¿Cómo describiría la transformación moral de los Compañeros del Profeta después del advenimiento del Islam?

El Mensajero de Dios vivió en una época donde los buenos modales habían sido olvidados y en un lugar en el cual las hijas eran victimas del infanticidio. Tendrás una idea de sus buenos modales y excelentes costumbres, observando tan sólo su forma de hablar.

 En esa época de la historia, un hijo llamaba a su padre por su nombre: como «Umar» o «Abu Bakr» y a su madre como «Umm Salama». Una vez, un beduino preguntó al Profeta acerca de las obligaciones de un creyente y entonces, como si de una negociación se tratase dijo: «Por Dios quien te envía, no realizaré ni más ni menos que esto». Alguien llamado Dhu’l-Khuwaysira, mientras dividían las contribuciones, se presentó ante el Profeta y le dijo de un modo inapropiado: «Se justo, ¡Oh Muhammad!». Supongamos que tuviéramos que afrontar dicho comportamiento; bien, es posible que pudiéramos ser injustos. Sin embargo, a quien se le dirigió en esta inadecuada forma fue el Profeta que estaba bajo la protección de Dios. Él, por otra parte, se impregnó de este lenguaje y estos comportamientos ordinarios. ¿Por qué? Porque ésta es la labor más importante para ayudar a alguien a obtener la dicha eterna y él se enfrentó a toda crueldad para que su comunidad alcanzara la salvación, la felicidad eterna.

Los Compañeros del Profeta surgieron de gente como ésta, los cuales son un milagro del Corán porque el Corán los guió en la moral paso a paso con estos versículos que aparecen a continuación:

¡Ah, vosotros que creéis! No os antepongáis a Dios y Su Mensajero; temed a Dios, Dios es Quien Escucha y Sabe todas las cosas. ¡Ah, vosotros que creéis! No elevéis vuestras voces más que la voz del Profeta, ni hablad con un tono mayor que el de él, como podrían hablarle a cualquier otro, por temor a que sus hechos sean en vano y no se den cuenta. (Hujurat 49:1-2)

La frase en el primer versículo: «No os antepongáis a Dios y a Su Mensajero» significa que cuando una cuestión es preguntada o si un problema ocurre en presencia del Profeta, no responder a la primera ocasión o solucionéis el asunto ya que por el Consentimiento de Dios se hará conocido a través del Profeta; y seguir sus pasos es obedecer los mandatos de Dios. No intentéis enseñar al Profeta cómo deberá responder inmiscuyéndose en la conversación. Por consiguiente, la cortesía hacia los profetas es cortesía para con Dios, ya que ellos abren nuestro camino a la dicha eterna haciendo descender la revelación e iluminándolo con sus enseñanzas.

Cuando el segundo versículo fue revelado «no eleven sus voces más que la voz del Profeta», Zabit ibn Qays ibn Shammas fue a casa y comenzó a exclamar que había sido condenado al fuego del Infierno. El Profeta preguntó a su vecino, Sa’d bin Musa sobre Zabit. Él fue a ver cómo estaba. Zabit dijo; «Cuando escuché este versículo pensé que sería uno de los residentes en el fuego del Infierno porque yo tengo el tono de voz más alto». Entonces Sa’d narró la situación al Profeta. El Profeta lo llamó a su presencia y le dijo que de hecho se hallaba entre los residentes del Paraíso. Sa’d tenía por naturaleza un tono de voz muy elevado así que el Profeta le dijo que ésa era su voz natural y a lo que hacía referencia en este versículo era para quien hablara de una forma grosera e improcedente.

Educados y disciplinados por el Corán, los Compañeros han obtenido el grado de la perfección en relación a los buenos modales. Se convirtieron en ejemplos para futuras generaciones. Nadie más elevó sus voces en la presencia del Profeta y todos hablaron y actuaron de un modo correcto. Nadie entre ellos habló antes de su turno, concedieron la vez antes de hablar y trataron de terminar sus preguntas o comentarios de la forma más breve posible. Eran conscientes de que todo comportamiento grosero hacia el Profeta cancelaría las buenas obras que habían realizado. Y el tiempo llegó en que sus buenos modales hacia él alcanzaron un grado tal que cuando tenían un ave encima de sus cabezas y para que ésta no emprendiera el vuelo, no movían ni un músculo. Permanecían quietos. Establecieron los ejemplos destinados a nosotros para que no malgastáramos ni una sola palabra acerca del Profeta en nuestras vidas.

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