ello. En este hadiz, las palabras utilizadas tienen un significado muy profundo: zanb (pecado) y zanab (cola) proceden de la misma raíz en árabe. Por lo tanto, un creyente que dice: «¡Oh Señor mío! He cometido un pecado» pretende decir: «¡Oh Señor mío! Otra vez me he puesto una cola. En mi presente situación, puedes considerarme como un zorro con un rabo peludo, un escorpión que daña a los demás con su cola terminada en aguijón o una serpiente cuya cola se halla integrada en su cuerpo. ¡Ese soy yo!». En otras palabras, aquellos que confiesan sus pecados en realidad admiten que han repudiado y menospreciado la humanidad que les ha concedido Dios y por consiguiente, han sucumbido hasta situarse al nivel de los animales.

En cuanto a la persona que comete pecados y no es consciente de su comportamiento, es un espejo del siguiente versículo: Son como animales de rebaño o peor en su extravío (7:179) y han sucumbido hasta  igualarse a animales más despreciables.


[12] Muslim, Tawba, 29-30

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