Shukr (Gratitud)

Shukr (Gratitud)

En su traducción literal significa la alegría que se siente y la gratitud que se muestra por el bien recibido. Los sufíes utilizan shukr para indicar que el cuerpo, las capacidades, los sentimientos y pensamientos que nos han sido concedidos, se utilizan para cumplir el propósito de nuestra creación: estar agradecidos al Creador por lo que Él nos ha concedido. Esta gratitud se refleja en las acciones o en la vida cotidiana, en el lenguaje y en el corazón; aflora cuando se reconoce que todo procede directamente de Él, además de sentir agradecimiento por ello.

Se puede estar agradecido a Dios con las palabras cuando se depende de Su Poder y de Su Fuerza, lo mismo que de Su concesión de favores, y también reconociendo que todo lo bueno y todos los dones proceden de Él. Como Él es el Único que crea todo el bien, la belleza y la abundancia, y los medios para obtenerlos, Él es el Único que los envía en el momento más apropiado.

Y como Él es el Único que determina, asigna, crea y presenta ante nosotros todas nuestras provisiones en «mesas celestiales», sólo Él merece nuestra gratitud. Atribuirnos a nosotros, o a otros medios o causas, el logro de Sus dádivas, proclamando así que Él no es el verdadero Poseedor, Creador y Dador de todo favor, es como dar una enorme propina al criado que dispone ante nosotros un magnífico banquete haciendo que ignoremos al anfitrión responsable de su preparación y entrega. Esta actitud demuestra una ignorancia y falta de gratitud absolutas, tal y como se menciona en el siguiente versículo coránico: «Conocen solamente (lo que llega a sus sentidos desde) el aspecto externo de la vida de este mundo, pero son despreocupados e inconscientes (de lo que se halla más allá de él y) del Más Allá» (30: 7).

La gratitud verdadera que reside en el fondo del corazón se manifiesta con la certeza y el reconocimiento de que todos los favores proceden de Dios; y es entonces cuando se dispone la vida en consonancia con ello. Se puede dar gracias a Dios con palabras o en la vida cotidiana si se está convencido y se reconoce abiertamente que la existencia, el cuerpo, la apariencia física y todas las capacidades y dotes proceden únicamente de Dios, lo mismo que la obtención y utilización de todos los favores. Esto aparece descrito en: «¿No contempláis que Dios ha hecho servir a vosotros todo lo que se halla en los Cielos y todo lo que se halla sobre la Tierra, y ha colmado a vosotros de Sus favores, externos e internos?» (31: 20), y en: «Os ha concedido de todo lo que habéis pedido. Si pudieseis contar las bendiciones de Dios, no podríais enumerarlas» (14: 34).

El agradecimiento físico, o dar las gracias con los órganos del cuerpo, es posible cuando se utilizan el cuerpo, las facultades y capacidades personales para ponerlas al servicio de los objetivos para los que han sido creados y cumplir así con los deberes de servidumbre que corresponde a cada uno de ellos. Por otro lado, algunos han dicho que la gratitud verbal consiste en la recitación diaria de partes del Corán, oraciones, súplicas y recitaciones de los Nombres de Dios. La gratitud del corazón consiste en ser sincero y honesto y estar convencido de la verdad implícita en la creencia islámica. La gratitud física implica cumplir todos los actos de adoración. Como la gratitud está directamente relacionada con todos los aspectos o ramas de la creencia y de la adoración, se la considera como la mitad de la fe. En lo que respecta a su valor, se la considera análoga a la paciencia, llegando a decir algunos que la gratitud y la paciencia son las dos mitades de la vida religiosa.

En Su Alocución eterna, el Sagrado Corán, Dios Todopoderoso ordena repetidas veces la gratitud y la presenta como el objetivo de la creación y como razón por la que fue enviada la religión: «para que pudierais agradecer» (2: 52) y «Y Dios recompensará a los agradecidos» (3: 144). En otros versículos Dios promete abundantes recompensas a los agradecidos y amenaza con terribles castigos a quienes no lo son: «Si sois agradecidos (por Mis favores), sin duda os daré más; pero si sois desagradecidos, sin duda alguna Mi castigo es severo» (14: 7). Uno de Sus Nombres es Aquel Quien corresponde (la gratitud de Sus criaturas), indicando con ello que la manera de obtener todas las dádivas o favores es mediante la gratitud que Él premia con abundantes recompensas. Dios ensalza a los profetas Abraham y Noé, la paz sea con ambos, cuando dice: «(Abraham era) siempre agradecido por Sus favores» (16: 121) y «Él (Noé), sin duda, fue un siervo muy agradecido» (17: 3).

A pesar de que la gratitud es una expresión religiosa de vital importancia y un «capital» considerable, son pocas las personas realmente agradecidas: «Pocos están verdaderamente agradecidos entre Mis siervos» (34: 13). Son muy pocos los que tienen una plena conciencia del deber de la gratitud; son aquellos que dicen ¿acaso no debo ser un siervo agradecido (a mi Señor)? [1] y tratan de cumplir con el deber de la gratitud y ordenar sus vidas en ese sentido.

La gloria de la humanidad, la paz y las bendiciones sean con él, cuyos pies se hinchaban por las largas y numerosas oraciones voluntarias que hacía (tahayyud), fue un héroe incomparable de la gratitud. En una ocasión, dijo a su esposa ‘A’isha: «¿Acaso no debo ser un siervo agradecido con mi Señor?». [2] Siempre estaba dándole gracias a Dios y recomendando la gratitud a sus seguidores; rezaba a Dios mañana y tarde diciendo: «Dios mío. Permite que Te mencione, Te dé las gracias y Te adore de la mejor manera posible».[3]

Gratitud es el agradecimiento profundo y la devoción de aquél que, al recibir Sus dádivas y favores, dirige estos sentimientos hacia Quien otorga esta bendición; y que se vuelve hacia Él lleno de amor, gratitud y reconocimiento. La transmisión profética que acabamos de mencionar expresa esto de forma muy clara.

Las personas se sienten agradecidas por muchas razones: por las provisiones y por la casa y la familia con las que han sido favorecidos; por la creencia, el conocimiento de Dios y los deleites espirituales que se les han concedido; y por la conciencia que Dios les ha dado y que les permite abrirse al conocimiento que aconseja ser agradecido. Si los que están agradecidos por esta conciencia utilizan su incapacidad y desvalimiento como un «capital» y se Lo agradecen continuamente, podrán contarse entre los que son realmente agradecidos. Se ha narrado que el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, dijo: El profeta David, la paz sea con él, pidió a Dios Todopoderoso: «Señor mío. ¿Cómo puedo serte agradecido si darte las gracias es un favor más que exige gratitud?». El Todopoderoso respondió: «¡Ahora has sido realmente agradecido!».

Tengo la impresión de que se refieren a esto cuando dicen: No hemos podido darte las gracias como Tú te mereces, Oh Agradecido.

Se puede ser agradecido al reconocer y apreciar los favores Divinos, puesto que sentir gratitud ante Aquel Quien concede las dádivas depende en gran medida del reconocimiento y valoración de tales dádivas. La creencia y el Islam (incluido el Corán) hacen que reconozcamos y apreciemos los favores y que podamos volvernos agradecidos hacia Dios. Gracias a la luz de la creencia y las prácticas islámicas, podemos ser más conscientes de estos favores y así darnos cuenta de que nos los ha dado Dios a partir de Su misericordia para que podamos suplir con ellos nuestra impotencia e incapacidad a la hora de satisfacer nuestras necesidades. Esta conciencia nos apremia a que alabemos a Aquel Quien nos concede las dádivas y los favores que utilizamos. Cuando despertamos al significado de «Y con respecto al favor de tu Señor, ¡proclámalo!» (93: 11) sentimos una profunda necesidad de ser agradecidos.

Todo el mundo tiene la inclinación natural a alabar lo bueno y a quien le hace el bien. No obstante, hasta que este sentimiento no se despierta no existe la conciencia de haber sido favorecido por alguien, lo mismo que el pez no es consciente de vivir en el agua. Más aún; es posible que estos favores se atribuyan a los medios y causas utilizadas para obtenerlos. Si el no ver ni apreciar los favores que recibimos continuamente es ceguera y sordera, atribuirlos a una serie de medios y causas ciegas, sordas e insensibles, necesariamente ha de ser una desviación imperdonable. Las palabras del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él: «El que no agradece por poco no es agradecido por mucho»,[4] y «El que no es agradecido con la gente no es agradecido con Dios»,[5]expresan la ceguera y la sordera ante los favores y nos hacen recordar la importancia de ser agradecidos. Versículos como los siguientes: «Así pues recordadme y mencionadme siempre (cuando Me vayáis a servir) que Yo os recordaré y os mencionaré (cuando el juicio y la recompensa tengan lugar); y agradecerme y no seáis ingratos Conmigo» (2: 152) y también: «adoradlo y serle agradecidos a Él» (29: 17), nos dicen que es Dios Quien realmente merece recibir nuestro agradecimiento y también nos hacen recordar Su Unidad absoluta.

La gratitud se puede dividir en tres categorías. La primera consiste en ser agradecido por las cosas que todo el mundo desea, independientemente de su religión o logros espirituales. La segunda categoría es la gratitud por aquellas cosas que, a pesar de parecer desagradables, muestran su naturaleza verdadera a los que pueden verlas como favores que exigen nuestra gratitud.

La tercera categoría de la gratitud es la que practican aquellos que son amados por Dios y que contemplan las dádivas o favores desde la perspectiva de Aquel que los concede. Estas personas pasan la vida en un deleite espiritual que comienza con la observación de la manifestación de Dios a través de Sus favores; el mayor de sus deleites es adorarle. A pesar de estar siempre extasiados con el gozo espiritual que procede del amor que Le tienen, son extremadamente cuidadosos en su relación con Él.[6] Estas gentes se esfuerzan sin descanso para mantener las bendiciones Divinas que se les han concedido y buscan lo que pueden haber perdido. Como están constantemente profundizando en su creencia, amor y gratitud durante el camino hacia Él, las «redes de su visión» se llenan de regalos y bendiciones diversas.[7]

¡Dios nuestro! Haz que seamos de aquellos siervos a los que Tú amas, a los que has concedido una sinceridad perfecta y has puesto cerca de Ti. Y concede paz y bendiciones al maestro de los amados, de los que recibieron una sinceridad perfecta y que fue llevado cerca de Ti.

[1] Bujari, «Tahayyud», 6; Muslim, «Sifatu’l-munafiqun», 79-81.
[2] Al-Bujari, «Tahayyud», 6. Muslim, «Munafiqun», 79-81.
[3] An-Nasa’i, «Sahw», 60.
[4] Ibn Hanbal, Al-Musnad, 4: 278, 375.
[5] Abu Dawud, «Adab», 11. At-Tirmizi, «Birr», 35.
[6] No hacen cosa alguna que contradiga el hecho de ser favorecidos con deleites por estar tan cerca de Él. Son cuidadosos y dueños de sí mismos para que esos deleites no les lleven a hacer algo incompatible con el autodominio personal.
[7] Es decir, la facultad de su visión queda satisfecha al atestiguar constantemente las manifestaciones de Su Gracia y de Su Belleza.

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